doi: 10.31391/7kzd1v62

CARTA EDITORIAL
A mediados de abril de 2026, fechas por las que concluía la redacción de esta carta editorial, seguía en curso la tensión internacional por el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el cual llevaba ya varios meses de haberse desatado sin resolución diplomática definitiva, trayendo consecuencias adversas para la economía global en el alza del precio del petróleo y del gas. Esto sin mencionar la devastación y muerte provocadas por lanzamientos de armas de destrucción masiva, entre otras secuelas no menores.
Si bien hemos procurado en Análisis Plural publicar cada número en sintonía con temas coyunturales que resuenan en el momento de su publicación, puede que esta sea la primera ocasión en la que liberamos un número al mismo tiempo que su temática conecta con los hechos relatados en los encabezados de diarios de manera recurrente, día con día. Ciertamente, esta disputa armada se ha mantenido relevante, por la magnitud de su impacto, a lo largo de los meses que ha perdurado. Y esa conexión de la temática del número con la guerra en curso se da en la crisis misma del orden liberal.
En opinión de quien redacta estas líneas, el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán es sólo un ejemplo más de la crisis que arrastra el orden liberal en nuestro tiempo. Es, en efecto, expresión del agotamiento de la idea de que las disputas pueden resolverse por medio de instituciones multilaterales, reglas compartidas y mecanismos de cooperación internacional. Asimismo, se hace patente su incapacidad para dotar al mundo de estabilidad y paz a través de la onu y de otros organismos multilaterales, mientras que el reforzamiento de alianzas militares y económicas excluyentes (en lugar de la cooperación global) fragmentan el sistema internacional. Irán pone así de manifiesto su oposición a la ya erosionada hegemonía estadounidense y, por ende, a la arquitectura liberal que pretendió organizar las naciones al cabo de la Segunda Guerra Mundial.
Por lo antedicho, no podría ser, pienso yo, más palpable e inmediata la coyuntura que evoca el presente número, en tanto que trata un asunto reflejado en un suceso en curso cuyas consecuencias se perciben cada día, sin saber qué sucederá al día siguiente, no sólo para las naciones implicadas, sino para todo el globo.
Aunque, paradójicamente, el número no emprende un abordaje frontal del acontecimiento de marras (por ser un evento que se está desarrollando en estos momentos, resulta difícil especular académicamente sobre él y sobre sus alcances y efectos a largo plazo), el conjunto de artículos contenidos en él, deseablemente, sentarán las bases de un contexto que permita comprender cómo llegamos a esta tragedia internacional —y a otros tantos hechos que caracterizan y describen nuestro tiempo— por la vía del agotamiento del orden liberal. Es en ese contexto que estamos inmersos.
Pese a esto, el número no pretende dar respuestas apodícticas. Creo que difícilmente se podría contestar con absoluta certeza a la pregunta que enmarca la segunda parte de su título: “¿Qué es lo que viene para el mundo?”. No sabemos a ciencia cierta qué va a pasar y adónde nos llevará todo esto; pero sí podemos entender qué está pasando y por qué está pasando. Y, desde ese conocimiento, actuar conscientemente con intención de que eso mismo siga pasando… o enfocar nuestro proceder hacia algo distinto.
Antonio Cham Fuentes
Editor
