Exploraciones

doi: 10.31391/ghhy9n63 Recepción: 20-10-2025 Aprobación: 14-11-2025
Nadie se salva solo, ni siquiera del olvido. Curaduría, memoria y derechos humanos sobre la guerra sucia represión de Estado en México
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Vanesa Robles iteso orcid: 0009–0003–3425–9416 |
Robles, V. (2025). Nadie se salva solo, ni siquiera del olvido. Curaduría, memoria y derechos humanos sobre la guerra sucia represión de Estado en México. Análisis Plural, (11).
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Resumen: Este texto relata la experiencia de la creación de la exposición museística “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)”, producida por el iteso, cuyo propósito es activar el derecho a la memoria, uno de los pilares de la justicia transicional y los derechos humanos, en torno al periodo conocido como la “guerra sucia”, en México. El texto narra cómo se construyó el guion curatorial y museográfico del montaje, que se ha presentado en tres espacios museísticos, desde la perspectiva de la represión de Estado. Hace énfasis en la construcción colectiva de la experiencia sensorial, audiovisual, sonora y textil de sus visitantes, a quienes se les invita a hacer memoria a través de la acción. |
Abstract: This text recounts the experience of creating the museum exhibition “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)”, produced by iteso, whose purpose is to activate the right to memory, one of the pillars of transitional justice and human rights, regarding the period known as the “dirty war” (guerra sucia) in Mexico. The text narrates how the curatorial and museographic script of the installation, which has been presented in three museum spaces, was constructed from the perspective of state repression. It emphasizes the collective construction of the sensory, audiovisual, sonic, and textile experience of its visitors, who are invited to remember through action. |
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Palabras clave: guerra sucia, justicia transicional, memoria, museos, curaduría, derechos humanos |
Keywords: dirty war, transitional justice, memory, museums, curatorship, human rights |
Romeo Cartagena me contó que algunas de las fotografías que me estaba compartiendo se las encontró un compañero en un tianguis, en un barrio entre la Ciudad de México y el Estado de México. Ese hombre habría sobrevivido al encierro y a la tortura, alrededor de 1970, en una casa de seguridad de la hoy extinta Dirección Federal de Seguridad (dfs), que funcionó entre 1947 y 1985 y a la que le atribuyen decenas de casos de tortura y desaparición de personas (Archivo General de la Nación, 2024). Casi 25 años después andaba chachareando en el mercado de cosas viejas y miró un archivero que se le hizo muy parecido a los que había en las oficinas donde estuvo detenido. Según esta versión, el hombre compró el mueble a ciegas, pues sus cajones estaban cerrados con llave, y se lo llevó a su casa. Cuando pudo abrirlo, dentro de él aparecieron tiras de negativos y algunas fotografías que muestran a policías y militares en refriegas contra grupos de jóvenes. Habría emergido, así, la mirada que tuvo entre 1960 y mediados de 1970 un fotógrafo al servicio de los perpetradores.
Las fotografías forman parte de una serie de proyecciones a muro para la exposición “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)”, que se produjo por los centros de Promoción Cultural (cpc) y Universitario por la Dignidad y la Justicia “Francisco Suárez, sj” (cudj) del iteso, entre 2020 y 2024. El propósito de su curaduría —de la que estuve encargada— y planteamiento museográfico ha sido generar una posibilidad de memoria narrativa (Jelin, 2002) sobre ese momento; la de los reprimidos. A ellos les suena injusta la expresión “guerra sucia”, como se suele enunciar, y encuentran más certera “represión de Estado”.
El derecho a la memoria se reconoce como el quinto pilar fundamental de la justicia transicional, además de la verdad, la justicia, la reparación del daño y las garantías de no repetición (Naciones Unidas, 2020). De acuerdo con Jelin (2002) la memoria es una construcción social activa, en la que el pasado es evocado e interpretado en función del presente. Esta socióloga argentina señala que las memorias narrativas son las que se pueden relatar a las otras personas. Para la autora no existe una, sino un conjunto de memorias que, a diferencia de la historia, no son datos “dados”, sino distintas formas de recordar el pasado traumático, que a menudo entran en disputa. En “Vestir la guerra sucia represión” se pretende abrir el debate social sobre las responsabilidades y las consecuencias de las violaciones a los derechos humanos en ese periodo. Por esa razón, en las cédulas museísticas que se generaron para este montaje se intentó ligar la impunidad de los perpetradores con la continuación de la desaparición de personas en el México actual.
“Vestir la guerra sucia represión” se presentó por primera vez en la Galería del edificio “V” del iteso el 19 de agosto de 2024, apenas a un mes de que Romeo y Dulce González, integrantes del Comité 68 Prolibertades, permitieron utilizar algunas imágenes bajo su resguardo.

Proyecciones a muro de jóvenes detenidos a finales de los años 60 del siglo xx,
proporcionadas por el Comité 68 Prolibertades.
Fotografía: Vanesa Robles
Se trata de una experiencia sensorial que reclama la interacción de quienes la visitan. De un recorrido audiovisual, sonoro, textil y escrito, construido desde las miradas, las palabras, las voces, las imágenes y la indumentaria como elementos de representación de diferentes grupos involucrados durante un decenio —1968–1978— del periodo de represión de Estado de entre 1965 y 1990, como confirmaron los informes “Fue el Estado (1965–1990)” y “Verdades Innegables” (Comisión de Verdad y Justicia, 2024).
En distintas dimensiones y formatos museográficos la exposición se ha montado, además del iteso, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre el 23 de abril y el 23 de junio de 2025, y en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas de Guadalajara, del 29 de agosto al 24 de octubre de 2025.
Para su construcción, al relato del hombre que habría encontrado el archivero con las fotografías secretas de sus torturadores se sumaron otras historias.
Una de ellas comienza un domingo de principios de 2019 en otro tianguis de viejo, este en la colonia Polanco, un barrio popular del suroriente de Guadalajara, la capital de Jalisco. Ese domingo el mercado está henchido de gente. Miles nos apretamos en la calle Longinos Cadena. Es una mañana de suerte. Afuera de la que parece su vivienda una mujer exhibe, para venderlos, un par de uniformes completos de policía. Enseguida reconozco que fueron confeccionados a finales de los años setenta del siglo xx, por el color de su tela y el paisley de sus forros —el paisley es un estampado en forma de bacteria o gota invertida, muy popular en los años sesenta y setenta—. Los trajes están en 50 pesos, un poco más de dos dólares, cada uno.
De regreso a mi vivienda, antes de cruzar la entrada, reviso las prendas que compré, para evitar una infestación de cucarachas o de chinches en la casa. Esta vez no hallo insectos, sino algo más espeluznante. Uno de los sacos de policía trae una etiqueta de tintorería viejísima, de unos cinco por tres centímetros, escrita en mayúsculas. Dice: “Gral. Arturo Durazo Moreno”.
La chispa que encendió la creación de “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)” fue aquella etiqueta unida al traje de dos piezas que pudo pertenecer al “Negro” Durazo, leyenda mexicana de las violaciones a los derechos humanos, la represión y la corrupción, en un lapso que va de los años sesenta a los años ochenta del siglo xx.

Visitantes al Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la unam fotografían
el que habría sido un traje de Arturo, el “Negro” Durazo.
Fotografía: Vanesa Robles
Otoño de 2021. Ya transcurrieron más dos años desde el hallazgo de los uniformes de policía. Transcurrió una pandemia, la del covid–19. Un grupo de personas asistimos a una junta virtual sobre acciones en torno al Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se conmemora el 30 de agosto. La convocante es Alejandra Nuño, en ese momento directora del Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia “Francisco Suárez, sj”, y nos sumamos Brenda Valdés, museógrafa del cpc; Jessica Alcázar, coordinadora del Derecho a la Verdad y Rendición de Cuentas de la organización Artículo 19, y yo.
“Tengo un traje que pudo pertenecer al ‘Negro’ Durazo”, presumo. La verdad es que ya me urgía sacarlo de la casa; exhala un hedor hiriente y hay noches en las que no parece un ajuar, sino un ser vivo. Un monstruo pestilente en uniforme de policía. Por esa razón y por la identificación de Arturo el “Negro” Durazo como un represor durante la llamada guerra sucia, propongo exhibirlo, junto con otras piezas de mi colección fabricadas entre 1960 y 1970. En la reunión expreso que sería bueno poner la indumentaria en un jardín del iteso, para invitar a la gente más joven a conocer más sobre la desaparición forzada.
Enseguida la museógrafa Brenda Valdés nos hace entender que las exposiciones no suceden porque alguien tenga un traje del “Negro” Durazo; que, al contrario, su concepto parte de un trabajo intencionado que guía la historia que contarán las piezas de una colección, como lo es el traje de policía. Esto, me estudiaré más tarde, es a lo llaman curaduría.
A partir de aquel día se suceden varios acontecimientos que terminarán en el diseño curatorial de una exposición itinerante sobre la memoria del periodo de represión.
En septiembre de 2021 —y hasta agosto de 2022— me integro al Diplomado internacional “Debates actuales en torno a memorias colectivas, género y Derechos Humanos” que imparte el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso). En marzo de 2022 participo como coorganizadora y aprendiente, junto con Brenda Valdés, en el primer “Ciclo de reflexión Museos en la actualidad”, con el tema de género. En septiembre de 2022 trabajo como profesora asistente de Brenda, titular del curso. A finales de ese mes organizamos el segundo ciclo de “Museos en la actualidad”, con el tema de la memoria.
Es por aquí cuando conozco el concepto de “museo” del International Council of Museums (2022), como una “institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial […] Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos”. ¡Los museos son instituciones vivas!
Continúa el recuento: en agosto de 2023 viajo a Argentina, donde visito el Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada, la esma, que hoy funciona como un sitio de memoria. Este encuentro me hace mirar museografías que jamás había contemplado; en la esma me encuentro de frente con una cédula museística que habla de los eufemismos que la última dictadura militar usó para no nombrar las ejecuciones de personas entre 1976 y 1983.
En la Argentina de aquellos años los militares llamaban traslados (Museo Sitio de Memoria dfs, s.f.). a las ejecuciones extrajudiciales perpetradas en vuelos cargados de personas opositoras al régimen, la mayoría muy jóvenes, que eran arrojadas al mar. Me empiezo a preguntar: ¿en México también se usaron eufemismos durante la llamada guerra sucia?

Montaje de algunos documentos generados por instituciones del
Estado entre 1968 y 1978, en los que se hallaron eufemismos.
Fotografía: Vanesa Robles
El 25 de octubre de 2023, de vuelta en Guadalajara, me aventé los primeros clavados sobre los 310 mil documentos que aloja la plataforma Archivos de la Represión.1 Después de meses de búsqueda y decenas de horas de navegación sin puerto comenzaron a revelarse algunos eufemismos que usaron las policías, cuerpos de inteligencia del Estado, agentes de la Secretaría de la Defensa Nacional y trabajadores de la extinta Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (dips). Los usaron para no llamar por su nombre a los espionajes, torturas y ejecuciones extrajudiciales de personas y a las víctimas de esas violaciones a los derechos humanos y delitos. Cientos de esas personas continúan desaparecidas.
¿Por qué elegí el periodo entre 1968 y 1978? La colección de prendas pertenece a ese decenio, que coincide con la mayoría de los documentos que encontré donde se usan referencias eufemísticas.
La exposición muestra los primeros hallazgos de aquella búsqueda que continúa hasta hoy. Diseñados por Julia Magaña, cuatro pendones de papel que se escurren desde el techo hasta el piso exhiben una selección de los eufemismos expresados en 30 documentos que habían estado clasificados hasta 2014.
Junto con las fotografías del archivero misterioso estos pendones son otro elemento de “Vestir la guerra sucia represión (1969–1978)”, en la sección “Palabras para ocultar”. Esta se pensó para que los visitantes encuentren las perífrasis, las tachen y las sustituyan por los conceptos a los que intentaron esconder, por lo terribles que son.
¿De qué documentos se trata? Hay cinco fojas, algunas generadas por la Secretaría de la Defensa (Sedena) y la Dirección Federal de Seguridad (dfs), cuyos eufemismos ocultan la tortura. Ambas instituciones hablan de la “INVESTIGACIÓN”, así, con mayúsculas, que diferencian de “investigación” con minúsculas contra personas detenidas; de interrogatorios “estrechos”, de “interrogatorios más severos”. Un ejemplo es un informe firmado por quien fuera director de la dfs, el capitán Luis de la Barreda, sobre la detención de Lisenco Antonio Licea, en mayo de 1975: “A pesar del estrecho interrogatorio al que ha sido sometido, lo antes manifestado son los únicos datos que se ha logrado obtener de este individuo…” (De la Barreda, 1975).
Se presentan, además, cuatro comunicados de la Sedena, en los que se narra el hallazgo de “paquetes”: de personas disidentes; cuatro recibos de cheques que pagó la dips a espías infiltrados en los movimientos sociales, por sus “comisiones” en varios estados de México. Y, lo más sobrecogedor, se revelan ocho bitácoras militares de vuelos “locales” y “nocturnos”, entre mediados de 1974 y principios de 1979. Se trata de vuelos de la muerte, según los testimonios de quienes los perpetraron, que fueron recuperados por Fábrica de Periodismo (Sánchez, 2023; Reyna, 2023).
La obtención las bitácoras de vuelos fue otra, una cadena de suerte y generosidad. En junio de 2024 la desesperación comenzó a cundir en torno a “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)”. El guion curatorial estaba terminado y la Galería del iteso había reservado fechas para la exposición casi un año antes. Faltaba, nada menos, presupuesto para obtener los derechos de reproducción de imágenes que ilustraran ese momento histórico.
Por esos días aparecieron Romeo y Dulce dispuestos a compartir el acervo del Comité 68 Prolibertades. Y más o menos en las mismas fechas conseguí el número de Ignacio Rodríguez, el director general de Fábrica de Periodismo, el medio digital que publicó las bitácoras de los vuelos de la muerte, a finales de 2023.
Gracias a él, en la exposición se exhibe un croquis que el capitán retirado Margarito Monroy dibujó, en 2002, del sitio donde se asesinó tal vez a decenas de disidentes, en la Base Aérea Militar 7, en Guerrero. Ignacio Rodríguez adjuntó además 13 fojas militares fechadas entre el 15 de octubre de 1974 y el 8 de julio de 1979. En estas se registraron 71 vuelos “locales” o “nocturnos”, los eufemismos de 71 vuelos de la muerte en los que el propio Margarito y un par de compañeros trasladaron cuerpos humanos al Océano Pacífico, muy cerca del puerto de Acapulco.
Sobre esta grave violación a los derechos humanos trata el documental “Vuelos de la muerte”, una reconstrucción audiovisual” (YouTube, 2024),2 que produjeron el Centro Prodh3 y la organización estadounidense situ Research.4 Esta pieza audiovisual se incluye en el guión curatorial y la museografía del montaje.

Un grupo de visitantes a la exposición, en su montaje en el
iteso, llora, ante la escucha de las cartas sonoras.
Fotografía: Vanesa Robles
Los sonidos son una materia omnipresente para quienes han visitado “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)”. Brotan de una o dos bocinas, cuya emisión se enlaza a ratos, se suelta en otros. Este paisaje está hecho con las voces de personas que sobrevivieron a la tortura y la cárcel durante la represión y de quienes siguen buscando a los suyos. Se grabaron después de un taller en varias etapas que organizó Artículo 19 para la sección “Cartas Sonoras. Correspondencia para la ausencia”, proceso que describen María De Vecchi Gerli y Jessica Chantal Alcazar Romero en su artículo “Guadalajara, memorias vivas: construcción colectiva de memorias con sobrevivientes y familiares de víctimas de violaciones a derechos humanos en México”, publicado en este mismo número de Análisis Plural. Al final del taller, en marzo de 2024, algunas de las personas que asistieron a él decidieron grabar, con sus voces, cartas que fueron escribiendo durante el proceso.
En el espacio museístico estos testimonios, recreados a manera de una escultura sonora, se empalman unos con otros y, todo el tiempo, con un ruido aural reproducido en un bucle incesante. Por separado, escondidos aquí y allá en prendas y otros elementos museográficos, se han colocado varios artefactos sonoros (botones, chips electrónicos y alarmas), con sonidos comunes en el México de entre 1968 y 1978. El autor de la escultura sonora es Gilberto Domínguez5, un productor y profesor del iteso.
Al montaje más reciente, en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas de Guadalajara, a la exposición se le añadió una pieza nueva; un mapa donde se identifica a 15 sitios de tortura y desaparición6 que operaron en el Área Metropolitana de Guadalajara durante la llamada guerra sucia. Se le nombró como “Cartografía de la represión” y quizás es el primera en su tipo en Jalisco. Obtuve la ubicación de los lugares de tortura a partir de entrevistas con sobrevivientes, investigaciones periodísticas y artículos académicos. El autor de la representación gráfica es el académico de la Unidad de Información Estadística y Geográfica del iteso, Maximiano Bautista. Es hermano de Guillermo y sobrino de Alfonso Guzmán, ambos desaparecidos desde el 15 de abril de 1977, cuando eran adolescentes.

Un aspecto de la sección “Los trajes de la libertad” de la exposición.
Fotografía: Vanesa Robles
¿Qué pasó al final con el traje del “Negro” Durazo? Gilberto Domínguez lo hizo hablar. Colocó en uno de los bolsillos del saco de policía un dispositivo, a través del cual quienes han visitado “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)” pueden escuchar un fragmento de la entrevista que, en 1979, le hizo al “Negro” el reportero Guillermo Pérez. A este traje se sumaron diez conjuntos o vestidos y tres pares de zapatos que fueron confeccionados entre 1960 y 1970.
Nombré a esta sección “Los trajes de la libertad”. Su premisa es que la indumentaria es memoria. Que el humano es un cuerpo político y la ropa, lo que nos ponemos todos los días, más allá de su sentido estético funciona como un lienzo que proyecta un género, condición económica, momento histórico y sistema de pensamiento, como han concluido Pierre Bourdieu (2007), Judith Butler (2020) y David Le Breton (2012) entre otros pensadores del siglo xx.
Los represores conocían los códigos de vestido de sus víctimas. Los habían plasmado en documentos institucionales (Uranga, 2022). En la cédula de un conjunto de tres piezas: una falda y un chaleco de gamuza y una blusa de algodón se lee:
El movimiento [hippie] se consideró una amenaza por los gobiernos estadounidense y mexicano; fue el pretexto de la “guerra contra las drogas”, según documentos en resguardo del Archivo General de la Nación. En 1969, el Plan Candado7 se refería a las personas hippies como viciosas y greñudas, y las acusaba de practicar yoga y escuchar a The Beatles. En 1970 el Estado mexicano desplegó un plan anti hippie…
En la exposición del iteso, en agosto de 2024, se puso un rack tubular con 18 prendas de la época, que todas las personas visitantes podían ponerse, y varios pliegos de cartón rígido que muy pronto fueron pintados por los visitantes con consignas y utilizados en fotografías selfie. Lo llamamos “Autorretratos del nunca más”.

Un grupo de jóvenes visitantes, vestido con prendas de los años 60 y 70 del siglo 20,
muestra algunos carteles hechos por ellos y ellas.
Fotografía: Vanesa Robles
Los últimos detalles. Sobre un escritorio manufacturado en 1970 pusimos dos máquinas de escribir de la misma época, dos teléfonos de disco, un cenicero repleto de colillas, unas tazas con restos de café, informes que generó la policía secreta sobre algunas personas desaparecidas desde hace 55 años... Así nos imaginamos una oficina de la Dirección Federal de Seguridad entre 1968 y 1978. Les pedimos a las personas que visitaron “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)” que con sus acciones le cambien el sentido tétrico a la escena. Que con las máquinas tecleen mensajes para quienes habitaron el pasado; que les cuenten sus preocupaciones y esperanzas en el México de hoy. Que, igual que en el resto de las secciones de la exposición, recreen con su experiencia este montaje museográfico. Que hagan memoria a través de la acción.
Así se pensó todo el proceso curatorial para “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)”; como un instrumento para la materialización y la activación del derecho a una de las muchas memorias que se han construido alrededor de ese periodo. Como el acto colectivo de una posibilidad distinta de recordar, a través de una experiencia museística audiovisual, sonora, textil y escrita. De cocrear, más que de aleccionar. La intención curatorial fue la rememoración activa.
“Nadie se salva solo”, nos enseña el cómic argentino El Eternauta, creado por el desaparecido político Héctor Germán Oesterheld,8 ilustrado por Francisco Solano López y publicado entre 1957 y 1959. Nadie genera una exposición en soledad.
El montaje museográfico de “Vestir la guerra sucia represión (1968–1978)” ha sido, desde que nació como una idea, una serie de actos colectivos, de solidaridades. Sé que “nadie se salva solo”, ni siquiera del olvido. Y esta exposición se trata sobre la memoria.

Prendas de finales de los años 60, en cuyas cédulas se explica la existencia de Plan Canado,
en el cual los hippies son considerados indeseables por el Estado mexicano.
Fotografía: Vanesa Robles
Referencias bibliográficas
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y-represion-en-los-archivos-de-la-dfs
Barreda Moreno, L. de la. (1975). Informe de la Dirección Federal de Seguridad (dfs) referente a la detención e interrogatorios realizados a Lisenco Antonio Licea Verdugo (a) “José Hernández Morales” y Abel Ignacio Chávez Velázquez (a) “Jorge”, militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre. https://biblioteca.archivosdelarepresion.org/item/167847
Bourdieu, P., y Jordà, J. (2007). La dominación masculina (5. ed). Anagrama.
Butler, J. (2020). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad ([1a ed., 12a reimpr.].). Paidós.
Comisión de Verdad y Justicia (2024). Informe final del Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico Fue el Estado (1965–1990). meh.org.mx. Recuperado el 6 de noviembre de 2025, de http://www.meh.org.mx/especial-informe-final/
International Council of Museums (2022). Definición de museo. Recuperado 6 de noviembre de 2025, de https://icom.museum/es/recursos/normas-y-directrices/definicion-del-museo/
Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo xxi de España Ed.
Le Breton, D. (2012). Antropología del cuerpo y modernidad (1.ª ed., 6.ª reimp.). Nueva Visión.
Museo Sitio de Memoria esma. (s.f.). Traslados. Recuperado el 6 de noviembre de 2025, de http://www.museositioesma.gob.ar/item/traslados/
Naciones Unidas. (2020). Los procesos de memorialización en el contexto de violaciones graves de derechos humanos y del derecho internacional humanitario: el quinto pilar de la justicia transicional (a/hrc/45/45). Consejo de Derechos Humanos, Asamblea General.
Naymich López, M. (2018). El archivo de la Dirección Federal de Seguridad: Una fuente para escribir la historia de la segunda mitad del siglo xx mexicano. Legajos. Boletín del Archivo General de la Nación, 8(15), 71–82. https://doi.org/10.31911/bagn.2018.8.15.29
Reyna, I. R. (2023, 26 de noviembre). Toda la verdad sobre los vuelos de la muerte en México. Fábrica de Periodismo. https://fabricadeperiodismo.com/investigaciones/toda-la-verdad-sobre-los-vuelos-de-la-muerte/
Sánchez, A. (2023, 26 de noviembre). Cinco años de vuelos de la muerte. Fábrica de Periodismo. https://fabricadeperiodismo.com/investigaciones/
cinco-anos-de-vuelos-de-la-muerte/
Uranga, I. (2022, 8 de agosto). La Guerra Sucia y el expediente secreto hippie en México. Julio Astillero. https://julioastillero.com/el-espejo-la-guerra-sucia-y-el-expediente-secreto-hippie-en-mexico-autor-ivan-uranga/
YouTube. (2024). Recuperado el 6 de noviembre de 2025, de https://www.youtube.com/watch?v=tHU-Aj1ImX8
1 https://archivosdelarepresion.org/ En 2014 la ya extinta Comisión de la Verdad
(comverdad) del estado de Guerrero pudo ingresar al Archivo General de la Nación y fotografiar, a las prisas, 310 mil documentos de la represión de Estado entre 1950 y 1980. Hasta antes habían permanecido ocultos estos oficios, declaraciones de personas detenidas, fotografías, fichas de inteligencia, cheques, comunicaciones entre altos mandos y planes de contrainsurgencia. Desde 2018 y hasta ahora, todas las personas podemos consultarlos en la plataforma archivosdelarepresion.org, de la organización Artículo 19.
5 Gilberto fue parte del equipo ganador en 2003 del premio Cemex–Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, hoy Premio Gabo, fundado por el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.
7 https://julioastillero.com/el-espejo-la-guerra-sucia-y-el-expediente-secreto-hippie-en-mexico-autor-ivan-uranga/
8 En 1977 la familia Oesterheld, incluso Héctor Germán y sus hijas Beatriz, Diana, Estela y Marina, desapareció, o fue asesinada por razones políticas.