Exploraciones

doi: 10.31391/afb814ri Recepción: 22-08-2026 Aprobación: 24-08-2026
Migrar bajo vigilancia: trabajo, derechos y vulnerabilidad de trabajadores migrantes en Estados Unidos
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Pedro Antonio Reyes Linares |
Reyes, P. A. (2026). Migrar bajo vigilancia: trabajo, derechos y vulnerabilidad de trabajadores migrantes en Estados Unidos. Análisis Plural, (14).
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Introducción
En Estados Unidos las políticas migratorias recientes —particularmente el endurecimiento de operativos, verificaciones y restricciones— han tenido efectos profundos en la vida cotidiana de cientos de miles de personas trabajadoras migrantes. Estas políticas no sólo determinan quién puede ingresar o permanecer en el país, sino que también regulan, condicionan y en muchos casos precarizan su acceso al trabajo, a la salud, a la movilidad y a la protección de sus derechos fundamentales.
La siguiente entrevista recupera la experiencia de un trabajador migrante (a quien llamaremos con un nombre distinto al suyo, Ramón, por seguridad de la persona) que ha laborado en Detroit desde la pandemia de covid. Su testimonio permite observar cómo las decisiones de política pública se traducen en realidades concretas: miedo constante, discriminación, informalidad forzada y una limitada capacidad de organización comunitaria.
Entrevista
— Ramón, gracias por concedernos esta entrevista. Tienes ya algunos años en Estados Unidos. ¿Qué te llevó a migrar y cuál ha sido tu relación con el mercado laboral en dicho país?
— La migración fue más una necesidad que una elección. En mi caso, fue durante la pandemia: en México mis oportunidades de trabajo desaparecieron, como para muchas otras personas, y los salarios no alcanzaban. En Detroit empecé en instalación de aire acondicionado y después trabajé en restaurantes, gasolineras y tiendas. La mayoría de estos empleos sin contrato, pagados en efectivo y sin beneficios. Todo depende del estatus migratorio: quienes no tenemos papeles quedamos fuera de la protección laboral y sujetos a condiciones cambiantes, reducciones de horas y exigencias que no se cumplen.
— ¿Podrías describir cómo afectan las políticas migratorias recientes la vida laboral de personas como tú?
— Nos afectan muchísimo. Antes, con Biden, había cierta apertura: se veía menos persecución y hasta entró gente con permisos de trabajo o se podía seguir el proceso para buscar el permiso o la ciudadanía. Ahora, con la nueva administración, todo se volvió más estricto. Las redadas aumentaron y la migra aparece en restaurantes, tiendas, gasolineras… sin anunciarse. Eso provoca que muchos empleadores reduzcan horas, cierren turnos o prefieran no contratar a nadie que pueda “meterlos en problemas”. Cada cambio de política lo sentimos en nuestra posibilidad de comprar lo necesario, pero también en la tranquilidad: vivimos pendientes de si hoy habrá operativo.
— ¿Has vivido redadas o situaciones de riesgo vinculadas a operativos migratorios?
— Sí, varias. Una vez llegué al restaurante sin saber que ice estaba adentro. La dueña me hacía señas discretas para que no entrara, pero yo no entendí. Cuando un compañero abrió la puerta de la cocina, me preguntó: “¿Tienes documentos?” Al decirle que no, me dijo que dejara todo y saliera por la puerta de emergencia que ya teníamos asignada “para estos casos”. Esa es una realidad diaria: tener rutas de escape, esperar avisos por teléfono, vivir con la sensación de que cualquier paso puede ser el último que des en libertad. Es vivir siempre con el temor de ser sorprendido y detenido, pero no puedes dejar, así como así, la vida que ya has venido haciendo durante varios años. No sólo nosotros vivimos de ese dinero.
— Desde una perspectiva de derechos humanos, ¿qué riesgos enfrentas incluso fuera del trabajo?
— El mayor riesgo es que cualquier error cotidiano se vuelva una detención. En un Walmart, por ejemplo, unas cosas no se marcaron en el autocobro y nos llevaron a un cuarto para revisar. Lo primero que preguntaron fue si yo tenía papeles. Si mis compañeros no me hubieran defendido, seguro habrían llamado a la policía, y la policía casi siempre llama a migración. También está la salud: evitamos ir a hospitales por miedo a que reporten nuestra información. Esto nos obliga a automedicarnos o depender de productos mexicanos, que conseguimos con amigos o gente que viene. No puedes dar un seguimiento adecuado si te enfermas o si tienes alguna condición más crónica.
— ¿Cómo se entrelazan estas experiencias con prácticas discriminatorias o racistas?
— La discriminación acá es muy clara. Incluso mi pareja —que es ciudadana estadounidense— ha sido detenida sólo por tener un apellido latino. Un policía la paró con la intención de multarla o algo más, pero cuando vio que era ciudadana, hasta se enojó. Así nos recuerdan que no sólo es cuestión de estatus migratorio: es discriminación por ser quienes somos, por la piel, la lengua, nuestra manera de ser... Y eso afecta cómo nos tratan en la calle, en el trabajo y ante cualquier autoridad.
— En términos de organización comunitaria o protección, ¿existen redes de apoyo?
— En Detroit, muy pocas. La comunidad latina es pequeña y la gente evita organizarse porque teme ser identificada. En ciudades grandes sí hay grupos que informan y apoyan, pero aquí casi no. Cuando alguien es detenido o deportado, la familia queda prácticamente sola. El respaldo más cercano suele venir del consulado mexicano, pero sólo después de que ya te detuvieron.
— ¿Cómo se vive la economía diaria bajo estas condiciones?
— Es una paradoja. Ganamos más que en México, pero también gastamos más. Antes una despensa costaba 50 o 70 dólares; ahora cuesta más de 200 y no alcanza. Conozco gente que tiene tres trabajos y aun así vive al día. La renta, la luz, el gas… todo subió. Es una carrera de resistencia: trabajar, cuidarte de ice, estirarte para pagar gastos y aun así vivir con miedo. Pero, como te decía, es que no puedes tampoco dejarlo todo y cambiar de vida, así nomás.
— En lo personal, ¿qué te mantiene en Estados Unidos?
— La necesidad económica y mi relación de pareja. Mi compañera es ciudadana y me ha apoyado muchísimo. Durante meses sin trabajo me ayudó con la renta, comida, todo. Ese apoyo emocional y económico también influye en quedarse. No es fácil vivir así, pero tampoco es fácil regresar cuando aquí ya formaste vínculos.
— A partir de tu experiencia, ¿qué recomendarías a quienes están pensando migrar?
— Que lo piensen bien. Estados Unidos no es lo que muchos imaginan. Hay trabajo, sí, pero sin documentos ese trabajo viene con miedo, con discriminación, con persecución. Y la vida es cada vez más cara. Si tienen la opción de quedarse en su país, es mejor. Aquí uno vive trabajando y cuidándose, todo al mismo tiempo.