El cuerpo seductor de las fake news en tiempos de decisiones

Vanesa Robles[*]

Resumen: la Internet es un mundo abierto y las fake news son parte de su universo. En este artículo, la autora plantea que las noticias falsas ya no son noticia; circulan desde que existe el periodismo, solo que ahora su velocidad, alcances y consecuencias son de mayor amplitud. Más todavía, pone sobre la mesa el debate sobre el supuesto paralelismo entre el ejercicio del periodismo, la objetividad y la verdad absoluta. Así, concluye que las fake news son la exacerbación de un oficio que en realidad reproduce puntos de vista sobre un hecho.
Palabras clave: Periodismo, fake news, medios de comunicación, verdad, realidad.

Abstract: The Internet is a wide-open world and fake news is part of its universe. In this article, the author contends that fake news is nothing new; it has been circulating for as long as journalism has been practiced, except that now its speed, scope and consequences have taken on a different dimension. She questions the debate about the alignment between the practice of journalism, objectivity and absolute truth, concluding that fake news is simply the exacerbation of a profession that in essence reproduces viewpoints about factual occurrences.
Key words: Journalism, fake news, communication media, truth, reality.

Una vez viví aterrada por una información falsa que debió haberme contado mi mamá como verdadera. Una joven de los años sesenta —de la edad de mi progenitora—, a la que le gustaban los bailes y la vanidad, se fue a hacer un chongo abultado. Después del jolgorio, hizo lo mismo que hacemos algunas personas tras haber invertido un dinero en la peluquería: consideró que podía mantener el chongo con vida un par de días. El problema fue que en su casa había arañas capulinas, y a una, el peinado de panal le pareció que ni mandado a hacer para poner un huevo, el cual, en apenas un par de días, dio vida a decenas de arañas en edad de morder. Cuando la joven le quiso presumir el chongo a un galán, este no se resistió a acariciarla, las arañas salieron de la cabellera hechas un demonio, y la joven fiestera y vanidosa encontró el final de sus días. Juro que la historia de esta medusa moderna me dejó sin dormir varios años de mi infancia e incluso de mi adolescencia. La leyenda circula todavía por la Internet (ahora con personajes con rastas), aunque no con el mismo impacto.

Otra vez, hace relativamente poco, difundí una noticia falsa a través de Facebook, acabo de acordarme. La nota existe todavía.[1] Circuló entre 2011 y 2012, sobre todo en blogs: una gran anaconda se tragó a un diputado de Brasil, que además —desgraciado— se había robado una cantidad importante de dinero público en efectivo y lo contaba cuando la bestia lo sorprendió. Un pescador, testigo de los hechos, fue a avisar a su pueblo, pero todos se rieron de él. La versión que yo hice circular, creyéndola cierta, era perfecta; la viuda, en vez de acongojarse, se decía enojada porque el legislador, ahora difunto, no pensaba compartir con ella la fortuna mal habida.

Recuerdo que la noticia tenía todos los atributos de la buena información que referían los académicos del periodismo.

Era breve, concisa y directa. Estaba escrita en una pirámide invertida impecable, y su gramática se hallaba bien construida. Tenía, como suele ocurrir con las falsas informaciones, errores de precisión. Por ejemplo, no se decía el partido ni el nombre del diputado ni de su viuda, y mucho menos del pescador que atestiguó que la anaconda hizo justicia por mano propia, en representación de miles de ciudadanos que habrían querido actuar de la misma forma que el reptil.

Tuve, entonces, la pequeña sospecha de que la noticia podría ser falsa, ante lo cual, la goglié —miren la expresión—. Los hechos aparecieron en distintos medios electrónicos. No cabía duda, eran reales. La sospecha se me quitó. Le apreté a publicar y obtuve, en mi muro de Facebook, una avalancha de comentarios contra el legislador, recuerdo que, incluso, de amigos intelectuales. Me puse feliz. La gente me quiere, pensé.

Hasta hace unos momentos, cuando busqué aquella nota, me vine a enterar de que hubo por lo menos una persona que no cayó en el engaño. David Gutiérrez Fuentes, columnista de La Crónica, escribió el artículo Serpientes y diputados, el 10 de mayo de 2012. El periodista, quien se dio tiempo para darle al asunto más que una ojeada, lo cual yo no hice, descubrió que la información había sido publicada por G7, un diario humorístico, “sin compromiso con la verdad”. Sin embargo, David Gutiérrez sí mostraba algo de ingenuidad, no lo digo por envidiosa. Creía que en el futuro estas “divertidas pero inútiles torres de Babel [en referencia a la información falsa], tendrán mucha demanda en la nueva configuración de los medios”.[2] Ahora sabemos que las torres de Babel pueden ser no tan divertidas y no tan inútiles.

 

  1. Fake news desde siempre

Fíjense cómo dos párrafos antes, escribí que la anaconda hizo justicia. Fue a propósito. Lo que sentimos muchos de los que difundimos aquella noticia falsa hasta hacerla viral, fue la alegría que nos dio la posibilidad de que el hecho fuera verdadero. De que una bestia, cuasi divina, viniera a encargarse —¿vengarse?— de lo que los hombres no hemos podido en unos países con tanta corrupción y ausencia de justicia institucional. Brasil o México, daba lo mismo; lo bueno es que alguien, aunque sea una anaconda, podía parar el cinismo de un diputado, el cual encarnaba a todos los de su especie.

Ese efecto es el que más o menos se supone que tienen las noticias falsas que circulan en estos días, a una velocidad sin límites por la Internet. Conjugan, en varios sentidos, nuestras creencias, ideología, miedos, esperanzas y deseos de justicia y venganza.

En eso y en lo bestial, se parecen mucho la historia de las arañas y la de la boa. Es muy probable que con la leyenda de la capulina del chongo, mi madre quisiera advertirme que las muchachas fiesteras y coquetas acaban mal. Aunque tiene una diferencia importantísima: la de la boa tiene quizá varios miles más de vistos en los países de Iberoamérica.

Cuando le comento las fake news anteriores, la comunicóloga Teresa Sánchez, que ocupó el cargo de coordinadora del Protocolo Alba[3] de la Fiscalía de Jalisco, añade otra diferencia: la Internet tiene el efecto de hacer circular la información falsa hasta llevarla a límites insospechados en muy poco tiempo, pero, en la mayoría de las veces, sus efectos duran apenas un suspiro. Durante su gestión, entre junio de 2016 y septiembre de 2017, la ex servidora pública fue víctima de distintas noticias falsas, que incluso se difundieron a través de medios de comunicación tradicionales.

En mayor medida hace algunos años, los medios tradicionales también han sido una plataforma formidable para la difusión de noticias falsas, en opinión de Jean–Françoise Fogel, miembro del consejo rector de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, director de la Maestría en Gerencia de Medios de la Universidad Sciences Po y autor de la plataforma digital del diario Le Mond.[4]

El periodista francés recuerda que gran parte de las guerras que se siguen librando en el mundo son consecuencia de dos hechos que ocurrieron en el año 2003. El 5 de febrero de ese año, Colin L. Powell, entonces secretario de estado de Estados Unidos, hizo un gran discurso sobre las armas de destrucción masiva ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Un mes más tarde, el 6 de marzo, durante una rueda de prensa de 52 minutos, su jefe, el presidente George Bush, repitió 14 veces los conceptos Al Qaeda, Irak, destrucción masiva y torres del World Trade Center.

Sabemos que no había armas de destrucción masiva; que ni Al Qaeda ni Irak tenían relación con el atentado en Nueva York, pero [los discursos citados] provocaron comentarios positivos de la prensa de todo el mundo hacia la guerra de Irak. Si hablamos de fake news, esto es el fake news del siglo. Desembocó en las crisis de Irak, Siria, refugiados en Europa. Hablamos de centenares de miles de muertos y millones de refugiados.[5]

Aunque es cierto que las noticias falsas han circulado en el mundo desde la época de los agoreros, hoy el concepto de fake news está más asociado con Internet.

El mismo Fogel las definirá como “una información equivocada a propósito, con el apoyo de la Internet y el descuido de las redes sociales”.[6]

Para el catedrático de la Universitat de València, Salvador Enguix Oliver, las redes sociales son las plataformas clave para la difusión de noticias falsas, al ser el medio de una gran parte de la información política que recibimos. “Los internautas se forman políticamente a través de los enlaces que llegan a sus muros”.[7] Solo que “las redes son incapaces de discriminar entre las noticias reales y las falsas, porque no aplican los criterios periodísticos mínimos de verificación o como probación de fuentes; y, según parece, los usuarios tampoco son capaces de detectar cuándo un enlace corresponde a una invención”.[8]

 

  1. Definiciones a la velocidad máxima

Un grupo de académicos de la comunicación de la Nanyang Technological University ofrece una definición básica sobre el concepto de fake news: se trata de publicaciones falsas que intencionalmente parecen ciertas, y podrían inducir al error a los lectores, con motivaciones financieras e ideológicas.[9]La página mexicana de la Internet, Verificado, va más allá, y divide al concepto en tres categorías:

  1. Hechos que no ocurrieron y se distribuyen como verdaderos para confundir o engañar a los lectores.
  2. Información “sacada de contexto”: el protagonista no dijo lo que el mediador interpretó.
  3. Material escrito, oral o fotográfico manipulado.[10]

Estas categorías son pocas, si se las compara con las que propone la plataforma Innovación para Políticas Públicas, un grupo de periodistas brasileños que distingue:

  1. Noticias verdaderas.
  2. Noticias verdaderas incompletas.
  3. Noticia que vienen muy temprano para pronunciarse.
  4. Noticias exageradas.
  5. Noticia contradictoria con otras noticias.
  6. Noticias imposible de comprobar.
  7. Noticias falsas.[11]

En México, Verificado se dedica a comprobar la verosimilitud de algunos relatos y discursos de actores políticos que circulan en las redes sociales y que han tenido más de mil interacciones. En la construcción de la página, participan casi 100 instituciones: medios tradicionales y digitales, universidades, organismos de la sociedad civil, promotores del voto; también empresas que antes fueron señaladas por falsear la información, como Televisa, y revistas electrónicas de soft news, como Sopitas.com.

Por ejemplo, sus pesquisas calificaron como falsas algunas versiones que circulaba en las redes sociales, antes y después de las elecciones del 1 de julio.

Desmintieron la veracidad de un video con más de 100 mil reproducciones, sobre todo en Estados Unidos, según el cual Andrés Manuel López Obrador (AMLO) impondría impuestos sobre las remesas. Desmintieron que el cantante Manu Chao actuaría durante el cierre de campaña de AMLO, en el estadio Azteca. Que AMLO le ofreció la Secretaría de Cultura a la cantante Belinda y a la actriz Kate del Castillo. Que el Instituto Nacional Electoral permitiría votar hasta por tres familiares muertos. Desmintieron que el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, hubiera dicho que se volverían a contar los votos de las elecciones del 1 de julio porque el triunfo de Andrés Manuel López Obrador generaba desconfianza.[12]

Lo más sorprendente es que en los comentarios abiertos de estas verificaciones, muchos lectores muestran su descrédito en Verificado y su fidelidad a las noticias falsas.

Una actividad que se destaca en esta página es que incluye a los memes bajo su lupa. “Pueden parecer solo bromas, pero las bromas contienen narrativas [Al replicarlos] distribuimos o recreamos narrativas […] Somos menos críticos con los memes, [pero] los memes son muy poderosos y no tienen qué probar nada”, afirma en un video de la página mexicana, la jovensísima catedrática de la Universidad de Harvard, An Xiao Mina.[13]

 

  1. El problema de la verdad

A manera de conclusión, suscribo las ideas planteadas por el periodista francés Jean–Françoise Fogel, en la ya citada conferencia: “La nueva información: lo verdadero, lo falso y lo ficticio en la comunicación periodística”, en marzo de 2018: quizás las fake news más que el problema son el síntoma de los tiempos que vivimos.

Esos tiempos se expresan en el uso que hacen millones de personas de las redes sociales, sí, pero también en el debilitamiento anterior de las grandes ideas que definieron al mundo: el capitalismo, el comunismo, el desarrollo…

Fogel refirió a Richard Haass el director de una de las revistas de relaciones internacionales más prestigiosas del mundo, Council on Foreing Relations. Para Haass, las explicaciones del mundo nos llegan a través de la Internet, desde las potencias dominantes, y también de las agencias internacionales; de las empresas como Amazon y Netflix; de los nuevos especialistas: “los anónimos que escriben en la Wikipedia, los participantes en los foros, los algoritmos de los motores de búsqueda. Expertos que nos dicen una cosa en un momento y otra cosa un momento después”.

No podemos olvidar que Internet es un mundo abierto. En un mundo abierto, es absolutamente normal encontrar delirios, paranoias complotistas, desinformación. En el mundo de Internet hay un espacio abierto para las fake news […] Y no hay un resguardo protegido de las locuras. Eso incluye al periodismo.[14]

El intelectual citó tres características de la circulación de información en la Internet incluyendo a las fake news—, que dejan en desventaja a los medios tradicionales: la primera es su resonancia social; “no existe una información, si no es seguida, compartida, amada por la audiencia […] Es necesario tener una difusión, amplificación y celebración de una noticia para que tenga credibilidad”. La segunda es la presencia de la imagen —400 horas de videos nuevos en YouTube cada minuto—; “tal como antes no se podía luchar contra un texto impreso y sellado, hoy no se puede luchar contra un video”.[15] La tercera es la emoción, como la contenida en la historia de las arañas del chongo y la anaconda traga diputados que narré al principio de este artículo.

Así, la escritura como legitimadora de la verdad y los discursos de los medios tradicionales desfallecen ante un texto digital que hace copy paste, se actualiza, circula, recibe likes, se discute, exige emojis.

Desde mi propia reflexión, todo esto ocurre de manera simultánea y rapidísima en momentos en los que los medios tradicionales se encuentran en una crisis financiera, de identidad y reproducen narrativas añosas, casi siempre desde las voces del poder, que están muy lejos de las preocupaciones, los anhelos y miedos de la gente común. Si la gente común busca reflejarse en las historias de otros que se le parezcan más, esos otros sí están presentes a menudo en las noticias falsas.

Jean–Françoise Fogel insistió, durante su conferencia, en la antigua discusión filosófica sobre la verdad.

A simple vista, las fake news expresan hechos ficticios, “un rechazo abierto, sin vergüenza al juego clásico de la búsqueda de la verdad”.16 Su existencia plantea la idea de que la información se define en verdadera o falsa.

Una mirada más profunda nos trae a la cuenta de que la relación entre los periodistas con la verdad no es infalible, y la objetividad santificada no existe.

Fogel recordó un dicho común en las salas de redacción de todo el mundo: los hechos son sagrados y la opinión es libre. “Es una gran ceguera. La relación entre ambos es muy fuerte”,[16] desde el momento en que un reportero mira hacia un sentido, selecciona y omite cierta información, con criterios relacionados con sus creencias, ideología y valores. “En esa cercanía entre los hechos y las opiniones, las fake news son la cumbre de las opiniones que se expresan como si fueran hechos, pero ignoran a los hechos” y refuerzan la idea que cada uno tiene de la realidad: “Si lo hubiera creído lo habría visto”.[17] Esto es exactamente lo que sucede con los participantes en los foros de la página Verificado, quienes reaccionan con desconfianza, e incluso agresión, cuando se les
avisa que nunca ocurrió la información que leyeron y quizás replicaron hacia un par de días.

Pero con todo lo mal intencionadas, engañosas y virulentas que son, el intelectual francés propone un pequeño homenaje para las fake news, porque “actuando de manera tan provocadora, nos recuerdan que es imposible tener hechos puros. Que el periodismo no busca producir la verdad”.[18]

 

[*]Periodista y profesora. Ha ganado los premios Jalisco de Periodismo (en 2001 y en 2008), Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez (2000) y el Nuevo Periodismo en la categoría de Radio (FNPI, 2002), entre otros. Estudió la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), donde también realizó la Maestría en Ciudad y Espacio Público Sustentable. Es profesora de esta universidad. Correo electrónico: vanesarobles@iteso.mx

[1].     Si uno escribe anaconda + diputado + Brasil, la nota aparece, en distintos medios electrónicos, entre 2011 y 2012.

[2].    Gutiérrez Fuentes, David. “Serpientes y diputados”, en La Crónica, 10 de mayo de 2012. Recuperado el 27 de agosto de 2018, de goo.gl/tf9ukH

[3].    El Protocolo Alba se encarga de la búsqueda inmediata de las mujeres que se han denunciado como desaparecidas.

[4].    Se considera que Le Mond (lemonde.fr) es uno de los diarios con más influencia en Francia y Europa.

[5].    Fogel, Jean–Françoise. “La nueva información: lo verdadero, lo falso y lo ficticio en la comunicación periodística”. Conferencia impartida en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, el 23 de marzo de 2018, en el marco de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar.

[6].    Ibidem.

[7].    Enguix Oliver, Salvador. “Impacto político e informativo de las redes sociales: esferas de actuación y comparación con los medios”, en Anàlisi. Quaderns de Comunicació i Cultura, núm.56, 2017, p.81.

[8].    Ibidem, p.77.

[9].    Tandoc Jr., Edson C.; Lim, Zheng Wei & Ling, Richard. “Defining ‘Fake News’”, en Digital Journalism, vol.6, núm.2, 2018, pp. 137–153. Recuperado el 27 de agosto de 2018, de DOI: 10.1080/21670811.2017.1360143

[10].    La página puede consultarse en: verificado.mx Solo aborda asuntos sobre política partidista.

[11].    Esta enumeración fue referida por Fogel, Jean– Françoise, op. cit.

[12].    Las verificaciones anteriores pueden consultarse en: verificado.mx/categoria/noticias-falsas

[13].    An Xiao Mina es tecnóloga creadora de Check, una plataforma para verificar las noticias en tiempo real, y fundadora de Credibility Coalition, una página que ha creado indicadores para evaluar la credibilidad del contenido en línea.

[14].    Fogel, Jean– Françoise, op. cit.

[15].    Ibidem.

[16].    Ibidem.

[17].    Ibidem.

[18].    Ibidem.

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