24 precandidatos presidenciales demócratas, ¿es en serio?

David Foust Rodríguez[*]

 

Resumen: 24 personas están disputando la candidatura presidencial demócrata en Estados Unidos de América. Es el mayor número de precandidatos en la historia de ese país. ¿Qué está detrás de esta extraordinaria cantidad? ¿Cuáles son las opciones de fondo que tendrán los electores demócratas en las primarias y los caucus (asambleas) en los estados? ¿Podrá salir algún candidato o candidata que derrote a Trump en su esfuerzo por reelegirse? ¿Cuál tendría que ser su estrategia? Estas son las preguntas que intentamos responder en este artículo.

Palabras clave: elecciones en Estados Unidos de América, Partido Demócrata, Bernie Sanders, Trump.

 

Abstract: Twenty–four candidates are vying for the Democratic Party’s nomination for the US presidential election. What explains this extraordinary number? What meaningful options will Democratic voters have in the state primaries and caucuses? Will they find a candidate who can stand in the way of Trump’s hopes for re–election? What strategy will s/he need to use? These are the questions we address in this article.

Key words: us elections, Democratic Party, Bernie Sanders, Trump.

 

  1. Las candidaturas

24 precandidatos demócratas para presidente de Estados Unidos de América se han registrado ya en la Comisión Federal Electoral[1] y han anunciado su precandidatura: Michael Bennett, Joe Biden, Cory Booker, Steve Bullock, Pete Buttigieg, Julian Castro, Bill de Blasio, John Delaney, Tulsi Gabbard, Kirsten Gillibrand, Mike Gravel, Kamala Harris, John Hickenlooper, Jay Inslee, Amy Klobuchar, Wayne Messam, Seth Moulton, Beto O’Rourke, Tim Ryan, Bernie Sanders, Eric Swalwell, Elizabeth Warren, Marianne Williamson, Andrew Yang. En la tabla 8.1 se presentan las características más sobresalientes de los más populares.

Hasta mediados de junio de 2019, en presencia mediática y en encuestas, lideran la campaña Biden, Sanders, Warren, Harris y Buttigieg; en recaudación, Biden (sin dato), Bernie (20.7 millones, 84% de pequeños donantes), Delaney (18.3 millones, solo 7% de pequeños donantes), Warren (16.5, 70.3%), Harris (13.2, 36.8%).[2] Pero es muy temprano para sacar conclusiones de estos números. Hay, sin embargo, otros datos reveladores.

24 precandidaturas presidenciales es un nuevo récord que desbanca a los 17 republicanos de 2016 y a los 16 demócratas de 1976 y 1972. Este es un indicador de la percepción de alta probabilidad de ganar por parte de los demócratas,[3] pues en otras elecciones presidenciales el número de precandidatos registrados varía en forma proporcional a la percepción de probabilidad de triunfo. Como comentamos en una colaboración anterior en Análisis Plural,[4] preocupa este dato. Pudiera ser un indicador de que el Partido Demócrata no ha tomado nota —¡aún!— del triunfo de Trump y de su significado político. O pudiera apuntar hacia un fervor y entusiasmo adelantados por querer participar en la contienda.[5]

Como señala Jonathan Martin, “el crecimiento explosivo de las redes sociales, la creciente diversidad del electorado demócrata y los cambios en el calendario y en el formato de debate han creado una [elección] primaria como no se había visto”.[6] Estamos viendo el desarrollo de una elección interna diferente: se ha reducido el peso que tenían la “primaria invisible”[7] —en la que los candidatos fuertes recaudaban toneladas de dinero y sumaban respaldos del establishment— y las primeras primarias y caucus, en particular Iowa y Nueva Hampshire. Para darnos una idea del gran peso de estos primeros eventos basta mencionar un par de datos: Barack Obama pasó 89 días en Iowa,[8] y Lyndon B. Johnson no se nominó para la reelección porque ganó la primaria de Nueva Hampshire por solo 7% sobre Eugene McCarthy y lo tomó como una señal de su impopularidad a causa de la guerra de Vietnam.[9]

Otro cambio importante es el mayor peso del Supermartes, en el que se disputa cerca de 40% de los delegados para la Convención Nacional (incluidos los poderosos estados de Texas y California), por lo que la disputa parece haberse acelerado.

Biden ha liderado las encuestas, incluso antes de oficializar su precandidatura y hasta ahora. Exvicepresidente con Obama y senador durante muchos años, se le conoce por ser un negociador para buscar acuerdos y convertirlos en leyes, programas y presupuestos. También se le conoce por haber bloqueado la instrumentación de la política de trasporte escolar para buscar la integración racial de las escuelas al inicio de su carrera en el Senado; por haber sido duro contra Anita Hill en las audiencias sobre la nominación de Clarence Thomas a la Suprema Corte; por haber impulsado las políticas de criminalización (que han afectado principalmente a los jóvenes pobres, negros e hispanos), y por haber aceptado 200 mil dólares para promover a un candidato republicano en las elecciones intermedias.[10] “Resulta desconcertante que esto se sepa y se concluya que es el candidato más elegible; un hombre blanco, viejo y fuertemente asociado con acoso sexual y racismo”.[11]

Bernie Sanders, el senador independiente por Vermont, autodenominado socialista democrático, está en segundo lugar en las encuestas y en recaudación de fondos. Algunos piensan que su nivel previo de exposición podría limitar su crecimiento en popularidad.[12] Algunos analistas identifican otros riesgos en su precandidatura: la palabra “socialismo” puede asustar a los votantes; se percibe poco abierto a la negociación; los programas universales pueden ser —o percibirse como— muy costosos; “no entiende la complejidad de los temas”.[13] Sin embargo, según algunos sondeos, podría recuperar los estados del llamado rust belt (el cinturón industrial) y robarle votos antisistema y antiélite a Trump. Su principal ventaja es su clara identificación con la clase trabajadora.[14]

 

  1. El dilema no resuelto: la estrategia dual

El dilema de fondo sigue siendo el que Edsall llama “la estrategia dual”;[15] puesto de manera simplificada: cómo capturar a los votantes de centro y centroderecha, apelando a problemas más generales sobre impuestos y sistema de salud, sin descuidar los temas clave para sectores de votantes muy identificados (feministas, lgbtqi, procontrol de armas, promigrantes, entre otros) y viceversa. Para los electores de las primarias y asambleas de este ciclo electoral se trata de escoger entre alguien de centro, en apariencia muy “elegible” (no necesariamente Biden, podría ser Klobuchar o alguien más),[16] o alguien de izquierda (hay una docena para escoger). Ahora bien, ¿se trata realmente de un dilema?

Estudios previos habían concluido que los electores que participaban en las primarias eran más cargados a la izquierda que los votantes de la elección general.[17] Si bien elegir un candidato extremoso puede llegar a costar hasta 10% y 13% de los sufragios.[18] Otros estudios permiten afirmar que estos dos perfiles no están tan distantes.[19] Schaffner cita datos de la encuesta Cooperative Congressional Election Study,[20] la que se muestra en la tabla 8.2.

Conviene considerar que esta contienda interna se aproximará más a una primaria nacional, con lo cual podría desdibujarse todavía más la diferencia entre los electores típicos de las últimas elecciones primarias presidenciales y los votantes demócratas de las generales.

Filipovic llama la atención sobre un dato que suele perderse de vista en este tipo de análisis: “Quedar electo no es un asunto de apelar a la mediana blanda. Se trata de atraer a las personas que realmente se sentirán motivadas para salir y votar”.[21] Nicholas A. Valentino et al. demuestran la relevancia de la ira y el entusiasmo como emociones que pueden incrementar la participación de la ciudadanía y determinar una elección.[22] En igualdad de recursos —económicos, de tiempo e información disponible— participan más las personas que están enojadas y entusiasmadas, y que perciben que podrían establecer una diferencia.

La polarización que Trump ha acentuado podría jugar en su contra. Alan Abramowitz y Charles Boix, entre otros, coinciden en que la figura de Trump ha polarizado a la ciudadanía y ha obligado, por así decirlo, a muchos a moverse hacia la izquierda.[23] La identificación partidista y el sentimiento antiTrump desempeñarán un papel decisivo.[24] En cambio, la moderación podría no ayudar.[25]

 

  1. ¿Podría ser derrotado Trump en su intento
    de reelección?

A diferencia de 2016, cuando Trump tuvo que disputar la candidatura contra otros contendientes, el escenario de ver al Partido Republicano con otro candidato presidencial es poco probable, empezando porque —a la manera de Stalin en sus inicios— se ha asegurado de garantizar para sí el control del partido.[26] Un triunfo demócrata sobre Trump tendrá que fincarse más en sus propios recursos que en la mínima esperanza de una derrota interna.

En mayor medida dependerá de la capacidad de comunicación de los precandidatos demócratas para convencer a los estadunidenses que se involucran de manera temprana y para enviarles estos mensajes: que pueden ser elegibles; que sus propuestas son viables y no extremistas sino de sentido común, como, por cierto, ha insistido Sanders; que son liberales, mas no progresistas.[27] Es decir, que pueden y quieren negociar, y que el triunfo es posible.

Abundo un poco más en la distinción entre liberal y progresista: las encuestas y las opiniones de muchos politólogos ya citados aquí indican que será más elegible una persona que diga que quiere universalizar el acceso a los servicios de salud pero que no cancelará los seguros privados; que buscará hacer más accesible la educación universitaria pero que no ofrecerá cubrir la colegiatura de todos aquellos que quieran estudiar (esto incluiría a los que sí pueden pagar); que buscará que haya más empleos altamente productivos y bien remunerados pero que no ofrecerá garantía de empleo, entre otros aspectos.[28]

Un último dato: es posible que tenga más probabilidades una mujer que un hombre. En las elecciones intermedias de 2018 las mujeres lograron récord en posiciones clave: “Si la elección de 2018 es indicación de algo, será de que las mujeres son más elegibles que los hombres, especialmente entre demócratas”.[29] ¿Tal vez una combinación de alguna de las mujeres (Kamala Harris o Elizabeth Warren) con alguno de los hombres (Bernie Sanders o Pete Buttigieg)?[30] Ya lo veremos.

 

[*]  Profesor investigador del Departamento de Economía, Administración y Mercadología (DEAM) del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Doctor en Ciencias Sociales (Sociología) por la Universidad de Guadalajara. Miembro de la Red Mexicana de Investigación en Política Social y de la Red Nacional de Investigadores(as) en los Estudios Socioculturales de las Emociones. Correo electrónico: foust@iteso.mx

 

[1].     Uno más, Richard Ojeda, se había registrado, pero declinó antes del primer debate.

[2].    Lee, J.C. et al. “Which Democrats are leading the 2020 Presidential race?”, The New York Times, 14 de junio de 2019. Recuperado el 14 de junio de 2019, de  https://www.nytimes.com/interactive/2020/us/elections/democratic-polls.html

[3].    Ember, S. “A ‘Beat Trump’ fervor is producing big turnouts for 2020 Democrats”, The New York Times, 8 de marzo de 2019. Recuperado el 8 de marzo de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/03/08/us/politics/trump-democrats-2020-election.html

[4].    Foust, D. “La derrota de la extrema derecha, aún lejos en Estados Unidos”, Análisis Plural, ITESO, Tlaquepaque, segundo semestre de 2018. Recuperado de http://hdl.handle.net/11117/5382

[5].        Ibidem.

[6].    Martin, J. “‘You don’t have to be in Des Moines’, Democrats expand primary map, spurred by social media”, The New York Times, 1 de junio de 2019. Recuperado el 1 de junio de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/06/01/us/politics/2020-democratic-primaries.html

[7].    “2020 Democratic Party Presidential primary”, Wikipedia, s.f. Recuperado el 14 de junio de 2019, de https://en.wikipedia.org/wiki/2020_Democratic_Party_presidential_primaries

[8].    Idem.

[9].    “List of Democratic Party Presidential primaries”, Wikipedia, s.f. Recuperado el 19 de abril de 2019, de https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_Democratic_Party_presidential_primaries

[10].       Callahan, M. “‘Gropey Uncle’ Joe Biden has always been creepy and should stay out of 2020 race”, New York Post, 1 de abril de 2019. Recuperado el 19 de abril de 2019, de https://nypost.com/2019/04/01/gropey-uncle-joe-biden-has-always-been-creepy-and-should-stay-out-of-2020-race/; Filipovic, J. “Does anyone actually want Joe Biden to be President?”, The New York Times, 17 de mayo de 2019. Recuperado el 17 de mayo de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/05/17/opinion/joe-biden-president.html, y Roy, J. “9 times Joe Biden creepily whispered in women’s ears”, New York Magazine, Intelligencer, 17 de febrero de 2015. Recuperado el 19 de abril de 2019, de http://nymag.com/intelligencer/2015/02/9-times-joe-biden-whispered-in-womens-ears.html

[11].    Filipovic, J. Op. cit.

[12].       Lee, J.C. et al. Op. cit.

[13].       Bhagwati, citado en Edsall, T.B. “Bernie Sanders scares a lot of people, quite a few of them are Democrats”, The New York Times, 24 de abril de 2019. Recuperado el 24 de abril de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/04/24/opinion/sanders-2020-trump.html

[14].       Ibidem, así como Martin, J. “‘Stop Sanders’ Democrats are agonizing over his momentum”, The New York Times, 19 de abril de 2019. Recuperado 16 de abril de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/04/16/us/politics/bernie-sanders-democratic-party.html

[15].       Edsall, T.E. “The Democratic party picked an odd time to have an identity crisis”, The New York Times, 2 de agosto de 2018. Recuperado el 6 de noviembre de 2018, de https://www.nytimes.com/2018/08/02/opinion/democrats-midterm-identity-crisis.html  y “The deepening ‘racialization’ of American politics”, The New York Times, 27 de febrero de 2019. Recuperado el 27 de febrero de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/02/27/opinion/trump-obama-race.html

[16].       Cfr. Leonhardt, D. “A dose of moderation would help Democrats”, The New York Times, 3 de marzo de 2019. Recuperado el 3 de marzo de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/03/03/opinion/2020-moderate-democrats.html

[17].       Cfr. Foust, D. Op. cit.

[18].       Hall, citado en Edsall, T.B. “How left is too far left for 2020 Democrats?”, The New York Times, 10 de abril de 2019. Recuperado el 10 de abril de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/04/10/opinion/democratic-candidates-primaries.html

[19].       Sides y Warshaw, Vavreck y Tausanovitch, Utych, Schaffner, politólogos citados en Edsall, T.B. “The political magic of Us vs. them”, The New York Times, 13 de febrero de 2019. Recuperado el 13 de febrero de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/02/13/opinion/trump-2020-us-them.html  y “The deepening ‘racialization’ of American politics”, op. cit.

[20].   Citado en Edsall, T.B. “The political magic of Us vs. them”, op. cit.

[21].       Filipovic, J. Op. cit. Las cursivas son añadidas.

[22].      Valentino, N.A. et al. “Election night’s alright for fighting: The role of emotions in political participation”, The Journal of Politics, vol.73, num.1, 17 de junio de 2011.

[23].      Citados en Edsall, T.B. “The ‘rotten equilibrium’ of Republican politics”, The New York Times, 30 de enero de 2019. Recuperado el 30 de enero de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/01/30/opinion/republicans-democrats-2018-economy-prosperity.html; “The political magic of Us vs. them”, op. cit, y “Bernie Sanders scares a lot of people…”, op. cit; cfr. Filipovic, J. op. cit.

[24].      Sievert y McKee, Sabato, Jacobson, citados en Edsall, T.B. “When it comes to the Senate, the Democrats have their work cut out for them”, The New York Times, 5 de junio de 2019. Recuperado el 5 de junio de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/06/05/opinion/senate-democrats-2020.html

[25].      Abramowitz, citado en idem.

[26].      Burns, A. y Martin, J. “Trump’s takeover of the Republican Party is almost complete”, The New York Times, 3 de abril de 2019. Recuperado el 3 de abril de 2019, de  https://www.nytimes.com/2019/04/03/us/politics/trump-republican-party.html

[27].   Weiner, G. “When liberals become progressives, much is lost”, The New York Times, 13 de abril de 2018. Recuperado el 22 de diciembre de 2018, de  https://www.nytimes.com/2018/04/13/opinion/moynihan-liberals-progressives-lost.html

[28].   Podhorzer y Cowan, citados en Edsall, T.B. “There are really two distinct white working classes”, The New York Times, 26 de junio de 2019. Recuperado el 28 de junio de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/06/26/opinion/pelosi-white-working-class.html

[29].   Filipovic, J. Op. cit.

[30].   Bruni, F. “And now, the dream of a Harris-Buttigieg ticket”, The New York Times, 28 de junio de 2019. Recuperado el 28 de junio de 2019, de https://www.nytimes.com/2019/06/28/opinion/debate-harris-buttigieg-biden.html