Exploraciones

doi: 10.31391/tav60s97                                                  Recepción: 13-10-2025                                                 Aprobación: 27-11-2025

Reconstruir espacios y narrativas para habitar:
reflexiones y memoria fotográfica de los huertos y
murales construidos en la zona carbonífera de Coahuila

José Elías Ibarra Herrera
iteso
eliasibarrah@iteso.mx
orcid: 0009–0007–9319–2230

Jorge Omar Navarro Ballesteros
iteso
jorge.navarro@iteso.mx
orcid: 0009–0006–0114–7233

Mariana Escobar Bueno
iteso
mariana.escobar@iteso.mx
orcid: 0009–0005–3532–7833

Daniela Ariadna Flores Rodríguez
iteso
daniela.flores@iteso.mx
orcid: 0009–0002–5046–982X

Ricardo Hernández Reyes
iteso
ricardo.hernandezr@iteso.mx
orcid: 0009–0000–9912–0499

Ana Sophia Márquez García
iteso
ana.marquez@iteso.mx
orcid: 0009–0005–8272–9018

Alanis Camila Nogales Chávez
iteso
camilanogales035@gmail.com
orcid: 0009–0008–5336–8294

Casandra Ramírez Parra
iteso
casandra.ramirez@iteso.mx
orcid: 0009–0000–6375–5951

Ibarra, J. et al. (2025). Reconstruir espacios y narrativas para habitar: reflexiones y memoria fotográfica de los huertos y murales construidos en la zona carbonífera de Coahuila. Análisis Plural, (11).

Resumen:

Es lunes 31 de marzo de 1969, inicio de Semana Santa. A las 5:40 de la tarde un estruendo sacudió las entrañas de la tierra en Barroterán, Coahuila.

Abstract:

It is Monday, March 31, 1969, the beginning of Holy Week. At 5:40 in the afternoon, a roar shook the bowels of the earth in Barroterán, Coahuila.

Las minas Guadalupe 2 y 3, cercanas a lo que hoy se conoce como el cerro de la Santa Cruz, se convirtieron en la tumba de 151 mineros y dos rescatistas tras una explosión. Dos meses después, el 10 de mayo de ese mismo año, se terminaron de rescatar los 153 cuerpos. Treinta y siete años más tarde, el 19 de febrero de 2006, otra explosión; pero esta vez fueron 65 personas siniestradas en la mina Pasta de Conchos. La Organización Familia Pasta de Conchos, que surgió a raíz de esta explosión, ha caminado durante casi dos décadas en busca de procesos de verdad y justicia. Su propósito ha evolucionado de ser una lucha por derechos laborales hacia una visión integral que abarca derechos ambientales y reconstrucción del tejido social. La organización ha instrumentado estrategias simbólicas poderosas como la construcción de huertos comunitarios y murales en espacios públicos que representan a toda la comunidad. En estas acciones se han sumado comunidades y organizaciones, entre ellas el iteso, a través del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano (pliul). Cincuenta y seis años después de la explosión de las minas de Guadalupe, en Semana Santa, la comunidad se vuelve a reunir: esta vez no para rescatar cuerpos de una mina, sino para sembrar huertos y pintar murales, dignificando la memoria del pueblo y animando a procesos de regeneración territorial para sembrar semillas y fortalecer el tejido social en un territorio donde predominan la extracción y la muerte. El presente documento recoge las reflexiones y la memoria fotográfica de jóvenes que, en marzo de 2025, fueron parte de este proceso en dos comunidades eclesiales de Coahuila.

The Guadalupe 2 and 3 mines, near what is now known as the hill of Santa Cruz, became the tomb of 151 miners and 2 rescue workers after an explosion. Two months later, on May 10 of that same year, the recovery of all 153 bodies was completed. Thirty–seven years later, on February 19, 2006, another explosion; but this time 65 people were killed in the Pasta de Conchos mine. The Pasta de Conchos Family Organization, which emerged as a result of this disaster, has walked for nearly two decades, seeking processes of truth and justice; their purpose has evolved from fighting for labor rights to a comprehensive vision that encompasses environmental rights and reconstruction of the social fabric. The organization has implemented powerful symbolic strategies such as the construction of community gardens and murals in public spaces that represent the entire community. Communities and organizations have joined these actions, including iteso, through the Latin American University Ignatian Leadership Program (pliul). 56 years after the explosion of the Guadalupe mines, during Holy Week, the community gathers again: this time, not to recover bodies from a mine, but to plant gardens and paint murals, dignifying the memory of the people and encouraging processes of territorial regeneration to plant seeds and strengthen the social fabric in a territory where extraction and death predominate. This document collects the reflections and photographic memories of young people who, in March 2025, were part of this process in two ecclesial communities of Coahuila.

Palabras clave:

minería, memoria colectiva, Coahuila, justicia ambiental, transformación de narrativas, tejido
social, derechos humanos

Keywords:

mining, collective memory, Coahuila, environmental justice, narrative transformation, social fabric, human rights

La región carbonífera: territorio de extracción y zona de sacrificio

La principal región carbonífera de México se encuentra en Coahuila, específicamente en los municipios de Múzquiz, Sabinas, San Juan de Sabinas, Juárez y Progreso. Estas áridas tierras norteñas albergan el 99% de la producción nacional de carbón (Téllez y Sánchez, 2023), donde es extraído y utilizado principalmente para la generación de acero, pues es un elemento clave para poder fundirlo en los Altos Hornos. Otro uso que, aun predomina en la actualidad, es para generar energía, ya que el carbón es vendido a la Comisión Federal de Electricidad (cfe) para producirla.

A pesar de que las minas son la principal fuente de empleo en la zona, también son responsables de la muerte de más de tres mil mineros y de las mayores emisiones de dióxido de carbono en México, causando una grave contaminación atmosférica que ha llevado a lluvias ácidas y una tasa de 65 de cada mil habitantes con enfermedades respiratorias agudas (Global Atlas of Environmental Justice, 2021). No obstante, al paso de extracción actual se estima que las reservas de carbón de la zona se terminarán antes de 2030, lo que causará que la vida útil de las carboeléctricas termine en cuestión de años (Organización Familia Pasta de Conchos, 2025). Esto impone un panorama complejo para los poblados que fueron creados alrededor de las minas: ¿qué ocurre cuando lo que creó a una comunidad empieza a acabar con ella?




Mina de Carbón a cielo abierto abandonada 2
Patio de la mina Santa Bárbara, en la cual se observa maquinaria común para extraer carbón.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

Ante las incontables injusticias que han surgido en la zona carbonífera han nacido diferentes movilizaciones locales, entre las que se encuentra la Organización Familia Pasta de Conchos (ofpc), la cual actualmente se conforma por más de mil familias. Exigen la entrega de los cuerpos de sus familiares, atrapados tras la explosión de la Mina 8 de Pasta de Conchos en 2006, propiedad de Grupo México. Además, trabajan por obtener justicia y no repetición, buscando impedir más muertes a causa de las minas de carbón (Organización Familia Pasta de Conchos, s.f.).

Fue a través de los miembros de esta organización, así como de las comunidades eclesiales, como en el Programa de Liderazgo Ignaciano Latinoamericano (pliul) del iteso pudimos conectar con dos diferentes poblados en la zona carbonífera: La Florida y Barroterán. Durante la Semana Santa del año 2025 nueve estudiantes y tres acompañantes partimos de Guadalajara a Coahuila con el propósito de conocer a las personas involucradas, sumarnos a su lucha y colaborar en la creación de nuevas realidades para la comunidad en la forma de huertos, talleres y murales.

La tragedia en la tierra

En Coahuila se extrae carbón desde 1880. Tras 128 años y 3,027 muertes de mineros,1 el 23 de diciembre de 2008 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la nom–032–stps–20082, norma que refiere, por primera vez en la historia laboral de México, a la seguridad en las minas subterráneas de carbón. Sin embargo, desde la publicación de esta norma (2009–2025) han ocurrido 133 muertes de mineros más.

Las condiciones a las que ha sido sometida la región carbonífera de Coahuila han ocasionado que los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales sean inexistentes para estas comunidades. Esto es, la economía, la seguridad social, salarios dignos, la identidad y el medio ambiente han sido afectados por la industria extractivista de este mineral.

En los municipios que conforman la región carbonífera no sólo podemos encontrar carbón, sino también tragedias como Pasta de Conchos,3 Binsa,4 Micaran5 y El Pinabete;6 siniestros ocurridos por la falta de seguridad en las minas, que tantas empresas, sindicatos y el Estado han permitido a lo largo de la historia.

La violación a los derechos humanos no comienza cuando ocurren estos siniestros, sino que es un proceso continuo y sistémico. Detrás de cada muerte de mineros existen, como se mencionó anteriormente, múltiples deficiencias: falta de medidas de seguridad adecuadas, ausencia de afiliación al Seguro Social, salarios bajos y condiciones laborales precarias. Los trabajadores carecen del equipo de protección básico y funcional que incluye casco, lámpara, botas, guantes, lentes, ropa de algodón o antiestática, cinturón portalámpara, tapones auditivos, respiradores contra partículas, autorrescatador W65 y ficha metálica de identificación.7 Aún en la actualidad es común ver a los mineros por las calles con apenas un termo y un casco que ellos mismos deben conseguir, ya que los encargados no se los proporcionan, dejándolos completamente desprotegidos.


Un grupo de personas en la calle

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Cruces Pasta de Conchos
Memorial de cruces dedicada a los mineros fallecidos en la Región Carbonífera,
ubicada en la carretera a la mina Pasta de Conchos.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

Precariedad laboral y riesgo

Habían transcurrido cuatro días desde nuestra llegada a las comunidades de la zona carbonífera. Conforme nos familiarizábamos con el entorno descubríamos que, en realidad lo que sucedió no había sido un accidente, ni para las personas que murieron por derrumbes, inundaciones, ni explosiones. No se trataba de acontecimientos fortuitos, sino de negligencia por parte de las autoridades locales y empresarios, quienes entregan la responsabilidad al minero sin proveer de equipo e infraestructura digna. Ante la ley las minas están obligadas a cumplir con ciertas medidas de seguridad para garantizar que las personas tengan su derecho a un espacio apto para trabajar dignamente. Con esto, las empresas conocen sobre los materiales y las condiciones necesarias para que una mina de carbón pueda operar, las cuales, se supone, tendrían que estar bajo supervisión periódica. Sin embargo, es claro que estas obligaciones son evadidas y para cumplirlas hace falta demasiada voluntad política que anteponga las necesidades de su pueblo sobre ganancias personales.

El 17 de julio de 2006 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (cndh) emitió la recomendación 26/2006 sobre lo sucedido en Pasta de Conchos, declarando que se cometieron violaciones a los derechos humanos por parte de servidores públicos de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, al permitir que la empresa Industrial Minera México s.a. de c.v. “funcionara en condiciones que no garantizaban íntegramente la salud y la vida de los trabajadores y, con ello, se transgredieron en perjuicio de los agraviados los derechos fundamentales de legalidad, seguridad jurídica, a la vida, a la integridad física y a la seguridad e higiene” (cndh, 2006).

Edificio con letrero en la mano

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Armando cruces
Cruz con el nombre de un minero siniestrado, elaborada con pilotes que se utilizan para sostener ademes
(fortificaciones) en el interior de las minas, para evitar derrumbes o caídos, es decir, desprendimientos del cielo de la mina.
Fotografía: Ricardo Hernández Reyes

Ante estos hechos, el papel de las instituciones se vuelve relevante, pues resalta un problema sistémico que deja ver una creencia tan arraigada a la herencia minera que borra por completo los derechos fundamentales de un trabajador. Se trata de un legado familiar que deshumaniza y obliga a padres e hijos a mantener actividades mineras y reproducir las narrativas que ocultan las distintas expresiones en las que se ejerce violencia laboral. La recomendación 26/2006 fue la primera en emitirse sobre el caso de Pasta de Conchos, sin embargo, no fue la última, pues más siniestros continuaron sucediendo.

La palabra siniestro proviene de un contexto en el que no se propician las condiciones necesarias para evitar que las muertes sucedan, dando como resultado la consolidación de una estructura que alimenta las desigualdades, sin importar la empresa que se analice. Referirnos a siniestro en lugar de accidente es una forma de reivindicar el lenguaje, reconociendo la responsabilidad, tanto del sector público como privado, de las omisiones en las medidas de seguridad que han vulnerado la dignidad y la justicia de los trabajadores mineros de la zona (Martínez et al., 2018).

Por lo tanto, el siniestro sucedido tanto la mina de Pasta de Conchos, como en Nueva Rosita, Guadalupe y La Esmeralda, por mencionar algunas, no fueron casos aislados, sino eventos que ponen en evidencia el verdadero interés de las empresas: el beneficio económico.

Imagen que contiene estante, fila, montón, hecho de madera

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Cruces
Cruces de mineros siniestrados donde aparecen los nombres, el año, la mina y el lugar de la mina.
En la actualidad hay más de 100 cruces.
Fotografía: Ricardo Hernández Reyes

Derechos negados: duelo y justicia en Pasta de Conchos

Ante la situación expuesta anteriormente, los esfuerzos de las familias que conforman la ofpc han estado orientados a la reparación del daño, invitándonos a recuperar la identidad de las víctimas a través de sus nombres, no de números que solo indican que siniestros como los mencionados siguen sucediendo.

Varios letreros afuera de una casa

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Cruz Rescate Justicia
En ella se observa la cruz que se colocó en el año 2006 para recordar a los 65 mineros siniestrados en el accidente de febrero de ese año.
Fotografía: Ricardo Hernández Reyes

Al dialogar con algunas familias que perdieron a sus seres queridos debido al trabajo en las minas mencionaron que su proceso de duelo ha sido cada vez más complicado, ya que se trata de una herida que no ha cerrado aún, porque nunca fueron escuchados.

Elvira8 es una mujer que ha participado en esta lucha incansable de búsqueda de la justicia, no solo por la pérdida de su esposo en la Mina Pasta de Conchos en 2006, sino también por aquellas personas que por distintas cuestiones ya no pueden seguir exigiendo justicia. Ella nos habló de la importancia del proceso del duelo:

Lo que nos ha mantenido hasta ahora como familias ha sido precisamente que no se realizó el rescate. Yo siempre he dicho que, si se hubiera logrado el rescate, en cinco años ya no estaríamos aquí, ya ni siquiera nos hubieran visto. ¿Por qué? Porque las familias se habrían retirado. Tal vez algunas pocas hubieran seguido buscando un poco más allá, pero yo creo que ese hubiera sido el mayor logro: que las familias hubiéramos podido tener un duelo. Hubiéramos podido retirarnos a nuestras casas y atender a nuestros hijos, especialmente quienes nos quedamos con niños pequeños que tuvimos que dejar. Hubiéramos cerrado el ciclo que como humanos tenemos derecho a cerrar. Entonces sí, yo digo que fue algo que se nos negó durante todos estos años. Se puede decir que [el duelo] fue algo que se nos negó (Elvira, 2025).

La tierra es nuestro sustento

En la cosmovisión mexica existe un bello pasaje llamado El Monte de Nuestro Sustento, en el que se narra cómo los dioses se dan cuenta de que los humanos necesitan tener un alimento fundamental para poder subsistir. Quetzalcóatl baja a la Tierra y se encuentra con una pequeña hormiga, quien le cuenta sobre el maíz. Este estaba oculto en un monte, al que sólo se podía atravesar por una abertura del tamaño de la pequeña hormiga; de este modo Quetzalcóatl se transforma en este insecto y logra dar con el maíz, alimento de la humanidad. Este mito nos demuestra que en nuestro entorno se encuentra nuestro alimento, nuestros oficios, nuestras creencias, nuestra organización y la unión de la comunidad.

Los pueblos de la Región Carbonífera de México habían puesto sus ojos en las minas de carbón, olvidando la capacidad de vida de la tierra. Si bien estos pueblos fueron fundados por las empresas y fueron ellas las que crearon las primeras comunidades de esta región, había un falso culto por mantener la veneración al carbón como fundador que permitía de cierto modo la explotación del suelo, la contaminación de las empresas y la justificación de muertes de mineros, sin cuestionar la responsabilidad patronal.

Hoy, los pueblos de Barroterán y La Florida encontraron un lugar de reconexión con su territorio a través de la creación de huertos, un espacio de organización comunitaria, en donde se aprenden saberes ancestrales, oficios más amables con el medio ambiente y cultura alimentaria; una oportunidad para reescribir la historia. Nosotras y nosotros como estudiantes fuimos testigos de cómo la visión de la tierra siendo un recurso de explotación, se transforma en una oportunidad de imaginar nuevas formar de habitarla.



Mina de Carbón a cielo abierto abandonada
En la región carbonífera es común encontrar tajos, minas a cielo abierto. Al explotarse las minas, no se repara el daño ambiental y se dejan abandonadas.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

De la muerte a la vida

Durante nuestra experiencia en la región carbonífera nos enfrentamos a altas temperaturas que llegaron hasta los 41 grados centígrados. El trabajo de pintar, mover tierra y piedras para hacer los huertos y facilitar los talleres convirtieron al diálogo profundo y al análisis en actividades de segundo plano. En los tiempos libres solo queríamos descansar, la mente se ponía en blanco y las ganas de compartir lo que se iba tejiendo en el pensamiento se evaporaban con el calor; de pronto nos dimos cuenta de que la inmediatez nos absorbía poco a poco. Fue en ese momento cuando pudimos parar, sentarnos, refrescarnos física, mental y espiritualmente para escuchar los pensamientos y las sensaciones dentro del equipo. Si solo se sobrevive a lo inmediato, ¿quién puede crear sueños para sembrar en la realidad?


Imagen que contiene edificio, cerca, tabla, hombre

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Construcción del Huerto
Huerto elaborado comunitariamente en Barroterán.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

El abandono sistémico pasa por distintos aspectos: imposición de la narrativa minera que da poca oportunidad a preguntarse qué más se sueña para la comunidad, infraestructura abandonada, desconexión de transporte entre pueblos, pocos espacios de convivencia, enfermedades relacionadas a la minería, un paisaje plagado de montículos de desechos de minas, lagos creados por el agua extraída del suelo, la sombra de un pasado violento causado por el crimen organizado, etc. ¿Qué sueños hay sembrados en este territorio? ¿Quién los crea si pareciera que el territorio expulsa a sus habitantes?


Imagen que contiene niño, pasto, pequeño, joven

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Niñas y niños pintando
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

Desde los ámbitos mencionados, el abandono sistémico podría sentirse o vivirse como un signo de muerte. Sin embargo, desde nuestra fe cristiana, no existe la muerte sin la vida. De este modo se presenta una oportunidad de resurrección para Barroterán y la región carbonífera.

“De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). El fragmento bíblico anterior permite entender un proceso de transformación a partir de la germinación de semillas. La muerte del grano representa el cambio necesario: la caída de un sistema económico sostenido por la explotación de las personas y del medio ambiente; el fruto es el nacimiento de otras formas más justas de coexistir con el territorio.

Un ritual de Semana Santa es la procesión del silencio, seguido por el rosario del pésame a la Virgen María, esto toma lugar la noche del Viernes Santo, cuando Jesús ya fue crucificado. Durante nuestra estadía en Barroterán algunos compañeros asistimos a los ritos mencionados, para ello se nos pidió vestir de negro. Al frente de la procesión algunos hombres de la comunidad cargaban un féretro y una estatua de la Virgen de los Dolores. En ese momento nos dimos cuenta de que no era solo la representación de un hecho histórico en Medio Oriente de hacía dos mil años, sino la realidad de la región carbonífera. La comunidad está marcada por el dolor de las muertes injustas de familiares y amigos; hay viudas, huérfanos y madres sin hijos. La Virgen María presenció la crucifixión de Jesús y pudo darle sepultura a su cuerpo, pero las mujeres de la región carbonífera no siempre lo logran.


Imagen que contiene exterior, tabla, alimentos, pequeño

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Semillas
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

Retomando la metáfora de la semilla, el crecimiento de las plantas puede ser lento y el germen debe ser nutrido y cuidado para florecer. Los procesos de transformación profunda implican una apuesta al tiempo, en la que también se puede experimentar la incertidumbre, el dolor y la soledad. Sin embargo, la fe, la espiritualidad, la permanencia en comunidad y la esperanza en la construcción de otros mundos vuelve fuerte al individuo y al colectivo para atravesar las dificultades del camino. Así, sin ser pensado, se vive la Trinidad: la persona, la comunidad y su fe en Dios. En este escenario de desolación podemos nombrar a la ofpc, a la activista Cristina Auerbach, al obispo Raúl Vera, Mariquita, Araceli, P. Rodrigo, Martín, Bertha, Ramón, Marcial, la maestra Diamantina, Omar, entre muchas otras más personas como labradores del suelo, que con su compromiso y sueños nutren los brotes de la semilla llamada vivir con justicia y dignidad.



Sembrar futuro
Jóvenes de la comunidad de Minas de La Florida, decorando y sembrando en el huerto.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

Narrativas en construcción

En la región carbonífera las comunidades habían sido quebrantadas por intereses políticos y económicos, ignorando por completo la existencia de una vida detrás de cada rostro minero. La principal fuente ingresos de estos pueblos provenía del trabajo realizado en las minas, en donde la extracción de carbón se convertía en una actividad hereditaria y casi obligatoria para las familias de Barroterán y La Florida. Según algunos discursos, sus muertes significaban un sacrificio para un bien comunitario: servir de luz eléctrica a todo el país. Bastaba con estar algunos días en la región para notar la cantidad de estatuas instaladas en representación de los mineros que “ofrecieron” su vida por la causa.


Imagen que contiene exterior, firmar

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Hijo, caíste cumpliendo tu deber
El monumento dedicado a los 153 mineros que murieron en la explosión de 1969 en las minas Guadalupe; en él se representa a una madre que carga a su hijo y en la que está inscrita la frase “Hijo, caíste cumpliendo con tu deber”.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

Sin embargo, a pesar de toda la narrativa del “orgullo minero” construida por las autoridades locales y también las escasas oportunidades de trabajo que existen más allá de la minería, las familias buscaban formas de cambiar su entorno y hacerlo más próspero, más digno. Entonces, surge la necesidad de transformación para las nuevas generaciones, un ambiente en donde la tierra no sea vista como terreno de destrucción y minería, sino como sinónimo de vida, de nuevos comienzos. Sentando las bases para la construcción de los huertos y murales creados en las iglesias de ambas comunidades, lugares donde se reúne la comunidad y donde se construye y se forma la vida.



Imagen que contiene exterior, firmar, cubierto, calle

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Capilla
Mural elaborado en y con personas de la comunidad Minas La Florida.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

La frase “unidos todos para formar un mundo mejor” encabeza uno de los murales elaborado por niñas, niños y jóvenes de Barroterán, en donde muestran dos huizaches característicos del territorio, mientras que, en los otros dos murales predominan colores como el verde, azul, y café para dibujar animales, árboles, plantas y otros elementos de la naturaleza que les gustaría ver dentro de la comunidad.

Las reflexiones de las infancias plasmadas en los murales y huertos permiten que nuevas realidades sean posibles, y los convierte en agentes activos al agregar símbolos de vida a paredes de lugares que frecuentan y sostienen la fe.




Unidos todos para formar un mundo mejor / Territorio vivo / Dibujando esperanza con manos firmes
Murales pintados por niñas, niños, adolescentes y jóvenes de Barroterán.
Fotografías: Alanis Camila Nogales Chávez

Los huertos como paradigma alternativo

Ante el panorama de la desaparición de las minas de carbón surge la necesidad de alimentar nuevas posibilidades para los habitantes de la zona carbonífera. Es ahí donde nace Sembrando Transición, una colaboración entre la ofpc, Conexiones Climáticas y la Iniciativa Climática de México (Organización Familia Pasta de Conchos, s.f.).

El hacer huertos es un inicio. Es una mirada al futuro, y también al presente; el saber cuidar lo que hay en este mismo momento, en ese mismo suelo donde estamos parados, el regar día con día para que broten las plantas que se han sembrado y se llenen de abundancia, de alimento y también, que sea una excusa para trabajar con la propia comunidad.

“Huerto del futuro” es el nombre que se le dio a uno de estos, y fueron precisamente las niñas, los niños y los adolescentes quienes sentaron las bases de este nuevo espacio comunitario. Son los próximos habitantes de la región Carbonífera en Coahuila, y de las primeras generaciones que ya no dedicarán su vida a trabajar en las minas de carbón.

Imagen que contiene exterior, firmar, cerca, edificio

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Huerto del futuro
Dibujo y nombre del huerto de la comunidad de Minas La Florida, donde se lee “La presencia de Dios se siente al sembrar y cosechar”.
Fotografía: Ricardo Hernández Reyes

No sabemos con certeza lo que ellos decidirán hacer en su vida, en qué trabajarán, las posibilidades con las que ellos contarán. Lo que sí sabemos es que tendrán más opciones que sus abuelos, y que en el territorio donde abundó polvo negro del carbón y las explosiones bajo la tierra, hoy se decidió algo diferente: sembrar vida con la promesa de que el suelo provea algo más que combustibles fósiles. La comunidad de Barroterán y La Florida ya iniciaron su trabajo hacia la soberanía alimentaria, una vida sana y de resistencia hacia su propio territorio. Los huertos, aunque modestos frente a la magnitud del daño por años y años de extracción desmedida, son un paso grande para reconstruir un tejido social y ecológico, y resignificar el territorio, semilla por semilla.


Un grupo de personas de pie sobre pasto

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Comunidad Huerto del Futuro
Comunidad de Minas La Florida.
Fotografía: José Elías Ibarra Herrera

Referencias

Comisión Nacional de Derechos Humanos (cndh). (2006). Recomendación 26/2006. cndh México. https://www.cndh.org.mx/documento/
recomendacion-262006

Global Atlas of Environmental Justice. (2021). Contaminación por carboeléctricas de la cfe en Coahuila, México. Global Atlas of Environmental Justice. https://ejatlas.org/conflict/contaminacion-por-
carboelectricas-de-la-cfe-en-coahuila-mexico

Martínez, E., Saldaña, E., Olvera, R., Navarro, J., & Auerbach, C. (2018). El Carbón Rojo de Coahuila: Aquí acaba el silencio. Heinrich Böll Stiftung México y El Caribe.

Organización Familia Pasta de Conchos. (s.f.). Inicio. Familia Pasta de Conchos. https://www.pastadeconchos.org/

Organización Familia Pasta de Conchos. (2025). La región carbonífera de Coahuila. Familia Pasta de Conchos.

Téllez, I., & Sánchez, M. (2023). La Región Carbonífera de Coahuila: Problemas estructurales y perspectivas. En J. Isaac (Coord.), Nuevas territorialidades – economía sectorial y reconfiguración territorial (pp. 255–274). Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto de Investigaciones Económicas; Asociación Mexicana de Ciencias para el Desarrollo Regional.


  1. 1 Base de datos de la Organización Familia Pasta de Conchos, quién ha contabilizado que de 1889 a la fecha se han documentado 3,160 muertes de mineros por la precariedad laboral. Para más información sobre su labor, consultar https://www.pastadeconchos.org/

  2. 2 Norma Oficial Mexicana nom–032–stps–2008, Seguridad para minas subterráneas de carbón. Publicada en el Diario Oficial de la Federación el 23 de diciembre de 2008.

  3. 3 La mina Pasta de Conchos explotó el 19 de febrero de 2006 y era propiedad de Grupo México. A noviembre de 2025 faltan por rescatar 51 mineros.

  4. 4 Binsa era un pozo de carbón (mina de tiro vertical) perteneciente a la familia de Rogelio Montemayor Seguy, exgobernador de Coahuila. Binsa explotó en 2011, fallecieron 14 mineros y un menor de 14 años resultó mutilado del brazo.

  5. 5 Micaran fue una cueva de arrastre en el Ejido la Cuchilla, se inundó en el año 2021, en el episodio fallecieron siete mineros.

  6. 6 El Pinabete se inundó en agosto de 2022, fallecieron 10 carboneros. Estaba ubicada en Agujita, Sabinas, Coahuila. Este acontecimiento evidenció la mala praxis de los empresarios y políticos por utilizar prestanombres en las concesiones.

  7. 7 Ley Federal del Trabajo, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 1 de abril de 1970, art. 343-C Fracc. iv. Norma Oficial Mexicana nom–023–stps–2012, Minas subterráneas y minas a cielo abierto – Condiciones de seguridad y salud en el trabajo, publicada en el Diario Oficial de la Federación, 25 de septiembre de 2012.

  8. 8 Elvira Martínez Espinoza es fundadora de la Organización Familia Pasta de Conchos y a la fecha lucha por recuperar el cuerpo de su esposo Jorge Bladimir Muñoz.