La pandemia de covid–19 en México, entre la polarización política y las tendencias electorales

Jorge Enrique Rocha Quintero[*]

  

Resumen: En este artículo se analizan las implicaciones políticas y electorales derivadas de la aparición de la pandemia de covid–19 en México. Se da cuenta del proceso de polarización política que se generó entre los diversos actores políticos a lo largo de este periodo y de cómo se han modificado las encuestas de aprobación y las tendencias electorales a partir de la forma de enfrentar la crisis sanitaria por parte del gobierno federal y los gobiernos estatales.

Palabras clave: polarización política, elecciones 2021, pandemia, covid–19, encuestas de aprobación.

 

Abstract: This article analyzes the political and electoral implications of the outbreak of the covid–19 pandemic in Mexico. It looks at the process of political polarization that has flared up among the different political actors throughout this period and how approval rates and electoral trends have changed in response to the way the federal government and different states governments have dealt with the public health crisis.

Key words: political polarization, 2021 elections, pandemic, covid–19,
approval rates.

 

La pandemia derivada de covid–19 que comenzó en diciembre de 2019 y que llegó a México el 28 de febrero (día del primer caso confirmado) se convirtió en la agenda prioritaria planetaria del primer semestre de 2020. Muchos asuntos pasaron a segundo término. La crisis sanitaria y la crisis económica, derivada de las medidas de cierre de actividades en todo el mundo, provocaron un impacto económico que, al momento de escribir este texto, aún no conocemos la profundidad y la magnitud que tendrán. Además, esta situación desnudó las enormes debilidades de los sistemas económicos, mostró con toda su crudeza la desigualdad que vivimos a escala global y en cada país, a la par de que nos cobró la factura por el abandono a los sistemas públicos de salud.

La lógica y las teorías políticas dicen que en tiempos de crisis tan agudas como la que estamos viviendo lo conveniente es generar procesos colaborativos y de cooperación entre los distintos actores sociales y los diferentes niveles de gobierno. En este caso no fue así y en buena parte de los países fuimos testigos de conflictos entre los gobiernos regionales y los nacionales, entre la clase política y los empresarios, entre gobierno y sociedad civil.

La forma como se manejó la pandemia en los diversos territorios se convirtió en un campo de disputa política entre los distintos actores y se impuso una dinámica de confrontación permanente en aras de ganar más adeptos y simpatizantes. México no fue la excepción a esta tendencia mundial y el gobierno que preside Andrés Manuel López Obrador estuvo en confrontación sistemática con varios gobernadores de partidos de oposición y con la cúpula empresarial del país. El clima de polarización que ya estaba presente desde la estrategia de combate al robo de ductos de combustible de enero de 2018 se agudizó y llevó a que la pandemia fuera un campo de batalla mediático donde los actores buscaron obtener los mayores beneficios y la mejor renta política.

 

  1. Los actores en disputa

En un marco de análisis amplio podemos identificar a cuatro grandes actores sociopolíticos en este escenario de confrontación:

  • El bloque que defiende la llamada cuarta transformación (4t). Este es un conglomerado de actores sociales y políticos, en el que se encuentran el presidente López Obrador, los miembros de su gabinete, los militantes de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), las redes proamlo que actúan en el espacio virtual, los miembros de los partidos Verde, del Trabajo y Encuentro Social, y los gobernadores de los estados donde Morena tiene el control del Poder Ejecutivo estatal. Este bloque se ha dedicado a justificar y defender las medidas adoptadas por el gobierno federal para enfrentar la pandemia y, en algunos casos, a criticar la forma como gobernadores de oposición han encarado la crisis sanitaria.
  • La cúpula empresarial. Este es un grupo pequeño en número, pero con una gran capacidad de acción, que ha tenido un comportamiento fluctuante entre el apoyo a ciertas medidas adoptadas por el gobierno federal y férreas críticas en su forma de proceder. En este sector podemos encontrar las dirigencias de los organismos empresariales —por ejemplo, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y el Consejo Mexicano de Negocios— y a los empresarios más acaudalados del país. Una de las críticas más constantes de este bloque al presidente López Obrador es contra las medidas que se han generado para enfrentar la crisis económica, mientras que, por otro lado, en la firma del tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá (T–MEC) este sector cerró filas con el presidente de México.
  • Los medios masivos de comunicación. Este es un conglomerado de actores políticos que no se pueden analizar en bloque y que en este escenario de confrontación política han tenido distintas posiciones frente al gobierno federal. En este ámbito se encuentran las tres grandes cadenas de televisión del país: Televisa, tv Azteca e Imagen; también están los canales públicos de televisión, los grandes corporativos radiofónicos y algunos de los impresos con mayor impacto en el país, en los que se encuentran Grupo Reforma, Grupo Milenio, El Universal, La Jornada, El Financiero, entre otros. Como se dijo antes, la forma de proceder de estos actores en la pandemia no es homogénea e incluso se ha modificado a lo largo del tiempo, ya que en algunas ocasiones apoyan al presidente y en otras han vertido fuertes críticas contra él.
  • Los gobernadores de oposición. Este es un bloque de gobernadores, que frente a la pandemia optaron por situarse en una clara posición contraria al gobierno federal. En mayor o menor medida estos mandatarios han criticado la forma de proceder del presidente López Obrador y han gestionado por su cuenta la crisis sanitaria. Aunque hay algunos momentos donde hay acercamientos, lo predominante ha sido la confrontación y la poca colaboración con el gobierno federal. Los actores políticos que sobresalen en este conglomerado son: Enrique Alfaro (Jalisco), Diego Sinhue Rodríguez (Guanajuato), Miguel Riquelme (Coahuila), José Ignacio Peralta (Colima), Javier Corral (Chihuahua), Jaime Rodríguez (Nuevo León), Mauricio Vila (Yucatán) y Francisco Domínguez (Querétaro).

Estos son los actores sociales que mayor relevancia han tenido en el escenario de la pandemia de covid–19 y que de una u otra manera colaboran al escenario de polarización política.

 

  1. Las arenas de disputa

Ahora bien, esta polarización en el marco de la pandemia de covid–19 tuvo escenarios concretos de debate, que a continuación desarrollo de forma sintética:

  • Las medidas y los discursos de la Secretaría de Salud a través de Hugo López–Gatell. El gobierno federal colocó como el principal vocero y responsable de las medidas sanitarias para enfrentar la pandemia a Hugo López–Gatell, quien diariamente informa sobre la numeralia: contagiados, fallecidos, capacidad hospitalaria, jornada nacional de la sana distancia, entre otros. Ese fue el mecanismo de información del gobierno federal. Este espacio se convirtió en un ámbito de disputa política, ya que se trató de generar controversias sobre la veracidad, el fundamento de la estrategia y el modelo de vigilancia epidemiológica adoptado por el gobierno de México. Se generaron confrontaciones entre gobernadores y López–Gatell sobre la forma de interpretar el fenómeno de la pandemia y las medidas instrumentadas por la Federación.
  • El pacto fiscal. Otro de los escenarios de conflicto giró en torno a los presupuestos asignados a la pandemia. Varios estados hicieron fuertes reclamos de que no hubo apoyos de la Federación para enfrentar la crisis sanitaria y por esta razón un nutrido grupo de gobernadores comenzó a proponer un nuevo pacto fiscal, donde hubiera menos concentración de los recursos en el gobierno central. Esto, en términos prácticos, resulta casi imposible, pero fue aprovechado por varios mandatarios estatales para confrontarse políticamente con el presidente. Resulta cierto que en México es necesario hacer una profunda reflexión sobre el federalismo, aunque tanto gobernadores como el gobierno federal redujeron la narrativa a un asunto de pesos y centavos.
  • Los semáforos estatales. Otro de los asuntos que provocaron encontronazos entre el gobierno federal y los gobiernos estatales fue la instalación de los semáforos de vigilancia epidemiológica (rojo, naranja, amarillo y verde) que se crearon después de la jornada nacional de la sana distancia y que sería el dato central para ver los niveles y los procesos de reactivación de las actividades, sobre todo la económica. La instalación de estas medidas y su observancia fue motivo de críticas por parte de algunos gobernadores, que en algunos casos crearon sus propios protocolos de reapertura de las actividades, desconociendo lo marcado por la Federación. Al final todos los gobernadores acataron este modelo, sin embargo, la alimentación de los datos para determinar en qué semáforo está cada entidad también ha sido motivo de conflictos.

A la par de estas tres arenas de debate de fondo pudimos ver críticas de todo tipo referentes a la necesidad de adquirir deuda pública por parte de los gobiernos, al uso y utilidad del cubrebocas, a las diferencias en las medidas de coerción para obligar a la población a llevar a cabo las acciones de cuidado sanitario, a las estrategias de reconversión hospitalaria e incluso se llegó debatir en torno a discursos claramente discriminatorios hacia los ciudadanos de estados que tuvieran ritmos de contagios mayores. Un tema de salud pública, en el que era necesaria la convergencia de los esfuerzos de distintos actores, se convirtió en una batalla campal en términos mediáticos.

 

  1. Los efectos en las encuestas y en el proceso electoral

Para contar con un análisis del fenómeno de la pandemia de covid–19 desde una perspectiva política, no se puede dejar de lado que este fenómeno social atravesó el marco del proceso electoral de 2021. Recordemos que en esas elecciones se elegirán 21,368 cargos de elección popular, entre los que resalta la renovación de 15 gubernaturas y la elección de los 500 diputados del Congreso de la Unión. Los estados en los que se realizarán comicios de gubernaturas, diputaciones locales y ayuntamientos son Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

En la Ciudad de México, Chiapas, Estado de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Oaxaca, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán se elegirán congresos y alcaldías. Habrá votaciones para ayuntamientos en los estados de Coahuila, Quintana Roo y Tamaulipas, mientras que en Aguascalientes, Durango e Hidalgo solo se renovarán los congresos locales.

En 2021 tendremos la elección más grande en la historia reciente del país en cuanto al número de cargos en disputa. Hay que señalar que se ajustaron los distintos calendarios electorales, ya que anteriormente había elecciones de gobernadores durante todo el sexenio y eso repercutía en que los partidos estuvieran todo el tiempo en escenarios electorales. Se buscó acoplar las elecciones locales a las federales y por eso hay casos de gobernadores que tienen plazos más pequeños en sus administraciones, como son los casos de Baja California (dos años) y de Nayarit (cuatro años).

La forma de proceder de la clase política en México provocó que estemos instalados en un escenario electoral adelantado cuando todavía los efectos de la pandemia no están claros. Esta situación tiene algunas repercusiones que describo ahora:

  • Durante el trascurso de la pandemia y de posibles rebrotes será casi imposible que el presidente y los gobernadores lleguen a acuerdos sustantivos, ya que, si antes no lo habían logrado, en un escenario electoral anticipado esto será difícil. Es previsible que volvamos a ver colaboración política entre los diferentes actores políticos hasta la segunda mitad de 2021.
  • Todas las acciones políticas, de hoy en adelante, estarán influenciadas por el proceso electoral y a todo se le buscará sacar renta político–electoral, ya sea para crecer en preferencias o para debilitar a los adversarios.
  • La clase política pondrá sus mayores afanes en fortalecer sus estrategias y bases electorales. Empezaremos a ver las posibles alianzas y también florecerán los desencuentros dentro de los partidos.

Ahora bien, las dos formas de medir los efectos político–electorales de la pandemia de covid–19 serán a través de las encuestas de aprobación presidencial y de las tendencias electorales que se comienzan a perfilar.

En lo referente a la aprobación del presidente Andrés Manuel López Obrador esta tuvo un desarrollo hacia la baja, de acuerdo con diferentes encuestas.

Cuando comenzó la pandemia en México el presidente había tenido una baja significativa en sus niveles de aceptación.

La primera semana de marzo fue muy mala para el presidente, ya que al menos cuatro encuestas nacionales coincidieron que fue el periodo en que el presidente experimentó la peor caída de sus niveles de aprobación y se situaba en el punto más bajo de sus índices de popularidad desde que asumió el cargo como primer mandatario del país. En la tabla 1.1 se muestra la comparativa de los resultados de estos ejercicios que se presentaron en la primera semana de marzo de 2020.

Todas las encuestas coincidieron en un descenso importante en la aprobación, que rondaba alrededor de los 10 puntos porcentuales, y un incremento de 5 puntos en promedio en la desaprobación. Esto situó la aprobación presidencial en los márgenes de 60% y un nivel de desaprobación alrededor de 32%. Es cierto que López Obrador se mantenía como un presidente fuerte, aunque empezó a experimentar algunos signos de debilidad política que no habían estado presentes desde que era candidato presidencial.

El paso de la administración pública suele generar un desgaste natural de gobierno. Sin embargo, en ese periodo hubo dos razones muy claras que produjeron esta pérdida de popularidad del presidente. La primera estuvo asociada a la falta de resultados, sobre todo en materia de seguridad pública. Todas las encuestas coincidieron en que, por mucho, esta es la agenda más problemática y complicada para López Obrador. En este campo estuvo claro que el discurso de culpar a los gobiernos anteriores o de pedir paciencia a la población se empezaba a agotar.

Otra de las razones de la caída de la aprobación presidencial en este periodo fue la falta de empatía del presidente con las demandas de los movimientos feministas. Calificar a estos colectivos como grupos conservadores le costó al titular del Poder Ejecutivo federal que algunas mujeres lo empezaran a calificar de manera negativa. Además, otro de los grupos que socialmente comenzaron a desaprobar la forma de gobernar de López Obrador son los grupos poblacionales que cuentan con mayores estudios, mientras que mantuvo mayor popularidad en los segmentos con menos escolaridad.

Algunas de las encuestas coincidieron en que la acción gubernamental que le dejaba mejores dividendos al presidente en cuanto a su imagen eran los programas sociales, agenda en la que salió mejor evaluado, y al parecer los temas relacionados con el combate a la corrupción empezaron a perder fuerza de forma positiva en la manera de apreciar el trabajo del Poder Ejecutivo federal. Así estaban los niveles de aprobación presidencial al comienzo de la pandemia.

Para la primera quincena de julio de 2020, con una pandemia que en ese momento ya contaba en México con alrededor de 36 mil defunciones, el presidente Andrés Manuel López Obrador bajó en sus niveles de aprobación y las demandas ciudadanas cambiaron por efecto de la crisis sanitaria.

Solo para recordar, el periodo más alto que tuvo López Obrador en su nivel de aceptación, de acuerdo con el periódico El Financiero, fue en febrero de 2019 cuando 86% de los mexicanos aprobaban la gestión del tabasqueño.[1] Esta situación se dio en torno al combate al huachicol, hecho que generó muchas simpatías en la mayor parte de la población.

En la primera semana de julio dos diarios mostraron sus encuestas sobre los niveles de aprobación del presidente en junio de 2020: El Financiero[2] y El País.[3] Los resultados fueron los siguientes:

  • Para El Financiero el presidente tiene un nivel de aceptación de 56%, mientras que 42% de los encuestados desaprueba su gestión. Para este diario López Obrador se encuentra en su nivel más bajo de aceptación desde que tomó el cargo de presidente de México. Por su lado, El País muestra que 68.4% de la población mexicana aprueba la
    gestión del tabasqueño, mientras que 31.6% no está de acuerdo en
    la forma como desempeña el cargo de presidente de México.
  • De acuerdo con El País, los tres asuntos en que mayor desaprobación tiene el presidente fueron: acabar con los feminicidios (56.4%), mejorar la seguridad pública (53.1%) y realizar sus obras de infraestructura en torno las regiones del sureste (52.9%). Para el periódico El Financiero las agendas en las que el jefe del Ejecutivo federal tiene mayores problemas son: el impulso a la economía (65%), la mejora de la seguridad pública (63%) y el combate a la pobreza (60%).
  • En la encuesta de El Financiero el presidente López Obrador es visto como un hombre honesto (54%), aunque con poca capacidad para dar resultados, ya que solo 33% lo considera así.
  • Una de las estrategias centrales de la actual administración frente al problema de la inseguridad pública es la creación de la Guardia Nacional. Opinadores y especialistas han señalado que existen muchos problemas en este cuerpo de seguridad. Sin embargo, en las encuestas la Guardia Nacional tiene un importante nivel de aprecio en la población, ya que, de acuerdo con El Financiero, 67% tiene una buena opinión de ella, y de acuerdo con los datos de El País, 58% de los encuestados tienen una imagen positiva de esta institución.
  • También durante este periodo se modificaron las prioridades para las personas frente a los problemas que consideran más relevantes. Por ejemplo, para febrero de 2020 la seguridad pública se consideraba por mucho la agenda más relevante para el país. Hoy, a mitad del año, tanto la economía como la gestión de la salud aparecen como asuntos de vital importancia para la mayoría de los mexicanos, mientras que el tema de la seguridad pasó a segundo término.

Estos ejercicios tuvieron discrepancias interesantes, pero dan cuenta de la relación que guarda el presidente de México con sus gobernados. Es cierto que la “luna de miel” entre los ciudadanos y el presidente ya terminó, pero también podemos afirmar que, aun así, López Obrador sigue siendo un presidente fuerte en lo referente a su grado de aprobación.

También está claro que la pandemia vino a modificar de forma muy radical las dinámicas sociales y las agendas prioritarias, y eso implica que el cuidado de la salud y los efectos económicos son preocupaciones que revisten una especial importancia para el resto de 2020.

Ahora bien, en lo referente a las preferencias electorales, en febrero de 2020 el Grupo Reforma mostró que las tendencias electorales de diciembre de 2019 a febrero de 2020 se mantuvieron prácticamente intactas, ya que Morena tenía una distancia de 30 puntos porcentuales frente a su más cercano perseguidor, el Partido Acción Nacional (pan). De acuerdo con los datos que muestra este ejercicio estadístico en aquel momento 46% de la población votaría por los candidatos de Morena a diputados federales, mientras que 16% otorgaría su voto al pan y otro 16% lo daría al Partido Revolucionario Institucional (pri). Esto significa que ningún partido político pudo capitalizar hasta ese momento el descenso de López Obrador y que esta caída en la aprobación presidencial fue fruto de los propios errores del mandatario, y no era una consecuencia de contar con una mejor oposición partidaria, que electoralmente estaba estancada en su intención del voto.

En los primeros días de abril de este año El Financiero mostró algunos datos muy interesantes sobre las preferencias electorales si en aquel momento hubiera elecciones a diputados federales.[4]

En la tabla 1.2 se presenta una tabla con la evolución de las preferencias electorales de diciembre de 2019 a marzo de 2020, en tanto que en la tabla 1.3 se muestran los datos en lo referente a la imagen positiva o negativa de los principales institutos políticos del país en marzo de 2020.

Frente a estos datos podemos hacer algunas inferencias y conclusiones preliminares:

  • Morena comenzó a experimentar una baja muy significativa en su intención del voto frente a los comicios de 2021, ya que de diciembre del año pasado a marzo de este año cayó 50% en su preferencia electoral; esto puede significar que, frente a las demandas de las mujeres y la crisis sanitaria, este partido político ha tenido un mal desempeño de acuerdo con sus probables votantes. Aun así, conservaba el primer lugar, pero ya no contaba con la fortaleza electoral de finales de 2019. Otro dato que mostró el debilitamiento de este partido es que para marzo eran más los que tenían una mala imagen de este instituto político de los que lo apreciaban de forma positiva.
  • Acción Nacional osciló entre 7% y 10% de las preferencias electorales de cara a 2021 en este periodo. Tuvo su mayor repunte en marzo, sin embargo, todos sus números se encontraban en el llamado margen de error, con lo cual su leve mejoría no es significativa en términos estadísticos. En cuanto a su saldo de imagen (los que valoran positiva y negativamente a este instituto político) este partido tuvo un saldo negativo muy alto (–36%).
  • El PRI mantuvo una preferencia electoral que está entre 7% y 9%. Al igual que el pan, sus números también estaban dentro del margen de error, con lo que podemos inferir que su mejoría de marzo tampoco fue significativa. El saldo de imagen del partido tricolor era el peor de todos, ya que tenía –57% y mostraba de forma consistente su gran debilidad política.
  • El Partido de la Revolución Democrática (prd) ni siquiera aparecía en los conteos de preferencias electorales, al igual que Movimiento Ciudadano y otros partidos con mínima representación en el plano nacional. En el caso del PRD su saldo de imagen también era muy negativo, con –40%. La pregunta es si este tipo de partidos podrán mantener su registro como partidos políticos nacionales.
  • Lo único que subió significativamente en este periodo es el repudio a los partidos políticos, ya que en cuatro meses, de diciembre de 2019 a marzo de 2020, el porcentaje de los ciudadanos que afirmaron que no saben por quién votarán en 2021 pasó de 42% a 59%; es decir, 17 puntos porcentuales más. Dicho de otra forma, durante el proceso de polarización política que se dio en este periodo el resultado más contundente es que todos perdieron, ya que unos descienden, pero otros no crecen prácticamente nada.

En coyunturas tan críticas como las actuales algunas de las preguntas que salen a la luz son: ¿de qué nos sirven los partidos políticos? ¿Cuál es su verdadera aportación, más allá de colocar candidatos a elecciones? ¿Vale la pena seguir manteniendo este tipo de estructuras con este tipo de resultados? ¿Necesitamos nuevos partidos políticos?

Para mediados de junio de 2020 el periódico El Financiero publicó una encuesta en la que, en el marco de la supuesta creación del Bloque Amplio Opositor (boa), se afirma que en las próximas elecciones de
2021, 33% de los electores votarían por Morena, mientras que 34%
de los votantes sufragaría en contra de este partido; 23% de los encuestados señaló que no votaría por ningún partido, y 10% no sabe qué hará con su voto.[5]

Lo que podemos señalar para el periodo analizado es que Morena sigue siendo el principal contendiente para las elecciones de 2021, pero ha perdido fuerza, el presidente López Obrador sigue siendo su principal activo y la oposición no ha podido capitalizar los errores que el gobierno federal ha tenido en la gestión de la pandemia.

 

[*] Es director de Integración Comunitaria del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Es licenciado en Sociología por la Universidad de Guadalajara y en Filosofía por la Universidad del Valle de Atemajac. Tiene una maestría en Impactos Territoriales de la Globalización por la Universidad Internacional de Andalucía y es doctor en Estudios Científico–Sociales por el ITESO. Colabora semanalmente en Zona 3 (radio), MegaCanal (televisión) y en el podcast “En la Misma Mesa”. Es articulista en el Semanario de Guadalajara y en las revistas El Puente y Christus. Es profesor invitado en la Universidad Iberoamericana León.

[1]       Moreno, A. “Popularidad de AMLO, en su nivel más alto por plan vs. ‘huachicoleo’”, en El Financiero,
7 de febrero de 2019. Recuperado el 14 de julio de 2020, de https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/popularidad-de-amlo-en-su-nivel-mas-alto-por-plan-vs-huachicoleo

[2]       Moreno, A. “Aprobación de AMLO baja a 56% a dos años de su triunfo”, en El Financiero, 1 de julio de 2020. Recuperado el 14 de julio de 2020, de https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/aprobacion-de-amlo-baja-a-56-a-dos-anos-de-su-triunfo

[3]       Lafuente, J. y Beauregard, L.P. “El 68% aprueba el mandato de López Obrador, pese a rechazar su gestión de la inseguridad y los feminicidios”, en El País. Recuperado el 14 de julio de 2020, de https://elpais.com/mexico/2020-07-01/el-68-aprueba-el-mandato-de-lopez-obrador-pese-a-rechazar-su-gestion-de-la-inseguridad-y-los-feminicidios.html

[4]       Moreno, A. “Morena baja en preferencias electorales a 18%; el 59% no apoya a ningún partido”, en
El Financiero, 13 de abril de 2020. Recuperado el 14 de julio de 2020, de https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/morena-baja-en-preferencias-electorales-a-18-el-59-no-apoya-a-ningun-partido

[5]       Moreno, A. “En un ‘cara a cara’, 34% votaría por coalición contra Morena, mientras que el 33% lo haría por el partido de AMLO”, en El Financiero, 22 de junio de 2020. Recuperado el 14 de julio de 2020, de https://elfinanciero.com.mx/nacional/en-un-cara-a-cara-34-votaria-por-coalicion-contra-morena-mientras-que-el-33-lo-haria-por-el