El doble virus que azotó a México

Sergio Negrete Cárdenas[*]

  

Resumen: México fue golpeado por un doble virus en 2020: la pandemia de covid–19 y la inadecuada política económica seguida por la administración de Andrés Manuel López Obrador. El presidente rechazó con firmeza instrumentar una política fiscal contracíclica, al mismo tiempo que dañaba a diversos proyectos de inversión privados y buscaba engrandecer a la debilitada empresa paraestatal Pemex, entre otras iniciativas que pierden dinero. El estancamiento económico de 2019 probablemente será seguido por una depresión económica (una contracción del pib de dos dígitos) en 2020. La quiebra de empresas y los despidos masivos han traído una explosión en el número de desempleados, aumentando considerablemente el número de quienes caen en pobreza y pobreza extrema, junto con una mayor erupción de la criminalidad.

Palabras clave: covid–19, coronavirus, virus, política fiscal, crecimiento, PIB, inversión, pobreza

 

Abstract: Mexico was hit by a two viruses in 2020: the Covid–19 pandemic and the inadequate economic policies implemented by the Andrés Manuel Lopez Obrador administration. The President steadfastly refused to implement a countercyclical fiscal policy whilst at the same time wrecking various investment projects by the private sector and seeking to expand the weak state–owned enterprise Pemex, among other money–losing ventures. Economic stagnation in 2019 will probably be followed by economic depression (a two–digit plunge in gdp). Business bankruptcies and massive unemployment have brought about skyrocketing numbers of those falling in poverty and extreme poverty, along with a greater eruption of criminal activities.

Key words: covid–19, coronavirus, virus, fiscal policy, growth, GDP, investment, poverty

 

  1. La antítesis del estadista

Se dice que cuando un periodista cuestionó a Harold MacMillan, primer ministro del Reino Unido (1957–1963), sobre qué era lo que más temía como gobernante, la respuesta fue: “Lo inesperado, estimado muchacho, lo inesperado” (traducción libre de “Events, dear boy, events”). Cierta o falsa la frase y su atribución, sería la respuesta de un estadista. Porque los mejores planes pueden ser descarrilados por lo inesperado. Por
supuesto, por definición es imposible planear para aquello que no puede
esperarse. Pero al menos un gobernante avezado es consciente de la posibilidad de eventualidades extremas.

Andrés Manuel López Obrador, en cambio, contestaría que el pueblo lo apoya y que gobernar no es problema, que de hecho es algo sencillo, cuando se cuenta con una coraza moral como la suya. Son las palabras que marcan el abismo entre un estadista con visión y un gobernante limitado a sus ideas preconcebidas, además de mostrarse como un demagogo.

Mientras que un MacMillan teme a todo lo que no sabe, un AMLO cree que sabe, domina, todo lo que requiere. El presidente mexicano despliega la peor mezcla posible en un líder político: no solo es soberbio sino que también ignora que es un ignorante. Es un mesiánico que ante todo muestra certeza y aplomo, la antítesis del estadista. La mezcla es letal cuando se agrega que los votantes mexicanos le entregaron un poder inmenso, y que ajusta a la perfección con su talante autoritario. Desde diciembre 2018 a México lo gobierna un autócrata, con un gabinete de títeres cuyos hilos mueve con absoluto descaro, así como un Poder Legislativo que se doblega ante sus deseos con una falta de pudor que no se veía desde los tiempos del priato más abyecto.

Y es el líder de México en los tiempos que impacta la crisis más grave en cerca de un siglo. Sus acciones y omisiones son el virus que se sumó a la pandemia global. Y el efecto del doble virus fue devastador para millones de personas, en parte por el impacto por contagiados y muertos, en parte por lo ocurrido con empresas y empleos. AMLO demostró que su visión, ideas y propuestas específicas no se modifican ante un dramático cambio de circunstancias.

 

  1. Rechazo a una política fiscal contracíclica

La visión lopezobradorista es de un futuro que reproduce su pasado, al menos su versión acaramelada de este. Alérgico a ideas nuevas, el pensamiento presidencial se aferra a lo aprendido y vivido hasta su quinta década de vida. No hay ninguna idea que presente que se pueda referenciar al siglo xxi. Su deseo de regresar a la era gloriosa del petróleo lo ubica aproximadamente en 1980, y su entusiasmo estatista en el sexenio de Luis Echeverría (1970–1976), lo mismo que su rechazo a los empresarios.

Por eso el presidente contemplaba fascinado a un caballo que daba vueltas al trapiche para extraer jugo de caña, diciendo que eso es lo que deseaba para México.[1] La vida sencilla, simple y honrada, pero plena de dignidad, del campesino, del trabajador urbano. Todo parte de una era dorada que nunca fue, pero que aspira a reproducir.

Su conservadurismo fiscal también tiene profundas raíces, dos, hundidas en el pasado. Una es la crisis de la deuda de la década de 1980; la otra el rescate bancario por medio del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), que inició en 1995. Ambas explican por qué AMLO rechazó, sin titubear, lo que hizo tanta falta mientras la economía mexicana se desplomaba en el segundo trimestre de 2020: una política fiscal agresivamente expansiva y contra el ciclo de contracción de la economía, como en cambio sí ejecutaron muchas otras naciones.

 

  1. Crisis de la deuda y Fobaproa

La crisis de la deuda que estalló en 1982 marcó a millones de mexicanos contra el endeudamiento excesivo. Fue una década pérdida en términos de crecimiento económico y con inflaciones de tres dígitos. Los necesarios dólares para pagar el servicio de la deuda se lograban gracias a superávits en la balanza comercial, con el país trasfiriendo en forma masiva riqueza al exterior. Desde entonces López Obrador llegó a la conclusión errónea, confundiendo el duro tratamiento con la enfermedad; el culpable del riguroso ajuste necesario para recuperar la salud era el doctor. Su adorada era petrolera había llegado a su fin, y responsabilizó al neoliberalismo. La deuda la habían acumulado Echeverría y su sucesor, José López Portillo,[2] pero adjudicó el desastre a Miguel de la Madrid.[3] Su detestada era neoliberal había empezado, marcada por la deuda externa. De ahí el rechazo a los déficits fiscales, que tienen como contrapartida natural el endeudamiento público.

AMLO se proyectó como figura nacional por su férrea oposición al rescate bancario que fue necesario poner en marcha tras la crisis de 1995. Tasas de interés de tres dígitos para frenar una inflación que parecía sin control llevaron al impago de toda clase de créditos, muchos concedidos con singular alegría (o deshonestidad) después de la privatización bancaria de 1991–1992, combinada con desregulación y liberalización financiera (resultó una mala idea vender negocios que manejan dinero ajeno para permitir a los nuevos dueños prestar sin los necesarios controles).

El rescate se financió con deuda, inicialmente clasificada como temporal. Cuando el presidente Ernesto Zedillo (1994–2000) propuso absorberla formalmente como deuda pública se supo lo que habían costado los rescates por medio del Fobaproa.

Como todo rescate, estuvo plagado de imperfecciones: se ayudó a banqueros que habían sido descuidados en sus actividades y se taparon fraudes, destacadamente. Pero los objetivos principales eran que los ahorradores no perdieran un peso y que los bancos siguieran funcionando, aunque estuvieran realmente quebrados, y que por ende no se rompiera el sistema de pagos. Todo eso se consiguió. No se podía presumir que el gobierno estaba salvando a un banco que en realidad estaba en bancarrota, pues hubiera desatado un pánico. Para el entonces presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), López Obrador, el neoliberalismo malvado había salvado a banqueros y grandes empresarios con recursos de la nación; un atraco a la nación de proporciones épicas.

Por ello el presidente se rehusó a salvar empresas en 2020, pues ello significaba —a sus ojos— salvar empresarios. Nunca vio a los ahorradores que eran el último eslabón del sistema bancario, tampoco vio a los trabajadores que perdieron su empleo por el desplome económico. Por ello no autorizó usar recursos del erario para ayudar a los que considera indignos de recibir un solo peso.

No deja de ser paradójico que un hombre que se coloca en la izquierda en el espectro ideológico mostrara ante una crisis sin precedentes un conservadurismo fiscal digno de un estadunidense republicano anterior a la era de Ronald Reagan. López Obrador gusta de citar a Franklin D. Roosevelt, cuando en realidad se asemeja a Herbert Hoover, el antecesor inmediato de Roosevelt en la Casa Blanca, que fue incapaz de abandonar la ortodoxia económica ante la Gran Depresión (y por ello fue derrotado).

 

  1. Un avorazado de poder y dinero

El problema de un conservador fiscal es que debe recortar el gasto ferozmente cuando se colapsa el ingreso. El año 2020 evidenció a un López Obrador buscando dinero y manejarlo a su antojo, esto es, los recursos del presupuesto federal. Porque el dinero, o más bien su uso, otorga poder. Lo mismo se compran voluntades que se pagan favores, y por supuesto se ganan clientes electorales, a los que se cobrará en el futuro los apoyos recibidos a cambio de votos. Para un hombre con obsesiones históricas, el dinero proporciona los medios para financiar sus prioridades. Para un narcisista, añade el sentirse en el centro de todas las cosas. Tener recursos para canalizarlos con discreción es, por ello, un medio y un fin para alguien como AMLO.

Ya durante su primer año de gobierno el tabasqueño demostró que no le tiembla la mano para reducir gastos en forma draconiana, cortar programas, recortar sueldos y despedir empleados federales. La caída en el gasto público fue uno de los factores que explica la contracción económica de 2019, pequeña, pero la primera recesión en una década. La prioridad obradorista era clara: reducir déficit y endeudamiento, literalmente costara lo que costara en términos económicos (y humanos).

Su obsesión por “combatir” la corrupción (aunque al parecer es indiferente al hecho de que sus colaboradores roben) le proporcionaba, además, el pretexto mental ideal para justificar lo que sea, incluyendo el daño a aquellos que siempre ofreció proteger (“Por el bien de México, primero los pobres”[4]). ¿Dejar a los niños sin quimioterapias, a los enfermos de VIH sin tratamientos? Es que había corrupción entre los laboratorios farmacéuticos.[5] ¿Cancelar estancias infantiles, albergues para mujeres que sufren violencia, comedores comunitarios? Es que parte de ese dinero se perdía por corrupción.[6] Quizá esa justificación es lo que le permita actuar de una forma tan despiadada sin pensar en el daño que está infligiendo.

Con la pandemia reafirmó que su respuesta ante una crisis es la “austeridad” o “apretarse el cinturón”.[7] Esto es, de nuevo recortar gasto, salarios y personas. La fórmula de 2019 en el contexto más grave del año siguiente, al parecer de nuevo sin entender los costos económicos y humanos.

En 2020 se mantuvo también el presidente avorazado por el dinero (y el poder), a lo que se añaden los intentos por modificar la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH) para permitir a la Secretaría de Hacienda, en caso de una emergencia económica, reasignar el presupuesto con absoluta discrecionalidad, “para destinarlos a mantener la ejecución de los proyectos y acciones prioritarias de la Administración Pública Federal”.[8] La discrecionalidad, ya existente gracias a la subordinación del Congreso, plenamente legalizada.

  1. Prioridades (caprichos) presupuestales

Austeridad, pero para las prioridades siempre debe haber dinero, y de eso se encargó el presidente por medio de un decreto publicado en abril en el Diario Oficial de la Federación. Este contenía una serie de recortes presupuestales, incluyendo salarios de funcionarios públicos, y el listado de 38 proyectos prioritarios que no sufrirían recortes o retrasos, destacando entre ellos la producción petrolera, la refinería de Dos Bocas, el tren maya y el aeropuerto de Santa Lucía[9] (véase la tabla 6.1). Esto es, garantizaba que los elefantes blancos del presidente gozaran de cabal salud a pesar de la crisis y en el futuro. Para todos aquellos que deseaban ver cancelarse Dos Bocas, por ejemplo, el decreto es una respuesta contundente sobre las prioridades presidenciales. López Obrador tendrá el dinero, y el poder, para seguir con sus caprichos.

Quizá lo más preocupante, por su magnitud e impacto presupuestal, es la prioridad a las actividades de Petróleos Mexicanos. Que los precios internacionales del crudo se desplomaran por la pandemia no hizo mella alguna en el tabasqueño. Al contrario, argumentó que ello reafirmaba su estrategia, porque se aferra a revivir esa era dorada de Pemex que recuerda. El auge lopezportillista encontró a un joven entusiasta trabajando con indígenas en Tabasco, un estado particularmente beneficiado por la burbuja petrolera. Fue el petróleo como “palanca del desarrollo”. ¿La crisis de la década de 1980 que siguió a continuación? De eso fue responsable el neoliberalismo.

Pero, a diferencia de 1977–1982, los precios del crudo no eran altos a fines de 2018, y Pemex era ya una empresa prácticamente quebrada, con las seis plantas de refinación perdiendo dinero a raudales (por eso Peña Nieto prefirió importar gasolinas). Pero la soberanía nacional no sabe de números, y menos la soberbia personal de quien cree que nada, como perforar buscando petróleo, es ciencia.

La obsesión de AMLO es producir petróleo y refinarlo. Su visión es la de un México que produce suficiente crudo para que, una vez refinado, toda la gasolina que se necesita sea producida en el país, sin importar una sola gota del extranjero. Pemex y sus operaciones, incluyendo refinación, se harían eficientes, y ganarían dinero, gracias a que ya no habría corrupción (que iba a desaparecer como por arte de magia). Una nueva refinería se construiría, de la nada, en tres años (lo que nunca se ha conseguido en ningún país del mundo). Todo quedaría en México: producir crudo, refinarlo para producir gasolina y venderla. Los precios internacionales, bajos o altos, se vuelven entonces irrelevantes a los ojos obradoristas. Se produciría gasolina mexicana barata y por ende se podría bajar los precios, cumpliendo la tan repetida promesa de campaña.

Para poner en marcha semejante estrategia López Obrador no necesitaba de realismo, sino subordinados que le obedecieran. Poner a un neófito en el tema, Octavio Romero Oropeza, a cargo de Pemex (quien habría de ser ampliamente conocido como “el agrónomo”), pero íntimo aliado político durante muchos años, demostró su forma de operar. Con pocos conocimientos prácticos del sector, la obediencia ciega también era el atributo principal de la secretaria de Energía, Rocío Nahle. Por ello Pemex se asoma al abismo. Se desperdició la oportunidad excepcional de recortar la producción utilizando el acuerdo de OPEP+ forjado en abril de 2020. Finalmente, la paciencia de las calificadoras llegó a su fin y Pemex se convirtió también en abril en un “ángel caído”: una empresa que pasa de tener deuda clasificada con grado de inversión a ser catalogada como basura.[10]

La incógnita no es si la estrategia será exitosa. A Pemex la frenarán las pérdidas financieras, y los más probable es que Dos Bocas termine siendo un elefante blanco sin terminar, como lo fue la Refinería del Pacífico en Ecuador (con Rafael Correa), o sea terminada muchos años después a un costo varias veces mayor, como la Abreu e Lima de Brasil (iniciada por Lula).[11]

Por ello lo único que puede esperarse durante el sexenio es una sucesión de inyecciones de capital por parte del gobierno federal, en otras palabras, rescates financieros. Después de perder casi 35 mil millones de dólares en 2019 el patrimonio de la paraestatal llegó a un nivel negativo de alrededor de dos billones de pesos (8.2% del PIB), patrimonio negativo explicado por su elevada deuda (sobre todo externa) y pensiones que se habrán de pagar en el futuro. Estrictamente hablando, la empresa puede decirse que está quebrada desde 2014, cuando la tendencia negativa del patrimonio se volvió claramente irreversible (véase la figura 6.1). López Obrador recibió una empresa hundida en un profundo agujero, y decidió que lo mejor era seguir cavando.

Una gran incógnita es el costo final que el país habrá de pagar por la enloquecida apuesta de un presidente ludópata, como López Portillo, un apostador compulsivo, quien puede esperarse que también acabará quebrado y hundido en un profundo desprestigio.

 

  1. Quiebras, desempleo, pobreza y crimen
    (en ese orden)

Durante muchos años, ya casi cuatro décadas, el país ha tenido un crecimiento mediocre, apenas ligeramente superior al de la población. El último año de crecimiento espectacular fue un muy lejano 1981 (véase la figura 6.2), aunque fue una expansión inflada por un déficit fiscal y endeudamiento externo enloquecidos. La resaca de esa borrachera se pagó por años. Pero, con todo, desde entonces los únicos años de crecimiento respetable han sido aquellos que han seguido a una contracción.

Ese bajo crecimiento parece hoy una edad dorada comparado con lo que lleva el sexenio obradorista, con una contracción marginal de –0.1% en 2019, y la esperada peor recesión en casi un siglo en este año. Los pronósticos optimistas indican que la contracción de 2020 será mayor que –6.3% registrado en 1995 y –5.3% de 2009. Los pesimistas apuntan a una caída en los dos dígitos. Y todo número que supere –10.0% no es recesión, es una depresión económica. La ironía de 2019–2020 es que el crecimiento mediocre de años recientes ahora parece un logro envidiable.

En un momento tipo José López Portillo, aunque sin los altos vuelos retóricos, López Obrador pretendió reescribir la historia. No dijo “Soy responsable del timón, pero no de la tormenta”, pero sí “Tan bien que íbamos, y se nos presenta lo de la pandemia”.[12] En pocas palabras, el desastre económico de los primeros 15 meses de gobierno quedó trasformado en un periodo positivo, por desgracia truncado por el coronavirus. Sin duda será un pretexto que será utilizado con frecuencia en los próximos meses, quizá por años: “si no hubiera sido por la pandemia, entonces…”. Algo habrá de cierto, pero no totalmente.

La acción del doble virus resultó fatal para muchísimas empresas. Por un lado, el desplome de consumo, producción e inversión motivado
por el encierro y frenazo económico. Por el otro, las políticas obradoristas de no rescatar empleos y estorbar la inversión, desde el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco en 2018 hasta la instalación de Constellation Brands en Mexicali y las generadoras privadas de electricidad en 2020. Todo ello tiene el sello obradorista, que es el desprecio por los contratos. Por ello la inversión empezó a desplomarse desde los últimos meses de 2018, no en 2020 con la pandemia, en que la tendencia se agudizó (véase la figura 6.3).

Por supuesto, será imposible separar los efectos del covid–19 externo de la soberbia e ineptitud internas, puesto que los dos virus se refuerzan. Ante el desastre económico siempre quedará la muletilla: “Íbamos tan bien, pero…”. No será ningún consuelo para los millones que transitaron con rapidez del empleo al desempleo, de la pérdida de trabajo e ingreso a la pobreza, o de la pobreza a la pobreza extrema. El Consejo Nacional para la Evaluación de las Políticas Públicas (Coneval) realizó estimaciones sobre el impacto de la pandemia en términos de pobreza. Las cifras son aterradoras. De acuerdo con sus estimaciones, en 2018 había 61.1 millones de personas con un ingreso inferior a la línea de pobreza por ingresos. Esto es, las personas cuyo ingreso es insuficiente para adquirir una canasta alimentaria, bienes y servicios básicos. Coneval estima que esos 61.1 millones aumentarán a entre 70.0 y 70.9 millones durante 2020 (véase la tabla 6.2).

La población en situación de pobreza extrema por ingresos (aquellas personas cuyo ingreso es insuficiente para adquirir incluso únicamente una canasta alimentaria) se estimaba en 2018 en 21.0 millones. Igualmente se estima que se incrementen a un nivel de entre 27.1 y 31.7 millones en este año (véase la tabla 6.1). La crisis provocada por el doble virus es, entre muchas otras cosas, una fábrica de pobres, incluyendo hambrientos, y de crimen. En este último punto se añadió otro elemento al caldo de cultivo: un estado de derecho maltrecho conjuntado con un gobierno que evade enfrentar a los grupos criminales.

Esto es un compendio de factores que llevó a un mayor estallido de violencia e inseguridad al ya existente.

Así las cosas, el año 2020 se perfila como el más violento en décadas[13] y, junto con el impacto de la pandemia, los fallecidos por el covid–19 y la inadecuada política económica del gobierno federal, como uno de los más negros en la historia moderna de México.

 

[*] Es profesor investigador del Departamento de Economía, Administración y Mercadología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Es doctor en Economía y maestro en Economía Internacional (Essex, Reino Unido). Licenciado en Economía (ITAM) y Ciencias de la Comunicación (UNAM). Trabajó en el Fondo Monetario Internacional (2004–2009). Es colaborador del periódico El Financiero y de Arena Pública. Correo electrónico: snegcar@iteso.mx. Twitter: @econokafka.

 

[1]       Véase López Obrador, A.M. “Fortalecer la economía apoyando a los artesanos, a pequeños productores y microempresarios, es igual o más importante en creación de empleos y desarrollo, que solo apostar a las grandes corporaciones automatizadas y de poca generación de puestos de trabajo” [Tuit], en Twitter, 21 de julio de 2019. Recuperado el 30 de junio de 2020, de https://twitter.com/lopezobrador_/status/1153104838621839361

[2]       Presidente de México en el sexenio de 1976 a 1982.

[3]       Presidente de 1982 a 1988.

[4]       Véase “#AMLO: por el bien de méxico primero los pobres” [Video]. En YouTube, 1 de octubre de 2019. Recuperado el 30 de junio de 2020, de https://www.youtube.com/watch?v=27ffFElKsTI

[5]       Urrutia, A. y Muño. A. “Mafia en el abasto de fármacos contra el cáncer: AMLO”, en La Jornada, 24 de enero de 2020. Recuperado el 27 de junio, de https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2020/01/24/mafia-en-el-abasto-de-farmacos-contra-el-cancer-amlo-1050.html

[6]       Beauregard, L.P. “López Obrador limita las ayudas a menores y mujeres víctimas de maltrato”, en El País, 4 de marzo de 2019. Recuperado el 27 de junio, de https://elpais.com/internacional/2019/03/03/mexico/1551648283_893550.html

[7]       “AMLO: la crisis económica por el coronavirus se enfrentará con disciplina”. En Expansión, 28 de marzo de 2020. Recuperado el 29 de junio de 2020, de https://politica.expansion.mx/mexico/2020/03/28/amlo-la-crisis-economica-por-el-coronavirus-se-enfrentara-con-disciplina

[8]       “AMLO envía iniciativa para reorientar recursos del presupuesto ante emergencias económicas”. En El Financiero, 23 de abril de 2020. Recuperado el 30 de junio de 2020, de https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/amlo-envia-iniciativa-para-reorientar-recursos-del-presupuesto-ante-emergencias-economicas

[9]       “Decreto por el que se establecen las medidas de austeridad que deberán observar las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal bajo los criterios que en el mismo se indican”. En Diario Oficial de la Federación, 23 de abril de 2020. Recuperado el 28 de junio de 2020, de https://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5592205&fecha=23/04/2020

[10]     Morales, Y. “Bonos de Pemex ya son basura”, en El Economista, 20 de abril de 2020. Recuperado el 29 de junio de 2020, de https://www.eleconomista.com.mx/mercados/Bonos-de-Pemex-ya-son-basura-20200420-0020.html

[11]     Cf. Negrete,  S. “Los elefantes blancos de AMLO”, en México: transición y vértigo (Análisis Plural, segundo semestre de 2019), pp. 97–104.

[12]     Reuters. “Crisis por pandemia de covid–19 provocará la pérdida de un millón de empleos en México: AMLO”, en El Economista, 24 de mayo de 2020. Recuperado el 30 de junio de 2020, de https://www.eleconomista.com.mx/politica/Crisis-por-pandemia-de-Covid-19-provocara-la-perdida-de-un-millon-de-empleos-en-Mexico-amlo-20200524-0038.html

[13]     Reuters. “Homicidios en México alcanzan niveles récord en primeros cuatro meses 2020”, en El Economista, 20 de mayo de 2020. Recuperado el 29 de junio de https://www.eleconomista.com.mx/politica/Homicidios-en-Mexico-alcanzan-niveles-record-en-primeros-cuatro-meses-2020-20200520-0039.html; Morales, H.A. “México, de luto permanente: más de 36,000 muertes entre violencia y covid–19 en 2020”, en Forbes, 22 de junio de 2020. Recuperado el 30 de junio de 2020, de https://www.forbes.com.mx/noticias-mexico-vive-de-luto-35000-muertes-entre-violencia-y-covid-19-en-2020/