Jóvenes en el #19S. Usos críticos de la Internet en tiempos de crisis

Víctor Hugo Ábrego*

Conforme pasaron las horas y los primeros días después del sismo del 19 de septiembre de 2017 (#19S) en México, la discusión en las escuelas, en los medios de comunicación tradicionales, en las calles y en todos lados giró en torno a señalar el papel preponderante que los jóvenes estaban teniendo en los momentos más trágicos. Ahí, donde las instituciones de gobierno respondían con lentitud, torpeza e incluso con actos de rapiña propagandística; ahí, donde los adultos intentaban ayudar compartiendo rápido, pero con pocos filtros críticos, el torrente amorfo de información que consumían en redes y en medios tradicionales; donde la televisión abierta echaba a andar sus estrategias de agenda y encuadre del siglo pasado para llamar la atención de las audiencias y estrechar la discusión del modo más amarillista. Mientras el mundo adulto avanzaba a tientas y mirando el espejo retrovisor para tratar de resolver el presente, los jóvenes estaban construyendo potentes herramientas de recolección, captura y difusión de datos, filtros críticos en tiempo real para tener la información más fidedigna sobre lo que ocurría, y alianzas afectivas altamente políticas por su capacidad de mostrar posibilidades de organización social sin jerarquías ni burocracias institucionales.

Las columnas en distintos medios y las opiniones en la red y fuera de ella (on y offline) eran de sorpresa. ¿Cómo era posible que los llamados millennials, una generación tachada de apática, apolítica, individualista, encerrada en lo digital, entre otros estereotipos, estuviera mostrando el camino más solidario y eficaz para salir del mejor modo de la peor situación?

El objetivo de este texto es hacer una revisión general de algunas de las estrategias utilizadas por los jóvenes durante la crisis post #19S y, al mismo tiempo, hacer una crítica a los señalamientos más coloquiales que estigmatizan la condición juvenil en México, empezando por la etiqueta generacional de moda, millennials, que, tal parece, es utilizada para nombrar lo que no se entiende cuando se abordan temas referentes a la juventud contemporánea.

1. De la crisis al despliegue de repertorios políticos on–offline

El 19 de septiembre de 2017, un temblor de 7.1 grados sacudió el centro de México. El municipio de Axochiapan, Morelos, fue el epicentro y afectó de manera visible partes de Puebla, Estado de México, Guerrero, Morelos y de la Ciudad de México. Como hace 32 años,[1] los gobiernos quedaron paralizados, en algunos casos, y rebasados, en la gran mayoría, a la hora de reaccionar para ayudar a la población.

Fue la gente de a pie la que también, como pasó después del terremoto de 1985, se volcó a las calles con todo tipo de ayuda. La diferencia en esta ocasión estuvo en que los escenarios de producción, filtración y distribución de la información, así como los canales de ayuda no fueron únicamente los cara a cara, los espacios oficiales y los medios tradicionales, sino que la Internet, y en específico las redes digitales (Facebook, Twitter, YouTube, WhatsApp y Telegram, sobre todo), fueron espacios privilegiados para construir tanto el relato como el rumbo de muchas de las experiencias solidarias de parte de la población.

Miles de jóvenes participaron en la filtración de información, en la creación de canales eficaces para circularla, en la discusión crítica de las responsabilidades institucionales sobre la falta de infraestructura urbana para soportar un sismo de esta magnitud, en la organización de brigadas a municipios que estaban recibiendo menos atención mediática, en la creación de centros de acopio, en la recaudación de fondos para apoyar a las personas damnificadas, etcétera.

Dentro de todo lo que se movió en esas horas y días, el uso cotidiano de tecnologías digitales con acceso a la Internet fue un elemento central para la movilización material y simbólica de ayuda al mostrar que los modos actuales de apropiación de estos aparatos están lejos de quedar destinados solo al entretenimiento y a la construcción de una presencia editada, o de un tipo de “sí mismo en línea”[2] que sirve para mostrar lo que mejor nos parezca de nosotros en esos escenarios.

La ayuda, después del sismo del #19S, fluía de un edificio a punto de derrumbarse hacia un grupo en Telegram que confirmaba, en tiempo real, la creación de centros de acopio y divulgaba la necesidades del lugar en cuestión, hacia el escritorio de un joven que armaba una infografía, hacia una mesa con más chicos alimentando un mapa interactivo en Google Maps, agregando capas que mostraban estados, ciudades, tipos de daños, si había o no ayuda y qué tipo de apoyo era requerido; ese mapa era compartido en Twitter con el hashtag #Verificado19S y ayudaba a que en una universidad, un grupo de estudiantes hiciera que el resto de sus compañeros supiera qué ocurría y, por la tarde, a que una familia supiera a qué centro de acopio llevar qué tipo de víveres.

La ola de protestas ocurridas durante la segunda década del siglo XXI mostró al mundo la potencia política de los usos de la Internet. La noción de Tecnopolítica,[3] de manera general, consiste en comprender dos posibilidades del uso crítico de la web.

Por un lado, permite comprender que hoy en día los procesos de subjetivación política, es decir, de consumo de fuentes discursivas capaces de alimentar el sentido crítico de las personas, atraviesa cada vez más por nuestro estar día a día conectados a la red, de modo que, es en la web en donde millones de personas están al tanto de noticias locales e internacionales, de descubrimientos científicos, de protestas contra distintas injusticias, del desarrollo de conceptos que cuestionan normas sociales y de un alud de información cuyo procesamiento puede producir[4] tipos de subjetividad menos proclives a creer en las versiones oficiales de la realidad.

Por otro lado, después de la primavera árabe,[5] es posible afirmar que las protestas online no son únicamente válvulas de escape o mecanismos encerrados en los escenarios virtuales, sin ninguna repercusión en la vida offline sino que, por el contrario, lo que ha quedado demostrado, desde entonces, es que una protesta que cobra relevancia en las redes digitales, tiene amplias posibilidades de convertirse en un evento “conducente a la acción” colectiva en las calles, en la medida en que la conexión online no solo es racional sino afectiva, lo cual convoca, de manera mucho más acelerada, a las personas que están pensando y sintiendo lo mismo en un momento dado; esto, combinado con las posibilidades de inmediatez e hipertextualidad de la red, da como resultado una mayor probabilidad de “conectar” on y offline la experiencia de millones de personas..

Por lo tanto, los modos de participación política de millones de personas alrededor del mundo, hoy en día están cifrados en un vaivén entre lo on y lo offline, donde la Internet cumple un papel, no de sustitución de los encuentros cara a cara sino de una “ampliación de los repertorios comunicativos”.[6]

Actualmente, tejemos nuestra experiencia en conversaciones que pueden comenzar en el supermercado, continuar en un grupo en Facebook, seguir en una llamada por teléfono, viajar a un meme en Twitter o a una historia en Instagram, y terminar en la mesa de un bar. Y no hay contradicción, no hay interrupción y, lo más importante, no hay sustitución. Lo que sí hay es una ampliación de las prácticas comunicativas; es decir, no hacemos lo online por un lado y lo offline por otro sino que hacemos, intermitentemente, de modo continuo, lo on y lo offline. Nuestras vidas están en ese continuum. De igual forma, nuestra participación política también está ampliando sus repertorios.

El despliegue de repertorios políticos durante la crisis del #19S abarcó entonces múltiples capas on y offline de apoyo y solidaridad, material y simbólica, todas necesarias y todas útiles en ese momento. El despliegue online, sin embargo, tiene la particularidad de mostrar que, a contrapelo de los prejuicios de muchas instituciones, ciertos usos de la Internet son parte de un proceso cotidiano de alfabetización crítica que, en coyunturas como la vivida, son capaces de dar saltos acelerados en la producción de estrategias de apoyo, discusión y solución de problemas en tiempo real. A continuación, revisaremos algunas
de esas estrategias.

2. Caja de herramientas tecnopolíticas

A través de herramientas de minería de datos, de software especializado y de algoritmos para información obtenida en redes digitales, Signa_Lab ITESO[7] estuvo al tanto de los momentos clave de usos críticos de la Internet después del sismo del #19S.

El equipo del laboratorio descargó, procesó y analizó distintos tipos de datos alrededor, sobre todo, de la discusiones que se dieron en redes digitales, con el objetivo de comprender quiénes eran los actores individuales y en grupo implicados, cuál era el sentido de la discusión para cada uno, cuáles eran las disputas entre ellos; capturar el sentido que cada grupo le dio a la crisis, y, finalmente, para identificar la presencia de posibles cuentas falsas o pagadas que pretendieran contaminar la discusión y, de ser así, analizar los posibles fines de esas interferencias en las discusiones online.

La figura 13.1 muestra una nube de los emojis[8] más utilizados en los primeros momentos y días después de la crisis, del 19 al 21 de septiembre, por usuarios de Twitter alrededor del hashtag #SismoMx. La visualización muestra el tono afectivo del discurso social vertido en las redes a través de las imágenes más grandes (que fueron las más compartidas en esos días). Vemos gestos de preocupación, emergencia, llanto y pesar, que fueron las emociones más sentidas o, se podría decir, “el clima afectivo”, de las primeras horas y días después del sismo, cuando aún no se sabía bien a bien el alcance de los daños en todos los lugares afectados.

La figura 13.2, por su parte, es una nube obtenida a partir de la descarga de tuits efectuada del 22 al 29 de septiembre, con el hashtag #Verificado19S,[9] en donde vemos un cambio notorio en la tonalidad afectiva de los emojis capturados, las imágenes ahí remiten a la ayuda (metaforizada con herramientas), al acopio de víveres (comida) y a la fuerza (músculo) mostrada por todas las personas que estuvieron apoyando on y offline a las víctimas.

Ambas imágenes dan cuenta de la tonalidad afectiva de la discusión y del protagonismo de la sociedad frente a la tragedia. Por su parte, las instituciones de gobierno, igual que hace tres décadas, durante la crisis postsismo, se mostraron débiles e incapaces de ser los canales legítimos de ayuda y de información que la sociedad necesitaba.

Más, incluso, en esta ocasión, varios funcionarios públicos fueron captados en foto o en video por ciudadanos tratando de aparentar su ayuda o, en el peor de los casos, etiquetando con publicidad institucional la ayuda recibida de donaciones. Esto generó que fueran estas mismas instituciones las más criticadas en las redes. En Twitter, hashtags como #ApagaTelevisa #RoboComoGraco y #PartidosDenNuestroDinero fueron portavoces de la molestia ante la ineficacia y el oportunismo institucionales. El equipo de Signa_Lab ITESO capturó 2,461 tuits con combinaciones entre algunos de esos hashtags, los cuales conforman la figura 13.3. El grafo muestra las etiquetas más utilizadas para criticar a gobiernos estatales, al federal, a los medios de comunicación y a los diputados. En la imagen, se aprecian conexiones más fuertes (líneas más gruesas) entre los hashtags que fueron utilizados más veces en el mismo tuit.

El uso cotidiano de twitter como arena política en México no puede reducirse o banalizarse a la ligera. Este tipo de prácticas son parte del proceso de alfabetización crítica de usos de la Internet y de subjetivación política que mencioné más arriba, que debería sustituir al inútil debate de si la tecnología es “buena o mala”. Antes bien, hace falta crear espacios institucionales (empezando por las escuelas y
los medios) donde se dé cuenta de la importancia de pensar a los espacios virtuales como espacios de “disputa por la palabra”[10] y en esa medida, como espacios en donde hoy se lucha por la configuración del sentido de parte de la realidad.

Si es posible visibilizar la importancia de la Internet como elemento central para la construcción de una esfera pública democrática en la era contemporánea, se comprenderá porqué es necesario permanecer atentos a la infiltración o a la “siembra” de enfoques de la realidad desde las redes,[11] ya que mientras los medios tradicionales se alimentan cada vez más de lo que ocurre en las redes, la opinión pública también se abre a nuevos riesgos de caer en versiones manipuladas de los hechos, promovidas por quienes intentan dominar la discusión o reprimir la disidencia, ahora también en la Internet.

Otra de las herramientas colectivas que fue clave como parte del apoyo ciudadano, fue el sitio www.verificado19s.org que nació a menos de una semana de ocurrido el sismo y que, mediante la verificación de información en tiempo real con personas presentes en distintos puntos de la Ciudad de México y otras urbes, se convirtió en uno de los filtros más importantes de legitimación de información.

El sitio se encargó de monitorear la discusión en Twitter con el hashtag #Verificado19S, al mismo tiempo que filtraba los tuits para enlazar a usuarios con centros de acopio y con personas presentes en algún lugar específico. También creó un mapa interactivo de la Ciudad de México con distintas capas que muestran la localización de información corroborada de los daños reportados en las últimas 24 horas,

de centros de acopio y albergues, de reportes no verificados, de puntos de acceso libre a la Internet (que fue otra de las muestras de apoyo de los vecinos cercanos a las áreas de desastre), y de personas que ofrecían ayuda, así como de aquellas que la necesitaban. En la página de inicio se puede leer como respuesta a: ¿Cómo surgimos?, lo siguiente:

Ante la emergencia humanitaria provocada por el terremoto del 19 de septiembre, un grupo de activistas, periodistas y programadores decidieron reunirse en el Centro Cultural Horizontal para buscar formas de verificar la información que aparecía en medios de comunicación y redes sociales. Con la colaboración inicial de programadores desarrollamos un mapa y una base de datos colaborativa y que actualmente es la plataforma más certera, más actualizada y más visitada de datos sobre el terremoto.

Además de la Ciudad de México, ya se incluye información de todos los estados afectados por el terremoto del 19 de septiembre.[12]

Este sitio es una de las muestras más claras del nivel de sofisticación de la ayuda online recibida después del sismo, ninguna fuente oficial fue capaz de procesar y filtrar con tal nivel de eficacia la cantidad ingente de información que venía de todos lados, ni tuvo la legitimidad social con que contó #Verificado19S. ¿Cuáles son las implicaciones políticas de la creación, en menos de una semana, de un sitio con
estas características a menos de un año de las elecciones presidenciales en México? ¿Se puede seguir desdeñando el uso de la Internet como herramienta de contestación y de producción autónoma de sentido en momentos coyunturales? La respuesta a la crisis del #19S puede ser un buen pretexto para replantear muchos prejuicios alrededor del uso que realizan, sobre todo, los jóvenes de la Internet, sus posibilidades de aprendizaje y lo que las instituciones, empezando por la escuela, pueden integrar a sus lógicas a partir de estas experiencias.

Además de estos tres ejemplos (apenas una muestra) a modo de caja de herramientas tecnopolíticas, muchos jóvenes, y ciudadanos en general, participaron también en la creación de otros mapas colectivos, en Google Maps, para identificar daños en las primeras horas después del sismo; crearon grupos en Telegram y en WhatsApp que siguieron como canales fiables de información durante semanas; estuvieron compartiendo datos puntuales y desmintiendo noticias falsas, replicadas o desfasadas, en publicaciones personales en sus distintos perfiles online, y también estuvieron creando memes y mensajes (véase la figura 13.4) que, desde el humor, ayudaron a construir un clima de optimismo que acompañaba a las fotografías de brigadistas recogiendo escombros y buscando sobrevivientes. Todo esto, hay que insistir, nos muestra cuán errónea es la concepción común de pensar a la Internet como un escenario que sustituye nuestros encuentros cara a cara, cuando más bien, en muchos casos,[13] funciona como un amplificador de nuestras prácticas colectivas.

A pesar de todo esto, la reacción para distintos medios fue de sorpresa al ver “el despertar” de los jóvenes, como si las habilidades que mostraron las hubieran aprendido de un día para otro, como si su presencia colectiva no importara sino hasta ahora. Por eso es necesario repensar, de manera crítica, la condición juvenil en México.

3. Capital social de los jóvenes en México. Contra la etiqueta de “millennials”

“Fuertemente impactados por la comunicación y la emotividad”,[14] temerosos de que “regresen a su mundo digital”[15] y sorprendidos porque “pasaron de su discurso de 140 caracteres a la acción en cuestión de minutos”,[16] fueron algunas de las reacciones estereotipadas que generó en los medios de comunicación la participación de los jóvenes después del #19S. La juventud, sin embargo, como lo han planteado con claridad

distintos investigadores desde hace varias décadas,[17] si bien tiene un horizonte de sentido cifrado en lo etario, en términos culturales no es un estado esencial del sujeto sino una categoría que se construye a partir de los contextos biográfico y sociocultural del sujeto, es decir, depende de la capacidad de agencia del joven y de los condicionamientos históricamente situados que lo atraviesan.

Ahora bien, de acuerdo con Rossana Reguillo, los jóvenes en México se enfrentan, desde hace casi tres décadas, a diversos procesos de “descapitalización”, que van de lo escolar a lo social y a lo político. Por descapitalización política la autora entiende:

[…] la dificultad de convertir la posición social en reconocimiento. La descalificación y la estigmatización a la que se ven sometidos los jóvenes, que siguen siendo considerados como sujetos de tutela pero no como sujetos políticos, son la lógica en la que se fundamenta que la posición juvenil se constituya en explicación de su marginación, subordinación o exclusión de la dinámica social. En otras palabras, ser joven es lo que explicaría y justificaría todo lo demás […]

La cara menos visible pero más dramática de esta descapitalización política está representada por la tendencia a depositar en los individuos […] la total responsabilidad de su situación.[18]

Aunado a esto, hasta finales de 2017, la guerra contra el narcotráfico en México, iniciada por el presidente Felipe Calderón Hinojosa y continuada por su sucesor, Enrique Peña Nieto, ha dejado como saldo más de 100 mil personas asesinadas y más de 32 mil desaparecidas, la mayoría de las cuales han sido jóvenes. ¿De qué modo se trastoca con más claridad la vida cotidiana de una generación completa de mexicanos que viven día a día sabiendo que, por vivir en medio de una guerra y ser jóvenes, están en constante riesgo?

Cabe entonces preguntarnos si la apatía, el desinterés y la desvinculación, de las que se les acusa a los jóvenes, pueden ser, más bien, parte del conjunto de prejuicios producidos por una sociedad que, por un lado, le exige a la juventud pertenecer, cooperar, trabajar y sacrificarse, mientras que, por otro, se empeña en excluirlos y en despojarlos de oportunidades mínimas de inserción social digna. Lo más sencillo, sin embargo, cuando se habla de la juventud en la actualidad desde espacios institucionales, es excluirla en los hechos y anhelarla en el discurso, sorprenderse cuando se les ve ayudando, pero ignorarlos cuando son relegados y cuando no siguen las pautas que las normas institucionales les exigen. Como pronunciaron hace casi dos décadas Mario Margulis y Marcelo Urresti: “la juventud es la esperanza del futuro y la amenaza del presente”.[19]

Ahora bien, ¿cuál es el papel que ha tenido la apropiación de la Internet en la vida de millones de jóvenes en México?[20] Miles de niños de hace 11 años —cuando empezó la guerra contra el narcotráfico—, jóvenes en la actualidad, ¿dónde encontraron refugio seguro para estar con sus amigos? ¿Dónde construyeron sus espacios de complicidad afectiva y de afirmación personal? ¿Dónde construyeron sus horizontes de sentido y sus fuentes legítimas de consumo cultural? Sí, muchos de ellos encontraron y construyeron estos espacios vitales, también,[21]
en la red, y no por ser “adictos” a la tecnología sino porque ahí estuvo en muchas ocasiones el margen restante de acción que la guerra les dejó a ellos y a sus padres, como reducto de seguridad en el día a día.

Es importante mencionar esto, porque para muchas personas el uso de la Internet sigue siendo una “adicción”, claro, sobre todo para los jóvenes, una “distracción” en la escuela, una “pérdida de tiempo” de lo que “realmente importa”, y un largo etcétera de las peores formas de determinismo tecnológico, que en el fondo muestran el desconocimiento de las posibilidades de aprendizaje cotidianas con el uso de la Internet.[22]

La escuela, la familia, la iglesia, los medios, cuando hablan de la Internet suelen hablar de las peores cosas que pasan ahí (que por supuesto existen, igual que existieron en lo offline antes de la red), acaso desplegando una estrategia que a través del desprestigio trata de aferrarse a las certezas perdidas. Tal vez por ello, critican tanto a la Internet, porque es ahí en donde sus hijos, sus estudiantes, sus creyentes y sus audiencias encuentran fuentes alternativas a las tradicionales, porque es en la Internet donde, a pesar de todo, habita, en muchos casos, el germen de la producción autónoma de sentido.[23]

Con todo, podemos, es necesario hacerlo, reencausar la discusión sobre la participación política de los jóvenes en México. De entrada habría que aclarar que la tan famosa y usada etiqueta de millennials, más bien parece enunciar todo lo que quien la usa no entiende cuando habla de prácticas juveniles y en específico de sus usos de tecnología con acceso a la Internet, y por eso les llama “tecno–junkies” [24] o la “generación malcriada”.[25]

Habría que decir, por el contrario, que esta generación de jóvenes carece de una esencia y que está desarrollándose en un contexto con múltiples peculiaridades, que abarcan el uso cotidiano de la Internet y de teléfonos móviles, el desdibujamiento de la familia nuclear y de la heteronormatividad como posibilidades únicas de configuración de identidades y afectividades primarias; ser parte del momento histórico en el que la escuela ya no es el único lugar legítimo de acceso al conocimiento, el consumo a la carta de contenidos mediáticos, la guerra contra el narcotráfico, más de 100 mil personas asesinadas y más de 30 mil desaparecidas.

Bajo este contexto, es que miles de jóvenes en México se hicieron cargo de gran parte de la ayuda después del sismo del 19 de septiembre, en medio del espasmo del mundo adulto que, sorprendido, no mostró sino su incapacidad de darse cuenta de que, por desgracia y en muchas ocasiones, no entiende que no entiende cuando habla de sus jóvenes.

4. Conclusiones

Después del #19S los jóvenes no se preocuparon por estar “pasando horas” en la Internet ni por tener que esperar a que un medio les confirmara sobre un nuevo derrumbe, sus redes fueron mucho más eficaces para ayudar y para estar enterados de lo que pasaba; su modo de “cubrir” el evento no dependió de un editor que a su vez dependiera de los intereses comerciales de una empresa sino de la inmediatez y el sentido de cooperación trasmitido del mismo modo, cara a cara, que a través de espacios virtuales, espacios que estuvieron al pendiente día y noche de todo lo que estaba ocurriendo.

En medio del año electoral en México, experiencias como la aquí analizada son muestra de procesos de alfabetización crítica de la Internet en los que miles de jóvenes están inmersos en el día a día, así como de la aceleración que estos pueden alcanzar en coyunturas específicas. La potencia colectiva liberada por estos procesos, probablemente, será clave en las estrategias por venir para favorecer a las personas frente a las instituciones.

Finalmente, las discusiones online se han convertido en espacios de disputa política por el sentido de distintas situaciones en México. Lejos de ver en estas discusiones algo banal o inútil, la sociedad en general tiene que hacerlas relevantes como parte de la necesaria configuración de la toma de decisiones, de la creación de espacios de crítica en
el momento de crisis política, de inseguridad y económica que vive el país, y como parte de procesos de subjetivación política de miles de usuarios, jóvenes y no, de la Internet. Por supuesto, si este tipo de experiencias se agota en las redes, siempre será insuficiente, pero como ya subrayamos, las conversaciones online conllevan la posibilidad de convertirse en puntos de acceso a experiencias multicapa, es decir experiencias on–offline, que contaminen más espacios de discusión y, eventualmente, que se conviertan en ciclos de aprendizaje colectivo, como lo fue el apoyo de los jóvenes durante la crisis del #19S.

  1. . El mismo día, pero de 1985, otro temblor sacudió la capital del país.
  2. . Para entender mejor este concepto, hay que leer a Ábrego, Víctor Hugo. “Generación hipertextual de sentido y construcción de la presencia en Facebook”, en: Z. Rodríguez & T. Rodríguez (coords.), Socialidades y afectos. Vida cotidiana, nuevas tecnologías y producciones mediáticas, Universidad de Guadalajara, México, 2013.
  3. . Toret, Javier. “Tecnopolítica del 15M. La insurgencia de la multitud conectada”, en E. Serrano et al., 15MP2P. Una mirada transdisciplinar del 15M, Copyleft, Barcelona, 2014, pp. 278–288. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://tecnopolitica.net/sites/default/files/toret.pdf
  4. . Aunque no necesariamente, ni en todos los casos.
  5. . Protestas en países de la región medio oriente desplegadas principalmente entre 2010 y 2011.
  6. . Linke, Cristine. “Mobility, media and relational communicative repertoires. An analysis of everyday family interactions”, en Interactions: Studies in Communication & Culture, vol.3, núm.1, 2012, pp. 25–38.
  7. . Laboratorio de innovación y estudios interdisciplinarios aplicados del ITESO. Un espacio interdepartamental donde se trabajan, entre otras cosas, la producción de software de minería, procesamiento y análisis de datos, para la investigación de fenómenos sociales en clave tecnopolítica.
  8. . Los emojis son los gestos que acompañan cada vez más nuestras conversaciones y publicaciones online, y son, como los gestos corporales, no un “adorno” de la palabra sino un signo como tal, portador de sentido y capaz de generar contextos de interpretación e interacción propios.
  9. . Fue un trending topic o tema tendencia en Twitter durante los días posteriores al sismo, y fue utilizado por miles de usuarios para confirmar información sobre lugares y personas que necesitaran ayuda o que pudieran brindarla.
  10. . Para una discusión amplia sobre esto, véase: Reguillo, Rossana. Paisajes insurrectos. Jóvenes, redes y revuelta en el otoño civilizatorio, NED, Barcelona, 2017.
  11. . En México, hay una tendencia peligrosa a la creación de “granjas” de bots (cuentas automatizadas) y de trolls (cuentas pagadas), para inflar ciertos temas y desviar la atención de otros en momentos específicos. Un ejemplo de ello puede consultarse en el siguiente informe de Signa_Lab ITESO: Signa_Lab. “Del #Gasolinazo a #SaqueaUnWalmart: mapeando la batalla en línea durante la crisis gasolinera en México”, en GlobalVoices, 3 de febrero de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de https://es.globalvoices.org/2017/02/03/del-gasolinazo-a-saqueaunwalmart-mapeando-la-batalla-en-linea-durante-la-crisis-gasolinera-en-mexico/
  12. . #Verificado19s. “¿Cómo surgimos?”, en #Verificado19s. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www.verificado19s.org/#nosotros
  13. . Tampoco en todos, tampoco siempre.
  14. . Cedeño, Alonso. “La Generación del #Sismo. Jóvenes demostraron al mundo que a tuizatos sí se puede salir de una crisis”, en El Universal, 26 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www.eluniversal.com.mx/nacion/sociedad/la-generacion-del-sismo
  15. . Expansión. “Los ‘millenials’ salen de la vida digital para ayudar a las víctimas del sismo”, en Expansión, 26 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://expansion.mx/nacional/2017/09/26/los-millenials-salen-de-la-vida-digital-para-ayudar-a-las-victimas-del-sismo
  16. . Aranda Luna, Javier. “El sismo de los milennials”, en La Jornada en línea, 27 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de 16http://www.jornada.unam.mx/2017/09/27/opinion/a04a1cul
  17. . En México, incluso, existe un Padrón Nacional de Jóvenes Investigadores de la Juventud con sede en el Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM.
  18. . Reguillo, Rossana. “La condición juvenil en el México contemporáneo. Biografías, incertidumbres y lugares”, en Reguillo, Rossana (coord.), Los jóvenes en México, FCE, México, 2013, pp. 398–399.
  19. . Margulis, Mario & Urresti, Marcelo. “La construcción social de la construcción de juventud”, en Cubides, H.; Laverde, M.C. & Valderrama, C. (eds.), Viviendo a toda. Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades, Siglo del Hombre, Colombia, 1998.
  20. . De los más de 62 millones de internautas que hay en México, poco más de 45% tiene entre 13 y 34 años. Bermúdez, Daniela. “18 datos sobre Internet y sus usuarios en México”, en El Economista, 22 de mayo de 2016. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de https://www.eleconomista.com.mx/tecnologia/18-datos-sobre-Internet-y-sus-usuarios-en-Mexico-20160522-0083.html
  21. . Del mismo modo que lo hallaron también en otros espacios, pero menos que sus padres.
  22. . Pueden hallarse pistas generales en: Casacuberta, David. “Juventud y medios digitales: entre la inmunitas i la communitas”, en Jóvenes, tecnosofía y arte digital, Revista de estudios de juventud, núm.102, 2013, pp. 69–81.
  23. . Un informe acerca de los usos y las apropiaciones de los usos de la Internet en adultos en México, muestra parte de estos prejuicios. Se titula “Informe de usos y apropiaciones de la tecnología con acceso a Internet (primavera 2016)” y se puede consultar en el sitio web Observatorio de Redes Sociales y Mundos virtuales en: https://observaiteso.wordpress.com/2016/05/02/informe-de-usos-y-apropiaciones-de-la-tecnologia-con-acceso-a-internet-primavera-2016/
  24. . Horovitz, Bruce. “After Gen X, Millennials, what should next generation be?”, en USA Today, 5 de abril de 2012. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://usatoday30.usatoday.com/money/advertising/story/2012-05-03/naming-the-next-generation/54737518/1
  25. . Fernández, Alba. “Millennials: la generación mal criada que quiere cambiar al mundo”, en ABC.es, 06 de noviembre de 2012. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www.abc.es/20121103/sociedad/abci-millennials-generacion-201211021603.html
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