Caravanas y familias: nuevas estrategias para enfrentar la violencia en la migración en tránsito por México

 

Itzelín Mata[*]

 

Resumen: Este artículo versa sobre la migración en tránsito por México en caravanas y grupos familiares como estrategia de inversión social para disminuir la vulnerabilidad y garantizar la seguridad y supervivencia de los migrantes. Las nuevas formas de organización migratoria se examinan desde las perspectivas macro, meso y microestructural de la migración, y se incluye la perspectiva de género como elemento importante para el análisis. Se expone con casos concretos para enunciar la relevancia de esta manera de migrar y se concluye con una mirada más compleja acerca de la manera de atender políticamente este fenómeno.

Palabras clave: migración en tránsito, violencia, estrategias sociales, caravanas, familias.

 

Abstract: This article discusses transit migration through Mexico in caravans and family groups as a social investment strategy to lessen migrants’ vulnerability and guarantee their safety and survival. The new ways of migratory organization are examined from the macro, meso and microstructural perspectives of migration, and the gender perspective is included as an important analytical element. Concrete cases are presented to illustrate the relevance of this form of migration, and the article concludes with a more complex look at how to deal with this phenomenon politically.

Key words: transit migration, violence, social strategies, caravans, families.

 

Ni romantizar ni criminalizar la migración en caravana. Estas formas migratorias no son un capricho ni una necedad. De hecho, son estrategias de inversión social para garantizar la vida en la medida de lo posible. Se generan dentro de un marco de situaciones macroestructurales, como el desplazamiento forzado de acumulación por despojo —el capitalismo gore[1]—, que ponen de manifiesto la cantidad de abusos económicos y políticos en los lugares donde todavía existen recursos naturales muy diversos.

En el contexto de las caravanas estos grupos de migrantes se han vuelto más visibles. Este documento propone analizar los diferentes factores, tanto macro como meso y microestructurales, que se conjugan para expulsarlos de su país.

No solo hay migración masculina. FM4 Paso Libre detalla en un informe los nuevos flujos migratorios en que las mujeres son protagonistas[2] y entre los cuales hay grupos familiares con menores —incluso niños en edades muy tempranas, en etapa de lactancia o de crianza—, modalidad que también resulta ser una forma migratoria que les permite protegerse.

El presente artículo retoma el acto de migrar como estrategia de supervivencia y de inversión social, no únicamente económica. Para garantizar su seguridad y protección en el tránsito por México las y los migrantes han tenido que recurrir a diversas formas de migrar, como la migración en colectivo (caravanas, grupos por asociación o familiares).

 

    1. Analizar el éxodo centroamericano: las causas macroestructurales

En Centroamérica la migración hondureña comienza su vertiginoso aumento en 2009 tras el golpe de estado en el que fue derrocado el presidente Manuel Zelaya. Con la llegada de Juan Orlando Hernández al poder, con una visión neoliberal, se instalaron diversos corporativos hidroeléctricos, mineros, petroleros… y el despojo de tierras comenzó.[3]

Los enfrentamientos entre los pueblos originarios y los corporativos generaron una exacerbación de la violencia en los lugares donde la privatización enfrenta disputas encarnizadas contra los activistas ecologistas que pretenden conservar y preservar los bienes comunes: los naturales.

Global Witness, organización que documenta los crímenes contra los ecologistas en el mundo, denuncia que “altos cargos políticos y élites empresariales” hondureños están ligados a una “violenta represión” de activistas que defienden sus tierras. Precisa que 123 ecologistas han sido asesinados en el país desde 2010 y alerta que Estados Unidos “debe revisar urgentemente” su apoyo a la industria, el Ejército y la policía de Honduras”.[4]

Al problema de acumulación por despojo “se suma la violencia cotidiana del narcotráfico y las pandillas, que hacen de Honduras el país más violento del mundo, y por lo mismo, el que ha generado en estos últimos años la mayor cantidad de personas que necesitan desplazarse”, según reporta FM4.[5]

En Honduras, con la Ley de Control de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y otros Similares, “el Estado autoriza el armamentismo, al permitir que cada ciudadano pueda tener en su poder hasta cinco armas de fuego de uso comercial, lo que, unido a la cantidad de armas ilegales que circulan en el territorio, constituye una de las principales causas de la violencia en este país centroamericano”.[6]

El problema de las maras se suma a las causas de los desplazamientos forzados, según se ha documentado en los informes de FM4:[7]

La violencia se convirtió en una realidad común para la población centroamericana, alcanzando incluso los espacios íntimos y familiares, caracterizados cada vez más por su recurrente inestabilidad y fragmentación. Para los adolescentes y jóvenes la presión es aún mayor, pues son el tipo de personas más propicias para la conformación de las pandillas.[8]

La situación económica de los países del cono norte de Centroamérica, donde se registra aumento de la población joven, falta de empleo y precarización de la fuerza laboral, es otro factor que, como parte de la violencia estructural que prevalece en la región, detona la migración masiva.[9]

La persecución, los conflictos, la violencia generalizada y las violaciones a los derechos humanos han creado una “nación de desplazados” que, si fuera un país, sería el vigesimocuarto más grande del mundo.[10]

Por estas razones macroestructurales, además de las violencias a escala meso y micro, es que se ha visto el aumento de conjuntos migratorios y la movilización de las personas, incluso comunidades completas, en “cardumen”, de tal manera que los riesgos no se experimenten de modo individual.

 

    1. Las caravanas como estrategia de seguridad y supervivencia

Los multitudinarios desplazamientos de centroamericanos por territorio mexicano comenzaron a realizarse con la organización de Pueblos Sin Fronteras[11] y con el nombre “Viacrucis de migrantes” (durante la Semana Santa).

Previamente, los migrantes se movilizaban en pequeñas caravanas que les permitían cruzar la frontera en colectivo y acompañados de modo que se garantizara su seguridad. Esto en virtud de que “las caravanas de migrantes constituyen una opción de movilidad que permite dar visibilidad, acompañamiento y protección a los migrantes por parte de organizaciones sociales, medios de comunicación, y organismos de derechos humanos”.[12]

Las primeras caravanas estuvieron conformadas por el grupo de madres hondureñas en busca de sus hijos desaparecidos. En su organización estuvo el Movimiento Migrante Mesoamericano, que organiza colectivos y mujeres para la búsqueda de sus familiares y la defensa de los derechos de los migrantes.[13]

En realidad, estas caravanas no tuvieron suficiente visibilidad sino hasta 2016, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comenzó a posicionar el tema de la migración de Centroamérica hacia Estados Unidos en diversos medios de comunicación, particularmente en redes sociales como Twitter. Además, se dio un endurecimiento de las políticas migratorias en el vecino del norte, lo que provocó deportaciones masivas, controles fronterizos cada vez más cerrados y la réplica de estos controles en México.

Los operativos en nuestro país han incluido la presencia de la Guardia Nacional en la frontera, el aseguramiento de los migrantes en la zona y la detención de un mayor número de estos en el marco de un endurecimiento de las políticas migratorias mexicanas sobre el que advirtió la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).[14]

La caravana de 2018 se convirtió en un éxodo que creció poco a poco con la información que se difundía en medios de comunicación sobre los sitios por los que iba avanzando.

La Caravana inició el 12 de octubre de 2018 con 160 personas en San Pedro Sula, Departamento de Cortés, Honduras. Al día siguiente ya eran cerca de 1,300 personas, y el 14 de octubre, al llegar a Ocotepeque, más de 2,000. De acuerdo con la encuesta realizada por El Colef, casi la mitad de las personas (49%) se unió a la caravana en Honduras, 20.5% lo hicieron en Guatemala, 0.7% en El Salvador, 21.6% en Chiapas, 6.7% en otro estado de México y 1.7% en Baja California.[15]

En la encuesta realizada por El Colegio de la Frontera Norte[16] tras el arribo de la caravana migrante a Tijuana se detalla que la población era mayoritariamente masculina (casi 80%), jóvenes menores de 30 años (50% de la población), con la intención de quedarse o solicitar asilo en Estados Unidos (60% de la población). Solo 20% de ellos tenían pensado permanecer en México, cuestión que es importante resaltar por la situación de racismo y xenofobia que se generó durante el cruce de estas personas con argumentos como “México no los puede albergar”, “que los devuelvan a su país”, “son violentos y pretenden generar disturbios en México”.

Las caravanas se han convertido en una forma de organización que garantiza un cruce más seguro; aunque no por ello menos violento, pues se han registrado casos de enfrentamientos entre migrantes y autoridades migratorias de nuestro país. Incluso en 2021 ocurrió el vuelco de un camión con 150 migrantes en Chiapas, precisamente por las condiciones inseguras de su cruce y traslado.[17]

Lo que se reporta a continuación son, precisamente, casos de grupos o familias que siguen utilizando estas estrategias migratorias para cruzar, avanzar y asegurar su vida y su integridad física.

 

    1. Casos de migración en caravana: el capital social como eje central de asociación para salvar la vida

El capital social funciona como “salvamento” para la migración en tránsito. Más aún, también puede implicar la relación con la propia familia, que a veces sirve como un punto de apoyo o de esperanza de reunificación con ella. Pero, en otras ocasiones, es la misma familia la que vulnera y agrede en el camino o, por ejemplo, en el caso de los hijos, son quienes dificultan su avance.

Es importante hacer la aclaración metodológica del análisis que se presenta a continuación. En primer lugar, se utiliza la etnografía crítica feminista para garantizar que los casos sean discutidos con el mayor apego a las historias de las mujeres migrantes, aunque también se narran casos de varones. La información pretende explorar la perspectiva de género a la par del análisis sobre el tránsito migratorio. También es importante considerar que las mujeres migrantes han sido entrevistadas en albergues, lo cual modifica considerablemente su experiencia migratoria y su vulnerabilidad, a diferencia de entrevistas que pudieron realizarse en la calle o con mujeres con experiencias posmigratorias. Por último, conviene aclarar que estos casos contienen información anterior a la pandemia, ya que este nuevo contexto ha hecho que incremente la situación de calle entre los migrantes.

El capital social nunca es totalmente independiente del capital económico y cultural de un individuo determinado ni de la totalidad de individuos relacionados con este, aunque no es menos cierto que no puede reducirse inmediatamente a ninguno de ambos.[18]

En el tránsito migratorio se observan redes amplias de relaciones que hacen posible que los migrantes logren su travesía. Estas redes colaboran con aspectos como las rutas que aquellos deben seguir y los lugares a los que han de acudir para obtener asilo, comida y servicios médicos. Esto permite que los flujos se realicen por canales establecidos por vínculos históricos, geográficos y culturales.[19]

 

3.1. Caso 1. La familia de Araceli y el capital social como estrategia de supervivencia

Araceli representa el caso típico de estrategias de avance por capital social. Ella y su esposo encuentran maneras de construir una red de relaciones que les permiten conservar la vida. Se tiene, por ejemplo, la salida en caravana junto con, aproximadamente, otros 170 migrantes, con quienes se protegen de viajar solos y en riesgo. En esa misma caravana vienen Elena y Mario, quienes desarrollan la misma estrategia para acompañarse, según se revela en la entrevista que se les hace a los tres, por separado, en Tijuana, donde pernoctan en diferentes albergues.

Araceli y su marido también cuentan con la protección de sacerdotes, periodistas y activistas sociales. Su caso es atípico en relación con otras mujeres, ya que su esposo sí es un vínculo central con quien desarrolla estrategias más complejas de avance en el camino, por ejemplo, el cruce estratégico hacia Estados Unidos: para evitar que los separen ellos cruzan en momentos distintos —como suelen hacerlo las familias centroamericanas que tramitarán refugio—, cada uno con un niño, y no es sino hasta en ese país cuando ambos se reencuentran.

Pero ¿por qué Araceli tiene estas condiciones que serían atípicas entre las mujeres hondureñas? Esta “suerte” está vinculada con un capital cultural más elevado que el resto, dado que el esposo era parte de un partido político en Honduras, y el motivo de salida no era la violencia intrafamiliar o la presión de las maras, sino la persecución política de la que huyen como familia nuclear completa.

Al respecto de su viaje Araceli, hondureña de 22 años, relata:

En ese viacrucis [a] nosotros nos llamó Amara Gutiérrez, del D.F., para que nosotros bajáramos al D.F. de Guadalajara. [Andrea González] es una [persona] que trabaja en un corporativo hotelero. Ella me estuvo apoyando en el D.F. Me dijo que regresara para el viacrucis de migrantes y lo bajamos ahí en el D.F. Íbamos de albergue en albergue, pero ya íbamos más seguros. En “vans” llegamos a Tijuana. Sí, veníamos juntas [se refiere a Elena, la otra salvadoreña entrevistada en esta misma investigación]. Ahí veníamos, estaba Doña Mary también, ahí la mayoría ya se entregaron a migración, veníamos como 170 personas. También, [veníamos] los cuatro. [Se detiene] ¡Ah, los tres, todavía no nacía él!

Pero esta no ha sido la única vez que ellos echan mano del capital social. También libran la vida gracias a la intervención oportuna de un periodista estadunidense que registra en video el intento de secuestro que sufrieron en la frontera de Nogales, Sonora. El evento sucedió meses antes de que se integraran a la caravana de Irineo,[20] un activista que transporta migrantes de Tapachula a Tijuana. Por el intento de secuestro, Araceli y su esposo fueron atendidos en el albergue para migrantes víctimas de violencia en el camino, el D.F., y recibieron la visa humanitaria.

 

3.2. Caso 2. Pareja por asociación y ventajas de migrar en caravana

Elena y Mario llegaron a Tijuana en junio de 2017 junto con otros cien migrantes en la caravana que organiza Irineo Mujica. Tenían la intención de permanecer en esa ciudad, pues, en comparación con El Salvador, Tijuana les parecía “el paraíso”.

Se entiende tal tipo de opinión como una manifestación del biopoder, que es un discurso de verdad de carácter vital que produce estrategias para la intervención sobre la estrategia colectiva[21] y la violencia simbólica. Esta última se define como la forma de dominación en que los dominados se adhieren con sumisión al orden de los dominantes[22] y guarda una estrecha relación para ejercer el poder sobre los inmigrantes centroamericanos, jóvenes y pobres, quienes terminan por catalogar a un entorno violento como Tijuana, con un lenguaje de verdad, como “el paraíso”, cuando en realidad han salido de un campo migratorio en tránsito en el que la constante es el terrorismo social desde su origen.

Cabe resaltar que el “paraíso” del que hablaba Mario era el albergue Roca de Salvación, ubicado en Cerro Colorado, una zona de muy alta marginación, calles de tierra, viviendas de tabique, cartón, sin alumbrado público y, posiblemente, sin servicios básicos en las viviendas. El albergue es una casa adaptada como iglesia en la que se viven condiciones de hacinamiento e insalubridad. Por ello, la violencia simbólica constituye el principal agente en la reproducción del ejercicio del poder, la administración del control y el mantenimiento del orden social.[23]

Es importante resaltar que, a pesar de los intentos de asalto en el trayecto, son Elena y Mario quienes viajan de manera más efectiva y rápida durante el mes que aproximadamente demoró toda su travesía de Tapachula a Tijuana. El tiempo de tránsito se recorta gracias a la caravana, que les sirve como defensa colectiva. Las otras mujeres migrantes no corren la misma suerte, pues tienen como temporalidad migratoria un mínimo de cinco meses durante los cuales se exponen no solo a mayores riesgos sino que, además, padecen cuestiones como enfermedades, fatiga crónica, acoso y violaciones.

Elena y Mario ejercen así su capital social como la capacidad de la persona de interrelacionarse y lograr la pertenencia y pertinencia a un grupo, así como la capacidad de movilizar en su favor tal capital de un grupo más o menos institucionalizado. Además, lo utilizan como estrategia de inversión social para mantener vínculos entre los migrantes, con las redes de albergues y con las instituciones que les proveen seguridad no solo personal sino colectiva.

Por ejemplo, Elena tiene familia en Estados Unidos; Mario, no. Él pretendía quedarse a trabajar en Tijuana para evitar arriesgarse a una deportación; ella buscaba ahorrar, contratar un coyote y pasar a California, donde la esperaría un tío suyo. Esta diferencia en el capital social entre Elena y Mario torna definitiva la opción de permanecer o cruzar la frontera norte. Por lo tanto, el capital social sí es definitivo para las estrategias de avance y de cruce.

A pesar de ser una mujer de la que no se esperaba nada, Elena ha sido quizá la que más protección en el viaje ha tenido. Y pese a las condiciones del albergue en que se encontraba, sin duda, el capital social invertido en sus estrategias de avance (la compañía de Mario y de la caravana) le evitaron una muerte anticipada.

 

    1. Migrar en familia como estrategia de protección y supervivencia

En el estudio de FM4 Paso Libre[24] se entrevistó a 30 hombres que dicen no atreverse a viajar con niños. Y no solo eso, les recriminan a las mujeres que lo hacen. Y es que pensar en que una mujer viaje con menores de edad es muy complicado de entender, pero muchas de ellas no tienen más opción.

El capital social de las redes de parentesco, como el factor de supervivencia más importante en el viaje por México, es uno que desempeña un valor fundamental en el campo de la migración en tránsito cuando se logra desarrollar estrategias de mayor seguridad y resiliencia, incluso hasta salir de la vulnerabilidad.

Las redes familiares y la educación (capital social y cultural) proveen a los migrantes posibilidades para buscar trabajo y desarrollar estrategias de avance en el camino.

El grupo familiar constituye un eje de organización social prioritario en la vida de quienes migran, cuya importancia se acrecienta en el contexto transnacional. Situar el foco en las familias insertas en circuitos transnacionales permite explorar y delimitar las articulaciones entre lo macro y lo micro, entre la esfera productiva y la esfera reproductiva.[25]

 

4.1. Familia 1. Desiré (madre), 36 años y Acacia (hija), 20 años, Honduras

Desiré y Acacia son madre e hija que experimentaron el éxito migratorio, pues ambas ya tienen la ciudadanía mexicana. Pero su historia es similar a la de muchas otras hondureñas que han sufrido uno o varios intentos de trata para el servicio del crimen organizado en México; solo que ellas pudieron “salvarse” gracias a una estrategia de inversión social altamente compleja por parte de Desiré, la madre.

Las redes sociales, como son los lazos de parentesco, las redes comunitarias informales, las organizaciones sociales, etcétera, requieren inversión de tiempo y dedicación para el mantenimiento de estos vínculos, pero permiten beneficios en forma de flujos de solidaridad, capacidad de defensa de intereses y derechos, así como información (la cual resulta determinante para la capacidad de decisión y actuación del individuo).[26]

Estas redes sociales fungen como un capital social que no solo provee a los migrantes de pertenencia a un grupo social sino que implican la acumulación de información y relaciones con albergues e instancias políticas y gubernamentales que los acompañan y orientan, salvándoles la vida y aún más, ya que les posibilitan contar con acompañamiento en procesos legales altamente complicados, como el refugio y la ciudadanía, para garantizar sus derechos sociales y humanos.

Desiré fue la primera en salir de Honduras, hace casi cinco años, junto con su pareja migrante. Llegar hasta Guadalajara les tomó siete meses. Inicialmente, arribaron a Tenosique con el padre Tomás. La pareja de Desiré —que ya había viajado a Estados Unidos— decidió acompañar a su hermano a cruzar la frontera norte. Desiré lo esperó en Tenosique durante tres meses y llegó a pensar, incluso, que ya no retornaría a su lado. Pero un día, “milagrosamente”, como dice ella, retornó y emprendieron el viaje hacia Guadalajara. Luego, al darse cuenta de que el tránsito por México a través de los albergues sería sencillo, decidió regresar por su hija Acacia.

Desiré estaba embarazada de ocho meses. El capital social generado por medio de las redes familiares, es decir, de la protección entre madre e hija y del avanzado embarazo de Desiré, fungieron como elementos de seguridad para librarse de las autoridades estatales de migración y de criminales. Por ejemplo, en Tenosique intentaron secuestrarlas unos sicarios, que ellas asumieron podían ser narcos que querían llevárselas para trabajar en el campo. Pero el capital cultural aunado al capital corporal, manifestados a través de la fe y del embarazo de Desiré, las “salva”: “‘Déjalas, ellas no te sirven de nada”, nos dijo, “¿no miras que está embarazada? No te sirve de nada, déjala, déjala”, dice Acacia parafraseando a su posible tratante, un criminal que se conmueve ante el embarazo de Desiré y las deja ir.

La impronta de la violencia es el poder de los asaltantes, su control sobre la voluntad, sobre la personalidad o la identidad misma de las víctimas. Es también la forma de comunicación que adoptan los victimarios entre sí, la construcción de una cultura de la masculinidad, de la complicidad, de la opresión.[27]

Para poder desarrollar estrategias tan complejas de supervivencia el capital que para ellas estaba en juego era el social vinculado al cultural. Si fue un caso de éxito, es porque la estrategia de inversión social —para obtener y utilizar la información legal de los albergues, conocer sus derechos humanos, solicitar asesoría legal, psicológica y de cuidado—, aunada a la pequeña red familiar con la que se cobijaban, les proveyó de la malla mínima de seguridad y bienestar para continuar su tránsito migratorio.

 

    1. Conclusiones

Es conveniente enfatizar que en este documento se analizaron las causas macroestructurales por las cuales las caravanas —o el migrar en grupos familiares— se han convertido en estrategias de inversión social y de supervivencia; pero conviene aclarar que, aun con estas nuevas formas de migración, la represión y la violencia siguen en aumento.

Entre un cúmulo de casos específicos de feminicidios, homicidios y múltiples violaciones a los derechos humanos, la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica y Norteamérica (RJM–CaNa), en conjunto con diversos colectivos, ha realizado innumerables denuncias a causa del uso ilegítimo y excesivo de la fuerza contra la comunidad migrante, para exigir el alto a las políticas de contención que violan los derechos de las personas migrantes y con necesidades de protección internacional; el respeto, garantía y restitución de los derechos de las personas en movilidad, y el cese de la criminalización y el respeto de la labor de defensa a quienes acompañan y visibilizan violaciones a los derechos humanos de personas en movilidad.[28]

Hay que subrayar que en este tipo de violencia tienen participación el estado y el crimen organizado, así como que la migración colectiva es consecuencia del desplazamiento forzado de los migrantes de su lugar de origen, al igual que de las políticas represivas contra ellos, y no la causa del problema. Es decir, que las personas se han visto forzadas a dejar su hogar y organizarse colectivamente para disminuir, en la medida de lo posible, la vulnerabilidad que les implica transitar por un país como el nuestro, y no como una forma inoportuna de habitar un lugar de tránsito.

También conviene hacer hincapié en que hay situaciones de género, para las mujeres, las niñas y las personas de la comunidad LGBTTTIQ, que se suman a estas políticas de desalojo y maltrato, y que es necesario atender de manera diferenciada a las mujeres y las niñas, particularmente a las que viajan solas, que son más susceptibles a diversas formas de violencia, incluido el feminicidio.

Finalmente, es uno de los intereses centrales de este análisis poner de manifiesto que, para atender este problema, se requieren muchas acciones coordinadas en distintas escalas. En el nivel macro, atención al mercado del despojo, es decir, los corporativos que están expulsando masivamente personas de su lugar de origen, así como al capitalismo gore, un capitalismo de excesos que provoca estos movimientos de grupos completos. En el nivel meso y microestructural, atender los problemas que provocan quiebres en las familias centroamericanas y la presencia de maras, pandillas y otros grupos delincuenciales, así como las violencias de género y personal.

 

[*] Licenciada en Ciencias de la Comunicación, maestra en Filosofía y Ciencias Sociales y en Comunicación de la Ciencia y la Cultura, así como doctora en Estudios Científico–Sociales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Profesora y consultora en materia de equidad y género en el ITESO y en distintas instituciones gubernamentales y organizaciones civiles. Especialista en el tema de filosofía y poder. Ha estudiado temas vinculados al género, la migración, la violencia y el poder.

 

[1]  Valencia, S. Capitalismo gore, Melusina, Santa Cruz de Tenerife, 2010.

[2] “Sin lugar en el mundo. Desplazamiento forzado de mujeres por Guadalajara”, en FM4 Paso Libre, Guadalajara, noviembre de 2017. Recuperado de https://fm4pasolibre.org/wp-content/uploads/2018/07/SIN-LUGAR-EN-EL-MUNDO.-DESPLAZAMIENTO-FORZADO-DE-MUJERES-POR-GUADALAJARA.-VERSIO%CC%81N-DEFINITIVA.pdf

[3] Ejemplos de ello se pueden consultar en Enviromental Justice Atlas. “Environmental Conflicts in Honduras”, en Environmental Justice Atlas, 2021. Recuperado de https://ejatlas.org/country/honduras

[4]  Meléndez, J. “Más de 120 ecologistas han sido asesinados en Honduras desde 2010”, en El País, 31 de enero de 2017. Recuperado de http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/31/america/1485900562_925453.html

[5] FM4 Paso Libre & Dignidad y Justicia en el Camino. “El desafío de transitar–vivir en la ciudad para las personas migrantes en Guadalajara”, en FM4 Paso Libre, Guadalajara, 2015, p.57. Recuperado de https://fm4pasolibre.org/wp-content/uploads/2018/07/INFORM1.pdf

[6] Idem.

[7] “Sin lugar en el mundo…”, en FM4 Paso Libre, op. cit.; fm4 Paso Libre & Dignidad y Justicia en el Camino. “El desafío de transitar…”, op. cit.; FM4 Paso Libre & Dignidad y Justicia en el Camino. “Migración en tránsito por la Zona Metropolitana de Guadalajara: actores, retos y perspectivas desde la experiencia de fm4 Paso Libre”, en fm4 Paso Libre, Guadalajara, 2013. Recuperado de https://fm4pasolibre.org/wp-content/uploads/2018/07/InfomeFM4-VF_18_impresio%CC%81n.pdf

[8] “La caravana de migrantes centroamericanos 2018. Diagnóstico y propuesta de acción”, en El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, 13 de diciembre de 2018. Recuperado de https://www.colef.mx/estudiosdeelcolef/la-caravana-de-migrantes-centroamericanos-en-tijuana-2018-diagnostico-y-propuestas-de-accion/

[9] FM4 Paso Libre & Dignidad y Justicia en el Camino. “El desafío de transitar…”, op. cit.; FM4 Paso Libre & Dignidad y Justicia en el Camino. “Migración en tránsito…”, op. cit.

[10] “Desplazamiento forzado nuevo alcanza récord”, en Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 2017. Recuperado de http://www.acnur.org/recursos/estadisticas/

[11] Martínez Hernández–Mejía, I. “Reflexiones sobre la caravana migrante”, en Análisis Plural primer semestre de 2018: El efecto AMLO, ITESO, Tlaquepaque, enero–junio de 2018, pp. 231–248.

[12] “La caravana de migrantes…”, en El Colegio de la Frontera Norte, op. cit, p.5.

[13] “Logra caravana primeras denuncias en Tamaulipas por desaparición de migrantes”, en Movimiento Migrante Centroamericano, 28 de noviembre de 2016. Recuperado de https://movimientomigrantemesoamericano.org/2016/11/28/logra-caravana-primeras-denuncias-en-tamaulipas-por-desaparicion-de-migrantes/

[14]  “Control migratorio en México”, en Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, 19 de septiembre de 2016. Recuperado de https://www.wola.org/es/2016/09/migration_enforcement_in_mexico/

[15]  “La caravana de migrantes…”, en El Colegio de la Frontera Norte, op. cit, p.6.

[16] Idem.

[17] “La tragedia al volcar un tráiler con 150 migrantes en México”, en El País, 10 de diciembre de 2021. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2021/12/10/album/1639095884_135112.html

[18] Bourdieu, P. “Las formas del capital. Capital económico, capital cultural y capital social”, en Poder, derecho y clases sociales, Desclée, Barcelona, 2000, p.150.

[19] González–Arias, A.G. “El estudio de la migración en tránsito, definición y proceso de análisis”, en González–Arias, A.G. & Aikin, O. (Coords.), Procesos migratorios en el occidente de México (pp. 17–47), iteso, Tlaquepaque, 2017, p.33.

[20] Irineo es una persona que, si bien ayuda a los migrantes, en el gremio de los albergues es conocido como una persona de trato difícil. Esta persona perdió a su padre, quien era migrante ilegal en la frontera, y desde entonces se tomó la “misión” de ayudar a otros migrantes.

[21] Chavel, S. “El biopoder en acción: el concepto de migración”, en B. Bolaños, Biopolítica y migración. El eslabón perdido de la globalización, uam Cuajimalpa, México, 2015, pp. 29–52, p.33.

[22] Peña–Collazos, W. “La violencia simbólica como reproducción biopolítica del poder”, en Revista Latinoamericana de Bioética, vol. 9, núm. 2, 2009, pp. 69–75.

[23] Ibidem, p.73.

[24] “Sin lugar en el mundo…”, en fm4 Paso Libre, op. cit.

[25] Parella, S. & Cavalcanti, L. “Una aproximación cualitativa a las remesas de los inmigrantes peruanos y ecuatorianos en España y su impacto en los hogares transnacionales”, en Revista Española de Investigaciones Sociológicas, vol. 116, núm.1, 2017, pp. 241–257.

[26] Coleman, J.S. “Social Capital in the Creation of Human Capital”, en The American Journal of Sociology, vol.94, 1988, pp. 95–120.

[27] París–Pombo, M. Violencias y migraciones centroamericanas en México, El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana / Baja California, 2017, p.33.

[28] Red Jesuita con Migrantes Centroamérica y Norteamérica. “Frontera Sur: Monitoreos”, en Universidad Iberoamericana Ciudad de México, 2016. Recuperado de http://caravanamigrante.ibero.mx/frontera-sur

Educación y pandemia ante una ética turbulenta

 

Miguel Bazdresch Parada[*]

 

Resumen: La situación de confinamiento decidida por las autoridades a causa de la pandemia incluyó el cierre de las escuelas. Esta decisión de duración desconocida planteó un reto a las autoridades educativas y las obligó a proponer la educación remota de emergencia basada en protocolos digitales, conocida como educación a distancia. En este artículo se revisan las decisiones de estas autoridades desde un punto de vista ético y se detectan algunos dilemas éticos contenidos en esas decisiones y su puesta en práctica. Asimismo, se utilizan varios datos sobre los recursos utilizados para ofrecer la educación a distancia de una cierta manera y se propone revisar las consecuencias de la forma como se resolvieron los dilemas identificados con base en tal opción educativa. Finalmente, se ensaya una reflexión sobre cómo ayudar a suscitar aprendizajes en los estudiantes, confinados o no, con base en la educación no formal.

Palabras clave: educación a distancia, ética educativa, educación digital, educación no formal.

Abstract: The lockdown ordered by the authorities in response to the pandemic included the closing of schools. This decision, of uncertain duration, represented a challenge for educational authorities, and forced them to propose an emergency program of remote learning based on digital protocols, known as distance education. This article looks at the decisions made by these authorities from an ethical point of view, and detects a number of ethical dilemmas implicit in these decisions and their implementation. It draws on data from different sources regarding the resources allocated to offer a certain kind of distance education, and reviews the consequences of the way these dilemmas were managed on the basis of the particular educational option that was chosen. The article offers a final reflection on how to foster learning in students, in lockdown or otherwise, through non–formal education.

Key words: distance education, educational ethics, digital education, non–formal education.

 

Educar en tiempos de pandemia ha suscitado acciones y reacciones en diversos órdenes y múltiples escenarios. Se han realizado trabajos escritos, investigaciones y publicaciones tanto en el ámbito periodístico como en el académico a propósito de la problemática de la educación en sí, de los servicios educativos y de la relación educación–salud.

Es frecuente encontrar en publicaciones de la prensa, así como en revistas serias y académicas, estudios e investigaciones a propósito de las preocupaciones por el impacto, en los diferentes ámbitos de la vida, de las medidas de protección contra los efectos de la pandemia. En el tema de la educación una de estas preocupaciones ha sido el cierre de las escuelas. Llaman la atención las numerosas quejas o malestares ante las decisiones de las autoridades, en especial sobre dos acuerdos clave: cerrar las escuelas y centros educativos, y sustituir la enseñanza presencial con educación remota de emergencia en sus diferentes modalidades. Estas decisiones y sus efectos han sido blanco de críticas hasta en tonos agresivos.

También se han dado estudios serios, fundamentados y propositivos en los cuales la reflexión, la investigación igualmente seria y fundada, ha tenido una palabra muy importante para hacernos pensar sobre los hechos y las consecuencias del contexto generado por la pandemia. Buena parte de las discusiones suscitadas son acerca de los modos de disminuir o incluso eliminar los efectos negativos de tales consecuencias.

Este artículo trata de compartir una reflexión acerca de los factores de carácter ético presentes en la situación provocada en los servicios educativos propios de nuestra sociedad mexicana durante la pandemia por el virus SARS–CoV–2. En especial, interesa estudiar las decisiones sobre el cierre de las escuelas, las aperturas parciales, la oferta de educación a distancia y los efectos de esas decisiones. La cuestión puede expresarse con la siguiente pregunta: ¿Cuál es la ética aplicada en tales decisiones?

 

    1. Situación general

En el caso de la educación, los educadores, los estudiantes y las familias se vieron ante una crisis, pues la suspensión de labores educativas implicó mantener en casa a docentes y alumnos, así como por los menos al padre o a la madre… o ambos. De pronto la vida cotidiana escolar casi desapareció y las familias tuvieron el imperativo de entenderse cara a cara, todo el día, durante muchos días. La sensación fue tensa. Para muchos se trastocó la educación: los estudiantes dejaron de estudiar, los profesores dejaron de enseñar en los modos tradicionales y el sistema educativo entró en una suerte de situación desconocida y hasta de parálisis.

Ante estos hechos las autoridades educativas en muchos países, al revisar alternativas y descartar la reapertura de las escuelas, decidieron ofrecer educación a distancia por medios electrónicos y digitales. “Educación remota de emergencia”, la denominaron en algunos sectores. A dos años del inicio de la pandemia, conocidos los hechos suscitados en la educación, y con el apoyo de un número importante de investigaciones sobre diferentes aspectos del fenómeno, estamos en posibilidad de reflexionar de manera menos apresurada que en los primeros meses de la pandemia acerca de las nuevas realidades creadas por esta y sus consecuencias. Interesan aquí las cuestiones de carácter ético vinculadas a las decisiones —y sus efectos— tomadas por las diferentes autoridades y actores educativos.

 

    1. Planteamiento analítico

Analizar la vida cotidiana de una sociedad con el lente de la ética se facilita si se proponen dilemas éticos ante los cuales se ha de tomar una decisión, pues el dilema ofrece dos opciones de principio muy difíciles de realizar al mismo tiempo, ya que son antagónicas, por tanto se exige decidir alguna de las dos. En general, ambas alternativas producirán un mal a los involucrados en acatar la decisión. Por eso, ante el dilema, se exige escoger el mal menor con ayuda de los principios en los cuales se sustenta la vida común de la sociedad en cuestión.

Conviene recordar el origen de la situación, la cual se generó por el descubrimiento de un nuevo virus, luego nombrado SARS–CoV–2 (covid–19), especialmente agresivo contra los seres humanos por disponer de una estructura poco común. Las autoridades de salud mundiales confirmaron su existencia y declararon la pandemia mundial, pues este manifestó un gran poder de contagio a través del aire, y en pocos días el mundo sufrió olas de enfermos en cantidades alarmantes.

Conforme se transmitió el virus por todo el globo, se aceptó una medida de alcance internacional: el confinamiento de las personas como la única manera práctica de evitar el contagio exponencial y sus consecuencias. Había que evitar de modo radical el roce social. Producto de ello, las autoridades de muy diferentes países ordenaron el cierre de escuelas, negocios, iglesias, fábricas, gobierno, todo… excepto los servicios de salud, transporte y seguridad públicos. México no fue la excepción.

 

    1. Primer dilema: educación o salud

La situación impactó la educación al determinarse el cierre de las escuelas. Esa fue la decisión de las autoridades mexicanas frente al dilema formulado así: ¿Cuál bien protegemos, la educación (bien común de primer orden, sobre todo para el mejor futuro de la sociedad) o la salud (bien común de primer orden amenazado, gravemente, aquí y ahora por el virus)? La pregunta puede sintetizarse en ¿Educación o salud? Algunos sectores sociales la plantearon de otro modo: ¿Niños y jóvenes (menos educados y, por tanto, menos capaces de aportar al país) o población infectada (con numerosos difuntos, pero en proceso de inmunidad)?

La decisión de proteger la salud y cerrar las escuelas suscitó una deliberación intensa. Cerrar y mantener así los centros educativos hasta nuevo aviso se justificó como parte de la solución al dilema: salud o educación.

El argumento central de las autoridades para priorizar la salud fue el hecho de estar ante una alta probabilidad de extensión de la enfermedad por el contacto cercano de las personas, tal como se produce de manera cotidiana en la operación de las escuelas y en el tránsito de las personas hacia y desde los numerosos centros educativos. El saludo, la cercanía de los cuerpos, la respiración de un mismo aire en recintos cerrados o con poca ventilación se consideraron las principales fuentes de reproducción de la enfermedad y la multiplicación del número de personas enfermas. Mantener en casa a la gente pedía la clausura de las actividades ordinarias y, se pensaba, sería el remedio de menor duración y con mayor probabilidad de eficacia para disminuir la propagación de los contagios… sin asegurar eliminarlos del todo.

Detrás de optar por la salud, es decir, por confinar a las personas, están algunos hechos. Los humanos se enferman por contagio. Este se produce cuando el sano está cerca del enfermo. La infección tarda en manifestarse un promedio de cinco días. Alguien puede estar contagiado y, sin saberlo, continuar con sus relaciones con otras personas de modo ordinario y reproducir el contagio sin quererlo. La cura no existe aún. En algunos casos manifiesta con síntomas tolerables y la persona pasa el periodo de contagio–enfermedad–sanación sin necesitar ayuda médica especializada. También, por alguna razón, la covid–19 podría comprometer el aparato respiratorio. En otros casos llega a estadios tan graves que el paciente requiere ayuda mecánica para respirar y hacer llegar oxígeno a su sistema, lo cual exige hospitalización. La capacidad instalada del aparato público y particular de salud para atender a estos enfermos graves, con mayores posibilidades de morir, no podría ofrecerse al ritmo real del contagio si este afectara a numerosas personas al mismo tiempo. Por tanto, la autoridad tuvo un argumento más para confinar y, en consecuencia, cerrar las escuelas.

Estamos frente a una ética comunitaria en la cual la comunidad es lo primero y el individuo, lo segundo, ya que este se debe a su comunidad con derechos que se reputan como no ilimitados, pues un individuo no puede actuar, basado en sus derechos, para hacer un mal a otro u otros. La escuela abierta contribuye, según se reflexionó y decidió en el gobierno, a multiplicar los contagios. Más de estos pueden hacer inútiles los esfuerzos por combatir la enfermedad y caer en una situación de desastre sanitario público. Por tanto, se mandó cerrar los planteles; una decisión que lastima al servicio educativo, sin duda. Pero en términos éticos se escogió el mal menor.

 

    1. Segundo dilema: educación a distancia o educación no formal

Una vez tomada la decisión de cerrar las escuelas se propone reducir el efecto negativo señalado por diversos actores sociales con el siguiente argumento: los estudiantes se retrasan en su aprendizaje. La escuela puede cerrarse; la educación, no. La magnitud del atraso de los estudiantes por no asistir a la escuela puede disminuirse con la educación a distancia. Una cuestión surge aquí: ¿existen otros modos de educar diferentes a la educación a distancia?

La educación a distancia aprovecha la comunicación con instrumentos de tecnología digital. Puede aplicarse para hacer llegar las lecciones y tareas de los profesores a los estudiantes, confinados en casa, y estos últimos pueden realizar al menos una parte importante de sus actividades de aprendizaje. La propuesta se vio limitada por el hecho de que no toda la población cuenta con los artefactos necesarios para tener comunicación digital ni dispone del contexto familiar para usarlos.

Para estimar el aporte de la educación a distancia se anotan datos sobre la disponibilidad de estos medios con base en información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.[1] Según los datos, durante 2020 en México se estimó una población de 84.1 millones de usuarios de Internet, que representan 72% de la población de seis años o más en el país. 78.3% de la población ubicada en áreas urbanas son usuarios, mientras que en el área rural la proporción es de 50.4%. Los tres principales medios para la conexión de usuarios a Internet en 2020 fueron los siguientes: celular inteligente (smartphone), con 96%; computadora portátil, 33.7%, y televisor con acceso a la red, 22.2%. La nota advierte de la brecha tecnológica entre ciertos segmentos de la sociedad (entre pobladores urbanos y rurales, y entre hombres y mujeres), así como del porcentaje minoritario de la población que tiene computadora y televisión con acceso a la Internet.

Por otra parte, la Secretaría de Educación Pública (SEP)[2] informó en diciembre de 2021 que el portal Aprende en Casa (construido por esa dependencia para posicionar la oferta de educación a distancia del gobierno federal) registró más de 30 millones de visitas en los tres primeros meses del curso 2021–2022. La televisión educativa dispuesta para esta emergencia tiene una audiencia semanal de 33 millones de televidentes. Y en el canal digital de la SEP en YouTube se han tenido más de un millón de visitas y 24 mil horas de reproducción del material disponible.

Estas cifras advierten de un cierto uso intensivo del portal Aprende en Casa, en el cual se colocaron varios miles de recursos y tuvieron millones de visitas. Con esos datos la subsecretaria de Educación Básica, Martha Velda Hernández Moreno, aseguró: “Hoy sabemos que la pandemia no pudo detener la educación en México”.[3]

Por otra parte, una investigación[4] con amplia cobertura de estudiantes y docentes examinó lo que se ha llamado “brechas pedagógica, tecnológica y socioemocional de docentes y estudiantes”. Se toman solo determinados datos para recoger algunas de las situaciones reales de la operación de la educación a distancia. El estudio consultó una muestra de más de 60 mil estudiantes y 13 mil docentes, de los diferentes niveles educativos. Las cuestiones se construyeron “en espejo”; es decir, se empata el fondo de la cuestión —con diferentes redacciones— para uno y otros. Unas cuantas cifras ayudan a nuestro tema. Acerca de la adaptación a las actividades, el criterio de los estudiantes sobre “Repasamos algunos temas vistos en la escuela” alcanzó 71% de acuerdo. A los profesores se les cuestionó sobre el criterio “Recuperé los aprendizajes previos”. El acuerdo fue 49% y la diferencia entre los actores es notable.

Otro ejemplo: 46% de los estudiantes escogieron el criterio “Relacionamos los temas con nuestra vida en familia y con lo que sucede en nuestro país”, mientras que 51% de los docentes seleccionaron sobre el mismo asunto el criterio “Contextualicé los aprendizajes”. Estas coincidencias o discrepancias indican que en la educación a distancia, si bien no se pregunta a los estudiantes su punto de vista sobre lo que estudiarán y cómo, los criterios de selección y manejo de los aprendizajes pueden coincidir o no con las posturas de los profesores, actores del acto educativo.

Vale resaltar una cuestión adicional: la socialización. Los estudiantes reunidos en la escuela aprenden lo social de la cultura: los seres humanos no vivimos aislados sino en compañía de otros semejantes. Convivir supone aprender a vivir, realizar y aprender juntos; identificar y respetar las diferencias, perfeccionar nuestra comunicación para hacernos entender. Así, la colaboración subsana la ignorancia por el otro y por otros múltiples aprendizajes sociales. La socialización, que sí requiere la vida escolar, cara a cara, fue suspendida al cerrar la escuela.

En síntesis, el modelo de la educación a distancia usado por el gobierno mexicano es un sistema similar al presencial, excepto por la socialización y la interacción cara a cara de estudiantes y profesores. Se enfrenta —dada la realidad de la disponibilidad de Internet en el país y de disponer los mismos contenidos de aprendizaje utilizados en la educación presencial— a sufrir las mismas brechas que la educación presencial, a la que se suma la brecha tecnológica, la cual deja fuera del sistema a miles de alumnos y, además, propicia el abandono escolar en aquellos que no encuentran sentido en seguir los estudios ante la realidad social que enfrentan junto con sus familiares. La educación a distancia fue la sustitución no del sistema sino de una forma por otra del mismo sistema, con el agravante del cambio de escenario: escuela por casa, maestro por maestro en pantalla, materiales palpables por materiales digitales, compañeros reales por compañeros virtuales.

Ante la realidad del confinamiento, del cierre de las escuelas y de esas situaciones no previstas en la operación de la educación a distancia, ¿cuáles otras formas educativas no–escolares están disponibles para sustituir la escuela sin pérdida notable de las oportunidades educativas?

En este punto surge el dilema entre la educación a distancia —mismo sistema diferentes formalidades— y otros modos de educar. La crisis educativa se resolvió con la educación a distancia; no se consideraron otros modos de educar y su potencial de resolver lo no resuelto por la educación a distancia. El dilema puede replantearse así: ¿Aprender es un bien común alcanzable en la escuela o es un bien común asequible en todas las situaciones de vida? ¿Escuela o vida?

El dilema no propone abandonar la escuela sino considerar y valorar la vida diaria y cotidiana de las familias, los grupos y las comunidades. Una forma de hacer esa valoración es mediante la educación no formal. Se usa en México, tiene frutos admirables y puede ofrecer una educación alterna. Se basa en dos principios éticos: “nadie educa a nadie” y “todos nos educamos juntos”. Ambos también son válidos para la educación formal. Sin embargo, el enorme sistema educativo mexicano y las dificultades de operarlo, controlarlo y mantenerlo lo ha vuelto, en la práctica, insensible a ellos.

Comunidades rurales, por ejemplo, dedican esfuerzos de tiempo y acción a preparar niños y jóvenes en las duras tareas del campo, porque la relación con la tierra se construye ahí mismo, trabajando con ella para obtener sus frutos. Esa relación nunca la podrá construir la escuela en sus aulas. Además, ese aprendizaje les dará a los niños y jóvenes un trabajo futuro, porque el fruto es aprender un modo de vida.

De igual manera, se puede pensar, a modo de ejemplo, en las oportunidades educativas presentes en la casa urbana y sus actividades cotidianas: convivir, crecer juntos, vivir juntos, respetar a la autoridad, aportar trabajo, asociarse para enfrentar la vida diaria. Aprender a escuchar las verdades incorporadas en los mayores y a tomar decisiones, a pedir ayuda. Incluso a distancia vía la comunidad virtual con personas queridas y conocidas.

La educación no formal reconoce a la familia como un educador, pues ahí aprendimos a caminar, comer, hablar, contar, leer y escribir bien, pronunciar bien las palabras, usarlas correctamente; vestirnos, asearnos, relacionarnos con hermanos y parientes, dejarnos ayudar, colaborar, acompañar, respetar… La familia puede, en horas de presencia simultánea de la mayoría de los miembros, realizar tareas de contenido educativo. Por ejemplo, juegos de mesa en común, cocinar, lavar y planchar la ropa en equipo, y más. La experiencia de muchas familias avala los resultados. Las realidades surgidas en estos escenarios podrían pensarse como —y, de hecho, son— ámbitos cuya cotidianidad encierra oportunidades de aprender a aprender, tarea educativa de primer orden. Profesores, educadores y familiares pudieron pensar un sistema también llamado Aprende en Casa, elaborado a partir de la misma casa, no desde los contenidos programáticos y sí con buen diseño de la interacción cara a cara de quienes viven confinados, reunidos y en comunidad. Todos nos educamos juntos. Realizar una carta, ese modo casi desaparecido, para platicarle al profesor sus actividades y sus aprendizajes. Las y los niños y jóvenes integrarían así a sus profesores a su vida educativa no formal. El profesor propondría actividades realizables prácticamente en cualquier casa, con las cuales aprendan a medir, a calcular, a contar un cuento, a dibujar una escena y mucho más.

Acudir a la educación no formal y sus diversas formas no es elegir la informalidad y la irresponsabilidad. Es resolver el dilema al decidir por la vida, y optar por la educación, esa creada para aprender a vivir. Así, si algún aprendizaje podemos lograr de la pandemia y sus consecuencias, tal es recuperar la opción por educar–nos para la vida, en la escuela y fuera de ella.

 

    1. Conclusiones

El breve repaso de los hechos y de algunas decisiones sobre la oferta educativa deja ver la importancia de profundizar en las oportunidades de educar ofrecidas por las formas de educación a distancia y la opción de la educación no formal. La ocasión del confinamiento fue vista como una emergencia con la obligación de una respuesta rápida, capaz de sustituir el servicio educativo típico de las escuelas y su tradicional forma de operar.

Analizar las decisiones desde el dilema ético surgido en las consideraciones de autoridades y sociedad permite caer en la cuenta de que se perdió una oportunidad de revisar el potencial educador de la misma educación a distancia si se hubiera considerado en sus formas menos tradicionales y quizá más atractivas. De que se perdió la oportunidad de reconocer y recuperar el potencial educador de la familia en sus diferentes escenarios cotidianos y otros factibles de construir en el confinamiento. Por otra parte, la revisión dilemática nos permite evaluar la contribución de los estudiantes para aprovechar tanto el aporte de la cultura digital en sus diferentes posibilidades como el escenario familiar. El estudiante ha sido el gran ausente, confirmado como receptor y eludido como actor educativo en este episodio marcado por la pandemia y las decisiones para enfrentarla.

La pandemia pudo ser una oportunidad de retomar la capacidad educativa de la educación no formal. Nuestro país es rico en experiencias de este tipo, con múltiples propuestas de cientos de instituciones particulares y públicas que las han ofrecido, reflexionado y perfeccionado. Es claro que esta alternativa educativa se ha ignorado hasta hoy, con todo y su larga tradición en México.

Finalmente, la reflexión ética vuelve a mostrar su potencia y capacidad de hacernos reflexionar en los hechos y sus consecuencias para encontrar alternativas y propiciar una mejor cultura educativa en la cual todos los participantes en procesos educativos sean protagonistas. No obstante, la ética, al tomarla como faro para decidir, se vuelve turbulenta. Y nadar en aguas turbulentas siempre es difícil y, a veces, no permite avanzar y, por tanto, arribar a la tranquilidad.

 

[*] Ingeniero en Química por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), con Maestría en Investigación y Desarrollo Educativo por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, y en Filosofía de la Educación por el ITESO. Profesor numerario y emérito del ITESO, y colaborador de la Coordinación de Innovación y Desarrollo Académico de la misma institución. Fundador y miembro de la Red de Investigación en Gobiernos Locales Mexicanos. Fundador y miembro de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar. Correo electrónico: mbazdres@iteso.mx

 

[1]      Instituto Nacional de Estadística y Geografía. “En México hay 84.1 millones de usuarios de Internet y 88.2 millones de usuarios de teléfonos celulares: Endutih 2020”, comunicado de prensa núm.352/21, 22 de junio 2021. Recuperado de https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2021/OtrTemEcon/ENDUTIH_2020.pdf

[2]     “Boletín SEP no. 290 Registra más de 600 millones de visitas el portal Aprende en Casa a partir de su implementación”, en Secretaría de Educación Pública, 14 de diciembre de 2021. Recuperado de https://www.gob.mx/sep/articulos/boletin-sep-no-290-registra-mas-de-600-millones-de-visitas-el-portal-aprende-en-casa-a-partir-de-su-implementacion

[3]     Idem.

[4]     Medina–Gual, L. et al. Educar en contingencia durante la covid-19 en México. Un análisis desde las dimensiones pedagógica, tecnológica y socioemocional, Fundación SM, México, 2021.

8 de marzo en pandemia: rearticulaciones feministas

Carmen Díaz Alba[*]
Susana Larios Murillo[**]
Jessica Correa Ochoa[***]

 

Resumen: La gran movilización del 8 de marzo de 2020 se vio opacada por la incertidumbre de la pandemia por covid–19. Las movilizaciones feministas se han reconfigurado en este contexto poniendo el trabajo de cuidados como un tema central en la agenda. Este artículo analiza la coyuntura que abrió la pandemia para el movimiento feminista en Guadalajara, explora cómo afectó de forma diferenciada a las mujeres, así como las respuestas que distintos colectivos feministas han planteado en el espacio público en un 8 de marzo en plena crisis sanitaria.

Palabras clave: feminismo, movilización colectiva, pandemia, covid–19, trabajo de cuidados.

Abstract: The grand mobilization of March 8, 2020 was overshadowed by the uncertainty of the covid–19 pandemic. Feminists have reconfigured their mobilizations in this context by raising caregiving work to a prominent place on the agenda. This article analyzes the particular circumstances that the pandemic has generated for the feminist movement in Guadalajara, and explores how it has affected women uniquely, as well as the responses that different feminist collectives have articulated in public spaces on March 8 in the midst of a public–health crisis.

Key words: feminism, collective mobilization, pandemic, covid–19, caregiving.

 

Podemos conectarnos con cuidados.
Donna Haraway[1]

 

El 2020 fue un momento coyuntural en la lucha de las mujeres por una vida libre de todas las violencias. En México, y particularmente en Guadalajara —el lugar desde el cual escribimos—, miles de mujeres salimos a la calle a protestar contra la indolencia frente a los asesinatos de mujeres y niñas, así como a gritar nuestra indignación por la violencia en los hogares, las escuelas, los espacios de trabajo y las calles. Esta movilización generó esperanza sobre las posibilidades de organización y articulación colectiva; sin embargo, la euforia que engendró la manifestación histórica se vio pronto opacada por la incertidumbre que generaban las noticias sobre la expansión mundial de la pandemia por covid–19.

El 23 de marzo de 2020 el gobierno federal declaró la Jornada Nacional de Sana Distancia, iniciativa que ponía el confinamiento al centro de la estrategia de protección para evitar el contagio por el virus SARS–CoV–2. Lo que no se contempló fue la manera en la que se haría frente a la precariedad, la vulnerabilidad y la violencia que se viven en el país. Un efecto no calculado del aislamiento fue el incremento, a escala mundial, de los casos de violencia contra las mujeres. México no fue la excepción. La crisis dejó ver la poca preocupación de los estados por las políticas de cuidado, y proteger la vida se convirtió en un asunto que debía resolverse de manera individual.

Ante este panorama se hizo necesaria una respuesta que pusiera al centro el cuidado colectivo y que contribuyera a generar estrategias de acompañamiento. Mantener el contacto entre las distintas redes que se han construido permitió romper el aislamiento. Como lo muestran Alice Poma y Tommaso Gravante,[2] las iniciativas que pusieron en marcha los movimientos de base alrededor del mundo han sido diversas, pero tienen una línea común, que es romper con la hegemonía de las respuestas gubernamentales que evitan hablar del cuidado colectivo y la corresponsabilidad.

En este contexto las colectivas feministas han tenido un papel central, ya que han puesto sobre la mesa la discusión sobre el cuidado en toda su complejidad. Esto ha significado también un reto para un movimiento que en épocas recientes se ha acostumbrado a “poner el cuerpo” y hacer presencia en las calles mediante acciones directas como las protestas, las performances, vigilias y paros. Tal como lo indica Geoffrey Pleyers, “en México, colectivos feministas independientes fortalecieron las redes de solidaridad en todo el país para hacer frente a las consecuencias socioeconómicas más graves del virus a nivel local”.[3]

En este artículo, nuestra intención es reflexionar sobre la coyuntura que abrió la pandemia por covid–19 para el movimiento feminista en Guadalajara. Nos interesa en un primer momento plantear elementos del contexto que ejemplifican cómo la crisis sanitaria afectó de forma diferenciada a las mujeres, para después analizar las respuestas que distintos colectivos feministas han propuesto en el espacio público a un año de esa histórica movilización del 8 de marzo de 2020, un 8 de marzo en plena crisis sanitaria.

 

    1. Del 8M 2020 al 8M 2021: los impactos de la pandemia

En un conversatorio en línea con estudiantes del curso “Equidad y género: respuestas feministas frente a una pandemia desigual” la historiadora Silvia Federici planteó que uno de los aportes más importantes del movimiento feminista ha sido visibilizar el trabajo de cuidados, como el trabajo doméstico, la atención a la salud y la crianza. Para la autora este trabajo ha sido menos conocido entre las luchas de izquierda: “ha habido una desconexión con el área doméstica o privada como terreno de acumulación capitalista, lucha y transformación social”.[4]

Federici explica que la crisis por covid–19 se construye sobre dos crisis previas: una crisis de explotación de las mujeres y una gran desigualdad social. “Los gobiernos se dan cuenta de que la situación es muy difícil pero lo que van a planear va a ser algo completamente inadecuado, enfrentaremos una reestructuración económica que va a empeorar nuestra vida”.[5]

Así, la contingencia sanitaria ha hecho aún más evidentes las desigualdades preexistentes. De acuerdo con la publicación de Oxfam, Tiempo para el cuidado, la brecha entre ricos y pobres se sigue ensanchando por consecuencia de un sistema económico sexista “que valora más la riqueza de la élite varonil que las horas de trabajo de cuidados no remunerado (o mal remunerado) que hacen mujeres y niñas”.[6] Este trabajo de cuidados, sin el cual las economías colapsarían, es esencial para la comunidad y la economía, pero perpetúa desigualdades económicas y de género.

Oxfam señala que las mujeres realizan “más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado y constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado”.[7] Otro informe titulado La vacuna contra la desigualdad, elaborado por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), Fundar y Oxfam México, analiza los efectos diferenciados de la pandemia entre hombres y mujeres en este país. Afirma, por ejemplo, que 4.1 millones de personas que podrían trabajar no lo hacen por tener que cuidar familiares. De esta cifra 85% son mujeres.[8]

Para Federici es la ausencia de salario lo que vuelve invisible este tipo de trabajo y a quienes se encargan de realizarlo: “Lo que llamamos trabajo doméstico es en realidad producción de fuerza de trabajo, producimos la capacidad de trabajar. Esto no es una cosa natural, no es una cosa que se encuentra. Es el trabajo de la mujer”.[9]

La reproducción de las desigualdades económicas y de género limita a las mujeres al acceso a un empleo asalariado, pues los cuidados ocupan de forma desproporcionada su tiempo, lo cual tiene además repercusiones en su participación en actividades sociales y políticas. Según un informe especial de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la contingencia sanitaria ha tenido como efecto una fuerte contracción económica que, en el caso de las mujeres, “representa un retroceso de más de diez años en su participación en el mercado laboral”. Por otra parte, más de la mitad de las mujeres, 57% en América Latina y 54% en el Caribe, “se encuentran ocupadas en sectores en los que se prevé un mayor efecto negativo en términos del empleo y los ingresos”.[10]

Si bien, históricamente, el trabajo de cuidados ha sido invisibilizado y poco valorado, el contexto de la crisis sanitaria ha constatado la relevancia de lo que varias autoras que se adscriben a los principios de la economía feminista proponen desde hace muchos años: tenemos que centrar la economía en la sostenibilidad de la vida.[11] Para Oxfam la economía feminista y la igualdad de género son pilares fundamentales para una nueva economía que reconozca los trabajos de cuidado: “La única manera de construir un mundo más justo es cambiar radicalmente la manera en que se lleva a cabo este tipo de trabajo, y cómo se valora”.[12]

Las medidas sanitarias y el confinamiento por la epidemia global han intensificado el trabajo doméstico y de cuidados, ya sea por el cierre de guarderías y escuelas o por el cuidado de personas enfermas que no tienen acceso a servicios de salud, rebasados por la situación y precarizados por anteriores recortes presupuestales. El informe del CIEP, Fundar y Oxfam revela que la crisis del cuidado durante el confinamiento se agravó y que ha recaído desproporcionadamente la población femenina: “se les imponía la responsabilidad de atender a los hijos, acompañar su desarrollo educativo, cuidar a los enfermos, incluso en casos más graves de lo normal, y al mismo tiempo cumplir con las exigencias de sus empleos”.[13] El informe de la CEPAL señala además que el trabajo doméstico remunerado, ya de por sí precario, ha sido fuertemente golpeado:

Muchas mujeres empleadas en este sector experimentan incertidumbre acerca de su remuneración, sobre todo en el caso de aquellas que no cuentan con un contrato formal. Quienes han continuado asistiendo a su lugar de trabajo han visto aumentadas sus responsabilidades al tener que atender, por ejemplo, actividades relacionadas con el cierre de escuelas en los hogares donde viven niños y niñas. También han tenido que incrementar los estándares de higiene para prevenir contagios e incluso hacerse cargo de la demanda de cuidados de la salud de los miembros del hogar en que trabajan. Esto último, además de exponerlas al contagio de la enfermedad, les impone la realización de actividades para las cuales no están necesariamente capacitadas.[14]

Por otro lado, aunque el Ejecutivo federal emitió algunos comentarios desafortunados en torno al tema,[15] otro elemento que emerge es el aumento de la violencia doméstica, como muestra el informe del CIEP, Fundar y Oxfam: “la violencia contra las mujeres incrementó durante el encierro, creando de manera simultánea nuevas barreras para denunciar a sus agresores a la policía, dada la situación de confinamiento y el riesgo de contagio al presentarse físicamente para realizar una denuncia”.[16] De acuerdo con el Observatorio de Género y Covid–19 en México, hacia finales de 2020 las llamadas vinculadas a violencia de género aumentaron 21.3% en comparación con el año anterior y siguieron apareciendo noticias sobre feminicidios en un sistema de justicia en el que persiste la impunidad y la revictimización, y que justifica su inacción con la contingencia sanitaria.[17]

El Observatorio de Género y Covid–19 en México es una iniciativa de diversas organizaciones que proponen hacer contraloría social para que las acciones del estado frente a la pandemia cumplan con las obligaciones en materia de derechos humanos y con perspectiva de género, como un aporte de la sociedad civil “para que la igualdad y la justicia sean el marco de acción en la nueva normalidad”.[18] Como parte de estos esfuerzos el observatorio publicó recientemente el informe “Nos cayó el 20”, que agrupa en torno a tres ejes fundamentales —bienestar, salud y violencia, y acceso a la justicia— el diagnóstico sobre el contexto adverso de las mujeres y sus recomendaciones a distintos actores estatales.[19]

Nos encontramos, dice Federici, en un momento fundamental. Se juega el decidir si la reestructuración significará un retroceso en los avances que ha logrado el movimiento feminista o si tendremos la capacidad de obligar a los gobiernos a reconocer que la reproducción es una responsabilidad social, no individual ni de la familia ni de la mujer. Reconocer que el trabajo de reproducción ha beneficiado al capitalismo y a los empleadores, que no han contribuido a financiar la infraestructura reproductiva necesaria que permite a millones de personas ir a trabajar cada día.[20] Es en este contexto como a continuación recuperamos las acciones y reivindicaciones del movimiento feminista en Guadalajara, en un 8 de marzo en crisis sanitaria.

 

    1. 8 de marzo de 2021: acciones en Guadalajara

Al igual que en el resto del mundo, en Guadalajara el SARS–CoV–2 trajo cambios en la estructura social, intensificando —de forma grave— los niveles de desigualdad y algunos factores de opresión contra las mujeres. Ante este panorama los movimientos feministas encontraron nuevas formas de incidir, protestar y luchar por la equidad de género y la defensa de la vida.

En Guadalajara una parte del movimiento feminista transfirió sus actividades a la virtualidad, creando espacios seguros de diálogo, aprendizaje y acompañamiento; mientras que otra parte, en recurso de medidas preventivas como el uso de cubrebocas y el mantenimiento de una sana distancia, llevó a cabo manifestaciones y eventos al aire libre y de forma presencial.

Este apartado explora las maneras a través de las cuales el movimiento feminista en Guadalajara logró adaptarse y enfrentar los retos de la epidemia global, tomando como punto de referencia el 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) para comprender de qué modo estas reconfiguraciones aportan a responder a la crisis provocada por la emergencia sanitaria, así como a la construcción de una nueva normalidad en la que se reconozcan las brechas creadas por el covid–19 y se construyan puentes para cruzarlas.

Si algo dejó en claro la pandemia es que, para las mujeres y para el movimiento feminista, los cuidados son esenciales, pues estos no solo son la tarea no remunerada que, de forma histórica, ha sido asignada a las mujeres por su papel de género sino que son también una reivindicación del movimiento feminista que nos invita a actuar en colectivo, a cuidar–nos y a cuidar el entorno que nos rodea. En este sentido, y como se mencionó en el apartado anterior, en 2021 el movimiento feminista dotó de una perspectiva de cuidado a las manifestaciones sociales.

El 8 de marzo de 2021 fue diferente del 8 de marzo del año anterior, pues debido a la contingencia sanitaria las actividades organizadas por diferentes grupos feministas se dividieron en eventos de una magnitud más pequeña que la histórica marcha de 2020, a la que asistieron alrededor de 35 mil personas.[21] En esta edición del Día Internacional de la Mujer activistas, colectivos, redes y artistas se organizaron desde diferentes espacios para protestar por la grave violencia contra las mujeres que se vive en el estado de Jalisco. Por ejemplo, desde febrero del año en cuestión la Red Yo Voy 8 de Marzo notificó el traslado de las actividades que tradicionalmente organizaban de forma presencial a la virtualidad para que “el 8 de marzo sea todo el año”.[22] En congruencia con lo anterior la Red anunció la creación de salones virtuales a través de los cuales abordarían temas y necesidades como la generación de espacios feministas en barrios de Guadalajara para la formación política de mujeres, adolescentes, niñas y niños; la autodefensa feminista en fraccionamientos periféricos del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), o el acompañamiento a mujeres que viven en entornos violentos, activando de esta manera, “formas colectivas de cuidado y una red para sostenernos las unas a las otrxs”.[23] Además, la Red organizó la realización de un mural a los pies de La Antimonumenta en la recientemente nombrada plaza Imelda Virgen para recordar a todas las víctimas de feminicidio. En “El Pisal” (mural colocado en el piso) se pintaron retratos de Imelda Virgen, Maricela Escobedo, Isabel Canillas, Susana Chávez y Agnes Torres (véase la figura 5.1), siendo el retrato de la última un símbolo de rechazo a los discursos de odio y a la transfobia.[24]

La Red también colaboró con el Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer​ y el colectivo Familias Unidas contra los Feminicidios en Jalisco para exigir, ante el Palacio de Gobierno, justicia para las víctimas de feminicidio y desaparición En esta acción pacífica las y los asistentes pusieron listones color violeta y flores en las vallas colocadas por las autoridades para “proteger” el recinto. Al llegar la noche se encendieron veladoras frente a La Antimonumenta y se reclamó justicia por todas las mujeres a las que les han arrebatado sus vidas.[25] En este mismo espacio la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en Jalisco realizó una performance en la que alrededor de 200 mujeres y jóvenes interpretaron la “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana.[26]

Una iniciativa distinta fue la del Frente Feminista de Jalisco, que organizó la “Marcha contra el borrado de mujeres”,[27] un espacio separatista en el que se exigió un cese a la violencia frente al Centro de Justicia para las Mujeres, sitio que había sido rodeado por vallas colocadas por las autoridades y cuyo personal se había marchado de forma previa al arribo del contingente feminista.[28] Otra iniciativa fue la de las artistas Karen Mora, mc Lancaster y Mone Argumedo, quienes colaboraron para pintar el mural “Sorora imparable” afuera del Ex Convento del Carmen. El objetivo del mural fue mostrar de una forma diferente que, a pesar de la pandemia, las mujeres “seguimos presentes, somos imparables”.[29]

Por su parte, el grupo Las Paritaristas rebautizó distintas calles del Centro Histórico de Guadalajara con los nombres de mujeres originarias de Jalisco destacadas en los ámbitos académico, profesional, artístico y científico. Por ejemplo, la avenida Hidalgo fue renombrada como la cofundadora de la Universidad de Guadalajara, Irene Robledo.[30]

Hemos visto que en los últimos años las estrategias de comunicación del movimiento feminista han puesto el acento en el carácter mnémico de las acciones de protesta. Además de un día de reivindicación de los derechos de las mujeres y sus aportes a la sociedad, el 8 de marzo se ha convertido en un día en el cual rememoramos a todas aquellas mujeres víctimas de feminicidio y desaparición forzada, así como a todas aquellas asesinadas por defender la vida y el territorio.

Como hemos atestiguado, las acciones de protesta de las mujeres han tomado una fuerza inusitada, lo que genera respuestas cada vez más violentas —tanto en el plano discursivo como en el físico— por parte de sus detractores, entre los que se encuentran grupos de extrema derecha, que están en contra del derecho a decidir de las mujeres, pero también por parte del estado, que percibe estas protestas como peligrosas para el statu quo.

En este contexto destacamos también acciones que, si bien no se dieron en Guadalajara, forman parte del efecto que está teniendo el movimiento feminista a escala nacional. La relación entre los diversos sectores de este movimiento y el gobierno de la república ha sido particularmente ríspida. Desde su tribuna el presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho declaraciones encaminadas a desacreditar la lucha de las mujeres haciéndolas pasar por provocadoras y ser utilizadas por sus adversarios políticos para la confrontación. Estas afirmaciones clausuran las posibilidades de diálogo a un movimiento que ha mostrado un análisis de la realidad social que a muchos incomoda.

Los días previos a la movilización del 8 de marzo, por el Día Internacional de la Mujer, el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) anunciaba como precandidato a la gubernatura del estado de Guerrero a Félix Salgado Macedonio, personaje político sobre el cual pesan acusaciones de violación. El presidente y el partido decidieron ignorar las acusaciones y llevar la precandidatura hasta las últimas consecuencias. Esta acción generó descontento incluso en un sector que se nombra feminista dentro de Morena.

Grupos feministas lanzaron por redes sociales la campaña #PresidenteRompaElPacto y #UnVioladorNoSeraGobernador. Días después, en una de sus habituales conferencias de prensa, el presidente declaró que no sabía a qué se referían las feministas cuando hacían alusión al pacto patriarcal y simplificó la idea señalando que era un concepto importado que usaban las feministas para desestabilizar.[31] Con esas afirmaciones clausuró las posibilidades de diálogo. Un hecho que sustenta estas afirmaciones fue la colocación de una valla que pretendía “proteger” el Palacio Nacional de la llegada de manifestantes el 8 de marzo. “Tenemos que protegernos y también proteger nuestros edificios históricos, monumentos históricos […] nunca vamos a reprimir al pueblo, pero sí tenemos que evitar las provocaciones [de] la gente que quiere nada más causar daño”, argumentó López Obrador ante la acción.[32]

No obstante el cuestionamiento, el movimiento feminista dio muestras de su imaginación política. La valla no sería impedimento para mostrar la profunda indignación causada por la indolencia de las autoridades. Miles de mujeres se dieron cita en el muro colocado en el Palacio Nacional y lo convirtieron en un espacio de memoria de la barbarie que todos los días nos acecha. Con pintura, velas y flores las mujeres dieron muestra de la capacidad colectiva de articulación de la que son capaces (véase la figura 5.2). Con ese gesto apropiaron el espacio para nombrar a cada una de las mujeres y niñas asesinadas y desaparecidas. Los nombres se escribieron por miles. Quedó claro que no hay posibilidad de contener el mar agitado de dolor compartido. Como narró María Fernanda Ruiz, el memorial también sirvió para insistir en aquellas consignas que ya se han convertido en signo del tiempo que vivimos: “Mexico Feminicida”, “Aborto Legal Ya” y “Un Violador No Será Gobernador”.[33]

La apropiación, ya no como un muro de defensa sino como un muro de vergüenza, resignificó las vallas convirtiéndolas en un espacio de memoria que mostró la capacidad del movimiento feminista para articular una interlocución que trasciende al estado y se coloca en los aspectos más cotidianos de la vida. Así, las protestas de las mujeres han logrado dialogar con un gran sector de la población que se siente interpelado por ellas. Un efecto de esto se puede notar en el incremento de la participación en las protestas de mujeres que, si bien no se nombran feministas, se reconocen como parte de la lucha contra la violencia de género.

 

  1. Conclusiones

Este breve recuento de los impactos de la pandemia en las mujeres y en el movimiento feminista nos invita a imaginar las posibilidades de una nueva normalidad en la que se retomen los planteamientos de la economía feminista y se pongan al centro los trabajos de cuidado y el fin de la violencia contra las mujeres. La agenda de este movimiento se ha reconfigurado y ha puesto especial énfasis en estas reivindicaciones. Iniciativas como el Observatorio de Género y Covid–19 aportan sin duda elementos clave para repensar esa nueva normalidad postpandémica.[34] La pandemia es una oportunidad para edificar nuevos sentidos sobre el cuidado. En ese sentido, distintos movimientos han demostrado que es posible superar el egoísmo y el cinismo para construir emociones contrahegemónicas como la solidaridad, los vínculos y el cuidado colectivo en tanto respuestas alternativas frente a la crisis sanitaria.[35]

Como plantea Yásnaya Aguilar, el bien individual depende del bien colectivo.[36] Aquí no cabe el “sálvese quien pueda”. Retomando a Federici, ante la epidemia global nos encontramos en un punto de inflexión en el que el movimiento feminista, junto con otros movimientos, ha desplegado un sinfín de respuestas en los planos local, nacional e internacional para que no volvamos a la normalidad de la desigualdad; que podamos al fin reconocer el trabajo de cuidados como una corresponsabilidad social y colectiva, y que nuestra apuesta sea por poner la vida en el centro.

 

[*] Es doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Antropología Social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS Occidente) y maestra en Ciencias Políticas (Universidad de Montreal). Es académica del Departamento de Formación Humana (dFh) en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Sus líneas de investigación se enfocan en los feminismos transnacionales, especialmente feminismos latinoamericanos, movimientos sociales, género y derechos humanos. Correo electrónico: cdiaza@iteso.mx

[**] Es maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO y estudiante del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Guadalajara (UDG). Es profesora de asignatura en el Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO. Líneas de investigación: feminismos, movimientos sociales y emociones, acción colectiva, cuerpo y emociones. Correo electrónico: susanalarios@ iteso.mx

[***] Egresada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por el ITESO. Fue becaria de investigación en el Departamento de Formación Humana del ITESO y colabora como investigadora en Transversal Think Tank. Le interesa la gestión de proyectos y la investigación en torno al feminismo, el género y la cooperación internacional. Correo electrónico: rn708905@iteso.mx

 

[1]     Sbriller, L. y De la Torre, S. “Cristina Rivera Garza entrevista a Donna Haraway. Vivir en un planeta herido”, en Anfibia, 2021. Recuperado de http://revistaanfibia.com/ensayo/donna-haraway-aprender-
a-vivir-en-un-planeta-herido/

[2]     Poma, A. y Gravante, T. “Romper con el narcisismo: emociones y activismo de base durante la pandemia”, en Bringel, B. y Pleyers, G. (eds.), Alerta global. Políticas, movimientos sociales y futuros en disputa en tiempos de pandemia, Clacso, Buenos Aires, 2020.

[3]     Pleyers, G. “Movimientos sociales y ayuda mutua frente a la pandemia”, en Revista Latinoamericana de Políticas y Acción Pública, vol. 8, núm. 1, 2021, p. 20.

[4]     Cfr. Federici, S. “Conversaciones con Silvia Federici. Respuestas feministas frente a una pandemia desigual” (video), 9 de junio de 2021. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=30jShTia3HM

[5]     Idem.

[6]     Oxfam. Tiempo para el cuidado: el trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad, Oxfam, Oxford, enero de 2020, p. 7. Recuperado de https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/
10546/620928/bp-time-to-care-inequality-200120-summ-es.pdf

[7]     Ibidem, p. 14.

[8]     Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, Fundar y Oxfam. La vacuna contra la desigualdad, 2021, p. 9. Recuperado de https://lavacunacontraladesigualdad.org/wp-content/uploads/2021/05/vacunavsdesigualdad-pdf.pdf

[9]     Federici. S. Op. cit.

[10]   Comisión Económica para América Latina y el Caribe. “Informe especial covid–19: La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad”, CEPAL, 10 de febrero de 2021, p. 2. Recuperado de https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/46633/S2000740_es.pdf

[11]   Carrasco, C. “La economía feminista. Un recorrido a través del concepto de reproducción”, en Ekonomiaz, vol. 91, núm. 1, 2017, pp. 50–75. Recuperado de https://www.euskadi.eus/web01-a2reveko/es/k86aEkonomiazWar/ekonomiaz/abrirArticulo?idpubl=87&registro=7

[12]   Oxfam. Op. cit., p. 21.

[13]   CIEP, Fundar y Oxfam. Op. cit., p. 20.

[14]   CEPAL. Op. cit., p. 7.

[15]   “AMLO dice que el 90% de las llamadas sobre violencia contra las mujeres son falsas”, en Animal Político, 15 de mayo de 2020. Recuperado de https://www.animalpolitico.com/2020/05/llamadas-falsas-violencia-mujeres-amlo/

[16]   CIEP, Fundar y Oxfam. Op. cit., p. 21.

[17]   Cfr. Observatorio de Género y Covid19 en México. “Nos cayó el 20”. Recuperado de https://genero-
covid19.gire.org.mx/informe/

[18]   Idem.

[19]   Idem.

[20]   Federici, S. Op. cit.

[21]   Cfr. Larios Murillo, S. y Díaz Alba, C. “Juntas paramos las violencias: movilizaciones feministas en torno al 8 y 9 de marzo en Guadalajara”, en Análisis Plural primer semestre de 2020: Covid–19 en un país de alto riesgo, ITESO, Tlaquepaque, septiembre de 2020, pp. 245–262.

[22]   Lattuada, M.F. “‘El 8M será todo el año’: convocan a acción virtual”, en Zona Docs, 15 de febrero de 2021 Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2021/02/15/el-8m-sera-todo-el-ano-convocan-accion-virtual/

[23]   Ibidem, párr. 10.

[24]   Cantero, C. “‘No se murieron, se hicieron millones’: Red YoVoy8DeMarzo realizó un mural dedicado a todas las víctimas de feminicidio”, en Zona Docs, 11 de marzo de 2021. Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2021/03/11/no-se-murieron-se-hicieron-millones-red-yovoy8demarzo-realizo-un-mural-dedicado-a-todas-las-victimas-de-feminicidio/

[25]   Souza, D. “Con listones color violeta y veladoras, feministas exigen frente a Palacio de Gobierno justicia para víctimas de feminicidio y desaparición en Jalisco”, en Zona Docs, 9 de marzo de 2021. Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2021/03/09/con-listones-color-violeta-y-veladoras-feministas-exigen-frente-a-palacio-de-gobierno-justicia-para-victimas-de-feminicidio-y-
desaparicion-en-jalisco/

[26]   Ibidem, párr. 6.

[27]   Torres, A. “Marchan ‘contra el borrado de mujeres’, asistentes reclaman un feminismo para todas y alto a las violencias”, en Zona Docs, 8 de marzo de 2021. Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2021/03/08/marchan-contra-el-borrado-de-mujeres-asistentes-reclaman-un-feminismo-para-todas-y-un-alto-a-las-violencias/

[28]   Bobadilla, R. “Mujeres se manifiestan en Guadalajara en el marco del 8M”, en El Informador, 8 de marzo de 2021. Recuperado de https://www.informador.mx/jalisco/Mujeres-se-manifiestan-en-Guadalajara-en-el-marco-del-8M-20210308-0076.html

[29]   Santillán, K. “Sorora imparable: un mural feminista”, en Zona Docs, 9 de marzo de 2021. Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2021/03/09/sorora-imparable-un-mural-feminista/

[30]   Pérez Vega, I. “Le ‘cambian’ el nombre a calles del Centro Histórico; ahora llevan nombres de mujeres”, en La Crónica Jalisco, 8 de marzo de 2021. Recuperado de http://www.cronicajalisco.com.mx/notas-le_cambian_el_nombre_a_calles_del_centro_historico_ahora_llevan_nombres_de_mujeres-107064-2021

[31]   Camhaji, E. “Palacio Nacional, amurallado con vallas en la víspera de las protestas feministas del 8M”, en El País, 5 de marzo de 2021. Recuperado de https://elpais.com/mexico/2021-03-05/palacio-nacional-amurallado-con-vallas-en-la-vispera-de-las-protestas-feministas-del-8m.html

[32]   Manetto, F. “López Obrador intenta justificar el cerco del Palacio Nacional: ‘Hay que proteger y evitar provocaciones’”, en El País, 6 de marzo de 2021. Recuperado de https://elpais.com/mexico/2021-03-06/lopez-obrador-intenta-justificar-el-cerco-del-palacio-nacional-hay-que-proteger-y-evitar-provocaciones.html

[33]   Ruiz, M.F. “8M: el muro se convirtió en memorial”, en Pie de Página, 8 de marzo de 2021. Recuperado de https://piedepagina.mx/8m-el-muro-que-se-convitio-en-memorial/

[34]   Véase, por ejemplo, el apartado sobre trabajo de cuidados: https://genero-covid19.gire.org.mx/tema/trabajo-de-cuidados/ y el de violencia y refugios: https://genero-covid19.gire.org.mx/tema/violencia-familiar-y-refugios/

[35]   Poma A. y Gravante, T. Op. cit.

[36]   Aguilar, Y. “Jëën pä’äm o la enfermedad del fuego (columna de opinión), en El País, 22 de marzo de 2020. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2020/03/22/opinion/1584851651_880173.html

La ciencia en tiempos de pandemia

Eneyda Suñer Rivas[*]

 

 

Resumen: Tras plantear lo que entiende por ciencia, incluyendo a las llamadas ciencias sociales, la autora se lanza a explorar lo que supone hacer ciencia desde el paradigma de nuestra época. En la lectura es posible reconocer algunas de las dificultades que enfrenta la comunidad científica y algunas batallas que se están librando ante el sectarismo, la arrogancia o la competencia, por mencionar algunos frentes. Finalmente identifica el riesgo que representa la viralización en las redes sociales de opiniones sin fundamento, sin argumento, que pretenden competir y cuestionar, de manera desleal, a la ciencia y su generación de conocimiento.

Palabras clave: ciencia, científicos, pandemia, mercado, posverdad.

 

Abstract: After defining what is understood under the heading of science, including the so–called social sciences, the author sets out to explore what is entailed in doing science within the framework of our current paradigm. The article points out some of the difficulties that the scientific community faces and some of the battles it is waging against sectarianism, arrogance, or the competition, to mention just three of the battlefronts. The article ends by identifying the risk inherent to the viral spread on social networks of opinions lacking any sound foundation or arguments that presume to compete with science, and not only that, but also to unfairly question scientifically generated knowledge.

Key words: science, scientists, pandemic, market, post–truth.

 

 

El tema de ciencia y pandemia es tan amplio que se abren muchos caminos para pensar:

    • ¿Qué se entiende por “ciencia”?
    • ¿Qué es lo que de especial le añade el término “pandemia” a la ciencia?
    • ¿Qué significa con “la ciencia en tiempos de pandemia”? ¿Será acaso a cómo se construye la ciencia? o ¿a cómo se está aplicando esta? Tal vez ¿hacia dónde se dirige?

Intentaré responder desde mi perspectiva —que es filosófica— a estas preguntas. Entiendo por “ciencia” toda disciplina que genere conocimiento nuevo por medio de una determinada metodología, que tenga evidencias que puedan ser compartidas por los que se dedican a la misma disciplina, y cuyos resultados puedan ser replicados o al menos comprobados por los y las colegas. Aclaro que no estoy reduciendo la metodología ni las evidencias a lo cuantitativo, y la réplica y prueba de los resultados no la descontextualizo de las variables propias de cada caso. En otras palabras, no excluyo a las ciencias sociales del concepto.

Ahora bien, el término “ciencia” fue adquiriendo una importancia notable con la modernidad, se identificaba a los logros de la razón con los logros de una metodología, de un camino seguro para probar y lograr certezas de lo que se descubría. Al mismo tiempo, los resultados cada vez más veloces e impresionantes de la ciencia aplicada fueron y siguen modificando nuestra vida a gran velocidad (e impresionándonos gracias a ello). Todo lo que podemos hacer hoy en un día sería totalmente increíble para personas de la primera mitad del siglo XX, sin ir más lejos.

Pero, junto a todo esto, también han ido evolucionando las condiciones sociales en que se hace la ciencia; de hecho, la ciencia es hija de los paradigmas de su época y se construye con ellos y responde a ellos. Y el paradigma fundamental de nuestra época, el que se ha ido imponiendo y hoy permea absolutamente todo —también a la prestigiosa ciencia—, es el paradigma mercantilista: ¿para qué sirve?, y ¿cuánto vale? Ya no es importante descubrir junto con Leibnitz, por ejemplo, cuál es la expresión matemática de un nudo, porque esto, en la época de Leibnitz (siglo XVII) solo servía para hacer avanzar el conocimiento, aunque no se percibieran sus aplicaciones y esto valiera, económicamente hablando, nada.

Hoy es más importante descubrir cosas que sirvan, que sean patentables, aun cuando no todos los científicos lo vean así. Los que pueden costear las investigaciones, los aparatos, y toda la parafernalia propia de cualquier área de la ciencia, quieren resultados constantes y sonantes por lo que “se ha desencadenado tal avidez y competencia por las novedades que genera la investigación, que actualmente hay quien intenta reemplazar la ciencia del ¿por qué? con la ciencia del ¿para qué? o acaso con la del ¿cuánto ganaríamos vendiéndolo?”[1]

Ahora las y los científicos también se subordinan a las demandas del mercado, pues las instituciones donde puede tener cabida la vida intelectual: universidades, museos, institutos de investigación, laboratorios, y todas las instituciones de este tipo, solo pueden sobrevivir económicamente respondiendo a la lógica del consumo, por lo que se investiga y produce lo que el mercado requiere.

Y, en la lógica mercantil, el reconocimiento solo se da a quienes tienen éxito, y el “éxito” es una categoría que significa obtener resultados, pero los resultados dependen de lo que se busque. En la lógica de mercado da resultado lo que genera bienes de consumo, por lo que si la o el científico quiere tener éxito debe responder a lo que los consumidores pudiesen necesitar o lo que se les pueda ofrecer como tal, a lo que esté de moda, a lo que permita sobrevivir a su institución. De esta manera la y el científico se convierten en productores de bienes y servicios. Pero con esto el pensamiento pierde libertad, pues como nos dice Paul Feyerabend hablando de los científicos: “No se abordan los problemas más difíciles sin otra razón que la de que las carreras científicas brillantes no se cimentan sobre la base de un fracaso constante”,[2] y fracaso significa tanto no obtener resultados como no obtenerlos en el menor tiempo posible, pues “en un universo donde el éxito consiste en ganar tiempo, pensar no tiene más que un solo defecto, pero incorregible: hace perder tiempo”.[3]

Otra opción para las y los científicos de nuestra época es no pertenecer a ninguna institución, bregar contra corriente de modo independiente, pero esto tiene dos inconvenientes, por un lado, si la persona necesita trabajar para vivir —cosa que sucede con la mayoría— tendrá cada vez menos tiempo para el pensamiento y la investigación, sus tiempos serán fragmentados y no tendrá toda la energía que requiere el trabajo intelectual y, en el caso de quienes requieren de laboratorios con aparatos cada vez más sofisticados, no tendrán ni siquiera esta opción, pues aquellos que tienen la capacidad económica para sufragar este tipo de laboratorios son precisamente los grandes corporativos regulados por la lógica del mercado.

Por otra parte, los trabajos e investigaciones hechos por científicos(as) independientes no tienen la oportunidad, o tienen muy poca, de ser dados a conocer a través de publicaciones y de los medios masivos de comunicación. Con lo que, en estos casos, la labor intelectual se reduce a una experiencia realizada por los sujetos en el ámbito de la vida privada. No hay reconocimiento —que no es lo mismo que popularidad— ni posibilidad de pertenencias, pues el grupo fuerte de las y los científicos en cada área, los que acaparan los foros de divulgación de las ideas, son los que pertenecen a las grandes instituciones y —para colmo— en esta competencia de mercados el primer mundo tiene la primacía, secundariamente los demás. La autoridad de las y los científicos depende de la lógica de la oferta y la demanda, y esta la determina el primer mundo, por lo que: [4]

El descrédito, o acaso la ignorancia total [para el científico] es mucho más grosera si la novedad viene del tercer mundo. Por regla general, nuestros trabajos son aceptados en cuanto aportan datos que encajan en los modelos sustentados en el primer mundo. Si, por el contrario, requieren alguna modificación fundamental, se los pone en cuarentena hasta que algún científico primermundista los ponga a prueba… momento en que no es raro que se pase a citar a este último […] Nos está permitido aportar ideas que complementen su visión del mundo, pero no alterar sus esquemas. En el campo de las artes la situación es más grave aún pues, tácitamente, el primer mundo espera que nuestros literatos, plásticos y danzantes sean meros folkloristas.[5]

De este modo tenemos que, en lo que se refiere al espacio, el lugar de los científicos son las grandes instituciones donde poder desarrollar su pensamiento, pero esto se logra muchas veces a costa de la libertad de pensamiento. En lo que se refiere al tiempo, las instituciones obligan a los científicos a un pensamiento por entregas, planificado y con fechas límite para obtener resultados —es decir, los hace sujetos a un tiempo mercantilizado—. La otra opción a estos espacios y tiempos es la privacidad, lo cual disminuye también las posibilidades creativas del pensamiento, porque, como ya se señaló antes, la actividad se vuelve fragmentada. En ambos casos, el científico ya no tiene el poder social del que gozó en la Modernidad, ahora el poder es del mercado que, con la oferta y la demanda, avala o rechaza investigaciones, publicaciones y líneas de pensamiento. Tal vez sea por esta reducción en su ámbito de poder tradicional que los científicos parecen librar una batalla campal dentro de las instituciones culturales y educativas, en aras de arrogarse —de ahí el ser arrogantes en muchos casos— el poder que han perdido en otros espacios.  En muchas instituciones de tipo cultural abundan los sectarismos y competencias de todo tipo, pues los arrogantes

Procuran separarse y separar; confían con fervor en las claras e indiscutibles jerarquías. De esta manera no se aceptan más que cómplices: sólo se reconoce a quienes están dispuestos a abrazar sin el menor reparo —o como se dice, sin chistar— la escala de valores propia de la o el arrogante y, sobre todo, a quienes comparten el enfático menoscabo de todo lo que no está de acuerdo con su creer y desear.[6]

Desde luego que este tipo de competencias y sectarismos redunda en menoscabo de la misma ciencia.

Pero no solo esto último, también el mercantilismo ha dañado a la ciencia, porque se hace muy mala ciencia bajo esta lógica y porque los costos de las patentes han encarecido la ciencia aplicada a tal grado que, desde ya hace algún tiempo, sus resultados se vuelven un privilegio que no es accesible para todos. Esto es muy evidente en el ámbito de la salud, desde hace algunos años las alternativas a la medicina como ciencia proliferan y, por más que se denuesten desde los ámbitos científicos, no han dejado de crecer y de tener adeptos ¿por qué? Fundamentalmente porque son más accesibles, más económicas y menos invasivas.

Y esto ha salido a la luz de manera indiscutible con la pandemia, la ciencia ya no es considerada la única generadora de conocimientos nuevos, ni es vista ya con la aureola de la verdad. Ahora cualquiera con acceso a la Internet puede cuestionar una verdad científica y sostener, por ejemplo, que la Tierra es plana. Ahora la opinión sin fundamentos se ha apoderado de la palestra y lo científico parece ser una opinión más entre otras, pero gana lo que tenga más “likes”, más visitas o seguidores. Los y las youtubers son ahora los generadores de opinión pública, y lo que se considera “conocimiento verdadero” no requiere de evidencias sino de viralización en las redes, ya no hacen falta argumentos ni pruebas de nada; basta con citar “otros datos” o “hechos alternativos” sin necesidad de dar cuenta de ellos para que lo que afirma cualquiera sea considerado verdadero por una gran mayoría en ciertos círculos. Y eso es también otra característica de lo “verdadero” hoy, cuando se expande dentro de una burbuja de seguidores hasta que explota y contagia a otras burbujas desde distintos ángulos.

Es toda una paradoja que sean los mismos avances de la ciencia —que prometeicamente nos iba a volver autónomos y libres según los modernos— los que nos han puesto ahora en esta situación de imbecilidad creciente. Gracias a las redes sociales —hijas de la computación y el internet— cualquiera puede expresar cualquier cosa, el chiste para que esto sea creído y se expanda es tener lo suficientes seguidores dentro de una burbuja de fans.

La ciencia en tiempos de pandemia se vive con descrédito, no importan las evidencias, ni los argumentos, ni siquiera los resultados.

Habría que preguntarnos qué tan responsables de esto son aquellos(as) científicos(as) que han jugado los juegos del mercado.

 

[1]     Cereijido, M. Ciencia sin seso, locura doble, Siglo XXI, México, 2008, p.168.

[2]     Levins y Lewontin, citados por Feyerabend, P., en La conquista de la abundancia, Paidós, Barcelona, 2001, p.171.

[3]     Lyotard, J.–F. La posmodernidad (explicada a los niños), Gedisa, Barcelona, 2003, p.47.

[4]     Esta última observación de Marcelino Cereijido la puede constatar cualquiera que haya estudiado o intentado exponer sus obras en Europa. Los europeos esperan del americano que trabaje sus tesis o sus obras en general sobre indigenismo, sobre pensadores locales o sobre cuestiones de la cultura de origen del americano. Pero no reconocen el hecho de que una buena parte de nuestra cultura tiene una gran raíz europea; que hablamos las lenguas que los colonizadores nos impusieron, que en su mayoría profesamos la religión que nos inculcaron, y que hemos evolucionado y lo seguimos haciendo —para bien o para mal, eso es otro asunto— en función de ideas que se engendraron en Europa, porque las cosmovisiones locales fueron satanizadas por los colonizadores y hasta la fecha tenemos en gran medida una mentalidad que heredó esa satanización. Tal vez esta sea una manera de no asumir también su propia responsabilidad en la construcción de la pobreza y marginación de sus excolonias, pero es una manera que sigue engendrando exclusión y no reconocimiento de lo nuestro, porque lo nuestro, en buena medida, es Homero, Sófocles, Platón, Cicerón, San Agustín, Dante Alighieri, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Galileo, Newton, Kant, Goethe, Mozart, Hegel, Marx, entre muchos otros.

[5]     Cereijido, M. Op. cit., p.57.

[6]     Pereda, C. Crítica de la razón arrogante, Taurus, México, 1999, p.13.

Antropoceno: la era de las pandemias

Marinés de la Peña Domene[*]
Natalia Mesa Sierra[**]
María Elvira Fors Ferro[***]

 

 

Resumen: La crisis actual que atravesamos, por cuenta de la pandemia de
covid–19, no es la primera que la humanidad ha sufrido, pues ha sido una situación recurrente en los últimos 50 años. La lista de epidemias es larga, aunque es evidente que cada una de las causas se vincula directamente con una relación poco equilibrada y sustentable del hombre con la naturaleza, y es importante reconocer que la responsabilidad está repartida en diferentes sectores, en diferentes niveles, como los sectores productivos, el gobierno como garante de bienestar y seguridad social, y la sociedad como consumidores. Reconocernos como parte de un sistema, nuestro planeta, y no como el centro del universo, es una necesidad imperante para generar cambios de raíz en nuestros patrones de consumo, devastación de recursos y equidad social, que nos permita reducir la acelerada incidencia de pandemias y así tener mejores herramientas para enfrentar sus consecuencias.

Palabras clave: antropocentrismo, desigualdad social, desequilibrio ambiental, microorganismos, sustentabilidad.

 

Abstract: The crisis we are experiencing today, sparked by the covid–19 pandemic, is not the first that humanity has faced; epidemics have been a recurring theme over the last 50 years. The list is long; however, it is clear that each one is linked to an unbalanced and unsustainable relationship between the human species and nature. It is important to recognize that the responsibility is shared by different sectors at different levels, including the productive sector, the government as the guarantor of social security and well–being, and individuals in our role as consumers. Recognizing ourselves as a part of a larger system, which is our planet, and not as the center of the universe, is a pressing need if we are to bring about deep–rooted changes to our patterns of consumption that devastate natural resources and fuel social inequality. Such changes could slow down the waves of pandemics and give us better tools to deal with their consequences.

Key words: anthropocentrism, social inequality, environmental imbalance, microorganisms, sustainability.

 

 

La humanidad se está enfrentando a uno de los eventos globales más impactantes de los tiempos modernos, todo se detuvo drásticamente con el fin de contener la dispersión de un virus que atenta contra la salud y la vida humana. A partir de esta crisis surgen numerosas preguntas: ¿Cómo se originó? ¿Cómo se puede detener su dispersión? ¿Cómo podemos enfrentar futuras pandemias? La magnitud de la actual pandemia es enorme con efectos en la salud, afectaciones económicas, así como las consecuencias asociadas en dimensiones como la seguridad y el desempleo, en los derechos humanos y hasta en nuestra propia libertad. Aun cuando no es la primera pandemia en la historia de la humanidad, las condiciones mundiales de globalización han representado un reto adicional para enfrentar el virus y evitar el colapso de los sistemas de salud y la economía. Esto ha desencadenado un debate en diferentes sectores, como la medicina, la ecología, la política y los sectores productivos, sobre cuál es la responsabilidad de la humanidad, teniendo en cuenta que una de las grandes conclusiones ha sido que el uso insostenible de los recursos naturales del planeta es una de las principales causas de la crisis que vivimos. En las últimas décadas se le han estampado al ser humano en la cara los desastres ocasionados al medio ambiente resultado de sus actividades, lo que ahora recibe el nombre de actividades antropogénicas. Llama la atención que al ser conscientes de las acciones perturbadoras, al enumerarlas, escribir sobre ellas, echar a andar y poner en marcha miles de proyectos para contrarrestar el deterioro, poco se escucha acerca de la postura humana que los genera: el antropocentrismo. El término aún no está incluido en nuestro lenguaje y reflexiones cotidianas puesto que estamos inmersos en esta forma de vivir, de conocer el mundo, imaginarlo y pensarlo…

 

  1. Las pandemias a través del tiempo

Desde que el ser humano dejó de ser nómada para establecerse y organizarse en núcleos de personas que conviven en el mismo territorio, las enfermedades contagiosas han estado presentes. Sin embargo, con el crecimiento exponencial de la población mundial las enfermedades se empezaron a expandir, afectando varias regiones del planeta, y
así se empezaron a desencadenar las pandemias. El término pandemia[1] significa epidemia que se extiende a muchos países y ataca a muchos individuos en varias regiones. En la antigüedad fueron conocidas como pestes e históricamente han sido principalmente originadas por infecciones de origen bacteriano o viral. Las pandemias han llevado a la transformación de las sociedades en las que aparecieron, teniendo en cuenta que, en su mayoría, han traído como consecuencias el recelo ante el temor de contagiosidad que puede traducirse en xenofobia, elevadas pérdidas de vidas humanas, aumento en las brechas de desigualdad social, colapso de los sistemas de salud, carencia de tecnologías y de procedimientos para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad en cuestión.[2]

Entre las pandemias que ha sufrido la humanidad se han identificado aproximadamente 20 de alto impacto, entre las que se encuentran las siguientes:

      • Peste de Justiniano: la primera pandemia de mayor impacto de la que se tiene registro, que tuvo lugar durante el Imperio Bizantino en el año 541, fue causada por la bacteria Yersinia pestis, la misma cepa de la peste negra. Cobró la vida de 30 a 50 millones de personas y tuvo fuertes consecuencias económicas.[3]
      • Peste negra: es considerada la pandemia que más daño ha causado a la humanidad y tuvo lugar a mediados del siglo XIV. Se estima que la mortalidad alcanzó los 200 millones de personas y en la Península Ibérica se perdió entre 60% y 65% de la población. Siglos más tarde se descubrió que ésta fue una enfermedad de origen animal, ya que el virus era transmitido por ratas. La proliferación de estos animales se explica por los pobres hábitos de higiene de la época.[4]
      • Viruela: durante los siglos XVIII, XIX y XX, la viruela acabó con 90% de la población indígena de Estados Unidos, y en Europa mató aproximadamente a 56 millones de personas. Su propagación está asociada con la llegada de los conquistadores al continente americano.[5]
      • Gripe española: esta enfermedad, ocasionada por un virus, surgió a comienzos del siglo XX en Kansas, Estados Unidos, la cual se propagó durante los últimos meses de la primera guerra mundial y se asoció al movimiento de las tropas por los frentes europeos. Fue bautizada así porque España, país que se mantuvo neutral durante la guerra, realizó los registros y reportes sobre la enfermedad libremente, a diferencia de los demás países implicados en la contienda donde las muertes por gripe no se reportaban separadas de las muertes en batalla. Se estima que la mortalidad fue de 40 a 50 millones de personas,[6] pudiendo llegar a 100 millones según otras fuentes.
      • Virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH): esta enfermedad ataca directamente al sistema inmunológico, evitando que pueda
        generar defensas ante otras enfermedades. Su origen se atribuye a la cacería de chimpancés tanto para el consumo de su carne como para la domesticación (para profundizar en esta realidad el libro de Honigsbaum[7] es de gran relevancia). Se estima que el VIH ha matado entre 25 y 35 millones de personas a escala mundial y en la actualidad hay cerca de 38 millones de personas que viven con este virus, mientras la comunidad científica busca una cura definitiva.[8]

Es importante reconocer que muchos de los virus y bacterias que causan estas enfermedades no han sido eliminados por completo, y simultáneamente están surgiendo nuevas enfermedades como el covid–19. Esto pone en evidencia que la humanidad está en peligro latente de un aumento en los brotes de enfermedades y frecuencia de estas epidemias y pandemias, lo cual se confirma al comparar que entre las dos primeras pandemias registradas (por ejemplo, Antonina y Justiniano) transcurrieron aproximadamente 361 años, mientras que desde el arranque del siglo XXI, el mayor tiempo transcurrido entre las pandemias ha sido entre ocho y diez años.[9] Actualmente son tres pandemias las que están activas, el VIH, el Mers y el tan presente covid–19.

 

  1. La microdiversidad que nos habita

Antes de pensar en enfermedades, no hay que olvidar que vivimos y coexistimos a diario entre trillones de bacterias, virus, hongos, protozoarios y otros microorganismos. Se estima que solamente 43% de nuestro propio cuerpo son células humanas, mientras que el resto corresponde precisamente a esta microbiota que nos habita y que solo en algunas ocasiones nos causa enfermedades. Por ejemplo, en un estudio se tomaron muestras con hisopos de los ombligos de 60 adultos y se identificaron 2,368 especies de bacterias, de las cuales 1,458 fueron especies de bacterias nuevas para la ciencia.[10] Es decir que estamos lejos de conocer toda la microbiota que habita en nuestros propios cuerpos. Esto deja entrever que se abre la caja de Pandora cuando pensamos que solamente conocemos 1% de la microbiota que habita a los animales silvestres.

Al igual que el covid–19, algunas de las pandemias de mayor impacto mencionadas anteriormente surgieron a partir de la transmisión de un organismo infeccioso de un animal al ser humano. Se considera que este fenómeno, conocido como zoonosis, data desde que se inició la domesticación de la fauna silvestre y el ser humano empezó a tener un contacto directo y constante con los animales.[11] Este contacto ha permitido que diferentes microorganismos que naturalmente se encuentran en los animales logren mutar para acoplarse al ser humano y afectar su sistema inmune. Sin embargo, es importante reconocer que estos organismos han tenido una presencia natural en los ecosistemas, sin afectar la vida humana, por lo que se deduce que detrás de este tipo de enfermedades está la acción humana, entre otros, por la explotación de recursos. Diferentes autores han logrado establecer que inclusive hay patógenos, como los virus transmitidos por el mosquito Aedes aegypti (como el chikunguya, el zika y el dengue), que tienen mayor prelación en ambientes antropizados o modificados por el hombre, en especial las zonas urbanas, mientras que en ambientes más conservados las poblaciones de este mosquito son mucho menores. Las dinámicas con otras especies permiten el control de estas y por ende hay menor presencia de los virus.[12] En los tiempos modernos, la mayor parte de las epidemias y pandemias (sida, ébola, tuberculosis, gripe aviar) ha tenido un claro origen relacionado con el deterioro ambiental o en conjunto con patrones de consumo poco sustentables. Así, ¿qué puede desencadenar una pandemia?, ¿cuál es nuestra responsabilidad en la crisis que estamos viviendo?

 

  1. Catalizadores de pandemias

Hoy estamos viviendo de muy cerca las consecuencias del covid–19, una enfermedad zoonótica; pero ¿qué tanto hemos pensado en las causas de esta y de otras pandemias? Diferentes grupos de científicos han documentado y han tratado de alertarnos de que la principal causa detrás de las cada vez más recurrentes epidemias es la crisis mundial de la biodiversidad.[13] En términos generales, se han identificado cinco factores que aumentan el surgimiento de las zoonosis: primero, y quizá la causa más evidente, es el tráfico de vida silvestre global ya que de manera muy directa aumenta el contacto entre especies y, por ende, también con sus enfermedades. Por ejemplo, el pangolín, uno de los sospechosos de la actual pandemia, es la víctima número uno del tráfico de especies, siendo utilizada en la medicina tradicional de algunas partes de China y otras partes de Asia.

El segundo factor, y posiblemente el más devastador, es la deforestación y el cambio de uso de suelo que conllevan a la reducción de los hábitats para animales silvestres, lo cual genera en los animales que sobreviven mayor estrés y competencia, haciéndolos más vulnerables ante las enfermedades. La deforestación también propicia mayor contacto entre las especies silvestres y los humanos, exponiéndonos a nuevas enfermedades. Además, la pérdida de hábitat también ocasiona pérdida de especies. La biodiversidad actúa como una barrera que diluye la incidencia de enfermedades. A esto se le conoce en ecología como “efecto de dilución”. Al perder la biodiversidad también estamos perdiendo esa barrera de protección ante las enfermedades, haciendo así que los ecosistemas alterados sean “zonas de riesgo” para la transmisión de epidemias. Lo anterior nos lleva al tercer factor, la agricultura y ganadería intensiva, principales causas de deforestación y pérdida de hábitat. Ya sean los inmensos mares de cultivos de maíz en las planicies del medio oeste de Estados Unidos o las grandes extensiones de soya en la Amazonía, estos ambientes son homogéneos. Esta homogeneidad crea condiciones perfectas para especies oportunistas, es decir, aquellas que se adaptan a vivir en ambientes degradados y que, frecuentemente también son las que suelen ser excelentes reservorios de enfermedades zoonóticas.

Lo anterior nos lleva al cuarto factor, la resistencia antimicrobiana. En específico, el uso excesivo de antibióticos que, en el caso del ganado bovino, a escala mundial se le suministran 8 millones de kg de antibióticos cada año, y no por estar enfermo sino para acelerar la ganancia de peso y para prevenir enfermedades. Este sobreconsumo de antibióticos, lejos de ayudar a que no se generen epidemias, ha producido un efecto contrario al aumentar la resistencia de microorganismos zoonóticos, haciendo que las enfermedades que se presentan sean más problemáticas y resilientes. El cambio climático es otro factor que exacerba todos los demás desastres naturales. Bajo los escenarios de cambio climático se amplifican las principales amenazas que afectan a la biodiversidad y se favorece la expansión de virus y bacterias, o de sus vectores.[14]

 

  1. Comemos pandemias

De los cinco catalizadores de pandemias mencionados en la sección anterior, varios tienen un fuerte vínculo con los sistemas masivos de producción de alimentos; es decir, que se relacionan directamente con lo que ponemos en nuestro plato cotidianamente. La comunidad científica ha realizado esfuerzos importantes para poner en evidencia la insostenibilidad de los patrones de consumo alimentario actuales. Sin embargo, del sistema alimentario se desprenden importantes problemas de índole económico, político, social y cultural que son necesarios considerar, particularmente porque, ante la actual pandemia, ponen en evidencia las brechas de desigualdad en nuestra sociedad:

    • El crecimiento acelerado de la población mundial ha traído como consecuencia la necesidad de extraer una mayor proporción de recursos naturales y la producción de una mayor cantidad de alimentos para suplir las necesidades alimentarias y otras materias primas. Para ello se han desarrollado sistemas productivos extensivos para la producción masiva de alimentos a bajo costo. Adicionalmente, el aumento en la población ha requerido la expansión de las zonas urbanas, trayendo consigo un mayor número de personas que conviven en un mismo territorio, lo cual, como estamos evidenciado con la crisis actual del covid–19, es el escenario ideal para tener mayores tasas de contagio.
    • Esta producción desenfrenada de alimentos ha llevado a que la relación entre la oferta y la demanda no sea equitativa. Es decir, que se está produciendo una mayor cantidad de alimentos de la que se está consumiendo. En las diferentes cadenas de producción se desecha alrededor de 40% de la producción total,[15] lo que contribuye con 6% de las emisiones de gases efecto invernadero. Se estima que 30% de los alimentos que fueron adquiridos en los hogares durante esta pandemia ha sido desechado. Este alto porcentaje de desecho sucede al mismo tiempo que una parte importante de la población (aproximadamente 690 millones de personas) está en condición de hambruna.[16] En otras palabras, tenemos una producción excesiva de alimentos pero con un acceso restringido, lo cual a simple vista no solo resulta ilógico sino que deriva en una falta de ética al tener sistemas productivos alimentarios poco sustentables que profundizan la desigualdad social.
    • Aunado a esto, en la alta tecnificación de los sistemas productivos los alimentos son enriquecidos artificialmente, promoviendo dietas poco nutritivas que generan serios problemas de salud, como la desnutrición infantil, la diabetes y la obesidad. Para el caso particular de México, 14% de la población infantil sufre de desnutrición, mientras que 30% está en la categoría de obesidad. Aun cuando ha crecido la tendencia a consumir alimentos de origen orgánico, es necesario reconocer que los alimentos derivados de los sistemas productivos tecnificados son de menor precio, siendo de más fácil adquisición. Esto ha derivado en que la brecha de desigualdad social también se vea reflejada en una mayor incidencia de problemas de salud. Tal y como se muestra en la pandemia actual, ya que el porcentaje de la población que sufre mayores comorbilidades —como las enfermedades adicionales al covid–19— y tasas de mortalidad, corresponde a la población con menos recursos. Esta situación sufre un agravante adicional si tenemos en cuenta que ha sido el sector de la población que no ha tenido la posibilidad de realizar cuarentenas extensas por la inaplazable necesidad de salir a sus actividades de sustento.
    • Otra de las aristas de esta problemática está relacionada con la responsabilidad gubernamental sobre la regulación de los sistemas productivos. Para el caso particular de México, se tienen numerosos incentivos económicos que favorecen sistemas extensivos como el de la caña de azúcar, la ganadería y el agave, que promueven la pérdida de coberturas de vegetación. La demanda de carne en la década de los años cincuenta era aproximadamente 45 millones de toneladas, y para la actualidad la cifra subió a 300 millones de toneladas, por lo que se estima que se duplicará para el año 2050. En el caso particular de los animales de consumo, estas cifras en aumento han generado que las condiciones de crianza sean en completo hacinamiento e insalubridad, además de poco éticas, dando como resultado la proliferación de enfermedades. Así hemos visto propagarse otras pandemias como la influenza porcina (N1H1), las dos fiebres aviares (N5N1 y H7N9), el coronavirus porcino (HKU15) y el humano (OC43), el virus de Nipah (NiV), entre otras.[17]
    • Por último, se encuentra el factor cultural que es necesario entender y que es particular para cada comunidad, cultura o religión. Aun cuando es necesario siempre promover el libre culto, el consumo de fauna silvestre favorece la proliferación de enfermedades que tienen origen en esa fauna.[18] En este sentido, es necesario poner sobre la mesa la necesidad de regular las prácticas que representen un riesgo colectivo.

Lidiar con los sistemas productivos y su responsabilidad con la aparición de enfermedades y pandemias puede representar un gran reto teniendo en cuenta que:

    • Los sectores que se ven beneficiados económicamente del esquema productivo actual no son los mismos sectores que tienen que lidiar con las consecuencias negativas —por ejemplo, el sistema de salud.[19]
    • No existen suficientes incentivos o restricciones para que el sector privado tenga verdaderos compromisos ambientales y socioeconómicos.
    • En países con grandes brechas de desigualdad social se deben atender problemas de salud y seguridad alimentaria para tener poblaciones más saludables y equitativas para enfrentar emergencias como la actual.

 

  1. El antropocentrismo y su efecto

El antropocentrismo es una postura que convierte a las demás especies en objetos y, de un plumazo, se les quita la cualidad de sujetos. Objetos que se usan para diversos fines: diversión, compañía, terapia o sustitutos de otras personas. La seriedad con la que Omar Giraldo nos presenta este problema es digna de tomarse en cuenta:

La separación del ser humano y la naturaleza es el mayor problema ontológico de la cultura occidental. Lo es porque hemos olvidado que nuestro ser solo es posible que sea en una relación intersubjetiva con todo lo demás, es decir, en el vínculo con otros sujetos plantas, otros sujetos animales, otro sujeto agua, e incluso otros sujetos como el carbón o el petróleo.[20]

Es desde la conciencia de esta postura, de este lugar en el cual nos hemos posicionado con respecto a toda la biosfera, como podremos atender
mejor y resolver en lo posible los deterioros causados por nosotros. Es mucho lo que necesitamos aprender y conocer del tema para poder atender este problema. La pandemia de la ignorancia que subyace en cada
una de las pandemias será la más urgente de atender.

 

 

[*] Profesora investigadora del Centro Interdisciplinario para la Formación y Vinculación Social del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Ecóloga de la restauración con enfoque en la construcción de paisajes agropecuarios sostenibles. Cuenta con amplia experiencia en planeación, gestión y desarrollo de proyectos de investigación básica, aplicada y de desarrollo rural integrando la aplicación de diversas disciplinas, como la ecología de la restauración, la ecología del paisaje y la agroecología. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de México y autora de diversos artículos científicos y capítulos de libro.

[**] Bióloga egresada de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá, Colombia). Realizó sus estudios de maestría y doctorado en el Instituto de Ecología (Xalapa, Veracruz). Sus proyectos de investigación están enfocados en los procesos de degradación de los ecosistemas forestales, la evaluación del capital natural, su vínculo con las comunidades humanas y los servicios ecosistémicos. Actualmente se encuentra realizando una estancia posdoctoral vinculada al Centro Interdisciplinario para la Formación y Vinculación Social (Cifovis) del ITESO, en un proyecto que busca realizar una síntesis global de los esfuerzos de restauración ecológica de selvas secas.

[***] Licenciada en Pedagogía con formación como psicoanalista. Es maestra en Educación Ambiental por la Universidad de Guadalajara. Cuenta con amplia experiencia en diversos proyectos para la transformación social, que van desde la educación pensada y construida para adolescentes (Signos Secundaria y Bachillerato ac) hasta diversos proyectos ambientales, como la fundación del Centro de Cultura Ambiental e Investigación (CCAIE), la Asociación Civil Corazón del Bosque y Casa Küyen.

 

[1]     Real Academia Española (RAE). Diccionario de la lengua española, 2020. Recuperado de https://dle.rae.es/espontáneo

[2]     Castañeda, C. y Ramos, G. “Principales pandemias en la historia de la humanidad”, en Revista Cubana de Pediatría, vol.92, 24, 2020.

[3]     Cfr. Castañeda, C. y Ramos, G. Op. cit., y LePan, N. “Visualizing the history of pandemics”, en Visual Capitalist, 14 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.visualcapitalist.com/history-of-pandemics-deadliest/

[4]     Cfr. LePan, N. Op. cit., y Honigsbaum, M. The pandemic century: one hundred years of panic, hysteria and hubris. Oxford University Press, 2019.

[5]     Cfr. Castañeda, C. y Ramos, G. Op. cit., y LePan, N. Op. cit.

[6]     Idem.

[7]     Honigsbaum, M. Op. cit.

[8]     Cfr. Castañeda, C. y Ramos, G. Op. cit; LePan, N. Op. cit.; Huguet, G. “Grandes pandemias de la historia”, en National Geographic, 25 de marzo de 2020. Recuperado de https://historia.nationalgeographic.com.es/a/grandes-pandemias-historia_15178

[9]     LePan, N. Op. cit.

[10]   Hulcr, J., Latimer, A., Henley, J., Rountree, N., Fierer, N., Lucky, A. et al. “A jungle in there: bacteria in belly buttons are highly diverse, but predictable”, en PLoS ONE, 7 de noviembre de 2012. Recuperado de https://doi.org/10.1371/journal.pone.0047712

[11]   Cfr. Huguet, G. Op. cit., y Vidal, J. “Destruction of habitat and loss of biodiversity are resting the perfect conditions for diseases like covid–19 to Emerge”, en Ensia, 17 de marzo de 2020. Recuperado de https://ensia.com/features/covid-19-coronavirus-biodiversity-planetary-health-zoonoses/

[12]   Price, K. “Expert: To prevent pandemics like covid–19, ‘take care of nature’”, en Conservation International, 27 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.conservation.org/blog/expert-to-prevent-pandemics-like-COVID-19-take-care-of-nature?fbclid=IwAR3RwtLaylTQvssV0iT75vdJX6Yu-806OlTDtsAp1CUczEIj8q1xA4I_934

[13]   Patz, J., Graczyk, T., Geller, N. y Vittor, A. “Effects of environmental change on emerging parasitic diseases”, en International Journal for Parasitology, vol.30, núms.12–13, noviembre de 2000, pp. 1395–1405. Recuperado de https://doi.org/10.1016/S0020-7519(00)00141-7

[14]   McCarthy, S. “One virus caused Covid–19. Scientists say thousands more are in waiting”, en South China Morning Post, 7 de abril de 2020. Recuperado de https://www.scmp.com/news/china/article/3078669/one-virus-caused-covid-19-scientists-say-thousands-more-are-waiting; Jones, K. et al. “Global trends in emerging infectious diseases”, en Nature, núm.451, 2008, pp. 990–993.

[15]   FAO. Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo. Alcance, causas y prevención, Roma, 2012.

[16]   FAO. “Hambre e inseguridad alimentaria”, 2020. Recuperado de http://www.fao.org/hunger/es/

[17]   Cfr. Vidal, J. Op. cit., y Daszak, P. et al. “Anthropogenic change, biodiversity loss, and a new agenda for emerging diseases”, en Journal of Parasitology, vol.89(Suppl.), S37–41, 2003.

[18]   Hulcr, J. et al. Op. cit.

[19]   EcoHealth A. “Future Earth’s top ten challenges for one health”, 2018. Recuperado de https://www.ecohealthalliance.org/wp-content/uploads/2018/06/Future-Earth%E2%80%99s-Top-Ten-Challenges-for-One-Health.pdf

[20]   Giraldo, O. Utopías en la era de la supervivencia. Una interpretación del buen vivir, Ítaca, Ciudad de México, 2014, p.72; tomado de Giraldo, O. “El discurso moderno frente al ‘pachamamismo’: la metáfora de la naturaleza como recurso y el de la Tierra como madre”, en Polis, vol.11, núm.33, 2012, pp. 219–234. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682012000300010

El personal sanitario, diezmado por covid–19 y por la violación a sus derechos humanos

Blanca Guadalupe Arana Aguilar[*]
María de los Ángeles Tejeda[**]
Jorge Valdivia García[***]

 

 

Resumen: El impacto de la pandemia de covid–19 desnudó las carencias del sistema de salud y provocó la violación de múltiples derechos humanos al personal sanitario. En México, durante 2020 más de 97 mil de sus agremiados se contagiaron del virus y más de 1,800 fallecieron a causa de este. Tal número de muertes colocó al país como el número uno en el mundo en la materia y evidenció que se requiere una estrategia complementaria para que se respeten los derechos humanos del personal médico, que es vital para hacer frente a la enfermedad.

Palabras clave: covid–19, salud, personal sanitario, derechos humanos, México.

 

Abstract: The impact of the covid–19 pandemic has laid bare the deficiencies of the health system and led to multiple human rights violations against health care workers. In Mexico, over 97,000 of these workers were infected with the virus over the course of 2020, 1,800 of them fatally. This number of deaths puts Mexico in an ignoble first place worldwide, and points to the urgent need for a complementary strategy to defend health care workers’ human rights, which is vital for dealing effectively with the pandemic.

Key words: covid–19, health, health care workers, human rights, Mexico.

 

 

  1.  Crisis sanitaria y de derechos humanos

Cual jinete del apocalipsis, el virus SARS–CoV–2, causante de la enfermedad conocida como covid–19, se esparció durante 2020 por el mundo causando estragos. Tanto la salud como la vida cotidiana y la economía se vieron afectadas negativamente por la pandemia. También los derechos humanos. Diversas instituciones y organismos, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Amnistía Internacional y Human Rights Watch reportan que en los países donde se padece la crisis sanitaria, derechos como la libertad de expresión y de reunión, al trabajo y a la seguridad social, al libre tránsito, a la alimentación e incluso a la salud y a la vida han sido restringidos y violados, por acción u omisión, multiplicándose los casos de abuso de autoridad, estigma, represión, discriminación, hostigamiento, detenciones arbitrarias y de agresiones, entre otras situaciones denunciadas.[1]

México no es la excepción. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) informó que solo en el lapso de un mes había recibido 767 quejas por presuntas violaciones vinculadas a la pandemia de covid–19. En tanto que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) recibió en seis semanas 224 quejas por actos de discriminación también relacionados con esa enfermedad.[2]

Un sector ha sido especialmente vapuleado por la propagación de covid–19. Se trata de las mujeres y los hombres que laboran en el área de salud. Considerados como la primera línea de defensa contra esta enfermedad, era de esperar que a estos profesionales y a quienes están en los servicios que les dan apoyo se les diera una protección especial ante la relevancia de su papel para hacer frente a la pandemia y el riesgo que enfrentan por el trato directo y la atención que brindan a quienes padecen la enfermedad. En tal sentido han emitido llamamientos la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la ONU a través del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CDESC).[3] Sin embargo, el apoyo no ha sido el requerido.

Aumento en la jornada laboral y sobrecarga de trabajo, falta de capacitación, de adecuados equipos de protección y de suministros para la atención de los enfermos de covid–19, de una compensación económica y seguridad social apropiadas, así como hostigamiento y agresiones, se contabilizan entre los problemas que padece el personal médico, de enfermería, de limpieza y vigilancia de los hospitales, incluidos los conductores de ambulancias, según ha sido denunciado por los afectados.[4] A lo que se suman las “represalias, como el despido e incluso la detención” a quienes han hecho pública esta situación.[5] Lo más grave es que, debido a la carencia de insumos adecuados para protegerse, se dispararon los contagios y fallecimientos por covid–19 entre el personal sanitario. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estimó a principios de septiembre en 570 mil el número de contagiados en este gremio en el continente americano, considerado como la región con mayor número de casos de la enfermedad entre el personal de salud en el mundo.[6]

En cuanto a los fallecimientos, Amnistía Internacional informó que para finales de agosto “al menos 7,000 personas trabajadoras de la salud [habían] muerto en todo el mundo después de contraer Covid–19”.[7] Un aumento de más del doble respecto a los 3,000 decesos que reportó a comienzos de julio.[8] Más de la mitad de los difuntos reportados en agosto se concentraban en América, con tres países del continente encabezando la lista mundial, en la que México —con 1,320 fallecidos para entonces—, ocupó el primer lugar (véase la tabla 5.1).[9]

 

  1. México, entre el dicho, los hechos y los muertos

Los primeros casos de covid–19 en el mundo se reportaron a fines de 2019 en China. La alerta sobre la nueva enfermedad la dio la OMS en enero de 2020 y en marzo la declaró como una pandemia.[10]

En México el primer caso confirmado de covid–19 se registró el 27 de febrero de 2020. Seis meses después el número oficial de contagiados se ubicaba en 599,560 y el de las defunciones en 64,414,[11] con lo que el país se colocó como el octavo lugar mundial en casos positivos acumulados y el cuarto por fallecimientos.[12] Entre el personal de salud, a finales de agosto los infectados totalizaban 97,632 y los muertos 1,320, “la cifra más alta conocida para un solo país”, según destacó Amnistía Internacional.[13]

Para principios de diciembre los contagios entre el personal de salud llegaron a 164,196 y las defunciones a 2,179, un incremento de 68.1% y de 65%, respectivamente, en relación con el cierre de agosto (véase la tabla 5.2). Con ello se alcanzó un promedio de ocho muertes al día entre estos profesionales.[14] Para entonces, el total de casos confirmados de covid–19 en el país sumaban 943,630 y 93,228 los mexicanos muertos por la enfermedad.[15]

Tales cifras se alcanzaron pese a que México tuvo tiempo para prepararse para enfrentar a la pandemia —pues pasaron casi tres meses desde que apareció la enfermedad en China y se detectó el primer caso en el país— y a que el gobierno se manifestó en repetidas ocasiones listo y confiado para atender los casos que se presentasen en territorio nacional. “Estamos preparados para enfrentar la situación. Tenemos los médicos, los especialistas, los hospitales, la capacidad para hacerle frente”, aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador[16] unos días antes de que la OMS declarase al covid–19 como pandemia y cuando ya se sabía que esta enfermedad era altamente contagiosa y de rápida propagación.

La realidad se encargó de desnudar el discurso oficial.

En el caso del sector salud, en diferentes partes de la república se escenificaron protestas para denunciar la falta de insumos, de medicamentos, de protocolos e instalaciones adecuadas para atender a los enfermos de covid–19; la discriminación y ataques por parte de ciudadanos al personal sanitario; los abusos y arbitrariedades por parte de sus empleadores, así como la violación de sus derechos humanos.[17] La respuesta gubernamental fue minimizar el problema, asegurar que se estaban atendiendo las denuncias e incluso la Secretaría de Gobernación emitió un documento para “reforzar las buenas prácticas institucionales” y que se diera un “pleno respeto de los derechos humanos” durante la contingencia sanitaria, tanto de la población en general como del personal sanitario en particular.[18] Sin embargo y pese a ser considerados a escala internacional como uno de los activos más “valiosos” en la lucha contra el covid–19,[19] los ataques y violación de derechos de los profesionales de la salud se siguieron registrando, hasta llegar a las cifras que posicionaron a México en el primer lugar mundial de infectados y decesos en este sector.

 

  1. Los derechos violados

Es una realidad que tanto en México como en el resto del orbe la pandemia de covid–19 ha representado un reto para la atención sanitaria, no solo por tratarse de una nueva y altamente contagiosa enfermedad sino también por los añejos problemas y carencias en la estructura e infraestructura de los sistemas de salud del mundo,[20] donde muchos de sus empleados desempeñan su labor en precarias condiciones, como es el caso de nuestro país. Sin embargo, ello no exenta a sus empleadores, sean del ámbito público o privado, ni los gobiernos respectivos, del respeto a los derechos humanos del personal sanitario.

Derecho a la salud, al trabajo digno, a la libertad de expresión y de reunión, así como a la integridad personal y a la no discriminación se encuentran entre los principales que han sido afectados al personal sanitario en el marco de la pandemia de covid–19 en México, como se verá a continuación.

 

3.1 Derecho a la salud

Reconocido como “un derecho humano fundamental e indispensable para el ejercicio de los demás derechos humanos”, el cual hace referencia al “más alto nivel posible de salud física y mental”, [21] el derecho a la salud se contempla en diversos instrumentos del derecho internacional de derechos humanos (DIDH). Tal es el caso del artículo 25 de la Declaración Universal, el numeral 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), el artículo 11 de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y el artículo 10 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Protocolo de San Salvador). También es descrito ampliamente por el Comité de Derechos Económicos y Sociales en la Observación General 14, que contempla cuatro elementos esenciales e interrelacionados para el derecho a la salud “en todas sus formas y a todos los niveles”: accesibilidad, disponibilidad, aceptabilidad y calidad.[22]

Los elementos de accesibilidad y calidad hacen referencia, entre otras cosas, a que el personal médico y demás profesionales del sector estén capacitados, cuenten con “medicamentos y equipo hospitalario científicamente aprobados y en buen estado”, así como que en todos los establecimientos vinculados con la salud existan las “condiciones sanitarias adecuadas”.[23]

La violación al derecho a la salud, que también está contemplado en el artículo 4 de la Constitución mexicana, se presenta desde el momento en que los trabajadores esenciales, sin importar si las unidades médicas son públicas o privadas, no cuentan con todas las medidas de seguridad. Comenzando por el elemento fundamental del adecuado equipo de protección personal (EPP), el cual disminuye el riesgo de contagio asociado a exposición laboral para evitar accidentes de trabajo o enfermedades profesionales.[24] La importancia de esta herramienta y su falta de suministro ha sido una de las violaciones a los derechos del personal sanitario más graves y comunes, poniendo en peligro su salud e incluso su vida.

Según la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa F. Etienne, casi la mitad de quienes laboran en el sistema de salud mexicano “no recibieron ningún equipo especial para protegerlos”.[25]

Cabe aclarar que el EPP, de acuerdo con el lineamiento técnico sobre su uso y manejo que publicó en mayo de 2020 la Secretaría de Salud, puede incluir: “cubrebocas quirúrgico triple capa, respirador N95, fpp2 o equivalente, protección ocular (goggles o careta), gorro desechable, bata de manga larga impermeable desechable o de algodón y guantes (látex o nitrilo) desechables”.[26]

Si bien para la selección del EPP se toman en cuenta aspectos como la interacción con el paciente o el ambiente, es obligación de las autoridades dotar, o garantizar que lo entreguen las entidades empleadoras —sean públicas o privadas—, de acuerdo con la actividad, el entorno y el procedimiento que realiza el personal médico y de apoyo. Por lo que, desde el momento en que no cuentan con el equipo necesario, se está violando el principio de garantizar condiciones sanitarias adecuadas. Ante la falta de los elementos mínimos del EPP —como lo es el cubrebocas quirúrgico triple capa, que está señalado para todas las áreas, desde el vigilante que se encuentra en la entrada de la unidad hasta para el resto del personal de salud y administrativo e incluso para los pacientes[27]—, empleados del sector salud se han visto en la necesidad de comprar, con recursos propios, algunos o todos los elementos del epp para poder realizar sus funciones básicas, según lo han reportado organizaciones internacionales[28] y lo confirman médicos y enfermeras que fueron entrevistados al respecto para este trabajo.

A lo anterior se suma la falta de preparación en las instalaciones y de capacitación del personal. Los empleados manifiestan no tener rotación de roles que ayuden a equilibrar las cargas de trabajo ni la oportunidad de tomar descansos periódicos. No se sabe sobre un monitoreo de salud mental entre el personal de primera fila. Son pocos los espacios que ofrecen apoyo emocional o psicológico y no se ha hecho una correcta valoración de estados emocionales y los factores generadores de estrés durante la pandemia. Tampoco se ha promovido de manera eficiente y amplia los servicios de salud mental disponibles para ellos.[29] Otra de las violaciones que han sufrido los empleados del sector salud es la valoración en caso de presentar sintomatología respiratoria, faltando la autoridad a mantener las medidas de prevención de infecciones.

 

3.2 Derecho a condiciones seguras y satisfactorias de trabajo

El derecho al trabajo en condiciones satisfactorias se consigna en el artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (artículo 14) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (artículo 7), entre otros instrumentos del DIDH. En el PIDESC se indica que los estados firmantes “reconocen el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial:  […] un salario equitativo […] la seguridad y la higiene en el trabajo […] el descanso, el disfrute del tiempo libre, [y] la limitación razonable de las horas de trabajo”.[30] En sentido similar se manifiesta el Protocolo de San Salvador (artículo 7). México reconoce este derecho en su Constitución (artículo 5 y 123) y en la Ley Federal del Trabajo (artículo 3).

Para garantizar este derecho al personal sanitario la directora de la ops, Carissa F. Etienne, indicó que se requiere “mantener suficientes suministros de EPP y garantizar que todos [los miembros del personal sanitario] estén capacitados de manera efectiva en el control de infecciones para evitar poner en riesgo su salud”.[31] Además, ante un entorno en el que las condiciones de trabajo en el sector han cambiado, volviéndose más inseguras y peligrosas, mencionó que tanto los contratos, horarios, apoyos y remuneraciones también deben modificarse y reflejar “adecuadamente las tareas adicionales que llevan a cabo o el peligro que corren en su puesto de trabajo durante una pandemia”.[32]

En este tenor y ante quejas al respecto registradas tanto en México como en otras latitudes, y que incluyen la falta de atención para aquellos que se contagiaron con el virus SARS–CoV–2, la OMS ha establecido que las entidades empleadoras deben respetar el derecho a una indemnización, rehabilitación y servicios curativos al personal médico y de servicios de apoyo infectado con covid–19 en el lugar de trabajo,[33] al considerar a esta como una “enfermedad profesional derivada de una exposición profesional”.[34] La Organización Internacional del Trabajo (OIT) coincide e indica que en caso de contraer el virus “por exposición en el trabajo, la infección por Covid–19 podría [también] considerarse como un accidente del trabajo”.[35] Lo anterior incluye la atención mental para quienes padecen males asociados al estrés laboral, así como las prestaciones vinculadas a la eventual muerte del personal contagiado con covid–19, como es el caso del apoyo para los gastos funerarios.[36]

 

3.3 Derechos a la libertad de expresión y de reunión

Estos son dos derechos que tienen todas las personas, incluidos, por supuesto, los trabajadores y trabajadoras del sector salud y de sus servicios de apoyo. Están consagrados en la Declaración Universal (artículos 19 y 20), al igual que en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (artículos 4 y 21), la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículos 13 y 15). También los contempla el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos en sus artículos 19 y 21. En la Constitución mexicana la salvaguarda de “la manifestación de las ideas”, de “la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia” y de “asociarse o reunirse pacíficamente” se asienta en los artículos 6, 7 y 9, respectivamente.[37]

En el marco de la pandemia de covid–19 toman relevancia estos derechos porque como consecuencia de las circunstancias mencionadas previamente, así como a causa de amenazas y métodos de presión para evitar que expongan la precaria situación en que se encuentran, en varios países, incluido México, “el personal sanitario y los trabajadores y trabajadoras esenciales han protestado y denunciado la situación, en particular para exigir más EPI y mejores condiciones laborales”.[38] Acciones que, a su vez, han generado represalias violatorias de los derechos humanos, como la “imposición de medidas disciplinarias” y sanciones en el ámbito laboral, que incluyen el despido o la recisión de contratos, e incluso la detención de los manifestantes.[39]

Todo gobierno está obligado a establecer los mecanismos necesarios para permitir que cualquier persona que tenga información sobre irregularidades la pueda difundir sin riesgos y sin temor de represalias, así como proteger a los denunciantes, recuerda Amnistía Internacional, que sale en defensa de la libertad de expresión y de reunión, debido a que son derechos “cruciales desde la perspectiva del derecho de las personas a acceder a información, pues el personal sanitario es una fuente valiosa de información sobre la propagación y la magnitud de la pandemia de Covid–19 y las respuestas del gobierno a ella”.[40] A lo que se suma que este gremio se convirtió en “una importante herramienta” para detectar y entender los riesgos que corren las trabajadoras y los trabajadores de la salud en casos como el de covid–19, que difunden de forma personal y a través de su manifestaciones, “para que los sistemas de salud y los países puedan prepararse mejor en el futuro”.[41]

 

3.4 Derecho a la no discriminación

El derecho a la igualdad y a no ser objeto de discriminación se estipula en la Declaración Universal (artículos 1 y 7) y es reconocido en todos los tratados internacionales, por lo que se le considera una norma de ius cogens; es decir, de obligado cumplimiento y que no admite acuerdo, tratado o ley en contrario por parte de ningún estado. México reconoce este derecho en el artículo 1 de la Constitución.

La ONU recuerda que el respeto a este derecho es una obligación inmediata y que todos los países deben adoptar “las medidas necesarias para prevenir, reducir y eliminar las condiciones y actitudes que generan o perpetúan la discriminación sustantiva o de facto”,[42] tanto en la esfera pública como en la privada.

En los hechos, quienes atienden a los infectados con covid–19 han sufrido la violación a este derecho desde el momento en que el estado no realiza una asignación adecuada de los recursos e insumos necesarios para hacer frente a la pandemia, ya que no se dotó del material necesario, EPP, a todos los hospitales que lo requerían ni a todo el personal potencialmente expuesto.

El estigma y la violencia van aparejados con la discriminación. En México, al igual que en otras partes del mundo, se han reportado casos de personal sanitario que ha sido estigmatizado y agredido en el trayecto hacia o desde su trabajo, así como en el lugar donde laboran e incluso algunos que han sido desalojados de su vivienda, lo que se atribuye a falta de conocimiento del público en general sobre la enfermedad de covid–19.[43] Ante ello, el estado debe garantizar la protección adecuada del personal del sector salud, a través de acciones como proporcionar EPP adecuados y transporte exclusivo, como se hizo en el estado de Jalisco,[44] así como mediante la difusión de información adecuada y creíble sobre la pandemia, “basada en datos”, que permita reducir riesgos, la violencia y la estigmatización; además de “garantizar la rendición de cuentas por los actos de violencia contra personal sanitario”.[45]

 

  1. Perspectivas y pendientes

En 2020 la pandemia de covid–19 puso a prueba tanto al sistema de salud como al gobierno mexicano. Ninguno salió airoso. El alto número de contagios y muertes entre el personal médico —que en este último rubro colocaron al país en el primer lugar mundial—, así como la infecciones y fallecimientos entre la población en general, que para el cierre del año se ubicaban en 1’426,094 y 125,807,[46] respectivamente —ubicando a México como el cuarto país con más decesos por coronavirus en el mundo—, son muestra de ello. La violación de múltiples derechos humanos al personal sanitario, entre los que destacan la discriminación y las agresiones físicas, evidencian que tampoco la sociedad salió bien librada de esta prueba.

Las perspectivas son que la epidemia seguirá presente en México al menos todo 2021,[47] en un entorno en el que el personal sanitario se declara “cansado” tras meses de lucha ininterrumpida contra la pandemia.[48] Ante ello es urgente que el estado mexicano adopte las medidas necesarias y apropiadas en el ámbito legislativo, administrativo y judicial, así como en materia presupuestaria y de cualquier otra índole, con el fin de que sea plenamente efectivo para este gremio el goce de los derechos a la salud, a la integridad física, al trabajo, al descanso, a la libertad de expresión y de reunión, así como a la no discriminación y, sobre todo, a la vida.

En este tenor, el gobierno federal ha publicado documentos como el “Lineamiento técnico de uso y manejo del equipo de protección personal ante la pandemia por Covid–19”, las “Recomendaciones generales para la atención a los integrantes de los equipos de respuesta”, las “Recomendaciones y estrategias generales para la protección y la atención a la salud mental del personal sanitario que opera en los centros Covid y otras instalaciones que prestan atención a los casos sospechosos o confirmados”, así como las “Observaciones sobre violaciones a derechos humanos durante la contingencia sanitaria por Covid–19”. Un paso más allá se dio en Jalisco, donde el Congreso del Estado tipificó, en el Código Penal, las agresiones en contra de personal médico como crímenes de odio.[49] Son avances, sin embargo, se sigue quedando a deber, pues la discriminación, los contagios y las muertes continúan, diezmando cada día más a esta primera y vital línea de defensa contra la enfermedad.

Esto hace evidente que se requiere complementar la estrategia oficial con otra que sirva para visibilizar la violación de derechos humanos que padece el gremio, sensibilizar e involucrar a la sociedad y así lograr que se respeten. Tal es el caso de campañas, masivas y de larga duración, en redes sociales y medios tradicionales para difundir información de apoyo al trabajo que realiza el personal sanitario, los riesgos que toman y rechazando las violaciones a sus derechos. Y, al mismo tiempo, una campaña entre los propios médicos y demás personas que laboran en el sistema de salud, que incluya información sobre sus derechos, para que los conozcan y a partir de ello se puedan prevenir abusos y exigir respeto a estos.

Estamos convencidos de que en la medida en que la sociedad conozca, valore y viva dentro de una cultura de los derechos humanos, su violación debe disminuir y desaparecer. Por ello, esa estrategia debe ser lo más integral, completa y prolongada posible, que comience por la sensibilización y contemple la información, la difusión y la promoción de los derechos humanos en su totalidad, a través de distintas tácticas y acciones que involucren tanto a autoridades como a la gente y al propio personal del sistema de salud.

Ante la exigencia de la pandemia para mejorar el sistema de salud debemos ver esto como una oportunidad para hacer cambios desde una perspectiva de los derechos humanos. Que las medidas que tome el estado vayan más allá de una solución rápida y que sirvan para modificar de fondo un sistema en el que sus trabajadores y trabajadoras han padecido, durante mucho tiempo, violaciones laborales y a derechos humanos, y que ahora se hacen más visibles que nunca. Como bien nos recuerda la ONU: “Las respuestas que están configuradas en función de los derechos humanos y los respetan son más idóneas para vencer la pandemia […] El mundo es igual de fuerte que el sistema de salud más débil”.[50]

 

 

[*] Es licenciada en Asuntos Internacionales por la Universidad de Guadalajara y estudia la Maestría en Derechos Humanos y Paz del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Colaboró en diversas áreas de la Secretaría Particular del Gobernador en los estados de Jalisco y de Nayarit. Es integrante del colectivo Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ). Se enfoca en tácticas de colectivos de familiares de desaparecidos, repertorios e incidencia.

[**] Abogada por la Universidad de Guadalajara y maestranda en Derechos Humanos y Paz en el ITESO. Su enfoque de investigación es la problemática de personas desaparecidas en Jalisco, en específico las políticas de gobierno que han llevado a cambiar al instituto de ciencias forenses estatal. Actualmente se desempeña como coordinadora de protocolo y secretaria particular de la Cónsul General de Estados Unidos en Guadalajara.

[***] Es licenciado en Ciencias de la Comunicación y estudia la Maestría en Derechos Humanos y Paz del ITESO. Reportero y subeditor en la sección de Economía del diario Siglo 21 (1995–1997). Editor de las secciones de Negocios, Ciudad y Región, Universitarios y El Tema en el periódico Público–Milenio (1997–2012). Editor en la Oficina de Publicaciones del ITESO (2012–2021) y escritor. Correo electrónico: jorgevaldivia@iteso.mx

 

 

[1]     Véase: Organización de las Naciones Unidas. “covid–19: Las medidas de emergencia no deben servir de pretexto para abusos y vulneraciones de derechos humanos, dice Bachelet”, 27 de abril de 2020. Recuperado de https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=25828&LangID=S; Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado. Deficiencias en la protección del personal sanitario y que realiza labores esenciales durante la pandemia de Covid19, ai, Londres, 2020. Recuperado el 7 de septiembre de 2020, de https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/07/health-workers-rights-covid-report/; Amnistía Internacional. El costo de curar. Los derechos de las personas trabajadoras de la salud en las Américas durante el Covid19 y más allá, ai, Londres, 2020. Recuperado el 7 de septiembre de 2020, de https://www.amnesty.org/download/Documents/amr0123112020spanish.pdf; Rivas, B. “La oea debe condenar las medidas represivas relacionadas con la pandemia”, 7 septiembre de 2020. Recuperado el 11 de septiembre de 2020, de https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/09/oas-must-condemn-repressive-measures-pandemic/; Human Rights Watch. “Dimensiones de derechos humanos en la respuesta al covid–19”, 31 de marzo de 2020. Recuperado el 10 de septiembre de 2020, de https://www.hrw.org/es/news/2020/03/31/dimensiones-de-derechos-humanos-en-la-respuesta-al-covid-19#_Toc36462301

[2]     Ortiz, A. “Acusan en CNDH 767 violaciones a derechos humanos por Covid–19”, en El Universal, 13 de mayo de 2020. Recuperado de https://www.eluniversal.com.mx/nacion/acusan-en-cndh-767-violaciones-derechos-humanos-por-covid-19

[3]     Cf. Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Declaración sobre la pandemia de enfermedad por coronavirus (covid19) y los derechos económicos, sociales y culturales, E/C.12/2020/1, 17 de abril de 2020. Recuperado el 10 de septiembre de 2020, de https://undocs.org/es/E/C.12/2020/1

[4]     Amnistía Internacional, Expuesto, acallado y atacado…, op. cit. y El costo de curar… op. cit.

[5]     Amnistía Internacional, El costo de curar…, op. cit, p.6.

[6]     BBC News Mundo. “El continente americano, la región del mundo con el mayor número de personal de salud contagiado por coronavirus”, en BBC, 3 de septiembre de 2020. Recuperado el 11 de septiembre de 2020, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-54020606

[7]     Amnistía Internacional. “Análisis de Amnistía Internacional revela que más de 7 mil personas trabajadoras de la salud han muerto a causa de covid–19”, 3 de septiembre de 2020. Recuperado de https://amnistia.org.mx/contenido/index.php/global-analisis-de-amnistia-internacional-revela-que-mas-de-7-mil-personas-trabajadoras-de-la-salud-han-muerto-a-causa-de-covid-19/

[8]     Amnistía Internacional, Expuesto, acallado y atacado…, op. cit.

[9]     El listado completo de fallecimientos por país se puede consultar en: https://www.amnesty.org/en/latest/news/2020/09/mapping-covid19-health-worker-deaths/

[10]   La cronología de la enfermedad y la respuesta de la OMS se pueden consultar en: https://www.who.int/es/news-room/detail/29-06-2020-covidtimeline

[11]   Cifras al 31 de agosto de 2020. Secretaría de Salud. Informe técnico diario Covid–19 México (Comunicado de prensa). Recuperado el 12 de septiembre de 2020, de https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/575461/Comunicado_Tecnico_Diario_COVID-19_2020.08.31.pdf

[12]   “México cierra agosto con 599,560 casos positivos a coronavirus”, en Expansión, 31 de agosto de 2020. Recuperado el 11 de septiembre de 2020, de https://politica.expansion.mx/mexico/2020/08/31/mexico-cierra-agosto-con-599-560-casos-positivos-a-coronavirus

[13]   Amnistía Internacional. “Análisis de Amnistía Internacional revela…”, op. cit.

[14]   “Por covid–19, ocho muertes de personal médico al día”, en El Informador, 15 de diciembre de 2020. Recuperado el 20 de diciembre de 2020, de https://www.informador.mx/Por-COVID-19-ocho-muertes-de-personal-medico-al-dia-l202012150001.html

[15]   “México supera las 93 mil muertes por covid–19; van 1,884 defunciones en personal de salud”, en Animal Político, 4 de noviembre de 2020. Recuperado el 20 de noviembre de 2020, de https://www.animalpolitico.com/2020/11/mexico-93-mil-muertes-covid-19-personal-salud/

[16]   López, Andrés Manuel. “México está preparado para hacer frente al coronavirus: gobierno federal; llaman a no generar pánico”, 28 de febrero de 2020. Recuperado de https://lopezobrador.org.mx/2020/02/28/mexico-esta-preparado-para-hacer-frente-al-coronavirus-gobierno-federal-llaman-a-no-generar-panico/

[17]   Ortiz, A., op. cit.; González, M. “Coronavirus: el preocupante aumento de agresiones en México contra personal médico que combate el covid–19”, en BBC, 17 de abril de 2020. Recuperado el 12 de septiembre de 2020, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52319044; “La cdmx vive jornada de protestas de médicos por insumos contra covid–19”, en Expansión, 27 de abril de 2020. Recuperado el 11 de septiembre de 2020, de https://politica.expansion.mx/mexico/2020/04/27/la-cdmx-vive-jornada-de-protestas-de-medicos-por-insumos-contra-coronavirus; Moreno, T. “Trabajadores de salud en México protestan por falta de equipamiento contra Covid–19”, en El Universal, 23 de marzo de 2020. Recuperado el 11 de septiembre de 2020, de https://www.eluniversal.com.mx/nacion/seguridad/coronavirus-medicos-y-enfermeras-del-pais-protestan-por-falta-de-equipamiento; Secretaría de Gobernación. “Observaciones sobre violaciones a derechos humanos durante la contingencia sanitaria por covid–19”, 2 de julio de 2020. Recuperado el 9 de septiembre de 2020, de https://www.gob.mx/segob/documentos/observaciones-sobre-violaciones-a-derechos-humanos-cometidas-durante-la-contingencia-sanitaria-por-covid-19?state=published

[18]   Secretaría de Gobernación. Op. cit.

[19]   Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado…, op. cit.

[20]   Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado…, op. cit. y El costo de curar, op. cit.; Cienfuentes, C. “Sistemas de salud en el mundo son puestos a prueba por el Covid–19”, en La Tercera, 18 de abril, 2020. Recuperado el 16 de diciembre de 2020, de https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/sistemas-de-salud-en-el-mundo-son-puestos-a-prueba-por-el-covid-19/vfdrxee56jg5nbpvvzps6sklbe/; Junta de Monitoreo de la Preparación Mundial. Un mundo desorganizado. Recuperado el 16 de diciembre de 2020, de https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/gpmb_awid_es_2020_es.pdf

[21]   CDESC. Observación general No 14: El derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud: 11/08/2000. E/C.12/2000/4, 11 de agosto de 2000, párr. 1 y 2. Recuperado el 11 de septiembre de 2020, de https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2001/1451.pdf

[22]   Ibid, párr. 12 e incisos a, b, c y d.

[23]   Ibid., párr. 12a y 12b.

[24]   Se considera como enfermedad profesional a aquella “que se sabe provienen de la exposición a sustancias o condiciones peligrosas inherentes a ciertos procesos, oficios u ocupaciones”: Organización Internacional del Trabajo. “Recomendación sobre las prestaciones en caso de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales”, 8 de julio de 1964, inciso 6. Recuperado el 12 de septiembre de 2020, de https://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=normlexpub:12100:0::no::p12100_ilo_code:r121

[25]   Alday, R. y mcci. “The Lancet dice que México es el país con más trabajadores sanitarios muertos por covid–19”, 18 de septiembre de 2020. Recuperado el 19 de noviembre de 2020, de https://contralacorrupcion.mx/mexico-pais-con-mas-trabajadores-sanitarios-muertos-covid-19/

[26]   Secretaría de Salud. Lineamiento técnico de uso y manejo del equipo de protección personal ante la pandemia por Covid–19, 12 de mayo de 2020, p.3. Recuperado de https://coronavirus.gob.mx/wp-content/uploads/2020/05/Lineamiento_uso_manejo_EPP_COVID-19.pdf

[27]   Idem.

[28]   Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado…, op. cit.

[29]   Ibid., pp. 24–27 y Amnistía Internacional, El costo de curar…, op. cit., p.11.

[30]   Organización de las Naciones Unidas. Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 16 de diciembre de 1966. Recuperado el 12 de abril de 2020, de https://www.ohchr.org/Documents/ProfessionalInterest/cescr_SP.pdf

[31]   Organización Panamericana de la Salud. “Cerca de 570.000 trabajadores de la salud se han infectado y 2.500 han muerto por covid–19 en las Américas”, 2 de septiembre de 2020. Recuperado el 11 de septiembre de 2020, de https://www.paho.org/es/noticias/2-9-2020-cerca-570000-trabajadores-salud-se-han-infectado-2500-han-muerto-por-covid-19

[32]   Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado…, op. cit., p.28.

[33]   Ibid., pp. 29–30.

[34]   Ibid., p.53.

[35]   Ibid., p.30.

[36]   Ibid., pp. 14–30 y 50–52.

[37]   Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, FCE, Ciudad de México, 1917/2006 (2ª ed.)

[38]   Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado…, op. cit., p.31.

[39]   Amnistía Internacional. “Global: El personal sanitario, silenciado, expuesto y atacado”, 13 de julio de 2020. Recuperado el 9 de octubre, de 2020, de https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/07/health-workers-rights-covid-report/ Véase también: Badillo, D. “Persisten agravios contra trabajadores del sector salud que atienden la pandemia de Covid–19 en México”, en El Economista, 16 de junio de 2020. Recuperado el 9 de noviembre de 2020, de https://www.eleconomista.com.mx/politica/Persisten-agravios-contra-trabajadores-del-sector-salud-que-atienden-la-pandemia-de-Covid-19-en-Mexico-20200616-0114.html

[40]   Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado…, op. cit., p.32.

[41]   Ibidem, p.20.

[42]   CDESC. Observación general Nº 20. La no discriminación y los derechos económicos, sociales y culturales. E/C.12/GC/20, 2 de julio de 2009, párr.8b. Recuperado el 10 de septiembre de 2020, de https://www2.ohchr.org/english/bodies/cescr/docs/E.C.12.GC.20_sp.doc

[43]   Amnistía Internacional. Expuesto, acallado y atacado…, op. cit. Pradilla, A. y Vega, A. “‘Se siente frustración, ¿por qué nos agreden?’: médicos son discriminados durante emergencia por covid–19”, en Animal Político, 14 de abril de 2020. Recuperado el 19 de noviembre de 2020, de https://www.animalpolitico.com/2020/04/medicos-agresiones-discriminacion-pandemia-covid-19/

[44]   Reza, G. “Jalisco implementa transporte exclusivo y gratuito para personal médico”, en Proceso, 3 de abril de 2020. Recuperado el 20 de noviembre de 2020, de https://www.proceso.com.mx/nacional/2020/4/3/jalisco-implementa-transporte-exclusivo-gratuito-para-personal-medico-240838.html

[45]   Ibidem, p.42.

[46]   Cifras al 31 de diciembre de 2020, tomadas de: Secretaría de Salud. Informe Técnico Diario Covid–19 México, 31 de diciembre de 2020. Recuperado el 2 de enero de 2021, de https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/603816/Comunicado_Tecnico_Diario_COVID-19_2020.12.31.pdf

[47]   Corral, A. “A pesar de vacuna, epidemia de covid–19 seguirá al menos todo el 2021: López–Gatell”, en Milenio. Recuperado el 18 de diciembre de 2020, de https://www.milenio.com/politica/lopez-gatell-epidemia-de-covid-19-seguira-al-menos-todo-2021

[48]   Pantoja, S. “Los médicos, al límite”, en Proceso, 19 de diciembre de 2020. Recuperado el 20 de diciembre de 2020, de https://www.proceso.com.mx/reportajes/2020/12/19/los-medicos-al-limite-254879.html

[49]   La reforma se hizo el 23 de abril de 2020, en los artículos 202 bis, que contempla delitos contra la dignidad de las personas, 203, 206, 207 y 208, duplicando la sanción económica y estableciendo una pena de hasta ocho años de cárcel en el caso de agresiones al personal de salud; véase: Barajas, D. “Congreso de Jalisco aumenta castigos por agredir a personal de salud”, en Milenio, 24 de abril de 2020. Recuperado el 16 de septiembre de 2020, de https://www.milenio.com/politica/coronavirus-jalisco-agresiones-doctores-sancionaran-carcel; Chávez, V. “Severas sanciones para quien agreda o lesione al personal médico en Jalisco”, en El Occidental, 28 de abril de 2020. Recuperado el 16 de septiembre de 2020, de https://www.eloccidental.com.mx/local/severas-sanciones-para-quien-agreda-o-lesione-al-personal-medico-en-jalisco-hospitales-medicos-doctores-cloro-5163753.html

[50]   ONU. La covid–19 y los derechos humanos En esto estamos todos juntos, 20–06344 (S), abril de 2020, pp. 2 y 21. Recuperado el 20 de noviembre de 2020, de https://www.un.org/sites/un2.un.org/files/human_rights_and_covid19_spanish.pdf

 

Juntas paramos las violencias: movilizaciones feministas en torno al 8 y 9 de marzo en Guadalajara

Susana Larios Murillo[*]
Carmen Díaz Alba[**]

 

Resumen: El objetivo de este artículo es analizar el proceso organizativo del paro y la movilización del 8m en Guadalajara. Organizamos nuestras reflexiones en tres apartados. En el primero de ellos explicamos los elementos contextuales que permiten entender la magnitud de este 8m. En el segundo nos centraremos en el proceso de consolidación, así como la manera en la que se articula la red feminista #YoVoy8deMarzo para organizar la jornada de paro y la movilización en la ciudad. Continuamos con algunas observaciones sobre las implicaciones que tuvo el llamado nacional al paro del 9m. Finalmente presentamos algunas interrogantes que quedan abiertas en el momento actual y que permiten imaginar los horizontes de posibilidad del movimiento feminista en la ciudad.

Palabras clave: feminismo, movimientos sociales, protesta, mujeres, violencia

Abstract: The objective of this article is to analyze the organizational process of the 8M work stoppage and mobilization in Guadalajara. We organize our reflections in three sections. In the first we explain the contextual elements that shed light on the magnitude of this 8m. In the second part we focus on the consolidation process, as well as the way the feminist network #YoVoy8deMarzo coordinated efforts to organize the work stoppage and mobilization in the city. Then we offer some observations about the implications of the national call for the work stoppage on 9m. Finally, we pose some questions that are still open and that suggest certain horizons of possibility for the feminist movement in the city.

Key words: feminism, social movements, protest, women, violence

 

En los últimos años los discursos y las prácticas feministas se han expandido. Las marchas multitudinarias, los performances que dan la vuelta al mundo, las vigilias y los encuentros de mujeres se han convertido en momentos extraordinarios que llenan las primeras planas de la prensa y el espectro mediático. Sin embargo, observar y analizar el movimiento feminista sin dar cuenta de sus desplazamientos subterráneos[1] no solo es un error metodológico sino también político, que invisibiliza la larga historia de resistencia y lucha por la vida que las mujeres, en diferentes contextos, hemos sostenido.[2]

Como señala Regalado Santillán, en las universidades nos han enseñado una epistemología estadocéntrica y de dominación, en la que no cabe nada que no esté dentro de los márgenes institucionales.[3] Siguiendo esta lógica, nos hemos acostumbrado a obviar los aspectos cotidianos de las luchas, aquellos que se traman en las relaciones cotidianas, en las discusiones en asamblea, en los acuerdos y desacuerdos, en la micropolítica de la vida.

En el mismo sentido, Staggenborg y Taylor advierten que en el estudio de los movimientos sociales se suele enfatizar la acción política y el análisis de las protestas.[4] Si bien es un elemento fundamental de los movimientos sociales, las autoras argumentan que se invisibiliza el enorme trabajo orientado al cambio cultural y a la construcción de identidad colectiva, que ha sido clave en los movimientos feministas. En este sentido las autoras invitan a ampliar la mirada hacia acciones menos mediáticas y utilizar distintas formas de evaluar los impactos de los movimientos para, de esta manera, tener un análisis más integral.

El objetivo de este artículo es analizar el proceso organizativo del paro y la movilización del 8m[5] en Guadalajara. Lo hacemos desde un pensar situado que implica, como explica Gago, nuestras experiencias, recursos y trayectorias.[6] Escribimos desde lo local y haciendo uso de nuestra memoria como mujeres, profesoras y feministas cercanas a los procesos de la Red Feminista #YoVoy8deMarzo.[7] Nos centramos en este momento debido a que, por sus características, permite comprender la manera en la que el movimiento feminista se articula en la ciudad.

Organizamos nuestras reflexiones en tres apartados. En el primero de ellos explicamos los elementos contextuales que permiten entender la magnitud de este 8m. En un segundo momento nos centraremos en el proceso de consolidación, así como la manera en la que se articula la
red feminista #YoVoy8deMarzo para organizar la jornada de paro y
la movilización en la ciudad. Continuamos con algunas observaciones sobre las implicaciones que tuvo el llamado nacional al paro del 9m. Finalmente presentamos algunas interrogantes que quedan abiertas en el momento actual y que permiten imaginar los horizontes de posibilidad del movimiento feminista en la ciudad.

 

  1. ¿Cómo llegamos al 8m? Notas sobre la coyuntura política

Como han insistido las investigadoras feministas, es necesario observar las particularidades, los puntos de anclaje, las reivindicaciones y los
procesos en cada territorio.[8] En este apartado reflexionamos sobre
los acontecimientos que nos ayudan a comprender el momento político que significó el 8m en México para después centrarnos en el proceso organizativo que se desarrolló en Guadalajara y que derivó en una de las movilizaciones más grandes de las que se tiene registro en la ciudad.[9]

Raquel Gutiérrez señala que en México nos cuesta mucho trabajo organizar la experiencia de las luchas de las mujeres, ya que estas se despliegan en contextos de amenaza inminente en los que se tejen las violencias de los grupos de la delincuencia organizada con la violencia de estado.[10] Al peligro que implica vivir en un país en el que diariamente son asesinadas 10 mujeres y niñas,[11] hay que sumarle el peligro asociado a la militancia. Sin embargo, más que un impedimento para que las redes feministas se fortalezcan y sigan creciendo esto ha sido un impulso para visibilizar la precariedad de las vidas femeninas y feminizadas, atravesadas por violencias de distintas intensidades, todas con raíz patriarcal.

Para comprender la manera en la que llegamos al 8 de marzo nos centraremos en tres sucesos que atizaron la discusión sobre las posibilidades de la protesta y que, de alguna manera, ayudan a explicar las reacciones que se vivieron en ese día. El primero de estos sucesos fue la propuesta del Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, de reformar el artículo 325 del Código Penal Federal. El cambio implicaba considerar una razón de género y no las siete que marca actualmente la ley.[12] Las activistas feministas plantearon que este cambio implicaría un retroceso en los años de lucha por la tipificación de este delito.

El segundo acontecimiento fue el femicidio de Ingrid Escamilla, una joven mujer de 25 años, asesinada por su pareja en la Ciudad de México. Las imágenes de su brutal asesinato fueron publicadas en las portadas de la prensa nacional, lo que desató una fuerte movilización en la que se manifestó el rechazo a la exposición de las víctimas de violencia en los medios de comunicación, pero sobre todo la condena por la brutalidad de su feminicidio. En las marchas en la Ciudad de México hubo episodios de violencia que fueron condenados por grupos opositores al movimiento feminista, que cuestionaron las formas de la manifestación.

Unos días después circuló la noticia de la desaparición y el hallazgo del cuerpo sin vida de Fátima, una niña de siete años, a quien una mujer se llevó de la puerta de su escuela en Santiago Tulyehualco, en la alcaldía de Xochimilco. Hoy se sabe que Fátima fue violada y torturada. De nueva cuenta, el repudio no se hizo esperar. Esta era la gota que colmaba el vaso.

Estos dos feminicidios sacudieron a la sociedad mexicana y pusieron sobre la mesa el desbordamiento de la violencia contra las mujeres y la ineficacia y condescendencia con que el gobierno actúa ante las violencias que enfrentamos las mujeres. Al presidente se le ha acusado de desdeñar la lucha de las mujeres y no considerarla una prioridad del gobierno por declaraciones como la siguiente: “Le pido a las feministas, con todo respeto, que no nos pinten las puertas, las paredes, que estamos trabajando para que no haya feminicidios, que no somos simuladores, y que no esperen que nosotros actuemos como represores, que no nos confundan”.[13]

 

  1. El 8 de marzo: la lucha por los derechos de las mujeres

El domingo 8 de marzo de 2020 las calles de Guadalajara se llenaron de mujeres que tomaron el espacio público para hacer visibles sus reivindicaciones. El slogan —acordado por la asamblea de la red feminista #YoVoy8deMarzo— fue “por una vida digna, juntas paramos las violencias”. Ninguna de las organizadoras se imaginó el tamaño que tendría la movilización ese día. Mujeres de muy diversas procedencias y edades —pero en gran medida jóvenes—, algunas sin ni siquiera reconocerse abiertamente feministas, marcharon por primera vez.[14] Tal vez impulsadas por el miedo a pensar “la siguiente podría ser yo” y el hartazgo frente a la impunidad.

En América Latina las movilizaciones feministas tienen una vitalidad que no se veía desde hacía mucho tiempo. Desde Argentina hasta México resuenan las demandas de #NiUnaMenos #MiPrimerAcoso #MeToo o #AmiTambién; las reivindicaciones de la marea verde y las denuncias de “Un violador en tu camino” de Las Tesis en Chile han tenido amplio eco en el continente. Diversos grupos de trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) reconocieron la expansión y actualidad del pensamiento feminista como un “signo de este tiempo”:

Sus alcances inéditos dan cuenta de luchas de larga data, de logros y saltos cualitativos conseguidos con tenacidad e imaginación, pero expresan también la necesidad compartida por la mayoría de las mujeres de hacer frente a nuevas y persistentes formas de dominación e injusticia de género, a una contraofensiva reaccionaria que pone en riesgo los avances ya conseguidos y el logro de las transformaciones pendientes para nosotras y nuestras sociedades.[15]

Como lo señalamos antes, la movilización en Guadalajara es fruto de un trabajo sostenido por muchos años de colectivos y organizaciones feministas, así como de asambleas semanales previas al 8m en las que se discutieron los qué, cómo y con quiénes de la manifestación. Desde 2014, año con año, la red feminista #YoVoy8deMarzo ha convocado a manifestarse en fechas clave como el 8 de marzo o el 25 de noviembre.[16] En cada ocasión se ha acompañado con estrategias de comunicación digital con hashtags como #YoVoy8deMarzo #NuestraLaNoche #NosotrasPorNosotras #NiUnaMenos #VivasNosQueremos y #FeminicidioEmergenciaNacional.

En 2017, al llamado a la marcha se sumó la organización de una jornada de talleres y reflexión feminista.[17] En aquella ocasión el espacio ocupado fue la glorieta de los Niños Héroes (ahora llamada la glorieta de las y los desaparecidos), con el slogan “Si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras” y el hashtag #NosotrasParamos. En 2018, unos días después de la visita de la historiadora feminista Silvia Federici a la ciudad, nuevamente se convocó a una jornada de protesta que incluía talleres, charlas y movilización alrededor de los hashtags #NosOrganizamosParaSeguirVivas, #8MParo.[18] Un año más tarde las actividades comenzaron frente a la rotonda de las y los jaliscienses ilustres, con el slogan “8m–organizadas paramos las violencias” y el hashtag #LuchamosComo que buscaba visibilizar las luchas cotidianas de las mujeres.[19]

El 8 de marzo de 2020 en Guadalajara significó un momento de consolidación organizativa, en el que después de años de trabajo se logró una de las manifestaciones más numerosas en la historia de la ciudad. Más
de 35 mil mujeres, según cifras oficiales.[20] Pero más allá de los números lo que se vivió fue impresionante, el mar de mujeres sobre avenida Juárez no se detenía y si ibas al inicio del contingente era imposible ver el final de la marcha. En la glorieta de las y los desaparecidos la imagen no era menor, los ojos no daban para dimensionar y el audio dispuesto para la lectura del pronunciamiento era, por decir lo menos, insuficiente.

Este trabajo previo de preparación que, como hemos señalado, suele
ser invisibilizado tanto en los medios de comunicación como en trabajos académicos, implicó reuniones semanales y trabajo de diversas
comisiones de la asamblea: seguridad, logística, comunicación, intervención, registro audiovisual y acompañamiento a las familias de
personas desaparecidas o víctimas de feminicidio. Fue justamente en este espacio donde se decidió que, dado el contexto del estado de Jalisco, las familias de personas desaparecidas o víctimas de feminicidio irían al frente de la movilización.[21]

Como en años anteriores, el llamado no fue solamente a la marcha, sino también a una jornada de actividades político–culturales que
incluían una diversidad de charlas y talleres: desde el clítoris a cómo armar un esténcil, pasando por autodefensa, batucada, conversatorios sobre luchas contra el despojo, derechos de las trabajadoras, acoso sexual, genealogías de mujeres en la historia, antiespecismo, Mujeres que luchan, y una plática de cierre con las familias de personas desaparecidas o víctimas de feminicidio titulada “Lucha, memoria y justicia”. Todo esto acompañado de comida gratuita, pintas de carteles, tendedero de denuncias, radio bocina de una radio comunitaria y hasta una ludoteca para niñas y niños.

Un par de semanas antes de la movilización comenzaron a circular mensajes que buscaban sembrar miedo entre las asistentes a la marcha. En la asamblea se discutió la importancia de tomar medidas, sin sembrar pánico, ya que los mensajes hablaban de la intención de atacar a las participantes con ácido. El miedo que se sentía, lejos de paralizarnos, permitió plantear estrategias de cuidado y autocuidado que comenzaron a circular como parte de la estrategia de seguridad. Uno de los logros más importantes en este sentido fue la creación de un grupo autogestionado de médicas y paramédicas organizadas para hacer frente a las amenazas y asistir a las participantes.

La movilización era tan grande que el trabajo de la comisión de seguridad quedó rebasado, pero en todos los contingentes circulaba la idea de que entre todas nos cuidamos.[22] Durante la movilización se vivieron momentos de tensión que hicieron que muchas mujeres abandonaran la marcha o que se provocaran estampidas. Pero también fue posible ver la manera en la que la solidaridad se manifestaba: mujeres que no se conocían estaban dispuestas a ayudar y acompañar a otras.

Una vez que llegó la noche algunas participantes comenzaron a dispersarse de manera rápida; la oscuridad sigue siendo un factor de percepción de inseguridad. Al final se leyó un posicionamiento que se construyó de manera participativa, del cual recuperamos un extracto que destaca la necesidad de construir otras relaciones entre mujeres:

Ya no es suficiente exigir a las autoridades el reconocimiento y la aplicación de nuestros derechos; ahora es el momento de hacer un llamado de nosotras para nosotras para repensar nuestras acciones, para imaginar una política insurgente de la ternura, para inventar otras relaciones a partir de la empatía, de los dolores e ilusiones que afectan al OTRX, para posibilitar que los cuidados sean compartidos.[23]

Fue una hermosa demostración del poder de las mujeres, sobre todo de la potencia de las jóvenes, y de que juntas paramos las violencias.

 

  1. 9 de marzo: #UnDíaSinNosotras

El llamado al paro de mujeres tampoco es nuevo. Uno de sus antecedentes data del 24 de octubre de 1975, cuando en Islandia el “día libre de las mujeres” convocó a cerca del 90% de la población femenina. Vigdis Finnbogadottir, quien luego sería la primera presidenta de ese país, narra que “lo que ocurrió ese día fue el primer paso para la emancipación de las mujeres en Islandia. Paralizó el país por completo y abrió los ojos de muchos hombres”.[24]

En los últimos años la idea del paro o huelga feminista se posicionó fuertemente en países de todo el mundo para visibilizar las persistentes desigualdades de género, y México no fue la excepción. Como señalamos anteriormente, el llamado a parar encontró eco también en Guadalajara desde hacía por lo menos cuatro años. Sin embargo, esta reivindicación estaba circunscrita principalmente a mujeres que ya participaban en el movimiento feminista.

En 2020 el colectivo Las Brujas del Mar de nuevo convocó a un paro nacional. En esta ocasión la indignación generada por los feminicidios de Ingrid y Fátima, así como la atención mediática hizo que el llamado al paro nacional se volviera viral. #UnDíaSinNosotras exhortaba a las mujeres a desaparecer del trabajo, de la escuela, de los trabajos de la casa y de cuidados.[25]

A la iniciativa se sumaron voces públicas de un espectro sumamente diverso: artistas, mujeres en la política, comunicadoras. Pocos días después incluso instancias de gobierno, empresas y universidades se sumaban a la idea del paro para poner de manifiesto el hartazgo ante la violencia de género.[26] Muchas feministas denunciaron lo que veían como oportunismo y cooptación del discurso sin realmente comprometerse a llevar a cabo cambios de fondo.[27] Hubo un intenso debate entre quienes argumentaban que no necesitábamos “pedir permiso” para parar, pero al mismo tiempo se reconocía que un paro de labores “no autorizado” quedaba fuera de las posibilidades de las mujeres más precarizadas.

En medio de la polémica la voz de uno de los movimientos que más legitimidad tiene en México se manifestaba en torno al paro. Un comunicado de las mujeres zapatistas, dirigido a las mujeres que luchan, en México y en el mundo, afirmaba que después de consultarlo con las bases del movimiento habían decidido sumarse al paro del 9 de marzo.[28] Nuevamente traemos a la memoria que el proceso organizativo de las mujeres zapatistas es de larga data. Solo a manera de ejemplo, en los dos años anteriores (marzo de 2018 y diciembre de 2019) miles de mujeres se dieron cita en territorio zapatista en los encuentros de Mujeres que luchan. Uno de los acuerdos derivados de esta reunión fue manifestarse el 8 de marzo, “cada quien, según su modo, su lugar y su tiempo”, y que la demanda principal fuera detener la violencia contra las mujeres.

Las zapatistas denunciaban la “súbita” conciencia y sensibilidad de los poderosos que “ni siquiera pueden quitarse su modo patriarcal porque hasta dicen que les dan ‘permiso’ a las mujeres para que protesten porque las matan”. Recordaron que lo que marcaría las jornadas del 8 y 9 de marzo es que las mujeres “vamos a luchar por nuestra vida con todos los medios” y que no estamos solas: “porque cualquier mujer, sea una, o unas cuantas, o muchas, que luchen por la vida, deben saber que no están solas. Porque nuestro pensamiento es que, si las ausentes, las asesinadas, las desaparecidas y las encarceladas deben saber que no están solas, pues con mayor razón las vivas que luchan”.[29]

Así, el 9 de marzo las mujeres zapatistas acordaron no presentarse a sus trabajos como autoridades, mandos organizativos, militares, comisionadas de educación o salud: “Así será nuestro modo de decirles que apoyamos esa idea del 9 de marzo sin mujeres, como una iniciativa más de las mujeres que luchan por la vida. Y como las mujeres indígenas somos mayoría en la autonomía zapatista, pues ese día se va a parar la autonomía zapatista”.[30]

 

  1. Después de las movilizaciones: ¿qué sigue?

Sin duda estos días de efervescencia generaron y siguen generando consecuencias importantes.[31] ¿Qué sigue? ¿Cómo aprovechamos este impulso para avanzar en torno a la igualdad de género y la erradicación de la violencia contra las mujeres? Falta todavía mucho camino por recorrer. ¿Cómo construimos espacios libres de violencia de género y participamos activamente en el desmantelamiento de prácticas sexistas? ¿Y cómo visibilizamos también luchas menos mediatizadas, por ejemplo, la de las de las trabajadoras del hogar?

El momentum generado esos días se vio bruscamente interrumpido por la contingencia sanitaria debida al covid–19. La pandemia ha dejado nuevamente al descubierto las desigualdades entre hombres y mujeres en el reparto del trabajo doméstico y de cuidados, la vulnerabilidad de las trabajadoras del hogar, la exacerbación de la violencia de género ante el imperativo de “quédate en casa” y la ineficaz respuesta del gobierno con su campaña “Cuenta hasta diez”. Al mismo tiempo se abre el espacio para, utilizando las herramientas digitales, socializar más ampliamente alternativas que desde el feminismo se han planteado desde hace muchos años: la importancia del trabajo de los cuidados y la reproducción de la vida[32] y la necesidad de pensar en salidas colectivas y solidarias a la crisis.[33]

El aprendizaje más importante de estos años de articulación política entre mujeres es que si partimos de poner al centro la vida podemos tejer una amplia red de solidaridades entre luchas, como señala Mariana Menéndez Díaz: “Señalar el hilo de la violencia cotidiana con los rasgos estructurales del sistema de dominación implica darle sentido general a lo que se nos presenta fragmentado. Abona a la comprensión de la lucha feminista como parte de un torrente de luchas donde nada nos es ajeno si partimos de defender la vida”.[34]

 

[*] Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Guadalajara. Profesora del Departamento de Estudios Socioculturales del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Integrante del círculo feminista Las Insolentes. Correo: susana.larios88@gmail.com

[**] Profesora investigadora del Departamento de Formación Humana en el ITESO. Es doctora en Ciencias Sociales por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Integrante del colectivo Femibici y la batucada feminista. Correo: cdiaza@iteso.mx

 

[1]       Zibechi, R. “Insurrecciones silenciosas”, en La Jornada, 10 de noviembre de 2017.

[2]       A manera de ejemplo, citamos el trabajo de recuperación histórica del movimiento feminista en México: Espinosa G. y A. Lau (coords.) Un fantasma recorre el siglo: luchas feministas en México 19102010, UNAM / ITACA / Conacyt Ciudad de México, 2011.

[3]       Regalado Santillán, J. “Notas deshilvanadas sobre otra epistemología”, en Tetreault, D.; H. Ochoa García y E. Hernández González (coords.), Conflictos socioambientales y alternativas de la sociedad civil, ITESO, Tlaquepaque, 2010, p.233.

[4]       Staggenborg, S. y V. Taylor. “Whatever happened to the Women’s Movement?”, en Mobilization: An International Journal, vol.10, núm.1, 2015, pp. 37–52.

[5]       A lo largo del texto utilizaremos esta abreviatura para hacer referencia al 8 de marzo como fecha histórica de visibilización de las luchas de las mujeres.

[6]       Gago, V. La potencia feminista. O el deseo de cambiarlo todo, Tinta Limón, Buenos Aires, 2019, p.11.

[7]       Nos centramos en la red porque consideramos que es un esfuerzo por articular en acciones conjuntas a los distintos colectivos que hay en la ciudad.

[8]       Menéndez Díaz, M. “8 de marzo: entre el acontecimiento y las tramas”, en Varios autores, 8m Constelación feminista ¿Cuál es tu lucha? ¿Cuál es tu huelga?, Tinta Limón, Buenos Aires, 2018, pp. 73–84.

[9]       “El miedo cambió de bando”: más de 35 mil mujeres tomaron las calles e hicieron historia en Guadalajara”. En ZonaDocs, 9 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2020/03/09/el-miedo-cambio-de-bando-mas-35-mil-mujeres-tomaron-las-calles-e-hicieron-historia-en-guadalajara/

[10]     Gutiérrez Aguilar, R. “La lucha de las mujeres contra todas las violencias en México: reunir fragmentos para hallar sentido”, en Varios autores, 8m Constelación feminista ¿Cuál es tu lucha? ¿Cuál es tu huelga?, Tinta Limón, Buenos Aires, 2018, p.26.

[11]     Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública. En México no existen datos oficiales desagregados sobre los asesinatos de mujeres lesbianas y mujeres trans que nos permitan dimensionar el problema de los crímenes de odio por razón de identidad sexual.

[12]     Garduño, R. y E. Méndez. “Propone Gertz Manero a diputados nueva tipificación del feminicidio”, en La Jornada, 11 de febrero 2020. Recuperado de https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2020/02/11/propone-gertz-manero-a-diputados-nueva-tipificacion-del-feminicidio-6017.html

[13]     “Pide AMLO a feministas ‘que no nos pinten las puertas, las paredes’”. En El Universal, 17 de febrero de 2020. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=invs1jlo_va

[14]     Desde días previos se intuía ya que habría muchas mujeres que irían por primera vez a marchar, por lo que se compartían ya recomendaciones, como la del artículo “Marchas por primera vez este 8m”. En ZonaDocs, 7 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2020/03/07/marchas-por-primera-vez-este-8m-aqui-te-compartimos-algunos-consejos/

[15]     Grupos de trabajo CLACSO: Feminismos, resistencias y procesos emancipatorios; Género, (des)igualdades y derechos en tensión; Epistemologías del Sur; Familias, géneros y diversidades; Afrodescendencias y propuestas contrahegemónicas; Economía Feminista, y Cuerpos, territorios y resistencias, que colaboraron como autor invitado en Gentili, P. “Contrapuntos. #nosotrasparamos. Contra el patriarcado, contra la violencia de género. Por la vida y la igualdad”, en El País, 6 de marzo de 2018. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2018/03/05/contrapuntos/1520284271_801228.html

[16]     Díaz Alba, C. “Feministas en movimiento. La red #YoVoy8deMarzo”, en Pleyers G. y M. Garza Zepeda (coords.), México en movimientos, resistencias y alternativas, ma Porrúa/UABJ/UA, Oaxaca/Ciudad Juárez, 2017.

[17]     “Mujeres tapatías se suman a #YoVoy8deMarzo”, en El Informador, 7 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.informador.mx/Jalisco/Mujeres-tapatias-se-suman-a-YoVoy8deMarzo-20170307-0056.html

[18]     Hernández Fuentes, M. “Se sumará Jalisco a paro de mujeres”, en El Diario NTR, 2 de marzo de 2018. Recuperado de https://www.ntrguadalajara.com/post.php?id_nota=93821

[19]     Multimedios Digital. “Organizan jornada feminista para protestar contra violencia”, en Telediario Guadalajara, 8 de marzo de 2019. Recuperado de https://gdl.telediario.mx/local/organizan-jornada-feminista-para-protestar-contra-violencia

[20]     Bobadilla, R. “Miles de mujeres marchan en Guadalajara el 8m; Autoridades reportan saldo blanco”, en El Informador, 8 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.informador.mx/jalisco/Miles-de-mujeres-marchan-en-Guadalajara-el-8M-autoridades-reportan-saldo-blanco-20200308-0073.html

[21]     “Por una vida digna, miles de mujeres en Jalisco protestan este 8m”. En Animal Político, 8 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.animalpolitico.com/2020/03/protesta-mujeres-jalisco-8m/

[22]     En la comisión de seguridad participaron alrededor de 35 mujeres, enfocadas a distintas tareas entre las que se encuentran el cierre de calles, la autodefensa, el señalamiento y aislamiento de provocadores, comunicación entre los distintos puntos de la marcha.

[23]     Red Feminista #YoVoy8deMarzo. “Pronunciamiento”, 8 de marzo de 2020. Recuperado de: https://www.facebook.com/espacio.Cuerpos.parlantes/posts/2582461781858723?__tn__=K-R

[24]     “El día en que Islandia se convirtió en el país más feminista del mundo”. En bbc, 1 de noviembre de 2015. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151024_islandia_mujeres_huelga_lb

[25]     Méndez, O. “Por qué las mujeres realizarán un paro nacional el 9 de marzo”, en El Universal, 7 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.eluniversal.com.mx/nacion/por-que-las-mujeres-realizaran-paro-nacional-el-9-de-marzo

[26]     Beauregard, L.P. “México secunda una histórica huelga de mujeres después de la abrumadora marcha del 8m”, en El País, 3 de marzo de 2020. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2020-03-09/mexico-afronta-un-historico-paro-de-mujeres-despues-de-la-abrumadora-marcha-del-8m.html

[27]     Por ejemplo, “Industrias electrónicas en Jalisco simulan ‘paro de mujeres’”. En ZonaDocs, 9 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.zonadocs.mx/2020/03/09/industrias-electronicas-en-jalisco-simulan-paro-de-mujeres-sin-ellas-sus-empresas-colapsarian/

[28]     “No necesitamos permiso para luchar por la vida. Las mujeres zapatistas se unen al paro nacional del 9 de marzo”. En Enlace Zapatista, 3 de marzo de 2020. Recuperado de http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2020/03/01/no-necesitamos-permiso-para-luchar-por-la-vida-las-mujeres-zapatistas-se-unen-al-paro-nacional-del-9-de-marzo/

[29]     Ibidem.

[30]     Ibid.

[31]     Sánchez Barbosa, L. “El acuerdo es vivir: el 8m en Guadalajara y alrededores”, en Territorio, 5 de mayo de 2020. Recuperado de https://territorio.mx/el-acuerdo-es-vivir/

[32]     Federici, S. “Capitalismo, reproducción y cuarentena”, en Lobo Suelto, 20 de abril de 2020. Recuperado de http://lobosuelto.com/capitalismo-reproduccion-y-cuarentena-silvia-federici/

[33]     Sbriller, L. y S. de la Torre. “Imaginarios para salir del desastre: Conversación entre Angela Davis y Naomi Klein”, en Revista Anfibia, Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires, 6 de mayo de 2020. Recuperado de http://revistaanfibia.com/ensayo/imaginarios-salir-del-desastre/

[34]     Menéndez Díaz, M. “8 de marzo: entre el acontecimiento y las tramas”, en Varios autores, 8m Constelación feminista ¿Cuál es tu lucha? ¿Cuál es tu huelga?, Tinta Limón, Buenos Aires, 2018, p.83.

 

Comunicación pública del gobierno federal mexicano en el contexto de covid–19

Juan S. Larrosa–Fuentes[*]

 

Resumen: Este artículo busca abordar la estrategia de comunicación pública del gobierno federal para enfrentar la pandemia provocada por el SRAS–CoV–2. Para cumplir ese objetivo, primero, la propuesta es entender y ponderar cuál es la importancia de la comunicación pública en un escenario de crisis. Después, en las siguientes secciones, se analiza la gestión de la comunicación pública del gobierno federal. Esta es una primera observación inacabada, pues la pandemia sigue y seguirá en curso en los próximos meses y, probablemente, años.

Palabras clave: comunicación pública, covid–19, gobierno federal, estrategia de comunicación

 

Abstract: This article looks at the federal government’s public communication strategy in dealing with the SARS–CoV–2 coronavirus pandemic. The proposal is first to understand and consider the importance of public communication in a crisis scenario. Then, the author analyzes the federal government’s management of public communication. This is an initial and necessarily incomplete observation, because the pandemic is still raging and will continue to do so for months and probably years.

Key words: public communication, covid–19, federal government, communication strategy

 

  1. La comunicación pública como mecanismo para la supervivencia humana

Para comenzar este trabajo te pido, como lector, que hagas un ejercicio de imaginación. Este ejercicio es un método de indagación y ha sido común entre los filósofos políticos, quienes se han preguntado, retóricamente, cómo fueron las comunidades humanas primigenias. Este método se conoce como el “estado de naturaleza” y ha sido empleado por filósofos como Hobbes, Rousseau y Marx, por nombrar algunos. Miranda Fricker, filósofa política, señala que “debemos entender el estado de naturaleza como una sociedad humana reducida a lo mínimo (una sociedad con la mínima organización social) en la que las personas viven en grupos y, por tanto, comparten algunas necesidades básicas”.[1] Este método, escribe, “consiste en construir un escenario ficticio de estado de naturaleza como base para extraer conclusiones filosóficas acerca de un concepto o institución”.[2] En este caso el concepto que se indaga es el de comunicación pública. Te pido, pues, que pensemos bajo ese marco. Por supuesto, hay que guardar las proporciones. Este ejercicio no pretende igualarse con la obra de los filósofos políticos; la tarea es mucho más humilde.

Imaginemos una comunidad en estado de naturaleza de apenas unas decenas de personas. Esta comunidad es pequeña, lejana a las ciudades en las que vivimos la mayor parte de los que habitamos este planeta. En la comunidad no hay tecnologías para el trasporte y la comunicación como las conocemos en la actualidad. Tampoco tienen armas de destrucción masiva ni método científico ni muchas otras cosas de nuestra vida contemporánea. Pero la comunidad sí conoce y hace uso del lenguaje.

Ahora imagina que de pronto, y sin ningún tipo de advertencia, se desarrolla un peligro muy grande para la comunidad que pone en riesgo su existencia. La comunidad se enfrenta, desde ese momento, al constante ataque de jaurías de animales salvajes. Nunca habían visto a esos animales, no conocen nada de ellos, pero muy pronto se percatan de que pueden e intentan matar a los miembros de la comunidad.

¿Qué es lo que este grupo de personas hace para salvar la vida y, por tanto, asegurar la reproducción de la comunidad en el tiempo? Lo primero que hacen es recolectar información sobre la amenaza que se cierne sobre la comunidad; información que es puesta en común entre los individuos. Es un acto de producción de conocimiento sobre el problema que los acecha. Después, a partir de esos primeros conocimientos, las personas discuten qué hacer: organizan reuniones en las que valoran una y otra medida para paliar la amenaza. Una vez que recolectan información crean conocimiento colectivo y discuten qué hacer. El tercer paso es organizarse para poner en marcha las medidas que diseñaron a partir del conocimiento que construyeron en común.

Como se puede observar, todas las prácticas que pone la comunidad en acción están estructuradas por procesos de comunicación interpersonal y grupal. Esto indica que la comunicación entre los miembros de la comunidad es vital para que la jauría de animales no los aniquile. Por ello podemos decir que este tipo de comunicación, la comunicación pública, está relacionada directamente con la “supervivencia” y “la reproducción social”, que no es otra cosa que “la perpetuación de una comunidad”.[3] Es pública porque se refiere a los “intereses compartidos por una colectividad”.[4] En este caso, el interés es sobrevivir colectivamente al ataque animal.

De este ejercicio imaginario podemos deducir que la comunicación pública cumple, al menos, tres funciones esenciales para la reproducción social de las comunidades humanas. La primera es una función epistémica, pues a partir de procesos comunicativos los seres humanos construyen conocimiento sobre su entorno y los peligros que los acechan. La segunda es una función de difusión y tiene que ver con la distribución y socialización del conocimiento construido. La tercera es una función organizativa, en la cual la comunicación opera como un mecanismo que permite que las personas que integran una comunidad se organicen para llevar a cabo acciones colectivas. Tanto Fricker como Martín Serrano, los dos autores que hasta ahora he invocado, llegan a conclusiones similares sobre la importancia de la comunicación para la supervivencia humana.

Hasta aquí el ejercicio de imaginación. Ahora regresemos al presente, que se desarrolla en junio de 2020 y en medio de una crisis
de salud que asola a la comunidad global. Al igual que en el estado de naturaleza, o estado natural, como comunidades (locales, nacionales, globales), tenemos que hacer frente a un peligro que amenaza nuestra supervivencia y la reproducción social. El covid–19 es real para los seres humanos, pues muchos han muerto por los problemas de salud que causa este virus. Ante un escenario en el que no hay tratamientos o vacunas para paliar este problema la herramienta más importante que tenemos como humanidad es la comunicación pública. A través de ella podemos generar conocimiento que ayude a combatir la propagación del virus, distribuir y poner a circular este conocimiento de forma masiva, y organizarnos para participar en acciones colectivas que ayuden a resolver la crisis.

 

  1. Producción epistémica: ¿quién nos ataca y cómo defendernos?

El primer elemento que imaginamos en el ejercicio de la sección anterior fue cómo, a partir de distintos procesos de comunicación, se genera conocimiento para que una comunidad sepa qué es lo que está pasando y cuáles peligros enfrenta. Presentar un análisis sobre cómo se genera conocimiento durante una pandemia podría ser objeto de un libro entero. Por ello, por cuestiones de espacio, me concentraré tan solo en cómo es que el gobierno federal ha gestionado procesos de producción epistémica. El análisis es con brocha gorda y después habrá que hacer análisis mucho más detallados.

Desde el gobierno federal la producción de conocimiento de la pandemia ha sido comandada por la Secretaría de Salud y por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Estas dos instituciones se han encargado de monitorear el desarrollo de la pandemia que comenzó hacia finales de 2019; de generar datos y predicciones sobre cómo el coronavirus se esparce entre la población mexicana, así como de diseñar estrategias para hacer frente a esta contingencia. Como se puede ver, algo muy similar a lo que ocurría en nuestro ejemplo ficticio sobre el estado de naturaleza. Por supuesto, en cualquier sociedad contemporánea la división del trabajo epistémico y la sofisticación del proceso se ha incrementado notablemente.

Esta producción epistémica puede observarse desde distintas perspectivas. En este caso la mirada es desde la comunicación pública; desde ahí se pueden analizar varios elementos. Por ejemplo, en términos de comunicación pública es muy importante la trasparencia sobre cómo se discute y construye el conocimiento. Al respecto ha sido notorio que el gobierno federal ha ido de menos a más en cuestiones de trasparencia. Luego de la insistencia de periodistas la información estadística sobre la pandemia se publicó en Internet en una modalidad de datos abiertos, así como los datos derivados del modelo ama,[5] que ha servido para hacer inferencias y predicciones sobre la pandemia.[6]

Por otra parte, ha sido notoria la concentración y centralización del trabajo epistémico —y político—. La organización que ha impulsado el gobierno federal se ubica en la Ciudad de México y no se ha observado ningún tipo de esfuerzo que articule a las autoridades y científicos que habitan y trabajan en la capital con centros epistémicos de otros estados. Esto ha traído sesgos importantes, como que la producción epistémica se concentre en lo que está ocurriendo en el Valle de México (que comprende la ciudad y el estado de México), y se marginen otras partes del territorio nacional. En contrapunto, según ha comunicado el gobierno federal, ha existido una gran dificultad para obtener datos confiables sobre la epidemia a partir de los registros de todos los hospitales públicos y privados del país. Esto ha ocasionado que tengamos mucha información de la Ciudad de México y de algunas zonas urbanas y poca de otras partes del país. La concentración y la centralización del poder comunicativo no es algo nuevo, sino un rasgo que ha estado presente en México desde hace mucho tiempo.[7]

Finalmente, otro aspecto importante sobre la producción epistémica tiene que ver con la diversidad de quienes han participado en la generación de este conocimiento. Al menos desde lo que el gobierno federal ha comunicado en las conferencias del presidente de la república y de la Secretaría de Salud, es evidente que el trabajo que se ha privilegiado es el de conocer el número de infectados y de muertos, así como las predicciones de lo que ocurrirá en el futuro. Un fenómeno similar a lo que en comunicación política y en un contexto electoral se ha nombrado como “carrera de caballos”,[8] donde el ángulo predominante de la discusión pública es sobre quién va a la cabeza de la contienda electoral. En el caso que nos ocupa lo central ha sido ver cuáles estados van a la cabeza en infecciones y defunciones y cómo se compara México con otros países. Estos datos son importantes. Sin embargo, hay muchas otras miradas desde las cuales la producción de conocimiento podría afrontarse. Así, ha brillado por su ausencia, o por su baja presencia, conocimiento emanado de psicólogos sociales, antropólogos, geógrafos, científicos de datos, pedagogos y más. En particular, es evidente la falta de especialistas en comunicación pública, institucional, social, política, educativa, de la ciencia, entre otras.

Todos estos procesos epistémicos se estructuran a partir de infinidad de procesos de comunicación interpersonal y grupal materializadas en reuniones plenarias, llamadas telefónicas, conferencias académicas, entre muchas otras. Esta serie de comunicaciones cae en la definición de comunicación pública porque los científicos, académicos y funcionarios públicos están abordando problemas que interesan a todos los que habitamos este país. Como se observa, la publicidad de estos procesos de producción de conocimiento no ha sido la óptima.[9]

 

  1. Difusión del conocimiento y el plan de acción

En el ejercicio imaginario la comunidad produjo conocimiento sobre la amenaza en ciernes y acordó medidas para contrarrestarla. El siguiente paso fue distribuir este conocimiento entre toda la población. Esta acción, que es la función de difusión de la comunicación pública, tiene por objetivo que todos los miembros de la comunidad tengan el mismo conocimiento sobre algo y que puedan actuar en consecuencia de manera colectiva y organizada. Por lo general, cuando de manera cotidiana se habla de la “estrategia de comunicación” se hace referencia exclusivamente a este paso, que ocurre cuando una institución o agente difunde conocimiento o contenidos de forma estratégica. Desde la propuesta de análisis que propongo la difusión es una de las funciones de la comunicación pública, pero no la única ni necesariamente la más importante.

En el caso de marras el gobierno federal diseñó estrategias para difundir el conocimiento generado sobre la propagación del coronavirus en México, así como las estrategias para su mitigación. A grandes rasgos este conocimiento científico, político y logístico se ha difundido a través de cuatro estrategias. La primera es una página web (coronavirus.gob.mx) que concentra una gran cantidad de información técnica generada por el gobierno. La segunda son las conferencias de prensa que de lunes a viernes ofrece el presidente de México, mejor conocidas como “las mañaneras”. Ahí el presidente retoma el tema del coronavirus desde una dimensión política, como la relación con los empresarios y gobernadores de los estados, entre otras. La tercera son las conferencias vespertinas, que se dividen en dos y que tienen un carácter técnico. De seis a siete de la tarde hay una sobre las estrategias económicas y sociales del gobierno y de siete a ocho otra sobre información actualizada de la pandemia en clave epidemiológica y de salud pública. Por último, casi todos los sábados el presidente produce videos en los que habla de forma general sobre la pandemia desde perspectivas éticas y morales.

Los actos a través de los cuales se difunde el conocimiento sobre la pandemia, es decir, las conferencias de prensa, son difundidos a través de redes como Facebook, Twitter y YouTube. La mecánica es que diversas instituciones del gobierno federal, como la Presidencia de la República, el Instituto Mexicano del Seguro Social, la Secretaría de
Salud, entre muchas otras, trasmiten en vivo estos actos comunicativos desde sus cuentas institucionales. Además, las conferencias son trasmitidas por algunos medios públicos como el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano.

A primera vista pareciera que, al menos en términos logísticos, la estrategia de difusión del gobierno federal es robusta. Sin embargo, con una revisión detallada se puede observar que es insuficiente. En el análisis del estado de naturaleza podemos ver que un elemento para que sobreviva la comunidad es que todos sus miembros obtengan conocimiento. Como se puede ver, la estrategia del gobierno federal está sustentada en la distribución de conocimiento a través de tecnologías e infraestructuras digitales como páginas de internet y redes sociales. Esto es insuficiente en un país en donde, según el más reciente informe del Instituto Reuters, México tiene una penetración de Internet de 66%, lo cual implica que un tercio de la población no tiene acceso a la red. En otras palabras, unas 40 millones de personas están excluidas.[10] Además, el hecho de que haya 66% de penetración en Internet no quiere decir que todas esas personas utilicen regularmente la red para informarse.[11] El gobierno federal no tiene la infraestructura necesaria para ofrecer un acceso universal a la población mexicana respecto del conocimiento sobre la pandemia.

El gobierno federal tuvo que echar mano de otras infraestructuras comunicativas para difundir el conocimiento y las medidas de organización sobre la pandemia. La radio y la televisión, que siguen siendo las redes de comunicación que tienen una mayor penetración en México y en las que mucha gente todavía obtiene su información, fueron otros canales para la comunicación pública.[12] Una vía ha sido a través del sistema de medios públicos, aunque este sistema está lejos de tener una cobertura universal.

Este escenario, en el que el gobierno federal no cuenta con un sistema de radiodifusión y telecomunicaciones propio que le permita llegar a toda la población, hizo que tuviera que delegar mucho del trabajo comunicativo a empresas privadas. Tal como ocurre en muchos otros países del mundo las televisoras, radiodifusoras, periódicos y medios digitales se encargaron de difundir parte del conocimiento necesario para sortear la pandemia. Aquí vale la pena hacer notar que un sistema de medios públicos de alcance universal y con buen financiamiento es tan importante como un sistema hospitalario para atender la pandemia. Lo cierto es que en México ambos sistemas han vivido crónicamente con un bajo presupuesto y lejos de una condición óptima.

Finalmente, es importante señalar que el gobierno federal no tomó en cuenta o descartó —no lo sé— la comunicación interpersonal. Aunque supondría un ejercicio caro y con riesgos para la salud, sería muy importante que en ciertas zonas del país se informara directamente, a través de comunicación interpersonal, y no mediada por radio, televisión o medios digitales, sobre los cuidados que deben tenerse frente al covid–19. Por ejemplo, en el “Programa de detección de casos covid–19 y sus contactos” que presentó en junio la jefa de Gobierno de la Ciudad de México se incluyó, como primer punto, la visita de casa por casa para informar al respecto.

 

  1. La comunicación pública en un contexto de polarización y de déficit infraestructural

En este ensayo he argumentado que la comunicación pública es de suma relevancia para que las comunidades humanas puedan sobrevivir a la pandemia. En el caso mexicano las estrategias de comunicación pública se han desarrollado en un contexto de alta polarización política y de un déficit infraestructural de sistemas de comunicación.

La pandemia llegó cuando México está en medio de un periodo en el cual hay una importante disputa por el poder político. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha roto muchas de las alianzas políticas en el país y dibujado un terreno altamente polarizado entre los que están a favor y en contra de la autodenominada “cuarta transformación”. En este escenario la producción y difusión de conocimiento sobre la pandemia se ha visto afectada por esta realidad política.

Por una parte, el gobierno federal no ha podido o querido incorporar a una diversidad de actores políticos y científicos para afrontar el peligro que supone el covid–19 y en no pocas ocasiones ha hecho oídos sordos, e incluso desacreditado, a voces críticas en contra del gobierno. Por otra parte, los adversarios de la “cuarta transformación” han aprovechado el momento para criticar, a diestra y siniestra, la actuación del gobierno. En ambos bandos se han observado estrategias sucias de producción de desinformación y propaganda, lo cual ha afectado notablemente la comunicación pública.

Una buena estrategia de comunicación pública requiere que se trasparente, descentralice y diversifique la producción de conocimiento sobre la pandemia. Sería deseable que los distintos estados del país compartieran, dentro de un marco federalista, criterios epidemiológicos, políticos y económicos para hacer frente a la contingencia sanitaria.

Finalmente, un breve comentario sobre el déficit de infraestructura de comunicación pública, el cual es grave. Al comenzar la pandemia México no tenía, ni tiene, un sistema de comunicación que pudiera llegar a todos sus ciudadanos. Las dos redes comunicativas del país que tienen una cobertura prácticamente universal, la de televisión terrestre y de telefonía celular son privadas y pertenecen a Televisa, Televisión Azteca y a Telcel. Ante un sistema de comunicación privatizado casi en su totalidad y con gran influencia en la opinión pública el gobierno ha tenido poco margen de operación.

Un caso ejemplifica lo anterior. El empresario Ricardo Salinas Pliego utilizó el noticiario “Hechos” de su televisora, tv Azteca, para contradecir el plan de acción de salud pública impulsada por el gobierno —un plan que se basó, durante algunas semanas, en el confinamiento y el distanciamiento social. Esto es gravísimo pues envió mensajes disonantes a millones de mexicanos. Esa disonancia impide una acción colectiva bien organizada.

En esta coyuntura observamos a políticos y empresarios que no les importa “la supervivencia de la especie”. Por el contrario, les importa la ganancia electoral y económica de sus organizaciones. El país merece una desescalada en esta tensión política. La exigencia es que el gobierno federal, antes que pensar en las elecciones de 2021, piense en el bien colectivo que es la salud de los mexicanos y que, en este caso, los empresarios de la radiodifusión y las telecomunicaciones hagan una reconversión en favor de estrategias de comunicación pública —aun a costa de sus negocios.— De lo contrario la batalla existencial en contra del coronavirus será mucho más costosa en términos de vidas humanas.

 

[*] Obtuvo los grados de licenciado, maestro y doctor por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), la Universidad de Guadalajara y la Universidad de Temple, respectivamente. Ha sido profesor universitario en estas tres casas de estudio. En la actualidad, es profesor de tiempo completo en el Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel 1). Sus intereses se concentran en la comunicación política, el periodismo y la economía política de la comunicación y la cultura. www.juan-larrosa.com; correo: larrosa@iteso.mx.

 

[1]       Fricker, M. Injusticia epistémica, Herder, Barcelona, 2017, cap. 5.

[2]       Ibidem.

[3]       Martín Serrano, M. “La comunicación pública y la supervivencia”, en Diálogos de la comunicación, núm.39, 1994, p.5.

[4]       Ibidem.

[5]       Se puede consultar más información en https://coronavirus.conacyt.mx/proyectos/ama.html

[6]       Capistran, M.A.; A. Capella y J.A. Christen. “Forecasting Hospital Demand during covid–19 Pandemic Outbreaks”, 2 de junio de 2020. Recuperado de https://arxiv.org/abs/2006.01873v2

[7]       Sánchez Ruiz, E. Centralización, poder y comunicación en México, Comunicación y Sociedad (Cuadernos del CEIC, 3) Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 1987.

[8]       Iyengar, S.; H. Norpoth, y K.S. Hahn. “Consumer Demand for Election News: The Horserace Sells”, en The Journal of Politics, vol.66, núm.1, 2004, pp. 157–175. Recuperado de https://doi.org/10.1046/j.1468-2508.2004.00146.x

[9]       Para revisar el concepto de “publicidad”, véase Habermas, J.; F. Lennox y S. Lennox. “The Public Sphere: An Encyclopedia Article (1964)”, en New German Critique 1, núm. 3, octubre de 1974, pp. 49–55. Recuperado de http://www.jstor.org/stable/487737

[10]     Newman, N. et al. “Reuters Institute Digital News Report 2020”, Reuters Institute for the Study of Journalism, Oxford, 2020, p.93.

[11]     Véase, por ejemplo, Larrosa-Fuentes, J.S. “Ni todos pueden ni todos quieren participar. Uso y explotación de la infraestructura material del sistema de comunicación política en Internet durante el proceso electoral Guadalajara 2015”, en Paláu Cardona, M.M.S. Medios de comunicación y derecho a la información en Jalisco, 2015, ITESO, Tlaquepaque, 2016, pp. 75–86.

[12]     IFT. Encuesta nacional de consumo de contenidos audiovisuales, IFT, Ciudad de México, 2018. Recuperado de http://www.ift.org.mx/sites/default/files/contenidogeneral/medios-y-contenidos-audiovisuales/encca18nacional.pdf

 

La paradoja de los derechos humanos

en la era de covid–19[*]

Alejandro Anaya Muñoz[**]

 

Resumen: El artículo se centra en los efectos de las medidas de distanciamiento social, principal herramienta adoptada por los gobiernos para intentar controlar la propagación del SRAS–CoV–2, causante de la enfermedad covid–19. Para ello explora la medida en que estas medidas están y seguirán afectando los derechos económicos y sociales, poniendo especial atención en el caso de México. Este análisis nos lleva a concluir que estaremos enfrentando la peor crisis socioeconómica en la era de los derechos humanos en el país y el mundo, lo que nos lleva a una paradoja perturbadora: para salvaguardar el derecho a la vida de cientos de miles de personas se están afectando los derechos económicos y sociales de muchas más. Con base en ello se subrayan tres tensiones entre los derechos humanos en la práctica y lo que plantean propuestas teóricas tradicionales o dominantes sobre los derechos humanos, sus principios y su papel como doctrina moral pública con un estatus especial.

Palabras clave: derechos humanos, covid–19, derechos económicos y sociales, interdependencia, consecuencialismo, indivisibilidad

 

Abstract: The article focuses on the effects of social distancing measures, the main tool adopted by governments to control the spread of the SARS–CoV–2 virus, the cause of the disease known as covid–19. It explores the extent to which these measures are now affecting and will continue to affect economic and social rights, paying special attention to the case of Mexico. This analysis leads us to conclude that we will be facing the worst socio–economic crisis of the country’s and the world’s human rights era, which suggests a disturbing paradox: to safeguard the right to life of hundreds of thousands of people, the economic and social rights of many more are being compromised. On this basis, the author highlights three tensions between human rights in practice and traditional or mainstream theoretical proposals regarding human rights, their principles and their role as public moral doctrine with a special status.

Key words: human rights, covid–19, economic and social rights, interdependence, consequentialism, indivisibility

 

La pandemia de covid–19 está causando cientos de miles de muertes y afectando la salud de millones de personas en todo el mundo. Los gobiernos se han visto obligados a adoptar medidas radicales para salvaguardar la vida de las personas y evitar la saturación de sus sistemas de salud. Con ese fin adoptaron medidas generalizadas y agresivas de “distanciamiento social”,[1] las cuales están afectando la dinámica económica de manera brutal en el mundo entero. México, por supuesto, no es la excepción. En términos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), aunque estamos ante “una crisis sanitaria, la pandemia también tendrá un inevitable impacto en la economía, el comercio, los empleos, el bienestar y las condiciones de vida de la población”.[2] Las medidas de distanciamiento social adoptadas para limitar la propagación de covid–19 están afectando y continuarán afectando en el corto y mediano plazos la vigencia de derechos, como el derecho al trabajo y a un ingreso que posibilite una vida digna, a la seguridad social, al acceso a servicios médicos adecuados, a la educación y la vivienda de calidad, entre otros derechos económicos y sociales (DES).

El presente artículo empieza explorando la extensión en que las medidas de distanciamiento social están y seguirán afectando distintos des, con un énfasis empírico particular en el caso de México, en el que encuentra un panorama desolador. El artículo concluye que estaremos enfrentando la peor crisis de des en el país, al menos desde la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). A partir de este análisis empírico el artículo resalta la paradoja de los derechos humanos en la era del covid–19: para salvaguardar el derecho a la vida de cientos de miles (tal vez millones) de personas se están afectando los des de muchas más. A la luz de esta paradoja el artículo identifica tres tensiones entre los derechos humanos en la práctica y lo que plantean propuestas teóricas tradicionales o dominantes sobre los derechos humanos, sus principios y su papel como doctrina moral pública con un estatus especial.

 

  1. El covid–19, el distanciamiento social y los des

Como sugerí líneas arriba, las afectaciones más directas e inmediatas de la pandemia del covid–19 se han dado sobre la vigencia de los derechos a la vida y la salud. Hacia mediados de junio 2020 más de 348 mil personas habían muerto en el mundo por esta enfermedad. En México la cifra era de más de 17,600 fallecidos.[3] Por otro lado, como es bien conocido, el SRAS–CoV–2, causante de la enfermedad covid–19, es un virus altamente contagioso, que genera procesos de propagación que si no son objeto de medidas oportunas de intervención (como la instrumentación a tiempo de medidas de distanciamiento social) pueden darse de manera exponencial y salirse de control, ocasionando así un gran número de muertes. A pesar de la adopción de medidas de distanciamiento social hasta mediados de junio se habían identificado más de 8 millones de personas infectadas a escala mundial; poco más de 150 mil de ellas en México. Muchas de estas personas han requerido acceso a servicios de salud especializados y los sistemas de salud no estaban preparados para ello, ni siquiera en las naciones más desarrolladas.[4]

El derecho a la vida ha sido, pues, afectado por la pandemia de covid–19 en sí, y el derecho al acceso a servicios de salud adecuados por la falta de capacidades de los sistemas de salud o la falta de debida diligencia o la corrupción de los gobiernos. Sin embargo, más allá de ello, como sugerí en la introducción, las medidas de distanciamiento social adoptadas para intentar disminuir el número de contagios —y por lo tanto el número de personas enfermas y muertas— han ocasionado una crisis económica sin precedentes. En un primer momento las bolsas de valores de todo el mundo y los precios del petróleo se desplomaron, y aunque los mercados parecen haberse estabilizado un poco se espera que la mayoría de las principales economías del mundo entren en recesión este año. En este contexto millones de personas han perdido sus empleos.[5] En el caso de México, hacia finales de mayo de 2020 el Banco de México estimó que la economía del país podría caer hasta 8.8% en el año.[6] El impacto en el empleo formal ha sido ya brutal: hacia principios de mayo se habían perdido más de 700 mil puestos de trabajo en la economía formal,[7] mientras que hacia finales del mes el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, calculó que se perderían un millón de empleos formales en el año.[8] El Banco Interamericano de Desarrollo (bid), por su parte, estimó que si la recesión económica se prolonga se podrían perder más de dos millones y medio de empleos formales.[9] A principios de junio, no obstante, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), encontró, mediante la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE)[10] —levantada en abril de
2020— que solo en el cuarto mes del año entre 9.1 y 14.9 millones de personas dejaron de ser parte de la población económicamente activa (PEA) en México (es decir, dejaron de trabajar sin buscar un empleo nuevo), “principalmente por encontrarse en un estado de suspensión laboral temporal [sin percepción de ingresos] ocasionado por la cuarentena”.[11] Por otro lado, según la ETOE, la tasa de subocupación pasó de 5.1 millones de personas en marzo de 2020 a un rango de entre 9.8 y 12.2 millones de personas en abril. Los datos de la ETOE coinciden de manera parcial con los del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, que encontró, también mediante una encuesta telefónica, que hacia la primera mitad de abril de 2020 en cerca de 40% de los hogares del país uno o más de sus miembros había perdido su empleo o había interrumpido su actividad económica, mientras que más de 60% de los hogares había perdido ingreso (cerca de 50% del ingreso familiar, en promedio).[12]

Con base en datos mucho más conservadores u optimistas en materia de pérdida de empleo el Coneval había estimado (antes de la
publicación de los datos de la ETOE) que, como consecuencia de
la crisis económica, 9.8 millones de personas más caerán en situación de pobreza y 10.7 millones en pobreza extrema.[13] Otras fuentes fueron aún más pesimistas, calculando estas cifras en hasta 12 y 12.3 millones de personas más en pobreza y pobreza extrema, respectivamente.[14]

Más allá de la adopción de las medias diligentes que podría adoptar el gobierno, orientadas a reducir o paliar el impacto negativo sobre la economía, los empleos y los niveles de pobreza (y por lo tanto sobre la vigencia de los des), en el caso de México, como el de muchos otros países con una infraestructura muy débil y limitada de seguridad social, la situación actual pone de manifiesto la medida en que en un sistema capitalista el ejercicio de los des depende de la existencia de una economía fuerte y dinámica que, a su vez, genere el mayor número posible de empleos formales. En contextos como el nuestro, de ausencia de un estado de bienestar funcional y robusto, el acceso al empleo formal se vuelve entonces una especie de “derecho llave”, que permite la vigencia de otros derechos, como la seguridad social, el acceso a servicios de salud adecuados, a educación de mayor calidad, a una mejor vivienda, a una alimentación más adecuada y en general a un mayor nivel de vida.

En suma, debemos esperar que la caída de la actividad económica y la pérdida de empleo (formal e informal) en México (así como en el resto del mundo), generadas a su vez por las medidas extremas de distanciamiento social adoptadas para intentar controlar la propagación del SRAS–CoV–2 tendrán un enorme impacto en el ejercicio de derechos como el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, a la alimentación y en general a un nivel de vida adecuado de decenas de millones de personas en el país. Solo utilizando como criterio la cantidad de personas afectadas podemos incluso plantear que estamos en la antesala de la peor crisis en materia de des en México, al menos desde la adopción de la DUDH y del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC); la cual, aunada a la brutal crisis de derechos a la integridad física en el marco de la ola de violencia armada y la militarización que vivimos desde hace 15 años, hará de 2020, y con mucha probabilidad a 2021, los peores años en la historia de los derechos humanos en el México POSDUDH.

 

  1. Derechos humanos, consecuencias e interdependencia

El panorama anterior muestra una característica de los derechos humanos en la práctica,[15] que quizá se manifiesta con mayor crudeza en situaciones excepcionales y extremas, como la que estamos viviendo: medidas adoptadas con el fin de salvaguardar derechos concretos —que son en particular afectados en un momento dado o por una circunstancia particular— pueden tener consecuencias negativas sobre la vigencia de otros derechos, en el corto, mediano y largo plazo. Las medidas de distanciamiento social, tomadas en principio con el fin de salvaguardar el derecho a la vida y, en segunda instancia, el acceso a servicios de salud adecuados, están ocasionando una enorme crisis en materia de otros derechos económicos y sociales, como los derechos a la seguridad social, la educación, la vivienda, la alimentación y en general el derecho a un nivel de vida adecuado. Incluso la vigencia de los mismos derechos en origen priorizados (la vida y el acceso a servicios de salud adecuados) se verá también afectada por las medidas tomadas para salvaguardarlos, en casos o situaciones relacionadas con enfermedades distintas al covid–19. Por ejemplo, al reconvertir camas y hospitales para atender la pandemia se pierden esos espacios para atender el flujo normal de pacientes con otro tipo de enfermedades, en tanto que personas con algún otro padecimiento pueden decidir postergar su tratamiento, por temor a contagiarse al asistir a un centro de salud, complicando así su propia salud e incluso poniendo en riesgo su vida.[16] Más aún, la crisis de des afectará a un mayor número de personas al de aquellas beneficiadas por las medidas de distanciamiento social. La paradoja es clara y desconcertante: parece ser que la única manera de salvaguardar algunos derechos de algunas personas es afectando otros derechos de millones más. Esta constatación me lleva a señalar tres tensiones entre los derechos humanos en la práctica y algunos planteamientos teóricos “tradicionales” o dominantes (en buena medida dogmáticos) sobre los derechos humanos, sus características y su papel como doctrina moral pública con un estatus especial o incluso como “cartas ganadoras” en la toma e instrumentación de decisiones públicas.[17]

La primera tensión que sugiere la paradoja de los derechos humanos en la era del coronavirus tiene que ver con el principio de interdependencia. Distintas generaciones de profesionales de los derechos humanos (activistas, académicos y funcionarios de órganos oficiales nacionales e internacionales) nos hemos formado y hemos operado bajo la idea o el argumento de que los derechos humanos son interdependientes entre sí: es decir, la violación de un derecho afecta la vigencia de todos los demás, mientras que el respeto de otro derecho beneficia al resto.[18] Esta lógica es simplista en la medida en que sugiere que las dinámicas de interacción entre derechos pueden darse solo en la misma dirección (es decir, una acción positiva produce un impacto positivo y viceversa) y elimina la posibilidad de que existan relaciones de dependencia con signo negativo.

El principio de interdependencia implica suponer que los gobiernos enfrentan dos opciones y escenarios: una positiva o virtuosa, que implica respetar un derecho o actuar con mayor diligencia para garantizarlo y de esta manera obtener un impacto multiplicador y de signo positivo sobre la vigencia del resto de los derechos, o una negativa o viciada, que consiste en violar un derecho o menospreciar su garantía, lo cual tendrá un impacto por igual multiplicador, pero de signo negativo en todos los demás.

Pero la realidad de los derechos humanos en la práctica es más compleja que eso. Lo que esta pandemia está mostrando de manera dolorosa es que las dinámicas de interacción entre derechos y el menú de decisiones que tienen los gobiernos ante sí son más complejos de lo que parece sugerir la visión tradicional esbozada líneas arriba. La dependencia entre derechos puede también seguir una dinámica “negativa”. Es decir, los resultados pueden darse en la dirección contraria a la medida original: acciones tomadas para salvaguardar algunos derechos pueden tener consecuencias no deseadas y afectar la vigencia de otros derechos. En el caso actual del covid–19 se podría plantear que los efectos negativos sobre otros derechos económicos y sociales, de las medidas tomadas para salvaguardar los derechos a la vida y al acceso a servicios de salud adecuados, son “indirectos”. Esto es, que son resultado de una cadena de efectos, en la que las medidas tomadas para salvaguardar estos derechos están generando una crisis económica, la cual a su vez afecta (sobre todo, como he subrayado en el marco de un sistema económico capitalista y en contextos de una estructura institucional de seguridad social endeble) la vigencia de los des. Sin embargo, el que la relación sea indirecta o esté mediada por algún otro fenómeno, o por la vigencia de cierto modelo económico, es poco consuelo. El resultado final es el mismo: la consecuencia de intentar salvaguardar dos derechos en la práctica está afectando la vigencia de varios derechos más —afectando a un número mayor de personas que las beneficiadas por la medida original— y la visión dominante del principio de interdependencia oscurece esta característica —llamémosle de “dependencia potencialmente negativa”— de los derechos humanos en la práctica.

La segunda tensión que quiero poner sobre la mesa es que sociedades que creen en el valor o los méritos de los derechos humanos y que han aceptado que estos tienen un estatus moral o jurídico especial —incluso superior a otros principios o bienes públicos— pueden, bajo condiciones particulares —extraordinarias y extremas—, privilegiar acercamientos o modelos de toma de decisiones consecuencialistas. Es decir, las sociedades pueden —considero que legítimamente— identificar objetivos colectivos o públicos prioritarios y buscar maximizar su obtención, a pesar de los costos o de las consecuencias negativas sobre otros objetivos o bienes públicos.[19] En el caso de la actual pandemia las sociedades[20] decidieron privilegiar el derecho a la vida, de manera independiente de las consecuencias que ello pudiera tener sobre otros objetivos públicos, como el desarrollo económico, o incluso sobre otros derechos humanos. Esto puede ser desconcertante para las teorías tradicionales o dominantes sobre los derechos humanos, que suelen plantear que estos son principios morales o jurídicos con un estatus no solo especial sino incluso superior con respecto a otros marcos de principios o valores de referencia. Los derechos humanos suelen entenderse como “cartas ganadoras” que, de entrada, invalidan otras bases morales para la toma de decisiones y la acción pública. De manera particular, las visiones teóricas tradicionales sobre los derechos humanos como doctrina para la acción moral en el ámbito de lo público suelen considerarla una doctrina moral superior al consecuencialismo.[21] Desde una perspectiva de derechos humanos el consecuencialismo es inaceptable porque, al final de cuentas, al buscar a toda costa alcanzar el objetivo colectivo determinado antes, este último puede —si no es que suele— afectar los objetivos de algunas personas o grupos en particular. En este sentido, dentro de un marco consecuencialista suele haber perdedores[22] y el principio de universalidad —entendido como no discriminación, más que como homogeneidad cultural[23]— se opone de manera tajante a ello. Las personas —o los derechos de las personas— no pueden ser “sacrificadas” para alcanzar cierto fin social o colectivo, por muy legítimo que sea. Sin embargo, como ya señalé líneas arriba, en la práctica las sociedades, aun las que creen en los derechos humanos, pueden legítimamente actuar de manera consecuencialsita y definir a algún o algunos derechos humanos en particular —como, en este caso, el derecho a la vida— como el objetivo social o colectivo a perseguir, y en este sentido optan por aceptar o tolerar las consecuencias negativas sobre otros bienes públicos, incluyendo otros derechos humanos. Por lo general, esto implicará también privilegiar los derechos de algunas personas y tolerar o aceptar la consecuente violación de los derechos de otros.

En efecto, los objetivos públicos privilegiados o priorizados en el marco de una decisión consecuencialista pueden ser algunos derechos humanos en concreto. Esto me lleva a la tercera tensión que quiero resaltar. Otro de los principios consagrados en la dogmática de los derechos humanos es el de la indivisibilidad de los derechos humanos, que establece que no debemos tener categorías de derechos. Sobre todo, que no debemos suponer que un “tipo” de derechos tiene más valor —y por lo tanto jerarquía o prioridad— que otros. El principio se estableció en buena medida en respuesta a la decisión tomada en el marco de la Guerra Fría de adoptar dos tratados de derechos humanos por separado: uno sobre derechos civiles y políticos y otro sobre derechos económicos, sociales y culturales.[24] Más allá de plantear que no debemos dividir o separar a los derechos humanos en grupos como estos, lo que el principio de indivisibilidad sugiere es que no debe haber jerarquías entre derechos, que todos los derechos humanos tienen el mismo valor. Lo que estamos viendo en la práctica, como ya enfaticé, es que las sociedades pueden legítimamente priorizar y por lo tanto asignar valores diferenciados a distintos derechos humanos. En el caso de la pandemia de covid–19 se ha optado por privilegiar el derecho a la vida, por encima de otros derechos humanos, notablemente los derechos económicos y sociales que serán afectados por las medidas de distanciamiento social que se adoptaron para salvar vidas. Los gobiernos están obligados (de acuerdo con el derecho internacional de los derechos humanos) a tomar medidas progresivas, a actuar con debida diligencia y a conservar o proteger un “contenido mínimo” de los des afectados por sus decisiones en el marco de la pandemia. Actuar de esta manera podría disminuir las consecuencias no deseadas de afectación a los derechos económicos y sociales. Ello no implica, no obstante, que una lógica consecuencialista se esté imponiendo, que sea legítima y que ello ponga en cuestión el principio de indivisibilidad.

 

  1. Conclusiones

Las medidas de distanciamiento social, adoptadas para garantizar el derecho a la vida y el derecho al acceso a servicios de salud adecuados en el marco de la pandemia de covid–19, están generando una crisis sin precedentes en materia de derechos económicos y sociales en México y el mundo. Esta es la paradoja de los derechos humanos en la era del coronavirus: para salvaguardar algunos derechos específicos de millones de personas parece que es inevitable afectar otros derechos de mucha más gente. Esta paradoja hace visibles ciertas tensiones y cuestiona algunas “certezas” establecidas en los acercamientos teóricos dominantes sobre los derechos humanos. En efecto, en un mundo ideal los gobiernos no tendrían que enfrentar canjes o sacrificios (tradeoffs) entre derechos humanos ni entre ciertos derechos de algunas personas y los derechos de otras, mientras que ningún derecho debería de tener un mayor valor o peso que los demás. Sin embargo, el mundo de los derechos humanos en la práctica es mucho más complejo, las opciones reales para los tomadores de decisiones pueden ser menos nítidas y los resultados pueden ser inevitablemente imperfectos. La interdependencia no siempre es la lógica dominante en los procesos de interacción entre los distintos derechos humanos y la realidad en ocasiones obliga a las sociedades a priorizar e incluso “canjear” entre derechos. Más aún, no siempre las decisiones públicas en materia de derechos humanos podrán escapar de la lógica del consecuencialismo. Una teoría —o las teorías— sobre los derechos humanos debe tomar en cuenta todo esto y problematizar un poco más algunas de sus “certezas”. Reconociendo la complejidad de los derechos humanos en la práctica, saliendo de su zona de confort y renunciando a sus dogmas —que no pueden ser una buena base para las ciencias sociales—, los acercamientos teóricos dominantes podrán aportar más a nuestro entendimiento de los fenómenos sociales, políticos y económicos relativos a los derechos humanos y así contribuir más al objetivo de avanzar en su vigencia en la práctica.

 

[*] Agradezco los comentarios de Ilsse Torres y Luis Daniel Vázquez a una versión preliminar de este artículo. Sus comentarios y observaciones me llevaron a complejizar o matizar distintas partes del argumento. Los errores u omisiones siguen siendo, claro, enteramente mías.

[**] Doctor en Gobierno y maestro en Teoría y Práctica de los Derechos Humanos por la Universidad de Essex, Inglaterra. Profesor del Departamento de Estudios Sociopolíticos y Jurídicos y coordinador de la Maestría en Derechos Humanos y Paz del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 2) de México. Autor de múltiples publicaciones sobre derechos humanos y las dinámicas políticas trasnacionales alrededor de ellos.

 

[1]       De acuerdo con Amnistía Internacional este tipo de medidas “sólo pueden estar justificadas en virtud del derecho internacional si son proporcionadas, tienen límites temporales, se imponen con fines legítimos, son estrictamente necesarias, son voluntarias siempre que sea posible y se aplican de forma no discriminatoria. Las cuarentenas se deben imponer de una manera segura y respetuosa. Deben respetarse y protegerse los derechos de las personas en cuarentena, incluida la garantía de acceso a atención médica, alimento y otras necesidades”. Amnistía Internacional. “Siete maneras en que el coronavirus afecta a los derechos humanos”, 5 de febrero de 2020. Recuperado el 15 de mayo 2020, de https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/02/explainer-seven-ways-the-coronavirus-affects-human-rights/

[2]       Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. La política social en el contexto de la pandemia por el SARS–CoV–2 (covid–19) en México, Coneval, Ciudad de México, 2020, p.10. Recuperado de https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/iepsm/Documents/Politica_Social_covid-19.pdf

[3]       Los datos de números de muertos, tasas de mortandad y número de personas contagiadas los tomo del Centro de Recursos de Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins (https://coronavirus.jhu.edu/map.html) (datos actualizados al 17 de junio de 2020).

[4]       Emanuel, E.J. et al. “Fair Allocation of Scarce Medical Resources in the Time of Covid–19”, en The New England Journal of Medicine, 23 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/nejmsb2005114

[5]       Jones, L., Palumbo, D. y Brown, D. “Coronavirus: A visual guide to the economic impact”, en BBC News, 30 de abril de 2020. Recuperado el 15 de mayo de 2020, de https://www.bbc.com/news/business-51706225

[6]       Caso, D. “Prevé Banxico caída del PIB de hasta 8.8% este año”, en El Financiero, 27 de mayo de 2020. Recuperado el 29 de mayo de 2020, de https://www.elfinanciero.com.mx/economia/en-el-peor-escenario-mexico-tendra-su-peor-contraccion-desde-1932-banxico; ver también Solís, B. “Se acelera la recesión y la pérdida de empleos en México”, en El Financiero, 28 de abril de 2020. Recuperado el 15 de mayo de 2020, de https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/benito-solis/se-acelera-la-recesion-y-la-perdida-de-empleos-en-mexico, y González, L.M. “Covid–19: se perdieron 707,000 empleos entre el 18 de marzo y el 28 de abril”, en El Economista, 10 de mayo de 2020. Recuperado el 15 de mayo de 2020, de https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Covid-19-se-perdieron-707000-empleos-entre-el-18-de-marzo-y-el-28-de-abril-20200510-0078.html

[7]       González, L.M. Op. cit.

[8]       Reuters. “Crisis por pandemia de Covid–19 provocará la pérdida de un millón de empleos en México: AMLO”, en El Economista, 24 de mayo 2020. Recuperado el 29 de mayo de 2020, de https://www.eleconomista.com.mx/politica/Crisis-por-pandemia-de-Covid-19-provocara-la-perdida-de-un-millon-de-empleos-en-Mexico-amlo-20200524-0038.html

[9]       Banco Interamericano de Desarrollo. “¿Cómo impactará la covid–19 al empleo? Posibles escenarios para América Latina y el Caribe. Abril 2020”. Recuperado el 29 de mayo de 2020, de https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/C%C3%B3mo_impactar%C3%A1_la_covid-19_al_empleo_Posibles_escenarios_para_Am%C3%A9rica_Latina_y_el_Caribe.pdf

[10]     El Inegi aclaró que los datos de la ETOE no son comparables con los de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). “Hay diferencias en la implementación, en la tasa de no respuesta y sobre todo en los tamaños de muestra, equilibrio y robustez de datos que caracterizan a la ENOE. Sin embargo, resultan una aproximación a los indicadores que tradicionalmente capta la ENOE, por lo que la comparación es útil como medida de referencia”. Inegi. “Resultados de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE). Cifras oportunas de abril de 2020”, comunicado de prensa 264/20, 1 de junio de 2020, p.1. Recuperado el el 6 de junio de 2020, de https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2020/enoe_ie/etoe.pdf

[11]     Ibidem, p.2.

[12]     “La Ibero presenta encuesta de seguimiento de los efectos del covid en el bienestar de los hogares mexicanos #encovid19”, comunicado de prensa. Recuperado el 16 de mayo 2020, de https://ibero.mx/sites/default/files/comunicado_encovid-19_completo.pdf

[13]     Coneval. Op. cit.

[14]     Gutiérrez, J. “Prevé BBVA 12 millones 300 mil mexicanos más en pobreza extrema”, en La Jornada en línea, 12 de mayo de 2020. Recuperado el 21 de mayos 2020, de https://www.jornada.com.mx/ultimas/economia/2020/05/21/preve-bbva-12-millones-300-mil-mexicanos-en-pobreza-extrema-9027.html

[15]     Por la noción de los derechos humanos en la práctica me refiero al terreno de la aplicación de la doctrina de los derechos humanos en el mundo real, en contraste con el de la construcción dogmática o idealizada de un concepto o una doctrina.

[16]     En este sentido, el dilema puede bien ser no entre el derecho a la vida y otros derechos humanos, sino también entre distintas manifestaciones del derecho a la vida en sí.

[17]     Véase Jones, P. Rights, MacMillan Press, Houndmills/Basingstoke/Hampshire/Londres, 1994, pp. 45–64 y 115–117.

[18]     Serrano, S. y Vázquez, D. Los derechos en acción. Obligaciones y principios de derechos humanos, flacso, Ciudad de México, 2013, pp. 34–26.

[19]     Para un acercamiento al consecuencialismo ver Jones, P. Op cit.

[20]     Encorcheto aquí una discusión complicada y extensa sobre si la decisión de privilegiar los intentos por salvar vidas mediante la contención de la pandemia fue realmente tomada por “las sociedades” o si fue más bien impuesta por los gobiernos. Para favorecer la continuación del argumento parto del supuesto de que si bien fue una decisión que en la práctica tomaron los gobiernos, ha sido en su mayoría apoyada o validada por las sociedades.

[21]     Véase Jones, P. Op cit.

[22]     Más allá de que los grupos perdedores suelen ser a menudo los mismos.

[23]     Serrano, S. y Vázquez, D. Op cit, pp. 17–33.

[24]     Ibidem, pp. 34–46.

Una perspectiva psicosocial sobre la noción de normalidad en medio de la crisis

Christian O. Grimaldo–Rodríguez[*]

 

Resumen: En este artículo se abordan algunas consideraciones para abordar los efectos psicosociales de la pandemia originada por el SRAS–cov–2 a partir de la discusión de la estrategia oficial orientada a la construcción de una “nueva normalidad” entendida como decreto. Asimismo, se aborda la alternativa de posicionar “otras normalidades” como parte de una agenda colectiva y plural que nos permita acceder a un mundo más justo y equitativo.

Palabras clave: nueva normalidad, efectos psicosociales, normas sociales, otras normalidades, covid–19

 

Abstract: This article looks at the psycho-social effects of the SARS–CoV–2 pandemic, discussing the official strategy aimed at building a “new normality” by decree. It also addresses the alternative of positing “other normalities” as part of a collective and plural agenda that will enable us to aspire to a fairer and more equitable world.

Key words: new normality, psycho–social effects, social norms,
other normalities, covid–19

 

La crisis abre el sentido de lo que es posible.[1]

 

  1. La normalidad como una expresión psicosocial

La expresión “nueva normalidad” ha aparecido en nuestras vidas como una suerte de mantra que busca dotar de certeza a un futuro eminentemente más incierto de lo que estamos habituados a imaginar. En el caso de México la “nueva normalidad” se ha referido oficialmente a una serie de disposiciones sanitarias propuestas por el estado, vinculadas a sectores productivos, frente a la situación excepcional que ha representado la diseminación del SRAS–cov–2 que provoca la enfermedad llamada covid–19.

En términos llanos, las disposiciones de la nueva normalidad pretenden prever el aumento de contagios y, por ende, el aumento de defunciones a causa de esta enfermedad y tienen como base la reclusión de la población en sus casas, el funcionamiento del sector productivo limitado a aquellas áreas determinadas como esenciales y la práctica recurrente de actividades como el lavado de manos, el desinfectado constante de objetos y alimentos, el mantenimiento de distancias de por lo menos metro y medio entre cuerpos en el espacio público, así como el uso sugerido (en algunas localidades obligatorio) de cubrebocas.

Las dificultades para encontrar sentido a estas drásticas disposiciones oficiales en el terreno de la vida cotidiana generan una serie de efectos que, en el relativamente corto tiempo que llevamos habitando en un planeta infestado por el nuevo virus, pueden ser leídas desde diferentes ángulos, uno de ellos es el psicosocial. En lo sucesivo me gustaría plantear algunas consideraciones psicosociales sobre la construcción de la normalidad, para posteriormente someter a discusión la pertinencia de la construcción de una nueva normalidad como decreto, frente a la posibilidad de concebir otras normalidades, siguiendo el ejemplo de grupos y movimientos sociales que han logrado formas diversas de organización, adaptándose a normas sociales alternativas a las hegemónicas sin sacrificar el sentido de estas y materializando otras formas de habitar y hacer el mundo.

Para no obviar la noción de lo psicosocial, siguiendo las ideas de Pablo Fernández Christlieb, puede entenderse por tal a todo aquel patrón relacional que genere un tipo particular de significados, prácticas, afectos y estéticas o formas.[2] De tal manera podemos identificar como psicosocial la sensación de miedo (afecto) al exponernos al espacio público (prácticas), debido a la constante proliferación de mensajes que nos recuerdan que las otras personas son fuentes potenciales de contagio (significado); esto, a su vez, repercute en la apariencia de los paisajes, en términos de la aparición de cuerpos con cubrebocas y caretas, pero también de adaptaciones inéditas a mostradores de tiendas, banquetas y vehículos (formas).

Analizar la realidad desde la perspectiva psicosocial nos permite identificar el estrecho vínculo entre las ideas y los afectos que guardamos con respecto a un objeto, sujeto o situación, y su materialización en términos de objeto u objetividad. En otras palabras, la mirada psicosocial nos posibilita entender el nexo entre el plano de lo subjetivo y lo objetivo. Se trata, pues, de algo más que el resultado de las interacciones entre las personas y se refiere a la condición relacional que dota de sentido a situaciones determinadas, integrándolas a lo que reconocemos como real o posible. La suma de objetos, afectos, formas, sujetos y símbolos en juego en determinadas circunstancias que las relacionen produciría un orden de sentido y, en consecuencia, tendría la capacidad de producir, mantener o trasformar la realidad.[3]

Ahora bien, la normalidad, sin adjetivar, es un concepto de apariencia inocua para una persona que se encuentre desarrollando su vida cotidiana; es una suerte de contrasentido afirmar lo siguiente, pero es anormal cuestionar lo normal. Parafraseando a Kenneth Gergen, eso que llamamos normalidad se construye a partir de una “coalición de subjetividades”, lo cual conlleva formas más o menos homologadas de pensar, sentir y comunicarnos, cuyo conocimiento proyectado en el tiempo se consolida en lo que reconocemos como “sentido común”.[4]

Lo normal es un tejido de subjetividades, una intersubjetividad que se crea y recrea de manera constante. No es de extrañar pues que a la mayoría de nosotros resulte descabellado, inverosímil e incluso risible que las nuevas disposiciones desafíen al sentido común incluso al grado de prohibir algo tan cotidiano como el saludo de mano o la cercanía entre cuerpos en espacios abarrotados como el trasporte público.

Para que la normalidad ocurra se requiere de un proceso que la ancle a un sentido compartido de la realidad, a ese proceso se le reconoce como normalización y puede definirse como el “proceso de creación de las normas que regulan la conducta, la percepción, el pensamiento o los deseos de las personas en una situación concreta”.[5] No es fortuito que la etimología de la palabra norma tenga que ver con una escuadra utilizada por los carpinteros para “cuadrar” las piezas de madera, o que le llamemos “reglas” al conjunto de disposiciones que orientan nuestras conductas morales respecto de ciertos temas. La normalidad nos “alinea” con el orden que resulta significante para otras personas.

La práctica de cuestionar la normal es de suma relevancia política por el hecho de que los procesos de normalización determinan, legitiman y fundamentan el sentido de la vida cotidiana, que, como sostuvieron Berger y Luckmann, es “la realidad por excelencia”.[6] En este sentido podríamos argumentar que no basta con que una autoridad decrete el nacimiento de una nueva normalidad para que esta cobre sentido, antes bien es necesario que esta responda a las necesidades históricas de la mayoría de las personas a las que sus respectivas reglas están dirigidas.

 

  1. La nueva normalidad como un decreto

En la situación actual los usos de la expresión “nueva normalidad” exceden los campos sanitario y económico que suelen darle sentido en tanto disposiciones oficiales y se extienden a una serie de esferas que, en conjunto, trastocan las escalas de lo privado y lo público.[7] Estos usos, que podríamos llamar extraoficiales, tienen más que ver con un horizonte de sentido, un anhelo de recuperar una cotidianidad que cada vez se aleja más; entre tales esferas están ciertas prácticas que tienen que ver con patrones económicos, alimentarios, laborales y educativos, pero también aquellas referentes al ocio, el hábitat y la movilidad. Estas esferas cobran sentido procesual al conectarse en el plano de la vida cotidiana, que, al mismo tiempo, es aquella en que las personas construimos el sentido de nuestra existencia en el mundo.

La sinergia entre las medidas oficiales para mitigar el impacto económico y sanitario del covid–19 y la vida cotidiana de los millones de personas que habitamos las comunidades con altos riesgos de contagio no ha resultado armónica por múltiples razones, que van desde las brechas de desigualdad económica, étnica y de género que preexistían al virus que ahora nos atormenta y que dificultan su acatamiento; hasta la incapacidad de los actores político–electorales para trasmitir normas más o menos homogéneas y consensuadas entre ellos mismos, debido a la alta capacidad que esta crisis tiene para trasformar en capital político los contagios y las muertes traducidos en cifras que se simplifican burdamente en la arena pública a “mejores” y “peores” autoridades según sea el caso.

Destaca pues el valor moral que ha cobrado el acatamiento de las “nuevas normas”, que a su vez ha derivado en formas desafortunadas para referirse a quienes no encuentran el sentido del encierro frente a una enfermedad que todavía no logra anclarse a los significados cotidianos de las mayorías. Como ejemplo puede mencionarse el caso del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, que el 23 de abril de 2020 se posicionó en sus redes sociales frente a la dificultad que parte de la población tiene para acatar las normas de la nueva normalidad de la siguiente manera:

Ni madres que nos vamos a rendir. Ni madres que vamos a aflojar el paso. Es por ellos, por nuestros hijos, por nuestros padres, por los que amamos. Es por los que hoy se fueron y por los que se irán en los próximos días. Es por los que están sufriendo y por los que están cuidándonos. Es por la gente consciente que cumple con su responsabilidad y también por los pendejos que siguen sin entender.[8]

Ante este tipo de debates y posicionamientos cabe preguntarse ¿a qué se debe la dificultad para entender o acatar las disposiciones de una nueva normalidad? ¿Qué efectos generan estas nuevas normas en las vidas de quienes se adaptan o no a ellas? ¿Qué nuevas categorías de persona se generan a partir de la nueva normalidad y qué conflictos o alianzas se tienden a partir de ellas?

Dado que evidentemente las normas no funcionan solo por ser decretadas, en los últimos meses hemos presenciado la proliferación de medidas autoritarias por parte de los gobernantes en diferentes partes del planeta quienes, frente a la dificultad para que consensuemos el sentido de una nueva normalidad de manera brusca, buscan contener no solamente nuestras prácticas individuales sino el sentido colectivo de las formas de interactuar y sobrevivir que antes estas mismas autoridades nos habían incentivado o impuesto.

Un ejemplo de lo anterior son los tianguis como forma de comercio semiformal que tiene su sentido y función anclada al espacio público y que, ahora, representan un potencial riesgo de contagios y han sido prohibidos de manera tajante en algunas partes del área metropolitana de Guadalajara.[9] Al no contar con alternativas claras para la subsistencia de los comerciantes, este tipo de prohibiciones parece negar la realidad precaria en que quedan sumergidos, lo cual parece implantar la norma implícita de que sus situaciones no importan más allá de su bienestar sanitario. La prohibición reiterativa de aspectos como el anterior, sin plazos posibles para regresar a la anterior normalidad, aunada a las pocas o nulas alternativas que el estado propone, amenazan con la extinción de un conjunto de formas culturales sin proponer algo que las suplante, dejando en su lugar espacio para la incertidumbre, la frustración, la desesperación y el miedo.

Autoras como Angela Giglia han identificado pistas sobre cómo las dinámicas planteadas por la nueva normalidad en las ciudades repercuten en la construcción del sentido de habitar los espacios públicos.[10] Giglia sostiene que el habitar es una práctica que tiene que ver con ocuparse del espacio y ocuparse de las otras personas que lo habitan, en términos de cuidados. Desde esta perspectiva, la forma diferencial de habitar las ciudades filtra nuestras formas de concebir y relacionarnos con los lugares y las personas, de manera que la nueva normalidad sustentada en el imperativo “quédate en casa” sostenido oficialmente trastoca el valor y las prácticas que dotan de sentido cultural al espacio público, en concreto, a las calles y aceras como sitios de encuentro con la diversidad, ahora vistos como espacios potenciales de contagio. Mientras las calles pierden su valor como escenarios generadores de sentido, los hogares se convierten en escenarios multifuncionales de producción y consumo.

Para Giglia la emergencia del covid–19 implica también un proceso de normalización de la desigualdad, identificable a partir de la distinción categórica de dos grupos: los cuidadores y los cuidados. En el primer grupo se encuentran todos aquellos que practican oficios o profesiones que entran en la categoría de indispensables frente a la pandemia, desde los trabajadores del sector salud hasta las y los obreros, empleados de paquetería, empleadas domésticas y recolectores de basura, por mencionar algunos. En sintonía con esta categorización Ian Alan Paul propone distinguir entre sujetos domesticados/conectados y sujetos móviles/desechables, lo cual nos permite entender las dinámicas circulatorias de la pandemia desde la cualidad de vulnerabilidad, exposición y precariedad que normaliza y recrudece la desigualdad de un sistema de producción y consumo que no puede entenderse sin el valor de las conexiones digitales y la circulación de bienes materiales.[11]

 

  1. Las otras normalidades como resultado de acuerdos

Con la ampliación de la brecha entre las vidas que producen y las vidas que consumen entramos en una suerte de paradoja: las dinámicas de la nueva normalidad abren una brecha para normalizar un recrudecimiento de la desigualdad socioeconómica, de género, étnica y racial que amenaza con consumirnos a todos; pero, al mismo tiempo, posibilita su desnormalización. Paul menciona que el llamado “reinicio corona”, al que estamos expuestos actualmente, nos permite insistir en la reterrritorialización de nuestra sociedad, una oportunidad de reiniciar nuestra sociedad antes de que el mismo sistema que la ha ordenado durante siglos retome su curso habitualmente devastador.[12]

Aparentemente el estado como forma de control reconoce la brecha que se ha generado con la crisis actual y ejecuta una serie de medidas autoritarias con el fin de mantener el control de un orden productivo que lo sostenga como eje ordenador de las sociedades. Ejemplo de esto son las muertes de Giovani López, un trabajador de la construcción de 33 años que murió a manos de fuerzas policiales del municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos, según el relato de sus familiares, debido a que no portaba un cubrebocas.[13] También vale recordar el asesinato de Alexander Martínez, un joven de 16 años, también a manos de policías, pero en el estado de Oaxaca, en el municipio de Acatlán de Pérez, porque el joven circulaba en una motocicleta después de jugar fútbol con familiares y amigos.[14]

¿Existen alternativas frente a la brutalidad para crear normalidades? Con la frase “La crisis abre el sentido de lo que es posible” Naomi Klein nos alienta a responder que sí.[15] Por esto es que me gustaría recurrir a la expresión de “otras normalidades” antes que a la noción de “nueva normalidad”; no solo por el valor político de referirnos ella en plural para reconocer las enormes disparidades que hay entre los grupos que habitamos un mismo territorio y que se disparan conforme cambiamos a escalas globales, sino también porque la idea de “lo otro” nos recuerda que las alternativas a la normalidad han existido desde hace siglos, en resistencia y frente a una normalidad carente de futuro pero aceptada como parte de un sistema tautológico. Angela Davis comenta al respecto lo siguiente:

Deberíamos aprovechar esto como una oportunidad para generar el tipo de organización que resalte el sentido de la necesidad de solidaridad internacional, y que tenga la capacidad de sacarnos de nuestro adormecimiento, de reconocer que podemos aceptar liderazgos de personas que se organizan en otras partes del mundo.[16]

La noción de otras normalidades también nos recuerda que las normas son un acuerdo antes que un decreto. Esta idea, además, se fortalece en la posibilidad de poner las relaciones humanas al centro y no los intereses mercantiles y los privilegios de ciertos grupos que se beneficiaban exclusivamente de la normalidad que ahora se encuentra en crisis. Recordemos por ejemplo los esfuerzos de la lucha feminista por deconstruir una normalidad en que la violencia machista se reproduce como la norma, a partir de la denuncia pública representada con el #NoEsNormal. También contamos con el ejemplo de las comunidades que han creado normalidades alternativas construidas a partir de pensar que la vivienda es un derecho antes que un negocio, como el caso del asentamiento urbano de la cooperativa Acapatzingo, situado entre las delegaciones Iztapalapa y Tláhuac de la Ciudad de México, quienes se organizan a partir de la búsqueda de la satisfacción colectiva de necesidades y el reconocimiento de los bienes comunes, experimentando formas colaborativas de construcción, seguridad y cultura para sus habitantes.[17] No olvidemos, además, la larga tradición autonómica de múltiples comunidades indígenas en nuestro país, así como la lucha de los caracoles zapatistas en Chiapas.

Como es notorio, la constante que ha caracterizado al surgimiento de las otras normalidades proviene de condiciones sistemáticas de desigualdad e injusticia; estas normalidades, además, representan expresiones psicosociales en cuanto proponen, articulan, legitiman y trasforman la realidad subjetiva y objetivamente, pero al parecer de manera acotada y siempre en resistencia frente a la normalidad hegemónica que atenta con ganar el territorio que parece perder tanto mental como geográficamente.

Me gusta pensar —de la mano con las autoras y autores que he citado aquí— que la discusión sobre la supuesta “nueva normalidad” ha abierto la posibilidad de reconocer las otras normalidades y sumarlas en un esfuerzo sin precedentes por no regresar a la normalidad que ha sido el problema que nos ha sometido a la terrible crisis que nos enfrentamos ahora. Los efectos psicosociales de esta crisis son y serán inevitables, lo que está ahora en juego es la posibilidad de encauzar tales efectos a la materialización de otros órdenes sociales más justos, equitativos y heterogéneos. Quizá sea el momento de preguntarnos ¿qué estamos dispuestos a hacer para conseguir esto y qué alianzas podemos tender para lograrlo? Me gusta pensar que podemos comenzar por desnormalizar una cuestión ontológica que Alejandra De la Torre ha reconocido muy bien en uno de sus textos más recientes: “No éramos universos separados antes de esta pandemia, y ahora, más que nunca, debemos saber que no lo seremos nunca”.[18]

 

[*] Doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Antropología Social por el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Tiene experiencia en estudios urbanos desde la perspectiva de las ciencias sociales, específicamente desde la psicología social, la antropología urbana y la geografía humana. Es profesor asociado B adscrito al Departamento de Formación Humana y el Departamento de Psicología Educación y Salud en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), donde coordina el Proyecto de Aplicación Profesional Co–laboratorio urbano. Correo: grimaldo@iteso.mx

 

[1]       Naomi Klein, citada en Sbriller, L. y S. de la Torre. “Imaginarios para salir del desastre: Conversación entre Angela Davis y Naomi Klein”, en Revista Anfibia, Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires, 6 de mayo de 2020. Recuperado de http://revistaanfibia.com/ensayo/imaginarios-salir-del-desastre/

[2]       Fernández, P. “Lo psicosocial”, en El alma pública: revista desdisciplinada de psicología social, vol.2 núm.4, 2009, pp. 41–49.

[3]       La crítica de Fernández a la interacción como eje de lo psicosocial se enfoca especialmente a su condición causal y lineal, es decir que, en su sentido más elemental, la interacción se reduce a un vínculo entre dos elementos: sujeto–objeto; sujeto–sujeto; mente–materia. Mientras que lo relacional remite a una concepción más abarcadora y situacional que entendería a lo psicosocial como algo que resulta ser más complejo que el mero intercambio entre lo individual y lo social, se trata de una concatenación de elementos que, en sus propias palabras, surgen de un choque, una suerte de big bang social que ocurre situación tras situación en un continuum histórico.

[4]       Gergen, K. El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1997, p.119.

[5]       Samuel–Lajeunesse, J. “Influencia, conformidad y obediencia: las paradojas del individuo social”, en Ibáñez, T., Introducción a la psicología social, UOC, Barcelona, 2004, p.257.

[6]       Berger, P. y T. Luckmann. La construcción social de la realidad, Amorrortu, Buenos Aires, 2006, p.37.

[7]       La nueva normalidad tiene un hito marcado por su referente al campo de las finanzas bursátiles, expresamente en el 2008 frente a la crisis económica global generada por la especulación inmobiliaria. La expresión se atribuye a una nota publicada ese año en Bloomberg News por los columnistas Rich Miller y Matthew Benjamin, quienes describían a la nueva normalidad de la siguiente manera: “Es posible que EE. UU. tenga que acostumbrarse a una nueva definición de normal, caracterizada por ganancias de productividad más débiles, un crecimiento económico más lento, un mayor desempleo y una industria de servicios financieros disminuida”. Véase Miller, R. y M. Benjamin. “Post–subprime economy means subpar growth as new normal in U.S”, en Bloomberg, 18 de mayo de 2008. Recuperado de https://www.bloomberg.com/news/articles/2008-05-18/post-subprime-economy-means-subpar-growth-as-new-normal-in-u-s

[8]       “Hay ‘pendejos que siguen sin entender’: Alfaro”. En Aristegui Noticias, 24 de abril de 2020. Recuperado de https://aristeguinoticias.com/2404/mexico/hay-pendejos-que-siguen-sin-entender-alfaro

[9]       Velasco, J. “Guadalajara suspende tianguis en zonas de alto riesgo”, en El Informador, 9 de junio de 2020. Recuperado de https://www.informador.mx/jalisco/Guadalajara-suspende-tianguis-en-zonas-de-alto-riesgo-20200609-0138.html

[10]     Giglia, A. “Repensar las ciudades desde el encierro doméstico”, manuscrito, S.F. Recuperado de https://www.academia.edu/43024004/repensar_las_ciudades_desde_el_encierro_domestico

[11]     Paul, I. “El reinicio corona”, en La Tempestad, 19 de marzo de 2020. Recuperado de https://www.latempestad.mx/coronavirus-pandemia-capitalismo-transformacion-reflexion/

[12]     Ibidem.

[13]     “Giovanni López: ‘Justicia para Giovanni’, el caso de brutalidad policial que conmociona a México”. En BBC News, 5 de junio de 2020. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-52935685

[14]     Rodríguez, Ó. y M. del Pozo. “A Alexander lo ejecutaron los policías en Oaxaca, acusa su familia”, en Milenio, 11 de junio de 2020. Recuperado de https://www.milenio.com/estados/alexander-martinez-asesinado-policias-oaxaca-familiares

[15]     Sbriller, L. y S. de la Torre. Op. cit.

[16]     Idem.

[17]     Navarro, M. “Hacer común contra la fragmentación en la ciudad: Experiencias de autonomía e interdependencia para la reproducción de la vida”, en Varios autores, Producir lo común: entramados comunitarios y luchas por la vida, Traficantes de sueños, Madrid, 2019, pp.121–138.

[18]     De la Torre, A. “Por un futuro (com)prometido”, en Cruce, núm.782, ITESO, Tlaquepaque, 22 de junio de 2020. Recuperado de https://cruce.iteso.mx/por-un-futuro-comprometido/