Sismos de septiembre reabren una herida sin sanar

 

Eduardo Aragón*

¿Cuánto dura un instante? Lo suficiente para cambiar una vida. Es lo que podrían decir millones de mexicanos de la 13:14:40 horas del martes 19 de septiembre. Un instante infinito que nos recordó lo vulnerables que alguna vez fuimos y aún somos.

Septiembre de 2017 quedará para siempre en la memoria de los habitantes de la Ciudad de México, no solo por los trágicos sucesos del martes 19 sino por una serie de eventos previos que, a la distancia, casi parecerían premonitorios, aunque, como bien sabemos, la ciencia nos ha dicho siempre que los terremotos no pueden predecirse. Sus efectos, por el contrario, sí podrían prevenirse.

1. El preámbulo de la tragedia

Es necesario comenzar este recuento el miércoles 6 de septiembre, cuando a las 19:06 horas, la activación de la alerta sísmica hizo que decenas de miles de personas salieran de sus casas y oficinas en la Ciudad de México, en espera de una sacudida o, al menos, del aviso de que un movimiento telúrico acababa de ocurrir, aunque fuera imperceptible. Ni el Servicio Sismológico Nacional (SSN) ni las aplicaciones móviles de alerta reportaron sismo alguno. Fausto Lugo, titular de Protección Civil de la Ciudad de México, explicó después que un “error humano” fue el origen de la alerta y a través de la cuenta de Twitter del centro de mando C5 de la capital, ofreció una disculpa a la ciudadanía.[1]

Un día después, el 7 de septiembre, la alarma resonó de nuevo en las calles de la capital mexicana minutos antes de la medianoche. Miles de desconfiados habitantes de la ciudad salieron a regañadientes a las calles y hacia los puntos de seguridad, mascullando maldiciones y descalificaciones en contra del sistema que quizá se había activado otra vez por error. No fue tal. A las 23:49 horas, el piso se deslizó de un lado a otro y los edificios crujieron por primera vez. Aun antes del final del movimiento, ya era viral en redes sociales la imagen de la columna de la Independencia balanceándose, con su Ángel dorado en lo más alto, en el cruce del Paseo de la Reforma y la avenida Florencia, enmarcado por un cielo nublado, iluminado por las llamadas “luces de terremoto”.[2]

Los protocolos de seguridad y protección civil se instauraron de inmediato y las redes se saturaron en minutos de mensajes oficiales que aseguraban que la Ciudad de México no presentaba daños mayores, salvo algunos apagones y un par de bardas caídas. Fue un sismo de 8.2 grados, el más fuerte desde que se llevan registros en territorio nacional. Con una profundidad de 52 kilómetros, el SSN ubicó el epicentro 113 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, Chiapas.[3] Debido a su lejanía de la Ciudad de México, la capital no sufrió daños.

No corrieron con tanta suerte en Oaxaca y Chiapas. Desde Juchitán y sus alrededores, comenzaron a llegar reportes a cuentagotas, a través de redes sociales, sobre los daños en los edificios del centro de la ciudad, decenas de casas derruidas y miles de personas negándose a regresar a sus moradas ante el temor de una réplica de similar intensidad. 82 personas sin vida en Oaxaca, 19 en Chiapas y cuatro en Tabasco, cerraron la cifra de víctimas en 102.[4] Los damnificados se contaban por miles y las viviendas pérdidas o inhabitables sumaron poco más de 50 mil, entre el total de más de 100 mil edificaciones con daños en 380 municipios afectados en ambos estados.[5]

Entre el 7 de septiembre y el 19 de septiembre, los medios de comunicación reseñaron un interminable desfile de funcionarios de primer nivel, secretarios de estado comisionados a atender regiones específicas, recorriendo calles polvorientas y prometiendo que
las ayudas no tardarían en llegar; en efectivo o especie, las autoridades estatales y federales se encargarían de apoyar a cada uno en la reconstrucción y el regreso a la normalidad, según declaraciones insistentes de sus miembros. Pese a la puesta en marcha del plan de atención a emergencias, DN–III–E, con 1,800 elementos del ejército mexicano,[6] las quejas de los afectados en Oaxaca y Chiapas comenzaron a escucharse; la ayuda era insuficiente, tardaba en llegar y familias enteras dormían con hambre a la intemperie, cuidando lo poco que quedó dentro de sus casas derruidas.[7]

2. Una coincidencia inimaginable

Con las miradas todavía puestas en lo ocurrido en Chiapas y Oaxaca, llegó el 19 de septiembre. Como cada año, desde hace 32, el día arrancó con el aviso de la realización del macrosimulacro de evacuación. Un ejercicio preventivo que busca evitar una repetición de la tragedia y las imágenes apocalípticas que dejó tras de sí el terremoto de 8.0 grados que a las 7:19 horas del 19 de septiembre de 1985,[8] devastó amplias
zonas de la capital del país, con un saldo oficial de 10 mil fallecimientos.

Un instante que convulsionó a México y dejó como legado la solidaria participación ciudadana y ejemplos de organización civil como nunca antes se habían visto en la nación. Una cicatriz sobre la que se crearon protocolos de prevención y protección, reglamentos de construcción y normas de seguridad, como resultado de una lección que no se debía olvidar.

A las 11:00 am, al igual que cada 19 de septiembre, el simulacro de prevención de la tragedia se realizó, como de costumbre, con las indicaciones de siempre: “No grito. No corro. No empujo”, para salir de las edificaciones hacia los puestos de seguridad designados por autoridades de protección civil. A la una de la tarde, la mayoría de
los participantes en el ensayo estaba de regreso a la normalidad. Minutos después, sobrevino el horror.

“Alerta sísmica, alerta sísmica”, comenzó a repetir segundos antes de la 1:14 pm la voz automatizada desde las bocinas colgadas en las calles de la ciudad, acompañada por el característico sonido de las ondas sonoras que resuenan como golpes de metales sucesivos. El sonido que, en teoría, brinda por lo menos 50 segundos de ventana para aplicar lo aprendido en los macrosimulacros. Esta vez no fue así.

A la 1:14, la ciudad se sacudió como lo había hecho también 32 años atrás. Solo que esta vez, la naturaleza no descargó la fuerza de un movimiento de 8.0 grados a más de 400 kilómetros de la capital frente a las costas de Michoacán, como en 1985.

En 2017, el punto de partida de las ondas sísmicas de menor magnitud, 7.1 grados, se ubicó a 57 kilómetros de profundidad, a 12 kilómetros de Axochiapan, Morelos, muy cerca del límite con Puebla, aproximadamente a 120 kilómetros de la Ciudad de México.[9] La tierra se había
partido en la casa de al lado y las ondulaciones alcanzaron, en segundos, el suelo arcilloso del otrora vaso lacustre sobre el que se asienta la megalópolis. La alerta no dio más tiempo que el suficiente para caer
en cuenta de que no había de dónde sostenerse, de que los pies no saben cómo apoyarse con seguridad sobre un piso que vibra a una velocidad de vértigo y que la mano de un desconocido puede ser el asidero más seguro del mundo.

3. La articulación de respuestas de la sociedad civil

Tras el caos coral de los gritos y las crisis de nervios, aún en medio del aturdimiento, las miradas y las manos buscaban entre las nubes de polvo señales de los que quedaron bajo los escombros. En minutos, cadenas humanas se formaron frente a los edificios que se desplomaron durante el movimiento y aquellos que con columnas dobladas y muros resquebrajados apenas se sostenían. No había todavía una idea de la amplitud de los daños y la atención estaba enfocada en ayudar a salir con vida a los que quedaron atrapados bajo los muros derruidos.

En espera de los especialistas en atención a emergencias, los vecinos organizaban y replicaban a través de redes sociales los pedidos de ayuda, las solicitudes de herramientas para la remoción de escombros

y los llamados en busca de información de personas cuyo paradero aún se desconocía.

En medio de la inmediata movilización y el despliegue de los cuerpos públicos y civiles de atención de emergencias, paramédicos y personal de todas las autoridades federales y locales trataban de organizar las acciones y los recursos desde el centro de Atención a Emergencias y Protección Ciudadana C5, un punto referencial en tecnología para la supervisión y vigilancia urbana de la capital mexicana.

En las calles, fue la ciudadanía la que articuló espontáneamente y con rapidez la respuesta a la tragedia. Fueron los mismos vecinos de los inmuebles dañados los que instalaron centros de acopio de víveres, herramientas, ropa, agua. Fueron ellos los que designaron a los responsables de mantener bajo control el arribo y la seguridad de los miles
de voluntarios que colaboraban en el retiro de los escombros y el rescate de personas. Fueron ellos, los ciudadanos, los que desbordaron
los centros de acopio con todo tipo de víveres y enseres para los afectados por el sismo.

Fueron también ciudadanos, activistas de organizaciones civiles, periodistas y especialistas de diversos campos de la tecnología, los que lanzaron, apenas 24 horas después del sismo, una plataforma de verificación y monitoreo de la ayuda que no cesaba de llegar. La idea fundacional de #Verificado19S, que operó desde la sede del Centro Horizontal en la colonia Condesa, era evitar la confusión y la dispersión de rumores o información falsa.[10]

Sin parar, los analistas de redes desentrañaban cuáles eran las necesidades reales en cada punto afectado y los canales adecuados para hacer llegar el apoyo. Pese a todo, la ayuda tardó en llegar a los puntos más alejados de la megalópolis, como Xochimilco, y más allá, a los municipios afectados en Puebla y Morelos, pero fluyó incesante e ininterrumpida hacia los espacios que se identificaron como puntos críticos: el colegio Enrique Rébsamen, en Tlalpan; la fábrica textil ubicada en el cruce de las calles Chimalpopoca y Bolívar, en el centro de la ciudad, y el edificio de oficinas en Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma Norte.

4. Los traspiés de los medios

En los medios de comunicación, la urgencia por llevar la información antes que nadie, llevó a muchos a cometer traspiés. El caso emblemático fue el rescate de “Frida Sofía”, una menor supuestamente atrapada bajo los escombros del colegio Enrique Rébsamen, de donde ya se habían sacado a 19 niños y seis adultos sin vida. Cientos de personas se afanaban por el rescate de una menor que se decía que había sido escuchada por miembros de los cuerpos de rescate.

Durante 48 horas, las cámaras de televisión, en particular de Televisa, y los reportes de la radio, así como las actualizaciones digitales de los diarios, dieron cuenta de los esfuerzos para el rescate de la niña. Hasta que el encargado de coordinar las labores en el colegio, el subsecretario de la Marina Armada de México, Ángel Enrique Sarmiento Beltrán, apareció ante las cámaras para confirmar que “Frida Sofía” no estaba atrapada en el lugar, simplemente porque no existía; que las acciones se enfocaban en la búsqueda de una mujer adulta a la que se presumía ya sin vida y cuyo cuerpo, efectivamente, fue sacado después, elevando la cifra de víctimas a 26.[11]

Los cuestionamientos de la audiencia a la televisora alcanzaron tal resonancia, que dos de sus comunicadores principales, Denisse Maerker y Carlos Loret de Mola, tuvieron que salir a dar explicaciones de cómo y por qué surgió el caso “Frida Sofía”.[12] Responsabilizaron al representante de la Marina de haber proporcionado información imprecisa a su corresponsal en el sitio y de haber alimentado falsamente la esperanza de encontrar a alguien más con vida. La desaprobación ciudadana al actuar de la televisora, a la que se acusaba en redes sociales de montar un show mediático, fue tanta que el propio subsecretario Ángel Enrique Sarmiento debió salir de nuevo a ofrecer una disculpa pública por las supuestas expectativas creadas por testimonios no verificados de rescatistas civiles.

En Chimalpopoca y Bolívar, el caso ejemplificó las prácticas de corrupción a múltiples niveles y la confusión que provoca la falta de trasparencia en las actividades de las dependencias de control oficial. El edificio de cuatro pisos, que se derrumbó segundos después de que comenzó el sismo, albergaba a un número indeterminado de empresas con un número gris de trabajadores.

Los rumores en redes hablaban hasta de un centenar de trabajadoras de un taller de costura sepultadas ahí, lo que motivó la instalación de brigadas de activistas sociales que, a la par de colaborar con los rescates, tenían como propósito evitar que se ocultara lo que sucedió en el lugar. Los rumores escalaron, alimentando la animadversión contra representantes de las autoridades y hasta de los cuerpos de rescate, y los trabajos se realizaron en medio de enfrentamientos.

Con las autoridades haciendo mutis, fue el trabajo de reporteros de sitios de noticias como Animal Político, el que fue desemarañando poco a poco, entre registros de dependencias oficiales, lo que ocultaban los cristales oscuros de la construcción colapsada. Ahí tenían espacios de trabajo ABC Toys Company, una empresa de importación de juguetes de origen taiwanés, que reportó al menos dos víctimas entre sus trabajadores; SEO Young Internacional, fabricante de origen coreano de bisutería para industria textil; Dascham System, dedicada a la instalación de cámaras de vigilancia, también de origen taiwanés; ahí tenían también sus talleres dos fabricantes de ropa, Alta Moda y New Fashion, en donde, se especuló en redes sociales, laboraban decenas de trabajadoras indocumentadas de origen centroamericano.[13] Rumores que fueron desmentidos por personal diplomático de Guatemala, Honduras y El Salvador que acudieron a los servicios médicos forenses a identificar si había connacionales entre las 22 víctimas mortales.

El edificio, que había sido ocupado desde las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX por dependencias oficiales, ya contaba con advertencias desde 32 años antes, tras el sismo de 1985, y según reportó la revista Proceso, extrabajadores del lugar ya habían denunciado
la debilidad estructural del inmueble. Pese a ello, se añadieron pesos a la estructura, como una antena y sistemas de ventilación, que dificultaron los rescates tras el colapso.[14]

La corrupción y las prácticas ilegales fueron también las que marcaron el destino final del llamado “ground zero” del sismo de 2017. El edificio de oficinas de la avenida Álvaro Obregón, en donde quedó sepultado el mayor número de personas, 77, y donde se registró la mayor cantidad de víctimas mortales: 49 como saldo final.

Ahí, la mala gestión del enlace oficial designado por las autoridades generó incontables dudas no solo sobre la eficacia de las operaciones de rescate bajo las pesadas losas de concreto sino también sobre los numerosos rumores acerca de complots internacionales para rescatar objetivos de alta prioridad para naciones como España e Israel, por encima del rescate de los empleados de empresas contables y despachos de análisis de inversiones atrapados también ahí. Rumores que fueron alimentados por la errática actuación de Humberto Morgan, coordinador de asesores de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, quien fue claramente sobrepasado por las circunstancias, empeñado en mantener aislados a los familiares de las víctimas, rodeados de un grupo de voluntarios, obstaculizando la labor de informadores y voluntarios externos.

Pese a que durante las primeras 48 horas, los rescatistas mexicanos lograron sacar con vida a 28 personas, las labores avanzaron después con inexplicable lentitud, ante la desesperación y reclamos de cientos de personas que exigían que se acelerara la búsqueda de sus familiares, con la esperanza de que los encontraran con vida.

Los confusos mensajes del encargado de comunicación sobre las dificultades impuestas a los rescates por una técnica de construcción que aceleró el colapso y una supuesta falla estructural propiciada por un inadecuado diseño arquitectónico de los pisos añadidos de manera irregular al edificio, no ayudaban mucho; tampoco los testimonios de familiares y rescatistas que, fuera de cámara, con los rostros cansados y a veces entre lágrimas, insistían en que no se estaba trabajando en las zonas donde estaban las personas atrapadas.

Así hicieron su arribo los equipos de rescate enviados por Israel, España, Japón y Estados Unidos, algunos de los 20 países que ofrecieron apoyo al país. Los trabajos se aceleraron, apoyados en tecnología de búsqueda de punta, y sin descanso continuaron día y noche, con esporádicas interrupciones por lluvia; los cuerpos comenzaron a ser sacados una vez más, pero la información seguía detenida y la molestia entre los afectados crecía.

Expresada a través de las trasmisiones de cadenas internacionales como CNN, Univision, CCTV, RT y BBC, y reportes de El País y El Mundo, las quejas finalmente, después de una semana, obligaron a las autoridades a remover de sus labores al enlace Humberto Morgan, tras una visita del subsecretario de derechos humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa.

Tras la salida de Morgan, se aclaró cuántos cuerpos habían sido rescatados hasta entonces y cuáles eran sus identidades, cuántos faltaban por rescatar y cómo se estaban desarrollando las labores de rescate. Nunca hubo respuesta a los cuestionamientos de por qué algunos
cadáveres fueron llevados a morgues en distintos rumbos de la ciudad, sin avisar ni explicar a sus familias que ya habían sido recuperados.

Tras el rescate de la víctima 49 en Álvaro Obregón 286, se cerró oficialmente la lista de muertos por el terremoto del 19 de septiembre: 228 en la Ciudad de México, 74 en Morelos, 45 en Puebla, 15 en Estado de México, seis en Guerrero y uno más en Oaxaca.[15] Víctimas cuya memoria se honrará, prometieron las autoridades de la Ciudad de México, con un memorial construido en el terreno expropiado de Álvaro Obregón 286 en la colonia Roma.

5. Las interrogantes tras la sacudida

Hablar del terremoto del 19 de septiembre es parte de las sobremesas en casi cualquier reunión en la Ciudad de México. ¿Tú dónde estabas? ¿Todo bien en tu casa? ¿Estuviste como voluntario? ¿Y cómo va todo ahora? Son parte del intercambio de interrogantes que se comparten una y otra vez, en cada encuentro fortuito o planeado con esos amigos y familiares a los que se había dejado de ver antes del sismo.

Es parte obligada de la catarsis para superar lo vivido esa tarde soleada que dejó también 8,405 edificios dañados, de los que 2,193 fueron declarados pérdidas totales, según el censo realizado por las autoridades de la Ciudad de México.[16] Es parte también de la dura realidad de cientos de familia que aún pernoctan en casas de campaña frente a sus domicilios o en espacios prestados por amigos y familiares, y que esperan aún una respuesta que solucione la difícil situación en la que se encuentran desde entonces.

Los sismos son impredecibles, dicen hasta el cansancio los expertos del Servicio Sismológico Nacional, pero algunos de sus devastadores efectos sí pueden prevenirse. Tan es posible que el geofísico Víctor Cruz Atienza, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue reconocido como uno de los diez científicos más relevantes de 2017 por un estudio publicado en la revista Nature a finales
de 2016, en el que elaboró un modelo de la mecánica de suelos del valle de México en caso de un sismo con magnitud 7 grados o mayores. Los daños sufridos por la capital mexicana tras el sismo de septiembre fueron una dolorosa comprobación de los datos en el estudio. “Mi modelo no predice cuándo ocurrirá un sismo, pero sí puede, en cambio, decir cuáles son las zonas más vulnerables, a las que se debe poner más cuidado desde el punto de vista de desarrollo urbano y mejorar las regulaciones de seguridad para las construcciones en esas zonas”, aseguró Víctor Cruz Atienza a CNN sobre la utilidad futura de su modelo.[17]

Un modelo que ofrece más herramientas para seguir entendiendo cómo el suelo de la Ciudad de México y de otras regiones del país experimenta la aceleración de las ondas sísmicas de distintas magnitudes, profundidad y cercanía a los epicentros. Sobre todo, insisten los especialistas, deberá contribuir a mejorar la observancia de los reglamentos de construcción, especialmente en las obras levantadas en áreas particularmente vulnerables.

A cuatro meses del 19 de septiembre de 2017, ese instante registrado a las 13:14:40 horas dejó al desnudo lo mucho que avanzamos
en materia de prevención y organización como sociedad, pero también dejó en claro los retrocesos en los que hemos incurrido por prácticas enquistadas de corrupción que permiten obviar medidas básicas de construcción y la obligatoria vigilancia del trabajo de dependencias oficiales y la iniciativa privada. Nos recordó que la información en 2017 fluye a través de canales que en 1985 eran ciencia ficción y que su uso, para ser eficaz, aún debe pasar por el tamiz de los principios básicos de verificación y validación de siempre. Nos recordó también la mezquindad de algunos, pero sobre todo, dejó en claro la generosidad y la solidaridad de los mexicanos, que son mayoría.

  1. . La explicación fue que “El #C5 realizaba pruebas de funcionamiento en los altavoces de la #CDMX y que, debido a un error humano, el audio de la alerta sísmica fue enviado”, según se difundió a través de las cuentas de Twitter @c5_cdmx y @FaustoLugo, el 6 de septiembre de 2017.
  2. . cnnenEspanol.com. “El Ángel de la Independencia oscila durante el sismo”, 8 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://cnnespanol.cnn.com/video/cnnee-brk-sismo-ciudad-mexico-video-twitter-imagenes-temblor-magnitud-8-7-septiembre/
  3. . Véase Servicio Sismológico Nacional. “Catálogo de sismos”, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) / Geofísica UNAM. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www2.ssn.unam.mx:8080/catalogo/
  4. . Secretaría de Gobernación. Sistema Nacional de Protección Civil. Luis Felipe Puente. @LuisFelipe_P
  5. . Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. “¿Sabes cuántas viviendas se vieron afectadas tras los sismos de septiembre?”, Gobierno de México, 13 de octubre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de https://www.gob.mx/sedatu/articulos/sabes-cuantas-viviendas-se-vieron-afectadas-tras-los-sismos-de-septiembre?idiom=es; véase también: datos.gob.mx/busca/dataset/municipios-con-declaratoria-de-emergencia-extraordinaria
  6. . García, Dennis. “Sedena aplica plan DN–III—E en Chiapas y Oaxaca”, en El Universal, 8 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de eluniversal.com.mx/nacion/seguridad/sedena-aplica-plan-dn-iii-e-en-chiapas-y-oaxaca
  7. . Matías, Pedro. “Acusan ‘abandono gubernamental’ afectados por sismo en Oaxaca; la ayuda no llega, reclaman”, en Proceso, 11 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www.proceso.com.mx/502778/acusan-abandono-gubernamental-afectados-sismo-en-oaxaca-la-ayuda-llega-reclaman
  8. . Cruz Atienza, Víctor, Krishna, Shri & Ordaz, Mario. “¿Qué ocurrió el 19 de septiembre de 2017 en México?”, en Ciencia.unam.mx, 28 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://ciencia.unam.mx/leer/652/-que-ocurrio-el-19-de-septiembre-de-2017-en-mexico-
  9. . Véase Servicio Sismológico Nacional, op. cit.
  10. . Para mayor información acerca del sitios de #Verificado19S, puede consultarse su sitio en: www.verificado19s.org; también puede contactarse a través de: @verificado19s
  11. . Expansión. “La Marina ofrece disculpas por el caso Rébsamen”, en Expansión.mx, 21 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://expansion.mx/nacional/2017/09/21/la-marina-ofrece-disculpas-por-el-caso-del-colegio-rebsamen; véase también: RT. “Confirman que no existe Frida Sofía, la supuesta niña atrapada en una escuela mexicana”, en www.actualidad.rt.com, 21 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de https://actualidad.rt.com/actualidad/250825-descartan-existe-nina-frida-sofia-atrapada-escuela-mexico
  12. . Foro tv. 21 de septiembre de 2017.
  13. . Sandoval, Francisco & Roldán, Nayeli. “¿Cuántos eran, en qué condiciones, hay más desaparecidos? Las dudas de la textilera colapsada”, en Animal Político, 23 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www.animalpolitico.com/2017/09/autoridades-sospechan-que-en-edificio-de-chimalpopoca-colapsado-por-sismo-trabajaban-obreras-indocumentadas/
  14. . Turati, Marcela. “Fábrica caída en Chimalpopoca, vieja conocida del gobierno”, en Proceso.com.mx,
    26 de septiembre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www.proceso.com.mx/504893/fabrica-caida-en-chimalpopoca-vieja-conocida-del-gobierno
  15. . Luis Felipe Puente. @LuisFelipe_P, 4 de octubre de 2017.
  16. . Domínguez, Pedro. “Tras sismo, en CDMX hay 2 mil inmuebles con daño total”, en Milenio, 5 de octubre de 2017. Recuperado el 24 de febrero de 2018, de http://www.milenio.com/df/inmuebles-codigo_rojo-danos-sismo-septiembre-2017gobierno-cdmx-milenio_0_1042695880.html
  17. . La entrevista se grabó el 20 de diciembre de 2017, pero a la fecha en que este artículo se redacta, dicha entrevista aún no había salido al aire
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