Exploraciones

doi: 10.31391/h3rcwc72                                                  Recepción: 10-08-2026                                                  Aprobación: 14-08-2026

Entre fronteras y oportunidades:
políticas migratorias y derechos laborales desde la voz de quien contrata.
Entrevista a silvano cristiano

Stephanie Calvillo Barragán
iteso
stephaniecalvillo@iteso.mx
orcid: 0000–0001–8935–8604

Calvillo, S. (2026). Entre fronteras y oportunidades: políticas migratorias y derechos laborales desde la voz de quien contrata. Entrevista a silvano cristiano. Análisis Plural, (14).

Las políticas migratorias implementadas en Estados Unidos han provocado efectos que trascienden la situación jurídica de las personas migrantes y alcanzan directamente al mercado de trabajo, a las actividades productivas y a las dinámicas familiares. El sector de la construcción constituye uno de los espacios en los que estas transformaciones se manifiestan con particular intensidad debido a la importante participación de personas trabajadoras migrantes, especialmente mexicanas.

En esta entrevista se recupera la experiencia de Silvano Cristiano, mexicano radicado en Estados Unidos desde hace veinticuatro años y cuya trayectoria profesional se ha desarrollado en el sector de la construcción. Desde la perspectiva de quien participa directamente en esta actividad económica y trabaja cotidianamente con población migrante, el entrevistado reflexiona sobre su importancia para la economía estadounidense, la disminución de la disponibilidad de mano de obra, el incremento de los costos de construcción y especialmente el miedo y la incertidumbre que las actuales políticas migratorias han generado entre las personas trabajadoras y sus familias.

Participantes

Entrevistadora: Stephanie Calvillo Barragán, doctora en Derecho y profesora–investigadora del Departamento de Estudios Sociopolíticos y Jurídicos del iteso, Universidad Jesuita de Guadalajara.

Entrevistado: Silvano Cristiano, licenciado en Comercio, mexicano radicado en Estados Unidos desde hace veinticuatro años, con trayectoria profesional vinculada al sector de la construcción y experiencia directa de trabajo con población migrante, particularmente mexicana.

Entrevista

— Silvano, bienvenido. ¿Podrías compartirnos un poco sobre tu trayectoria profesional y tu experiencia en sectores donde existe una importante presencia de personas migrantes?

— Claro que sí. Yo migré de Guadalajara a Estados Unidos hace ya veinticuatro años. Llegué acá realmente con otras expectativas. Vine a estudiar y después me fui involucrando hasta entrar al ramo de la construcción.

Ahora, con todo lo que está pasando en materia migratoria, estamos batallando mucho. En el ramo de la construcción prácticamente el 70% de la gente es migrante; vienen de México a Estados Unidos buscando una mejor vida. Vienen a querer trabajar y, con todo lo que está pasando con las políticas migratorias, estamos batallando mucho. Desgraciadamente, están separando familias.

— Desde tu perspectiva, ¿qué papel desempeñan actualmente las personas migrantes en la economía estadounidense y particularmente en actividades como la construcción?

— En el ramo de la construcción, desde que pasó lo del covid, la gente migrante ha sido la gente trabajadora; las personas que quieren estar en el calor, a más de cien grados [Fahrenheit], levantando paredes, poniendo techos, echando cemento.

Desafortunadamente, la gente americana quería trabajar de manera limitada y al migrante no le importaba eso. Ahora estamos batallando con las personas; tienen miedo de salir a la calle. No quieren salir, no quieren ir a trabajar. Nosotros prácticamente tenemos que proteger las construcciones para que los trabajadores vayan.

Entonces sí está feo. Me duele ver gente que se va, que no puede regresar a Estados Unidos y cómo se separan las familias.

—¿Esto forma parte de los cambios que has observado en la realidad cotidiana de las personas migrantes que viven y trabajan en Estados Unidos?

— Sí. Para el migrante que trabaja en estos momentos en Estados Unidos, cada día es algo triste. Cada día se están deportando personas. Entonces nomás ponte a ver: hay construcciones que las ves solas.

¿Por qué? Porque no hay trabajadores, no hay gente que quiera trabajar, y la que está aquí ya no quiere porque tiene miedo de que la vayan a deportar. Ése es el problema.

— Tú señalas que la mayoría de las personas trabajadoras en el área de la construcción son mexicanas, ¿verdad?

— Así es. Yo pienso que el 75% de la gente en el ramo de la construcción es mexicana. También hay personas de otros países que vinieron a Estados Unidos buscando una nueva vida y se metió al ramo de la construcción.

A lo mejor ése no era su ramo, no era su trabajo, pero fue donde les dieron la oportunidad y donde fueron aprendiendo a trabajar.

— Y respecto de las cualidades, los conocimientos o la experiencia que aportan estas personas migrantes a estos espacios de trabajo, ¿cuáles pudieras considerar más importantes?

— Hay muchos mexicanos que trabajan en la agricultura y en la construcción, principalmente porque son lugares donde ellos pueden trabajar.

No puede venir un mexicano a trabajar en un hospital, no puede venir a trabajar en una refinería, ¿verdad? Pero sí puede venir a trabajar en lugares como la agricultura, la construcción y todas esas áreas.

Pues no va a venir un mexicano que no tenga un título a trabajar con un abogado, ¿verdad? No va a poder. Pero ¿qué pasa? Que los mexicanos se vienen a la construcción, a trabajar en restaurantes, en campos de golf, en la agricultura, en todos esos ramos donde realmente no se fijan tanto en su estado migratorio.

— A propósito de lo que comentábamos sobre lo que ha sucedido en estos últimos años respecto de las políticas migratorias y los debates públicos sobre la migración, ¿cuál ha sido el impacto en el ambiente laboral? Una vez que tienes contratadas a las personas trabajadoras, ¿cómo percibes que estas políticas les impactan en el día a día?

— Anteriormente, un proyecto de una casa se terminaba en cuatro o cinco meses. Ahorita, con todo lo que está pasando, nos estamos tardando hasta nueve meses o un año.

¿Por qué? Porque no hay gente suficiente. Las personas que están aquí todavía trabajando tienen miedo. Tienen miedo de salir, tienen miedo de que las paren en la calle, tienen miedo de llegar al trabajo y que lleguen los federales, los arresten y se los lleven.

Entonces sí se nos ha complicado el asunto laboral con todos los migrantes. Es triste para mí y para toda la economía.

— En ese sentido, ante la falta de disponibilidad de personas trabajadoras para cubrir algunas actividades o puestos, ¿podrías hablar de algún porcentaje en cuanto a la disminución de esta disponibilidad? Desde tu experiencia, ¿cómo ha impactado al sector de la construcción?

— El porcentaje, te puedo decir, es como de un 60% en cuanto a personal y, en dinero, nos ha subido más o menos entre un 50% y un 60 % el costo de la construcción.

¿Por qué? Porque la gente que hay, la que quiere trabajar o la que trae papeles, ya te quiere cobrar el doble de lo que se cobraba anteriormente, porque ya no hay gente. Entonces, quieren abarcar mucho. No puedo decir que sea abusar, pero realmente no tenemos el personal que teníamos antes.

Antes podías hacer diez casas con el equipo que tenías. Ya no tienes ese equipo. Si antes hacías diez, ahora haces dos.

Ahora ya no tenemos esa gente. La gente tiene miedo. Hay muchas construcciones solas. Hay personas trabajando, llegan los federales y se llevan a todos, dejan a uno o dos.

— ¿Consideras que este contexto migratorio influye también en las decisiones laborales o personales de muchas familias migrantes? Además del miedo de salir a trabajar, ¿de qué manera está influyendo en sus decisiones de vida?

— Sí. Las familias están con miedo, pero ¿cómo le hacen para sacar sus pagos cada mes? Entonces se arriesgan.

Se arriesgan a salir de su casa en la mañana y que la esposa o los hijos los estén esperando de regreso. No saben si van a regresar o no.

Salen a luchar por su día para poder regresar a su casa en la tarde. Al día siguiente vuelven a hacer lo mismo. Así están trabajando ahorita.

Realmente es difícil para ellos estar viendo cómo le van a hacer, qué va a pasar. Desgraciadamente, no se ve que haya propuestas migratorias para que puedan arreglar su estado migratorio. Entonces van a estar aquí los migrantes sin poder tener una oportunidad de estar legalmente en Estados Unidos.

Vamos a tener ese problema por los años que faltan, yo creo. A ver qué va a pasar. Pero, por lo que se oye, no se va a componer la situación de los migrantes.

— Qué difícil ver cómo se separan las familias, ¿verdad?

— Así es, muy difícil.

Hay un señor que acaban de arrestar. Tiene a sus hijos enfermos. La mamá falleció, los niños están en casa solos y el señor está en el centro de detención.

Es algo inhumano. Que no tengan la empatía de decir: “Oye, espérame. Sí, el señor es inmigrante, pero sus dos hijos están sin mamá. La mamá murió, los hijos están en la casa solos, tienen problemas de salud y no pueden estar por sí mismos”.

Y no hay cómo decir: “No, pues sí te vamos a dejar”. No. Lo van a deportar.

Es muy triste.

— Silvano, desde una perspectiva empresarial, ¿cuáles son las inquietudes o los retos que observas actualmente entre quienes desarrollan actividades económicas en sectores con alta participación de personas migrantes? Hemos hablado de la construcción, pero ¿qué pasa, por ejemplo, con la agricultura o los restaurantes?

— Realmente los migrantes llegaron a Estados Unidos y Estados Unidos está hecho por migrantes. Si no fuera por el migrante, yo pienso que Estados Unidos no sería lo que es. Los migrantes han hecho mucho por Estados Unidos.

El problema es que muchos realmente no pueden estar legalmente en Estados Unidos. Entonces las compañías grandes no quieren tener problemas y procuran no tener personal migrante.

Por eso, la gente migrante trabaja en lugares donde no hay tantos chequeos de documentos: restaurantes, agricultura y todos esos lugares donde pueden llegar a trabajar.

Lógicamente, tú me dices: “Oye, ¿un migrante se va a ir a trabajar a una compañía muy grande?”. Pues no puede. Desgraciadamente, no va a poder. Son corporativos que no van a meterse en problemas con eso.

Pero yo sí estaría a favor de los migrantes. Yo diría: “¿Sabes qué? Vamos a darles una oportunidad a todos los migrantes. Una oportunidad de trabajar legalmente”.

No sé cuándo vaya a pasar eso. Dios quiera que algún día el presidente diga: “Vamos a ayudar a todos los migrantes, a darles la oportunidad de venir a trabajar en lo que mucha gente de aquí no quiere hacer”.

— Efectivamente, uno de los argumentos era que quitaban el empleo a las personas estadounidenses y la realidad ahora parece distar de ese argumento, toda vez que existen espacios que no están siendo ocupados y eso tiene un impacto negativo en la propia economía de Estados Unidos.

Además, acabas de comentar que el costo de la construcción ha aumentado prácticamente de 50% a 60%, ante la ausencia de personas migrantes. Habría que ver cuál ha sido el impacto en otros sectores, porque seguramente la vida se vuelve más cara no solamente para la persona migrante, sino para todas y todos.

— Así es. Es algo difícil.

Yo siento que cuando todo esto empezó, hace aproximadamente un año, yo hubiera dicho: “¿Sabes qué? Bueno, Silvano, te paramos. A ver, no tienes papeles, pero tienes familia aquí, tienes hijos y llevas pagando impuestos diez años. Bueno, te vamos a dar un permiso para que estés aquí en Estados Unidos. Vamos a darte un periodo de uno o dos años y vamos a ver en dos años si no tienes problemas”.

Pero no.

Desgraciadamente, cuando el presidente empezó, dijo que iba a sacar a toda la gente mala, a la gente que no debía estar en Estados Unidos. Pero empezó y arrasó con todo mundo: mujeres, abuelitos, abuelitas, papás, mamás, con todo.

No importaba quién fuera. Te veían en la calle, te levantaban y te mandaban para tu país.

Ahorita lo ves y es triste. Ves los videos: personas que están en la calle trabajando a más de cien grados, llegan, las levantan y se las llevan.

La realidad es que no sabemos cuándo vaya a parar.

— Lo irónico es que las personas que están deteniendo son personas que están trabajando, ¿no? Si hablábamos de esta idea de que eran delincuentes o personas que no tenían un propósito digno de estar en el país, esto muestra otra realidad.

Y bien, hasta el momento hemos platicado, en términos generales y en algunos casos específicos, de los aspectos negativos de estas políticas migratorias para la actividad económica y para el mercado laboral. ¿Tú consideras que existe algún efecto positivo que hayan dejado estas políticas al día de hoy?

— No. Para mí algo bueno que haya dejado la política en estos momentos, la verdad yo diría que no.

Nos ha perjudicado a todos los empresarios, a toda la gente que tenemos negocios y, más que todo, a quienes estamos en el ramo de la construcción o en trabajos donde hay personas migrantes.

Sí nos ha afectado, porque la gente ya no quiere trabajar. Entonces, como dijimos hace rato, nos está costando un dineral construir o hacer un trabajo porque no tenemos personal.

Yo digo que no nos está yendo favorable como se había prometido.

— En ese mismo sentido, considerando el medio en el que te encuentras, ¿crees que las personas migrantes conocen y ejercen con confianza sus derechos laborales y migratorios? ¿Tienen el conocimiento y la información necesarios para defenderse?

— Ellos saben.

Precisamente hoy tuve una plática con uno de ellos y me preguntó: “Oye, te quiero preguntar, si me llegan a detener y me llevan a la cárcel, ¿puede hacer algo el abogado por mí o realmente nomás llego y firmo que me deporten?”.

Yo le decía: “¿Pero por qué vas a firmar nomás para que te deporten? Diles que vas a hablar con tu abogado”.

Desafortunadamente, la gente ahorita está asustada. Ya no quieren estar en la cárcel dos o tres meses, ir a ver al juez y que al final el juez los vaya a deportar.

Porque es lo que está pasando. Ya no les están dando fianzas, no les están dando tiempo. Ahora, a todos los que retienen, los llevan al centro de detención, los procesan y, si tú firmas voluntariamente tu deportación, automáticamente te deportan.

Entonces muchos dicen: “En lugar de gastar cuatro o cinco mil dólares con un abogado, mejor agarro mi deportación voluntaria, porque sé que no va a haber nada y me deportan”.

Esa misma gente está viviendo ahorita, como dicen, día a día. “¿Qué va a pasar hoy? ¿Qué va a pasar mañana?”. Así están, con miedo de salir a trabajar. Ése es el problema.

— Silvano, ¿quisieras agregar algo más a la entrevista? ¿Algún comentario final?

— Yo creo que estoy en el punto de apoyar a toda la gente, a todos mis paisanos migrantes que están en Estados Unidos; apoyarlos, aconsejarlos, decirles qué es lo que pueden hacer y qué es lo que no pueden hacer.

Desgraciadamente, no podemos hacer mucho en estos momentos, por como están las leyes.

Esperemos que nuestro presidente doble su brazo un poquito y cambie su manera de pensar. Porque volvemos a lo mismo: todo mundo fue migrante. La esposa del presidente era migrante. Entonces, ¿él por qué no ve esas cosas?

Yo creo que de todo esto algo bueno debe venir. Esperemos, porque si no, creo que Estados Unidos se nos va a poner un poco triste en la economía.

¿Por qué? Porque nos vamos a quedar sin personas que quieran trabajar.

— Muy bien, Silvano, gracias por la entrevista. Te agradecemos desde el iteso y desde Análisis Plural tu participación y el tiempo que nos has compartido.