Biopolítica, viralidad y máquinas de guerra. Bit_ácoras covid–19

Víctor Hugo Ábrego[*]
Diego Arredondo[**]
Eduardo G. de Quevedo[***]
Eliseo R. Colón Zayas[****]
Paloma López Portillo[*****]
Rossana Reguillo[******]

 

Resumen: La reconfiguración profunda que ha significado la pandemia por covid–19 exige formular nuevas preguntas que incorporen la dimensión sociodigital en la medida en que todas las medidas sanitarias y de política pública reposan en el (auto)confinamiento, en el distanciamiento y en el teletrabajo. Todo ello ha supuesto cambios en los modos en que comprendemos la vida y la muerte. La biopolítica, ese poder de gestionar la vida humana, cobra hoy una nueva centralidad junto con la información y los datos personales. En tal sentido nos preguntamos por las formas en que la ciudadanía, usuaria de redes sociodigitales, produce otras narrativas y formas de solidaridad.

Palabras clave: covid–19, biopolitics, datification, war machines, big data

 

Abstract: The profound reconfiguration that the covid–19 pandemic has unleashed demands that we formulate new questions that consider the socio–digital dimension, inasmuch as all the public health and public policy measures center on (self)confinement, distancing and remote working. All of this has changed the way we look at life and death. Biopolitics—the power to manage human life—takes on renewed importance, together with information and personal data. In this sense, we raise questions about the ways in which citizen users of socio—digital networks create alternative narratives and forms of solidarity.

Key words: covid–19, biopolitics, datification, war machines, big data

 

El covid–19 es un fenómeno global que atraviesa élites y periferias, empresas locales y trasnacionales, gobiernos nacionales y continentales e identidades tanto hegemónicas como contestatarias. Sin embargo, su condición de posibilidad planetaria no constituye un piso parejo a todas las personas. Aunque el virus es capaz de enfermar a cualquiera, son las condiciones de asimetrías y brutales desigualdades tanto entre naciones como al interior de estas naciones, las que reparten y aumentan el riesgo de modo desigual en esta pandemia que representa un llamado de atención sobre el capitalismo contemporáneo.

En esta entrega para Análisis Plural trabajamos en torno a tres ejes que consideramos fundamentales en la configuración sociocultural y política de la pandemia: la biopolítica, en tanto el virus ha puesto de manifiesto la centralidad de las políticas en torno a la vida y a la muerte y su tensión entre los impulsos constituyentes y destituyentes;[1] un segundo eje es el de la datificación y el culto al dato en un proceso de entronización de la epidemiología como vector que organiza o pretende comandar la única representación legítima de la pandemia, y, finalmente, nos interesa acercarnos a la noción de “máquinas de guerra”, elaborada por Deleuze y Guattari,[2] como la producción de una narrativa que constituye un punto de fuga con respecto al discurso dominante.

 

  1. Sujetos, mercados y crisis sanitaria

La medida sanitaria, tomada a escala global, de separar los cuerpos para evitar el contagio del virus, produce también condiciones para la normalización del imaginario de un “ciudadano” inerme frente a las decisiones políticas de los gobiernos nacionales ante la crisis sanitaria. Los mismos gobiernos que, en muchos casos a escala global, han cedido al mercado su capacidad de regulación de las condiciones básicas de vida digna de las personas, quedan aún más débiles dando por sentada la crisis por venir, sin poner en la mesa siquiera un señalamiento a las empresas más beneficiadas por las desigualdades económicas para que estas tomen algo de la responsabilidad.

La nube que muestra una red de relaciones semánticas es una representación de las primeras discusiones en México, cuando se tomaban las medidas iniciales sobre el cierre de negocios (véase la figura 10.1). La filial mexicana de la empresa Starbucks tomó la decisión de mandar a los empleados a su casa sin pagarles su sueldo. Apenas comenzaba la crisis sanitaria y los primeros indicios de las preocupaciones ciudadanas expresadas en redes se vinculaban a la subsistencia, al consumo y la dimensión laboral.

Toda vez que el relato dominante que circula en los circuitos de información es, por un lado, el de la parálisis ante las muertes que está dejando y dejará a su paso el virus y, por otro, el de la devastación de todas las condiciones de vida que dejará el derrumbe económico poscovid–19, nos enfrentamos a la reducción preocupante de la incidencia de pensamientos críticos que coadyuven a la construcción de sentidos compartidos en torno a la centralidad de la vida, de la solidaridad y la defensa de los derechos humanos. La reducción del espacio público, derivada de las medidas de aislamiento social, vuelve imposibles las formas organizativas presenciales; de ahí la importancia de articular lo digital para impulsar otras formas de comprensión y acción solidaria, en un contexto en que la saturación de información vuelve muy difícil colocar el sentido de la pandemia fuera de un marco exclusivamente epidemiológico y economicista.

 

  1. Aceleración, propagación y contagio

La propagación de información acerca del covid–19 es aún más acelerada que la propagación del virus en los cuerpos. Esta aceleración alimenta una dinámica comunicativa que parte, en algunos casos, de la falta de filtros necesarios para negociar el sentido de la información que la gente consume.

La noción con la que hemos aprendido a nombrar los acontecimientos que irrumpen de golpe en la agenda pública y llaman la atención de grandes porciones de las poblaciones en poco tiempo a través de nuestro acceso permanente a las redes sociodigitales es la de “eventos virales”. La aceleración que alcanza la producción, distribución y consumo de información hoy es tal que vivimos en una suerte de “régimen live stream[3] que suprime las posibilidades de filtración crítica de ciertos contenidos a los que accedemos en el día a día por uno u otro canal, y también suprime las posibilidades de no quedar expuesto hasta la saturación al evento viral en turno. Así, la integración de temas a la vida pública se da a partir de la dinámica incontrolable, en muchos casos ininteligible, e impredecible del contagio.

Durante los primeros días de marzo la discusión en Twitter en torno a la pandemia se movilizó rápidamente. En dos grafos mostramos las relaciones de hashtag a hashtag del término #coronavid19 y las relaciones de usuario a usuario del término #covid_19mx (véanse las figuras 10.2 y 10.3). El periodo de descarga es del 11 de marzo al 18 de marzo de 2020.

 

  1. Datificación del virus

Con la llegada del coronavirus empresas y gobiernos han hecho un uso indiscriminado de cantidades enormes de datos personales, y en algunos países asiáticos se ha implantado un régimen de vigilancia digital. Es posible pensar que la sistematización del registro de la experiencia online de millones de personas durante estos meses no solo será utilizada para la prevención y el control del virus sino para ampliar las posibilidades de control político a través de algoritmos que generen y amplíen, al menos, sesgos socioeconómicos (quién tendrá acceso a cuáles beneficios durante y después de la crisis) y culturales (cuál visión de presente y futuro se pondrá más en circulación en los circuitos comunicativos).

Sin embargo, es necesario pensar en la utilización crítica de los datos que están siendo producidos a escala global sobre el coronavirus. Estos datos pueden ser utilizados también para:

  • La creación de mapas que visibilicen las capacidades de reacción e infraestructura de estados–nación alrededor del mundo para prevenir un mayor número de fallecimientos.
  • La generación de líneas de tiempo para identificar los cuellos de botella informativos, que saturan de datos a las audiencias, pero únicamente para alimentar la incertidumbre y abrir paso a nuevas medidas de control social, durante y después de la crisis.
  • Evidenciar el papel de los algoritmos que en ocasiones pueden llegar a orientar las búsquedas de información de millones de personas, a partir más de la velocidad con la que circulan notas e informes sobre el virus que del rigor en esa información. El contexto actual muestra el límite de la lógica comercial de los sesgos algorítmicos. Se necesitan otros filtros que no sean únicamente los de la velocidad y el del mayor número de clics dados a un enlace para que este sea preponderante frente a otros.
  • Pensar en quiénes están generando los datos sobre el coronavirus, y en manos de quiénes también deberían estar esos datos (universidades, medios independientes, laboratorios e investigadores/as) para ser visualizados y analizados de manera crítica.
  • Intervenir el imaginario de la catástrofe como única opción poscovid–19 a través de la generación de modelos de redistribución de los recursos a escalas global y nacional.

 

  1. #CuandoEstoSeAcabe

Ante la imposibilidad de detener su viaje, cual hilito de aliento imparable, el virus trasmutó rápidamente de enfermedad, aflicción, infección, plaga, en un asunto de estado: pándêmos (pan [todos] demus [pueblo]), pandemia. Como asunto público, del pueblo, el covid–19 se coronó globalmente. En su caminar por la milenaria ruta de la seda viajó hacia Europa y el resto del mundo desde Wuhan, importantísimo centro político, económico, financiero, comercial, cultural y educativo de China, motor de la economía neoliberal global. Su recorrido fue impulsado en muchos lugares, como ha sido en el Mediterráneo y el Caribe, por aliados de la economía neoliberal global como el low–cost flying, el short–term rental y el massive tourism. En su recorrido por el mundo el covid–19 ha triunfado y triunfa en los grandes escenarios de Estados Unidos y el Reino Unido por la voracidad política y cultural del laissez faire de un capitalismo y políticas neoliberales que siempre anteponen el bienestar económico al humano.

La actitud expansionista del covid–19 y su pulsión hacia Tánatos llevan a pensar el papel de la información y la extracción de datos en estos tiempos de pandemia. Por un lado, nos encontramos a merced de una aceleración de la automatización técnica de la información y la extracción de datos de todo aquello que se refiera a lo humano, a la vida, al eros. Por otro lado, agobia la manera en que, sometidos, sojuzgados y dominados por el pándêmos, nos convertirnos en forraje y alimento del apetito insaciable de datos, data–driven, de las principales empresas de plataformas de la Internet y de todos los gobiernos y economías mundiales en el afán de querer detener el viaje global del covid–19 y poder quitarle su pasaporte all inclusive.

En la red de relaciones entre pares de palabras (bigrama) se muestra el cuerpo de texto descargado de 14,166 tuits que mencionaron el hash-tag #CuandoEstoSeAcabe, del 21 al 28 de marzo 2020 (véase la figura 10.4). Esta red permite identificar relaciones semánticas en mensajes que se compartieron alrededor de ese hashtag, que se calculan a partir del orden y la frecuencia en que fueron combinadas sus palabras dentro de cada tweet.

Estamos ante un momento difícil del que puede que no haya escapatoria debido a que acarrea dos situaciones mutuamente conflictivas y, por momentos, dependientes entre sí. Por un lado, como ciudadanos del “demos”, aceptamos cada información que tiene la osadía de colarse y presentarse ante nuestro sistema cognitivo sin respetar distancias ni aislamiento social y que pertenece al bombardeo comunicacional de mensajes continuos y altamente mediatizados, y de múltiples fuentes, medios y canales, dirigidos a quienes compartimos globalmente el confinamiento. La información que nos llega se asume como necesaria, muchas veces sin cuestionar su procedencia. Reconocemos en ella los intentos y maneras de reducir el contagio viral del covid–19 para poder retomar nuestra pulsión de vida, nuestro eros, nuestras ilusiones, nuestros deseos. Vemos esta información como un antiviral, un anticuerpo, un antibiótico contra el covid–19.

Por otro lado, preocupa el culto al dato y a la información propia de la incertidumbre apocalíptica del capitalismo con sus nuevos órdenes económicos, autoritarios, necropolíticos y biopolíticos globales.
Por ello inquieta la normalización e instauración por los estados nacionales alrededor del mundo de sistemas de vigilancia sanitaria
modelados en la centralidad de la información y datos, igual que aquellos que impulsan a las empresas del capitalismo de plataforma: Google, Facebook, Airbnb, Booking, YouTube, Spotify, entre muchas otras. La Organización Mundial de la Salud describe el sistema de vigilancia centinela mediante sistemas de posicionamiento global (GPS), como aquel que se utiliza cuando se necesitan datos de alta calidad sobre una enfermedad en particular y que no se pueden obtener a través de un sistema pasivo.

Al fin y al cabo, mientras influencers mediáticos, intelectuales y académicos intentan describir la configuración del orden global capitalista una vez que se disipe el covid–19, lo que todos queremos es que la tensión y la ansiedad desaparezcan (#Cuandoestoseacabe), que no haya más muertos ni más contagiados y que recobraremos finalmente nuestra cotidianidad. No obstante, estamos ante la encrucijada que los dilemas del culto al dato y a la información engendran en tiempos actuales de la necropolítica y la biopolítica. Muchas interrogantes surgen cuando queremos imaginar la era poscoronavirus. Planteamos las siguientes: ¿Subiremos al tranvía de nuestras ilusiones nuestra pulsión de eros y nuestros deseos con o sin GPS? ¿Recobraremos la sociabilidades y sensibilidades que nos arropan, nos unen, nos entrelazan y entrecruzan con o sin GPS?

Hasta el momento es difícil vislumbrar un mundo de ilusiones ni deseos a lo Buñuel. Más bien el GPS poscoronavirus traza la ruta hacia la fantasmagoría de 28 horas después y Niños del hombre y nos lleva a transitar hacia un mundo donde el capital exige la administración biológica de la población mediante unas medidas de control sanitario que exigen la disciplina y la regulación del cuerpo para la protección del cuerpo biológico de la nación. Solo queda confiar que queden en la tierra un hilito de ilusión y deseo y sirvan de GPS a V con su Vendetta.

 

  1. Infodatos y máquinas de guerra

Los afectos atraviesan el cuerpo como flechas, son armas de guerra.[4]

En esta sección acudimos a la noción de “máquina de guerra”, desarrollada por los filósofos Deleuze y Guattari, como una metáfora que permite aprehender la datificación de la realidad a partir de un conjunto de axiomas (verdades autoevidentes que no requieren comprobación), que se despliegan en los límites o márgenes de lo que los autores consideran la forma–capital, la forma–estado. Con Deleuze y Guattari podemos afirmar que la información sobre el covid–19, que llega, se pide, se comparte, se altera, se enriquece, se esconde, constituye una máquina de guerra en la medida en que construye un sistema de desarticulación del espacio “formal” de la comunicación para crear otro distinto.

Las máquinas de guerra interrumpen el flujo del discurso dominante; se trata de formas culturales que responden por fuera de los márgenes de acción previstos y controlados por el poder, ese es su frente de batalla. Se trata de una respuesta política y cultural, que dirige su atención a las “verdades autoevidentes” que empiezan a tambalearse frente al nuevo ensamblaje que proponen e impulsan las “máquinas de guerra”, como otras narrativas posibles.

Como ejemplo está el caso de la enfermera Azahara, en el Hospital Valdepeñas, en España, que para evitar la angustia de sus pacientes por tratar con personas con mascarillas y equipo de protección de cuerpo completo propuso escribir su nombre en su pantalla facial: “Hola! Soy su enfermera Azahara”.[5] Después más enfermeros y enfermeras se unieron a la iniciativa. Con cientos de pacientes hospitalizados, la labor de cuidado y cercanía de las enfermeras/os es vital, pero la urgencia y la prisa con la que deben operar en el hospital, y que estén cubiertos de cuerpo completo, puede ser angustiante para los pacientes, e incluso entre las mismas enfermeras/os que tampoco se pueden reconocer entre sí.

Aquí el nombre propio es una máquina de guerra porque reconfigura la relación entre enfermera y paciente, en un espacio donde deben tomarse medidas sanitarias por el riesgo de contagio. Es decir, la enfermera está cubierta de pies a cabeza, con un equipo médico que actúa como una “barrera” frente al virus, como una herramienta de autocuidado. En este espacio ella no es la única, todos los enfermeros y enfermeras deben llevar el mismo equipo para evitar el contagio y la propagación. Los pacientes no son atendidos por la misma enfermera o el mismo enfermero cada vez, los cuidados los reciben de distintas personas, pero que en estas circunstancias se ven igual a las demás. El hecho de ponerle nombre propio a este “uniforme” es intervenir la barrera que los separa.

Habitar, poseer, rentar; el #Covid19 ha puesto en evidencia uno de los ejes más problemáticos del capitalismo: la propiedad. Sobran ejemplos que señalan la mezquindad que se traduce en la propiedad que señala cada día que habitas algo que no es tuyo. Eso y otros ejes o vectores del capitalismo han aparecido con fuerza en estas últimas semanas de aislamiento y cese de actividades no esenciales.

Las historias que circulan distintas redes sociales dan cuenta de brotes de racismo y xenofobia, historias de discriminación terribles; pero la máquina de guerra construye otros relatos al límite de lo posible.

Caseros que condonan los pagos, profesores que van a casa de sus estudiantes y detrás de una ventana explican en una pizarra un ejercicio de matemáticas; un entrenador deportivo que en la ciudad de Hamburgo da clases gratuitas en la calle para que sus vecinos se ejerciten desde sus balcones; taqueros que en México regalan comida al que lo necesita, como se han mostrado en varias publicaciones en Twitter.[6]

Las máquinas de guerra, en el sentido que les atribuimos aquí, distorsionan el mensaje capitalista “ganancia sobre la vida”. En las máquinas de guerra el papel de las plataformas digitales, especialmente Twitter, es cada vez más importante. Las narrativas y los relatos que alimentan la necesaria “máquina de guerra” son esa voluntad colectiva motivada por un interés en común: la solidaridad frente a la catástrofe.

Si se acepta que la información y los datos pueden operar como máquinas que interrumpen el relato dominante, es fundamental plantear algunas preguntas:

  • ¿La pandemia abre un nuevo escenario de gubernamentalidad que rebasa las formas convencionales?
  • ¿Cómo se reconfigura la relación poder–saber, fe–ciencia, opinión–dato, que día tras día desde de los inicios de la pandemia pavimentan la escena para un colapso de la episteme[7] que comanda la contemporaneidad?
  • ¿Qué elementos, figuras, personas–personajes, animales o naturaleza ponen a circular las nuevas máquinas de guerra inauguradas por el coronavirus?

Covid–19 ha construido un nuevo “afuera”, en el silencio de las calles, en el amontonamiento del trasporte público de los que no han podido parar y quedarse en casa, un afuera que se sostiene con trabajos precarios y la invisibilización de lo que es necesario para mantenerlo funcionando. Pero al analizar lo que sucede en las plataformas y redes sociodigitales, al descargar cientos de miles de tuits, de publicaciones en Instagram, lo que se dibuja es un nuevo “adentro” en el que los afectos “nos han atravesado como flechas”.

 

[*] Coordinador de Ciencias de la Comunicación y coordinador ejecutivo en Signa_Lab.
[**] Coordinador tecnológico y diseño de interfaces en Signa_Lab.
[***]
 Analista y responsable técnico de Signa_Lab.
[****]
Profesor investigador de la Universidad de Puerto Rico. Agradecemos al doctor Eliseo Colón su valiosa colaboración para pensar y trabajar con el equipo de Signa_Lab en este artículo.
[*****]
 Analista y curadora de datos en Signa_Lab.
[******]
 Coordinadora general de Signa_Lab.

 

[1]       Reguillo Cruz, R. Paisajes insurrectos. Jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio, ITESO / Ned Ediciones, Barcelona, 2017.

[2]       Deleuze, G y F. Guattari. Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia, Pre–Textos, Valencia, 1988. Una máquina de guerra es la producción de un relato dentro del cuerpo mismo del discurso dominante para generar otros sentidos o romper el sentido dominante.

[3]       Valencia, S. “Psychopolitics, celebrity culture, and live regime in the Trump Era”, en Norteamérica, CISAN–UNAM, Ciudad de México, 2018.

[4]       Deleuze, G y F. Guattari. Op. cit.

[5]       Álvarez, M. “‘Hola, soy tu enfermera Azahara’: el cartel en un EPI que cambia la vida de los enfermos”, en NIUS, 1 de abril de 2020. Recuperado de https://www.niusdiario.es/sociedad/sanidad/enfermera-cartel-epi-cambia-vida-enfermos-coronavirus_18_2923995072.html

[6]       Véanse, por ejemplo, https://twitter.com/Goodable/status/1244989515472818177?s=20; https://twitter.com/afp/status/1244579875660455936?s=20, y https://twitter.com/siempreMonRo/status/1245212882360360961?s=20

[7]       Por episteme entendemos, desde una perspectiva foucaultiana, al conocimiento como formación discursiva dominante en una época, es decir, un sistema de interpretación (véase Foucault, M. La arqueología del saber, Siglo XXI, México, 1970).